Capítulo 48
TIEMPO PARA EL DERRUMBE DEL PISO:
Mensaje del sistema: Un campeón ha caído.
Di otro paso atrás, me quité del dedo el Anillo de sufrimiento divino y volví a guardarlo en el inventario.
—Prepárate —susurré—. No sabemos cómo va a reaccionar. Puede que suelte a Bianca y la lance contra nosotros.
—¿Vamos a dejar que se quede con nosotros? —preguntó Dónut, que había bajado la vista hacia el montículo de polvo que antes era Miriam.
«Ni de puta broma», había estado a punto de decir en voz alta, pero luego recordé que era probable que Prepotente nos estuviese oyendo.
—Ya veremos.
Junto al montículo había una pila de pociones, objetos mágicos y más plantas de las que era capaz de contar.
Miriam había pasado sus últimos minutos sacando todo lo que tenía en el inventario.
Temía que, al convertirse en polvo, su cadáver no fuese saqueable.
Y estaba en lo cierto. Me había dicho que podía quedarme con lo que quisiese a cambio de ayudarla.
Le prometí que se lo daría todo a Prepotente y tenía la intención de mantener mi promesa. En su mayor parte.
Miriam llevaba encima dos pequeños sombreros parecidos a conos de tráfico naranja que había saqueado de una criatura similar a un gnomo, y le había dicho a Dónut que podía quedarse con uno. La gata había intentado disimular su entusiasmo.
No quería que se notase demasiado, pero ahora que ya no estaba entre nosotros me había puesto a examinar todo lo que había tirado en el suelo.
La mayoría de las cosas no podía examinarlas bien sin cogerlas.
Tenía más de cuarenta pociones de algo llamado Inspeccionar.
Me aparté de la línea de visión de Prepotente y me hice con dos de ellas.
Mientras guardaba la segunda en el inventario, la interfaz titiló. El número cincuenta apareció justo debajo del contador de tiempo del piso.
—Carl, ¿has visto ese número? —preguntó Dónut.
Nos interrumpió otro mensaje del sistema.
Nueva misión. Un apocalipsis de reptadores.
¡Se trata de una misión de mundo! ¡Todos los mazmorreros y todos los cazadores del sexto piso que sigan con vida recibirán esta misión!
No tienes permitido abandonar la misión.
La vampira Miriam Dom ha muerto. Ha caído presa de la luz del amanecer. Impotente y entre lágrimas, quedó convertida en polvo. Los desalmados mazmorreros Carl y Princesa Dónut vieron cómo ocurría y no hicieron nada para evitar que muriese entre la agonía de los estertores. ¡No hicieron nada!
(Bueno, algo sí que hicieron, en realidad. Alguien debería preguntarle a Carl por qué de repente tiene tres puntos más de Inteligencia. ¡Qué sospechoso!).
Sea como fuere, Miriam no ha desaparecido para siempre sin consecuencias, vaya que no. Su muerte ha curado a miles de mazmorreros, monstruos y cazadores que habían quedado infectados con la maldición del vampirismo.
Pero hay un problema.
Algunos de los monstruos del bosque infectados con ese vampirismo llevan alguna que otra noche masacrando sin parar.
Y otra vampira que ya está curada, una alosaurio llamada Gran Tina, por desgracia se había esforzado mucho para crear un ejército de monstruosidades muertos vivientes usando…
los restos… de esa masacre en el bosque.
Estos monstruos recién creados no son vampiros y no se han curado tras la muerte de Miriam.
Estas criaturas deleznables se han quedado solas y ahora no hay ninguna entidad que las controle.
Algunas no son más que minipicadoras, también llamadas ruidosos y más conocidos como berserkers rastreros.
Todos las hemos visto antes, sobre todo en algunas estaciones de tren al final del cuarto piso.
Sí, pueden llegar a ser muy grandes y muy molestas, pero tampoco es que tengas que preocuparte por eso.
No merecen una misión normal, y mucho menos una de mundo.
Tendrías que ser un completo imbécil para dejar que te matasen, sobre todo durante el día.
Y te estoy mirando a ti, Nihit Kumar, a quien le quedan dos segundos para… Vaya, qué pena. Y qué asco.
Bueno, pero algunos de los otros monstruos más poderosos se han transformado en otra cosa y, exceptuando a los dioses, son las criaturas más fuertes que jamás han puesto el pie en un sexto piso de la historia de Planeta mazmorrero .
Me gusta llamarlos reptadores insufribles.
¿Las buenas noticias? Que, al igual que los berserker rastreros, los reptadores insufribles suelen ser muy lentos durante el día.
¿Las malas? Que cuando se hace de noche consiguen la capacidad de combinarse con los rastreros y con otros reptadores y hacerse aún más fuertes.
Y pueden llegar a ser rápidos. Mucho. ¡Y también duplicarse si tienen partes suficientes!
