Capítulo 52
Nota añadida por el mazmorrero Ikicha. Undécima edición.
Estamos destinados a vivir vidas solitarias, incluso los eunucos de nuestra especie.
No obstante, verlo así de cambiado y retorcido, hablando con la misma voz con la que antaño había pronunciado palabras tan amables…
Me ha dejado destrozado, amigos. Me ha dejado destrozado de una manera que no creía posible después de todo lo ocurrido.
No son iguales. Aunque terminase por desaparecer la podredumbre que ahora emite su aura. No lo intentéis siquiera. La esperanza es muy importante, pero también puede llegar a ser un veneno cuando es ciega.
Nota añadida por el mazmorrero Drakea. Vigesimosegunda edición.
Esa fue la última entrada de Ikicha.
He tardado un tiempo en comprender lo que nuestro hermano quería decir al escribir algo así.
Ahora que lo sé, es un conocimiento que me gustaría no tener.
Cuando algo se va, se va de verdad. La muerte es la muerte.
Y todo lo que se aparezca frente a vosotros tras ella no es más que una burla sádica y cruel.
Nos encontramos en un escenario preparado de antemano, rodeados por marionetas creadas por el enemigo. No lo olvidéis nunca.
Aunque termine por salir airoso, aunque sobreviva al legendario decimoctavo piso y escape de aquí, no tengo fe en volver a encontrarme con aquellos que han muerto. Y vosotros tampoco deberíais tenerla.
Pero eso no significa que no podamos tener esperanza.
Sueño con un incendio que se extienda por los cielos como la Nebulosa Invernal, uno que llegue hasta el principio y el fin. Y aunque dicho incendio solo existe en mi mente, por el momento, su calidez es más que suficiente para darme fuerzas incluso en la noche más fría.
Va por ti, Ikicha.
TIEMPO PARA EL DERRUMBE DEL PISO: 5 DÍAS Y 21 HORAS
C ARL : Vamos hacia las escaleras. Hay unas por aquí cerca y pienso sacarla de este puñetero piso.
K ATIA : Pero ¿qué hay de tu plan con el Mazo? Está asignado a Dónut. Si la bajas, él también desaparecerá. No podría lanzar el conjuro Zerzura.
C ARL : Le prometí a Higo que haría todo lo posible. Nunca dije que fuese a conseguirlo siempre.
I MANI : ¿Y la mascarada? ¿Nos das una advertencia muy críptica sobre esa reina y luego te largas? Además, estamos a punto de fallar la misión de los reptadores. Nos estás abandonando, Carl.
C ARL : Dios, no voy a abandonar a nadie. Todos habéis estado bien sin mí. Pero no pienso permitir que le hagan esto a Dónut. Si bajamos ahora, será como si le hiciésemos un corte de mangas brutal a los productores. Habrían metido aquí a ese maldito gato para nada.
K ATIA : Y nosotros también habríamos traído a este piso a los cambiados y a Bonnie para nada. ¿Has estado en el club Desperado? Se han arriesgado mucho por conseguir meter a alguien ahí todos los días por si aparecías para contarles el plan.
C ARL : No habéis visto lo que le han hecho a Dónut.
K ATIA : Carl, te conozco. Es una de tus reacciones instintivas. Si bajas ahora, te arrepentirás. No podrás soportarlo.
E LLE : Escuchad. Lo último que necesitamos es esa versión de Carl más taciturna y enfadada de lo normal.
Para eso ya tenemos a Florin. ¿Por qué no le das un día libre a Dónut y te unes a nosotros?
Los cazadores están cagados de miedo y escondidos en la ciudad.
Esa Eva ha vuelto a desaparecer como Houdini y, como ahora está sola, no tiene sentido ir a por ella.
Estamos esperando a ver qué pasa con esas plantas zombi que has ayudado a desperdigar por el piso y, si sobrevivimos, tenemos pensado ponernos a entrenar de manera coordinada hasta que tenga lugar la fiesta.
C ARL : Chicas…
I MANI : ¿Qué piensa Dónut al respecto? ¿Le has preguntado su opinión siquiera?
Katia me envió un mensaje directo solo a mí.
K ATIA : Carl, no bajes, por favor. Aún no. Tengo que hablar contigo sobre algo que he estado retrasando. Y no quiero hacerlo por el chat.
Respiré hondo. «Cálmate».
C ARL : La última vez que dijiste algo así fue para abandonar el grupo. Y, antes de eso, fue porque creías que Dónut tenía uno de esos cupones JcJ con tu nombre.
K ATIA : Esto es mucho más importante que eso. O puede que no. No estoy segura.
C ARL : Qué alivio, supongo. ¿Es sobre Eva? ¿Estás bien?
K ATIA : No hay prisa. Bueno, eso tampoco es cierto.
Aquí siempre hay prisa, pero puede esperar.
Me gustaría que alguien me aconsejara. Y no, no tiene nada que ver con Eva.
Esa zorra escurridiza se ha vuelto a escapar.
Debe tener una habilidad para teletransportarse o para hacerse invisible.
Por suerte, ninguna de las antiguas Hijas ha vuelto con ella.
Hagamos primero lo que hay que hacer ahora y ya hablaremos.
Pero no podremos hacerlo si bajas las escaleras cinco días antes.
