La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 51 #2
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Capítulo 51 #2

Sabía que íbamos a perder a la dinosaurio hembra cuando llegásemos al piso siguiente, lo cual me pareció una pena.

Mongo era genial, pero Kiwi era más grande y más rápida.

Aterradoramente rápida. Cuando una especie de boas constrictoras empezaron a caer de los árboles a nuestro alrededor, ella las había partido por la mitad en segundos, con más presteza de la que hubiésemos tenido cualquiera de nosotros.

Consiguió bastante experiencia para ella y para Mongo, lo cual siempre era de agradecer.

Mientras avanzábamos murieron quince reptadores más, lo que dejó a solo unos catorce en el mapa cuando quedaban unas pocas horas antes del anochecer.

Louis había matado a dos más, lo que hacía un total de tres.

Y Prepotente había conseguido derrotar también a dos más, lo que sumaba ocho en su caso.

Se había dirigido al norte, como yo esperaba que hiciese, lo que me dio la esperanza de que intentase acabar con los que se encontraban en la región de los cazadores.

Ahora, seguía sin respondernos a los mensajes.

No encontramos ni rastro de Eva y, al parecer, había vuelto a viajar sola.

Li Jun, Li Na y Chris, así como algunos más que no estaban en el Tetamen, habían entrado en el asentamiento después de que Louis bombardease al segundo reptador.

Allí se había topado con varios integrantes del equipo de Eva, una mezcla de antiguas Hijas y miembros del equipo Cichociemni.

Estos la habían abandonado cuando ella había insistido en atacar al segundo reptador sin planear nada.

Habían tenido muchas bajas en el enfrentamiento con el primero.

—Nos estamos acercando —anunció Dónut—. ¿Deberíamos montar el fundíbulo por aquí?

Estaba a punto de responder, pero justo en ese momento el punto desapareció del mapa.

Mensaje del sistema: Un reptador insufrible ha muerto. Quedan 13 reptadores.

—¡Eh! —gritó Dónut—. ¡Alguien nos ha robado la muerte!

—Joder —dije—. Vamos. Acerquémonos para ver qué ha pasado. Tened cuidado.

Tanto Kiwi como Mongo chillaron y empezaron a gruñir al mismo tiempo. La lluvia paró de repente, y el sol empezó a brillar a través del dosel arbóreo. Ocurrió tan rápido que me detuve y alcé la vista al cielo. ¿Qué cojones?

—Espera, Carl —dijo Dónut mientras saltaba sobre mi hombro. Ambos estábamos empapados—. Aquí está pasando algo. Están subiendo muchísimo las visualizaciones.

—Dios —dije al comprobar que tenía razón. «Claro», pensé. Tenía muy claro qué era lo que estaba ocurriendo. Había que salir por patas de la zona cuanto antes.

Pero era demasiado tarde. Vi los puntos blancos en el mapa, que aparecieron uno detrás de otro. Nos rodearon al menos cien de ellos, y sabía que habría aún más. Me planteé usar Tañido para verlos todos, pero decidí guardar el conjuro por el momento.

—Creo que algunos van sobre monturas —dijo Dónut—. ¡Uno es enorme!

—Tranquiliza a los dinosaurios —murmuré antes de que apareciesen—. Pero si tenemos que luchar, envía primero a Kiwi para que nos dé tiempo a huir.

Dos ciervos blancos como el hueso entraron en el claro donde nos encontrábamos, trotando a un ritmo que seguro habían entrenado.

Cada uno de los animales tenía el tamaño de un caballo de tiro y los cuernos se alzaban por los cielos llenos de protuberancias.

Las criaturas eran del todo blancas, a excepción de las pezuñas y las narices.

Incluso sus ojos no eran más que estanques de un blanco lechoso.

Uno resopló, momento en el que una nube de vapor brotó de su boca y de su hocico, como si fuese una máquina.

Tenían nivel 50 y se llamaban SAMBAR SELENITA .

Sobre cada una de ellas iba un elfo. Ambos eran hombres, esbeltos, de piel pálida y un cabello largo y blanco tan cuidado que daba la impresión de que acababan de salir de la peluquería. Iban ataviados con una coraza reluciente que parecía sacada de El señor de los anillos .

Pero no los miré durante mucho tiempo, ya que poco después de que los ciervos entrasen en el claro, una tercera montura apareció entre los árboles. El recién llegado captó toda mi atención.

Era un rinoceronte albino y también blanco como el hueso, con el pellejo duro y resistente a juego con el color de los ciervos.

