Capítulo 57
—¿Qué tal todo? —pregunté a Bautista. Estábamos en el espacio personal del equipo de Katia, echándole un vistazo mientras esperábamos a Prepotente.
Lo había organizado de manera diferente al nuestro.
Parecía más un hogar que un almacén. Dónut iba de un lado a otro burlándose de sus decisiones de diseño.
Bautista estaba haciendo inventario de sus peluches más comunes, para localizar los que eran diferentes.
Los había colocado en fila en la mesa de la cocina.
Al parecer, algunos tenían diferencias poco habituales que no aparecían en la descripción, lo que significaba que reaccionaban de manera diferente cuando se tiraba de la etiqueta.
Había colocado decenas de ellos uno detrás de otro y los revisaba uno a uno en busca de colores o costuras extraños, comparándolos entre sí.
—Bueno, ahí vamos —dijo el mazmorrero con cabeza de tigre naranja—. Katia dice que estás empezando a preparar un plan para la fiesta que habrá dentro de unos días. Yo estoy en el puesto veintitrés, así que supongo que estaré por allí. ¿De verdad crees que tendremos que luchar?
—Sí —le aseguré. Cogí el primer peluche.
Era uno de los guerreros rana grulke—. Nos estamos preparando para cualquier cosa.
Y también hemos comprado algunas mejoras de habitación antes de que se acabe el tiempo, porque pueden que no estén disponibles en el piso siguiente.
Cuando termines con esto, deberías echarle un vistazo a la nueva mejora de baño que tenemos en nuestro espacio personal.
Imani quiere que todos la vean y votemos para decidir si la compartimos con todo el gremio.
Alzó la vista y me miró a los ojos.
—Claro —dijo poco después.
—Entonces, Katia y tú… —No dije nada más.
—Un momento. ¿Qué quieres decir? —preguntó Dónut, que alzó la vista de un erizo de peluche—. ¿Katia y él qué?
—Pasó. Sin más.
—Me alegro —comenté. Le di una palmada en la espalda—. Me alegro muchísimo.
Cogí el siguiente peluche. Parecía un flamenco rosa normal y corriente. Me recordó al de plástico que había en la parte delantera del carrito de la compra de Agatha.
Peluche de flamenco flameante. (Con etiqueta).
Es la variante más común de la línea de figuras coleccionables de flamencos flameantes. No es tan común como los grulke o los cascarrabias de la basura, pero están en la parte baja de la clasificación en términos de rareza.
Se encuentran entre los favoritos de las aficionadas femeninas de los juguetes de Jaxbrin.
Alcé la vista del flamenco de peluche y vi un gesto extraño en el rostro de Bautista. Parecía aliviado por algo. Me di cuenta de que era su reacción a mi comentario sobre su relación con Katia.
—¿Katia y tú? —repitió Dónut, incrédula—. ¿Estás con Katia? ¿Con mi Katia? ¿Y ella lo sabe?
—Sí, Dónut —dije—. La verdad es que era bastante obvio. Di por hecho que ya lo sabrías.
—¡Katia! —gritó Dónut mientras se bajaba de la mesa. Se dirigió hacia la puerta y salió a la sala principal del gremio—. Katia, ¿estás ahí? ¡Tengo que hablar contigo ahora mismo!
Cogí el siguiente peluche. Era una polilla peluda marrón y gris. O una especie de mariposa. Había unas cien iguales.
—¿Por qué tienes tantos de estos?
—Los conseguí hace unos días —respondió.
—Un momento. ¿Ahora te salen en cajas de botín de la mazmorra?
—No. Los conseguí gracias a mi patrocinador. No fue en una caja de benefactor, sino que me sacaron de la mazmorra para hacerles un anuncio y robe la caja de muestras antes de irme.
—Me ha pasado, sí —comenté.
Peluche de mariposa color pizarra. (Con etiqueta).
La mariposa color pizarra es uno de los peluches más comunes de la nueva línea de Jaxbrin.
La trágica historia de las mariposas que mataron por accidente a sus amigas hadas es un cuento muy querido.
También está basado en una historia real, a grandes rasgos, lo cual no es nada sorprendente si tenemos en cuenta que a los padres les encanta idealizar los genocidios.
Dónut volvió a subirse a la mesa.
—Ha salido. Bueno, la verdad es que no sé qué pensar. Es tan sorprendente como lo de Louis e Higo. Carl, ¿vas a permitirlo?
—¿Permitirlo? —pregunté—. ¿Qué quieres decir?
Bautista seguía dando la impresión de estar muy nervioso.
—La verdad es que… me alegra que se sepa. Debo admitir que estaba un poco preocupado por ti, Carl… Ya sabes. Te hacía tilín.
—¿Katia? —pregunté sorprendido—. Pero si es como una hermana para mí.
—Carl tiene problemas psicológicos por culpa de la señorita Beatrice —explicó Dónut—. No dejes que te confunda el aro en el pezón que se ha puesto. No es muy mujeriego. Además, basándome en sus hábitos con la pornografía, estoy segura de que lo que le gustan son las asiáticas.