C ARL : Dejaré que sea Dónut la que decida, pero voy a intentar convencerla. Mordecai también cree que es buena idea.
Tragué saliva y miré a Dónut, que seguía acurrucada en mis brazos.
Nos dirigíamos hacia un asentamiento grande de dríades, pero íbamos a llegar antes de que anocheciese.
Sabía que el lugar ya estaba conquistado por otro mazmorrero que no conocía.
Por la zona había tenido lugar una misión y una batalla contra un jefe unos días antes, por lo que ahora había unas escaleras en mitad del pueblo.
Kiwi y Mongo, ya recuperados del todo, caminaban a nuestro lado.
El sol iba a ponerse dentro de cinco minutos, pero ya estábamos sumidos en la oscuridad debido a los árboles que nos rodeaban.
Quedaban esos dos reptadores insufribles que tanto nos preocupaban desde el principio, y no parecía que nadie fuese a acabar con ellos, lo que significaba que estábamos a punto de fallar la misión.
Prepotente había conseguido matar a diez de esas cosas. Louis solo había acabado con tres debido al tiempo de recarga de su conjuro. Los elfos y Salsero, el puñetero Salsero, habían matado a uno más. Lucia Mar volvió a aparecer por primera vez desde su enfrentamiento con Dónut y acabó con otro.
El manco de Quan Ch, en quien no había pensado desde hacía mucho tiempo, también había conseguido matar a otro.
Me pregunté por unos instantes cómo lo había conseguido y si había logrado recuperar el brazo de alguna manera.
Nadie lo había visto en este piso. Y ya no se encontraba entre los diez primeros.
Yo estaba centrado en otras cosas. Había leído la última entrada de Ikicha en el libro de cocina hacía un rato, pero no podía dejar de pensar en sus palabras.
Era algo que sabíamos que iba a pasar. Desde el primer enfrentamiento contra un jefe, contra la Acaparadora, sabíamos que iban a usar todo lo que había recolectado en el planeta.
Maggie se había vuelto loca por si se les ocurría devolver a la vida a su hija.
A pesar de todo, a pesar de llevar semanas preparándome mentalmente, seguía siendo un golpe bajo difícil de llevar.
Y solo había sido el gato de la vecina. ¿Qué pasaría cuando de verdad empezasen a usar a seres queridos?
Yo tenía suerte. Pensé en mi padre, pero en realidad no tenía ni idea de si seguía vivo antes de la transformación. ¿Cómo me haría sentir si me pasase? De estar vivo, seguro que habría quedado sepultado durante el derrumbe. Solo era cuestión de tiempo que lo usasen.
Aun así, aquello no era nada comparado con lo que podían hacerles a los demás. Sabía que Imani tenía una familia muy numerosa, por ejemplo. Y Katia también tenía seres queridos.
Pensé en Odette y en lo que había hecho con Bea. Había sido toda una bendición para ellos, a pesar de que Odette tenía sus motivos. Pensé en lo que habría pasado si la reina Imogen resultase ser Bea y fuese por ahí con Salsero en el hombro. Sabía que aquello era lo que habían querido hacer.
—Oye —le dije a Dónut—. Tenemos que hablar.
—No vamos a bajar antes por las escaleras, Carl —dijo la gata, que alzó la vista para mirarme—. Ni me lo planteo.
Me quedé quieto en mitad del bosque. Tanto Mongo como Kiwi alzaron la cabeza y empezaron a olisquear.
—¿Quién se ha chivado? ¿Katia o Mordecai?
—Pues, en realidad, han sido Imani y Louis.
Por separado. Pero Katia también está hablando conmigo.
Te agradezco de verdad lo que intentas hacer por mí, Carl, pero no te preocupes.
—Carraspeó, se retorció entre mis brazos y luego saltó a mi hombro.
Se quedó allí envarada e intentando recuperar la compostura.
Noté que estaba muy tensa—. Puede que Ferdinand haya sido mi primer amor, pero ahora soy madre y tengo responsabilidades mucho más importantes.
Mongo me necesita y, si quiero llegar a ser cantante, no puedo quedarme de brazos cruzados porque mi exnovio intente volver a entrar en mi vida.
Admito que me ha sorprendido. Si Taylor Swift o Adele pueden sacarle provecho artístico a una ruptura, estoy muy segura de que yo también. Servirá para una buena canción.
El contador de visualizaciones seguía al máximo. Suspiré.
—Dónut…
—Deja de preocuparte tanto, Carl. Estoy bien. Y tampoco vas a abandonar a los demás. Te conozco.
Has recibido una caja de benefactor de oro de la Organización Activista y Pacifista de Intelecto Abierto, ONC Intergaláctica.
—Mierda. Me acaban de dar otra caja de benefactor —dije.
—¿En serio? —preguntó Dónut, que se espabiló al fin, en serio en esta ocasión—.
¿Ha sido de la Abundancia? No creo que tengan presupuesto después de lo que acaban de hacer por Prepotente.
Aunque supongo que la inversión les ha salido rentable.
¿De verdad ha subido diez niveles? Eso son cincuenta puntos de característica más por las criaturas más otros treinta de los niveles en sí.
—Dónut soltó un grito ahogado—. Carl, ¿crees que te superará y pasará al primer puesto?