Era una criatura enorme. Nunca había estado tan cerca de un rinoceronte de verdad, por lo que no tenía muy claro cómo de grandes eran, pero me dio la impresión de que aquella cosa era más imponente de lo normal.

A diferencia de los de los ciervos, los ojos de esta criatura brillaban de un rojo intenso y oscuro.

También entró en el claro con la parsimonia fruto de la práctica de un animal entrenado para los desfiles.

Un olor a perfume se apoderó del ambiente.

Simoom. Montura. Rinoceronte de batalla pesado. Nivel 75.

A lomos de Simoom el rinoceronte había un asiento con dosel lleno de adornos y cuadrado.

Tendría un metro de alto y de ancho. El punto blanco del jinete oculto estaba en el mapa justo encima del rinoceronte.

Las cortinas blancas y doradas que lo cubrían tenían un leve resplandor púrpura, lo que anunciaba que tenía un escudo mágico.

Dichas cortinas no eran del todo opacas, pero vi una silueta que se movía en el interior.

No sabía qué era, pero era pequeña y, o tenía una cabeza parecida a la de una seta, o llevaba un gorro muy grande.

Intenté examinarla, pero no me dio demasiada información.

Es una houdah y dentro de ella se encuentra el familiar de la reina Imogen de los altos elfos.

Este PNJ es Intangible. No puedes tocarlo físicamente.

Este PNJ es invulnerable. No puedes hacerle daño.

Los dos elfos eran los guardias. Iban armados con unas lanzas largas y plateadas que brillaban a causa de la magia.

La del de la izquierda goteaba sangre y barro.

Ambos eran absurdamente atractivos, como los elfos del Sueño, pero llevaban el cabello largo y su piel parecía sacada de esas aplicaciones que les ponen un filtro a tus fotos y te hacen parecer una estrella de la televisión.

GUARDIA ALTO ELFO nivel 70, anunciaba la descripción de cada uno. Cuando los examiné, no vi sus nombres, algo poco habitual para un PNJ con el punto blanco. Hasta los ciervos tenían nombre: Herschel y Hjort.

Es un alto elfo. Una prueba de ADN daría unos resultados idénticos a los elfos de los arbustos, pero eso se debe a que las pruebas de ADN no detectan cuando alguien tiene un palo enorme metido por el culo.

La gran diferencia entre esos dos grupos es que los altos elfos ganan mucho más dinero y pagan muchos menos impuestos.

Es probable que se gasten todo ese dinero adicional en cremas hidratantes y acondicionador.

Además, viven en un castillo muy pijo que está protegido por un artefacto misterioso.

Nos miraron a los cuatro como si acabásemos de salir de las alcantarillas. Mongo gruñó inseguro y se acercó a Kiwi, quien bajó la cabeza y gruñó con más intensidad.

C ARL : ¡Haz que se tranquilicen!

El desfile llegó a su fin y se detuvieron a unos seis metros de donde nos encontrábamos. A nuestro alrededor, los árboles no dejaban de agitarse. Vi otros elfos, todos a pie. La mayoría iban armados con arcos. Otros no parecían llevar armas, pero sí que les brillaban las manos.

—Hola, Carl —dijo una voz masculina y ronca.

Venía del asiento cubierto que había sobre el rinoceronte—.

Princesa Dónut. Hum… —Emitió un gruñido extraño.

Sonó asqueroso y lascivo, como cuando la IA hablaba sobre mis pies o como cuando un tío borracho en el bar se ponía a tirarle los tejos a alguien a quien le sacaba el triple de edad.

La voz no había sonado como esperaba. Para nada. Me recordó a una versión anciana de Quasar, mi abogado. A alguien de Nueva York. Jamás habría asociado un sonido así con un alto elfo.

—Perdón, pero… —empezó a decir Dónut, pero alcé una mano para que se mantuviese en silencio. Tanto Mongo como Kiwi habían dejado de gruñir y estaban a mi lado, olisqueando a su alrededor como si también les hubiese sorprendido la voz.

—Saludos —grité a aquella criatura oculta—. No creí que nos conocieses.

—Los árboles aún hablan con la reina Imogen, a pesar de que la mestiza de su hermana no deja de insistirles para que no lo hagan. Hoy seré su portavoz, y os dirigiréis a mí con el debido respeto.

—Pero si ni siquiera te veo —comenté—. ¿No eres el familiar de la reina? ¿Cómo debería hablarle a la mascota de una reina? ¿Quieres que te frote la barriguita y te rasque detrás de la oreja?

Uno de los ciervos soltó un penacho de vaho blanco. Los guardias no se movieron ni lo más mínimo, pero empecé a sentir escalofríos.