—¿Aro en el pezón? —preguntó Bautista, que arqueó una ceja peluda.
—Los fetiches sexuales de los demás siempre sorprenden —comentó Dónut—. Por ejemplo, no tenía ni idea de que a Katia le gustaban los furros.
—¿Has probado a usar estas mariposas color pizarra? —pregunté para cambiar de tema.
—Solo una vez —comentó—. Son inofensivas. No atacan. Se limitan a volar hacia la fuente de luz más cercana y consumir su energía. Te puedes llevar una si quieres. O cinco.
TIEMPO PARA LA MASCARADA DEL CARNICERO: 64 HORAS
—Madre mía. Has subido hasta nivel 70 —dije cuando la cabra entró en el bar.
Kiwi y Mongo dejaron de forcejear para mirar cómo Prepotente llegaba al establecimiento.
Vi a Bianca en el exterior antes de que se cerrase la puerta.
Esa puñetera criatura ya se parecía a un dragón.
La lluvia siseaba al chocar contra su lomo.
Elle estaba sentada en un rincón de la taberna y Bautista en otro. Ambos nos vigilaban con atención.
—¡Hola, Prepotente! —dijo Dónut.
—Hola, Dónut. Hola, Carl —saludó Prepotente mientras se acercaba a nuestra mesa. Parecía agotado.
—¿Quieres entrar en nuestro espacio? Podrías ver el gremio —pregunté. Tenía quince marcas de asesino de cazadores sobre la cabeza—. Y también echarte una buena siesta.
—Tenemos una mejora de baño buenísima —comentó Dónut—. En mi caso, es un arenero más grande y lujoso.
—No quiero descansar ni ver esa mejora que solo sirve para desperdiciar el dinero —dijo Prepotente—.
No tengo tiempo para lo que quiera que tengáis pensado.
Y tampoco quiero involucrarme en algo así.
—Echó un vistazo por la estancia—. Tampoco es necesario que los idiotas de vuestros amigos os protejan. No voy a haceros daño.
Elle se apartó de su mesa a flote y se dirigió hacia nosotros.
—Oye, ¿acabas de llamarme idiota? Pues que sepas que mi madre tenía unas recetas de cocina con carne de cabra para chuparse los dedos. Y empiezo a echarlas de menos.
Él alzó una mano peluda, se giró hacia Elle y luego le gritó en toda la cara.
Elle se apartó un poco al vuelo.
—Madre mía, fiera. Cómo te huele el aliento.
—No quiero intercambiar pullas. No tengo tiempo de hacerlo con algo como tú…, lo que quiera que seas. He venido para traer algo.
—¿El qué? —pregunté con cautela.
Sacó una poción negra y burbujeante del inventario y la colocó sobre la mesa frente a Dónut.
—Me salió en una caja de benefactor. No sé por qué mi patrocinador me ha dado algo que es para vosotros, pero ahí lo tenéis.
Se puso en pie y salió del bar. En el exterior, Bianca baló al verlo acercarse y luego se marcharon.
—Es un tipo muy extraño —murmuró Elle—. Dónut, me alegra que no seas así de rara.
—Yo también me alegro. Pero hay que tener en cuenta que ahora está muy triste —comentó la gata—. Por cierto, no he probado la carne de cabra. ¿Está buena?
—Deliciosa —respondió Elle. Después se giró al bopca que había en la barra—. Oye, ¿tienes carne de cabra? ¿Nos la podrías preparar con curri?
—Pedir eso ahora es un poco raro —dije mientras cogía la poción para examinarla. Era el segundo objeto de una caja de benefactor que le daba a otra persona para entregárselo a Dónut.
Poción Lo retiro…
Esta poción eliminará cualquier efecto del conjuro Transmutación de Escolopendra.
De la parte superior colgaba una etiqueta, como si fuese un regalo de Navidad. Rezaba:
DÁRSELA A PRINCESA DÓNUT.
HAY QUE USARLA EN EL MOMENTO ADECUADO.
NO DÁRSELA A TINA.
—Pero ¿qué cojones? —dije. Se me ocurrieron varias personas que querrían hacerse con algo así—. No la uses hasta que yo lo diga y no le digas a Signet que la tienes. Querrá usarla con Grimaldi, y no creo que sea para eso.
—Anda —comentó Elle—. Me acaba de llegar una caja de benefactor de la Boticaria. Imani me ha enviado un mensaje para comentarme que a ella también. Ya la ha abierto y dice que también hay algo para Dónut.
—Carl —dijo la gata—. Empiezo a pensar que lo del regalo por dejarme que me pusiese el aro en el pezón era mentira. ¡Algo me dice que me engañaste y que me ibas a dar la poción de igual manera!
—Vamos —dije—. Hablemos con los cambiados y luego intentaremos averiguar a qué ha venido esto de las cajas de benefactor.