La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 51 #3
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Capítulo 51 #3

—En cualquier otro momento me vería obligado a demostrarte lo que significa el respeto —comentó la voz—, pero mi reina quiere que acudas a la mascarada dentro de unos días.

Le fascinas, Carl, por razones que no soy capaz de comprender.

—Se quedó en silencio unos momentos—. Ya te ha tenido en cuenta para su programme de bal .

Tendrás que bailar con ella. Y, mientras lo haces, me he tomado la libertad de programar para mí otro baile con la Princesa Dónut.

Quizá así llegues a descubrir cómo vive la realeza de verdad.

Soltó un gruñido grave.

—Pero el problema actual son estas criaturas que han invadido nuestras tierras.

Debido a vuestra incompetencia insufrible, nos hemos visto obligados a salir del castillo para acabar con ellas.

Si teníais intención de acabar con la que acabamos de matar, es obvio que llegáis tarde.

Tenéis suerte de que ambos os encontréis actualmente en la lista de invitados de la mascarada.

Me han ordenado exterminar a las demás alimañas.

Ahora, si nos perdonáis, tenemos otras criaturas similares a las que dar caza antes de que se ponga el sol.

—Si podéis, deberíais acabar con las que se encuentran cerca de Zockau —comenté.

La criatura gruñó. Empezaron a alejarse al mismo tiempo, como si estuviesen conectados mentalmente. A nuestro alrededor, el bosque cobró vida cuando los elfos se retiraron de nuevo entre los árboles.

—Nosotros solo nos encargamos del distrito Liana, que corresponde a la parte sur del río infestado —comunicó la criatura mientras pasaba a nuestro lado.

Nos quedamos paralizados y no nos atrevimos a movernos—.

Eso me ha hecho recordar algo. A la reina Imogen le gustaría entregarle un mensaje a tu amiga Signet. ¿Podrías hacernos ese favor?

—¿Qué mensaje? —pregunté. El rinoceronte estaba justo a mi lado.

La cortina de la parte trasera del asiento se movió, momento en el que un rayo salió disparado directo hacia Mongo.

—¡No! —gritó Dónut, que se lanzó desde mi hombro para protegerlo.

Vi horrorizado como el rayo impactaba directo en el pecho de la gata.

Se iluminó como una farola y salió despedida por los aires en dirección a los árboles, donde se golpeó con un tronco que explotó como si hubiese estallado una bomba.

El resto del árbol crujió y cayó al suelo, arrastrando consigo varios más.

En ese mismo momento, Kiwi rugió y saltó por los aires hacia la parte trasera del rinoceronte. Rebotó contra un Escudo protector. Ella también salió volando, entre chillidos y en llamas de repente.

Dónut no había llegado a bloquear por completo el ataque; Mongo había caído al suelo y un hilillo de vapor brotaba de su cuerpo.

—¡Dónut! —grité mientras corría hacia la gata. Por favor. Por favor.

M ORDECAI : ¿Qué está pasando? ¡Qué está pasando!

Estaba inconsciente, pero la habilidad Cucaracha se había activado.

Le había salvado la vida. Usé un pergamino, pero iba a estar desmayada durante un minuto.

«Joder», pensé mientras la cogía en peso.

«Joder. Ha ido de un pelo». Apreté su cuerpecito contra mi pecho y respiré hondo.

Me tranquilicé al oír los latidos de su pequeño corazón.

Miré por encima del hombro y vi que Mongo seguía gimoteando en el suelo. No estaba muerto. Dónut le había salvado la vida gracias a sus reflejos rápidos. Todo había transcurrido en un abrir y cerrar de ojos. Kiwi también estaba herida y gruñía a su lado. Ambos tenían la barra de salud en rojo.

Los elfos se marcharon e, inexplicablemente, los puntos aún eran blancos en el minimapa. Oí sus risas reverberar por el bosque, sonido que quedó ahogado poco después cuando la lluvia empezó a arreciar de nuevo.

Habían estado a punto de matar a Mongo. Aquello no era el capricho de un PNJ.

Tenía que ser algo programado, un giro de guion planeado por los productores.

Pensé en Prepotente llorando tras la muerte de Miriam.

Era algo que nos estaban haciendo a todos.

Estaban aumentando el drama para preparar el final del piso.

Dónut se agitó en mis brazos. Estaba a punto de despertar. Mongo y Kiwi seguían tirados en la hierba, gimoteando heridos. Tenía que esperar a que Dónut se despertase para curarlos.

Mensaje del sistema: Un reptador insufrible ha muerto. El mazmorrero Prepotente se ha llevado la muerte. Quedan 12 reptadores.

A Dónut se le habían caído las gafas de sol, pero estas estaban intactas en el suelo. Parpadeó antes de abrir los ojos.

—¿Mongo? —preguntó.

—Está bien —dijo mientras la acariciaba.

Reprimí las ganas de reprenderla por lanzarse frente a un rayo—.

Le has salvado la vida. Deberías lanzar el conjuro para sanarlo.

Y también a Kiwi. —No se bajó de mis brazos, pero sí que giró la cabeza y lanzó el conjuro Sanar criatura, primero en Mongo y luego en la dinosaurio.

Después cerró los ojos y, para mi sorpresa, se acurrucó contra mi pecho. Le temblaba todo el cuerpo.

—Carl —dijo Dónut en voz baja—. ¿Viste quién estaba dentro cuando se movió la cortina?

Un presentimiento horrible se apoderó de mí en ese momento.

—No. ¿Tú viste a alguien?

—Era Ferdinand. Lo vi. Era él. Han traído a Ferdinand, le han cambiado los recuerdos y lo han convertido en un imbécil. Ha intentado matar a Mongo. Seguro que lo han hecho para que me enfrente a él.

Y rugió. El río empezó a rugir en ese momento.