Ahora mismo hay cincuenta de esas cosas… creciendo por… el bosque, así como unos pocos miles de berserker rastreros de varios tamaños. Los hemos dispuesto al azar, por hacerlo un poco más divertido. Y para alegraros más el día, también hemos marcado la ubicación de cada reptador en el mapa.
Vale, ahora el objetivo de la misión. Matad a todos los reptadores insufribles antes de que se ponga el sol.
Por cada uno que matéis, recibiréis un +5 a una característica al azar. Por cada cinco, +5 niveles adicionales. El mazmorrero o cazador que mate más recibirá un premio adicional.
La única persona para la que cuentan las muertes es aquella que ha hecho más daño a la criatura.
Si no los matáis a todos antes de que se ponga el sol, ocurrirán cosas malas.
Y con matarlos a todos me refiero a cada uno de los cincuenta.
Y con cosas malas quiero decir malas de cojones.
Y no solo para los mazmorreros, sino también para los cazadores.
Así que más les vale a esos cobardes de Zockau mover un poco el culo.
—Joder —murmuré.
—Carl, ¿de verdad has usado el anillo con Miriam? ¿Después de todo lo que ha pasado con Prepotente?
Miré el mapa y vi que el reptador más cercano se encontraba a unos ocho kilómetros.
—También me he fijado que la IA usa mucho más que antes la primera persona al hablar. Siempre lo ha hecho, pero algo parece haber cambiado.
Estaba a punto de responderle, pero Mordecai nos interrumpió justo en ese momento.
M ORDECAI : Creo que he visto esto antes, aunque a escala un poco menor.
Los muertos vivientes y los secuaces abandonados pueden llegar a ser controlados por algunos tipos de plantas.
Si se trata de los fragmentos encantados que se unían entre sí, los que viste antes, es muy probable que vayan a transformarse en algo llamado reptador encantado cuando recuperen el 70 % de su cuerpo.
Pero ahora su líder ya no puede controlarlos, ya que ahora lo hace otra cosa.
Es muy probable que sea una planta llamada flor insufrible.
Se supone que el proceso no es muy habitual y que tarda mucho en completarse, pero seguro que lo han acelerado para crear este evento.
Escuchadme. Esas cosas serán mortíferas, más de lo que puedo llegar a explicaros.
Manteneos alejados de ellas. Ni se os ocurra acercaros.
Es muy probable que controlen todas las enredaderas de la zona.
Arrancarán partes de cuerpos de las personas y las usarán para hacerse más fuertes.
También dispararán dardos envenenados y saldrán del suelo.
Empecé a recibir una cantidad ingente de mensajes en ese momento.
C ARL : Mordecai, no podemos quedarnos de brazos cruzados y dejar que los demás hagan el trabajo. ¿No se te ocurre algo para matar a esa cosa, como con aquel tallo pestilente?
M ORDECAI : ¿A una flor insufrible? Sí, pero esto es una criatura diferente y no sé qué podría llegar a funcionar.
Necesitaría mucha prueba y error. Las cosas así de grandes suelen requerir rociarlas por completo, por lo que lo ideal sería un aerosol.
El problema será prepararlo. Solo tenemos medio día…
, así que algo me dice que quieren que te enfrentes a esos monstruos a la antigua usanza.
Cortándolos y quemándolos, lo que va a ser muy difícil.
Están intentando hacer salir a los cazadores y el premio por matar a esas cosas es demasiado bueno, por lo que también serán demasiado peligrosas. Va a ser una carnicería.
Añadí a Katia al chat, ya que me estaba preguntando qué le había pasado a Miriam. Le hice un repaso rápido.
K ATIA : Yo he estado haciendo cálculos basándome en lo que comentaste antes y creo que algunos de esos reptadores encantados podrían llegar a tener nivel 150, puede que más, y eso antes de que se conviertan en criaturas planta.
Vamos a tener que atacar en grupo desde lejos.
El de Eva tiene uno muy cerca. Con suerte acabará con ella, pero si no es el caso tendremos que acercarnos.
C ARL : Joder. Ten cuidado. Asegúrate de aliarte con mazmorreros en los que confíes. Hay muchas posibilidades de que todo se vaya al traste.
D ÓNUT : Y ALÉJATE DE LA SEÑORA PERRA ESA. TSERENDOLGOR. ¿QUÉ CLASE DE NOMbrE ESTÚPIDO ES ESE? ESTÁ CLARO QUE SU MADRE NO LA QUERÍA NADA.
K ATIA : Dónut, es una persona muy amable que ha tenido una vida muy dura. Y es un nombre mongol.
D ÓNUT : TODOS ESTAMOS TENIENDO UNA VIDA MUY DURA AHORA MISMO, KATIA. NO MERECE MÁS QUE NADIE POR TENER UN NOMbrE ESTÚPIDO.
K ATIA : Vale, Dónut.
M ORDECAI : Chicos, escuchadme. Por todos los dioses. Alejaos de ellos. Esto va a ser un desastre de los gordos.
C ARL : Bueno, pues la cosa va a empeorar. Dónut y yo tenemos que despertar a la cabra.
—Carl —dijo Dónut—. Veo a varios puntos acercándose. Creo que son señoras Mongo. ¿Cómo sabías lo que iba a pasar? Te juro que a veces creo que tienes poderes psíquicos.
—¿Tina viene con ellas?
—Pues diría que no. No veo ningún punto grande.
—Perfecto —dije—. Hagámoslo rápido.
Clavé una rodilla en el suelo frente a Prepotente. Me resultó un poco raro. A pesar de estar paralizado sentí que algo irradiaba de él, como electricidad de un cable pelado o calor de una estufa. Quizá fuesen la desesperación, la rabia, la tristeza y la pérdida que lo asolaban.
Miriam era como una madre para él. Y acababa de verla morir sin poder hacer nada para ayudarla.
«Dios», pensé. Sabía exactamente cómo se sentía. El estómago me dio un vuelco al darme cuenta.
—Mira, amigo. Vamos a despertarte. Siento de verdad lo ocurrido y ojalá hubiese tenido otra solución.
Ella quería que fueses fuerte y necesitaba que cuidases de todos tus hermanos, hermanas o lo que sean.
Tienes que aguantar por ellos. Se acercan unos monstruos y vamos a tener que despertarte ya.
Pero no los mates. Dónut y yo tenemos planeado algo para ellos.
Cabeceé en dirección a Dónut, que lanzó el conjuro. Agitó la pata y Prepotente empezó a brillar.
Y no tardó nada en despertar.
Durante unos instantes, la cabra no emitió sonido alguno. Se quedó allí, paralizado y titilando. Me puse tenso y me preparé para que atacase.
—Llegarán en un minuto —susurró Dónut—. Se acercan despacio, como si estuviesen cazando.
Prepotente se quitó despacio el Anillo de sufrimiento divino del dedo y lo tiró en el suelo frente a él. Se me aceleró el pulso y empecé a pergeñar un plan para cogerlo. Me preguntaba qué pasaría si me ponía dos, si sería capaz de conseguir el doble de beneficios.
Pero luego Prepotente bajó la mano peluda y temblorosa y volvió a hacerse con el anillo. Se lo metió en la boca y se lo tragó entero.
Acababa de comérselo. Se había comido el puñetero anillo.
Cayó a cuatro patas frente a la pila de polvo en la que se había convertido Miriam.
El sol había salido durante unos instantes, pero ya empezaba a llover de nuevo; unas gotas enormes empezaron a caer en la tierra ya húmeda y humedecieron lo poco que quedaba de la mazmorrera.
Rebotaron en la montaña de ceniza y empezaron a dispersarla.
Prepotente gritó con rabia.
No era un grito de los normales. Fue uno inquietante y casi silencioso, como si prácticamente no fuese capaz de emitir sonido alguno, como viento que soplara por un paraje desolado.
Gritó una y otra vez hasta que terminó agotado.
—Oh, madre —dijo al fin con voz rasposa—. ¿Qué has hecho? No, por favor. No. —Alzó la vista para mirarnos a Dónut y a mí. Unas lágrimas de barro le caían por el rostro—. Iba a tocar el piano para mí, como hacía antes de todo esto. Iba a cantar mi canción especial.
Dónut saltó de mi hombro y aterrizó en el de la cabra, quien se estremeció un poco bajo el peso de la gata. Luego esta restregó la cabeza contra el cuerpo de Prepotente.
—Lo siento mucho por lo mal que lo estarás pasando —dijo Dónut, con voz antinaturalmente amable—. Puedes quedarte aquí sentado y llorar todo lo que necesites. Vienen unos monstruos hacia el claro, pero no te preocupes por ellos. No te muevas y deja que Carl y yo nos encarguemos.
Prepotente extendió el brazo para acariciar a Dónut en un costado de la cabeza, momento en el que Kiwi la velocirraptor llegó con la cabeza gacha y entre gruñidos.
Pero no atacó y se mantuvo cerca de la linde.
Aparecieron al fin varios puntos más en mi mapa, formando un semicírculo, todos viniendo del sur.
—Dijo que todo iba a salir bien, pero era mentira. Una mentira horrible —continuó Prepotente cuando Dónut volvió a saltar a mi hombro. Le temblaban las manos y no se había dado cuenta del peligro que nos rodeaba—. ¿Qué voy a hacer ahora?
Se quedó en silencio y abrió los ojos de par en par.
—Acabo de recibir una caja de benefactor de emergencia de mi patrocinador —dijo entre sollozos. Volvió a centrar su atención en el espacio vacío del suelo y siguió sollozando.