La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 47 #2
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Capítulo 47 #2

—Prepi y yo no sabíamos que el cazavampiros nos estaba dando caza hasta que fue demasiado tarde. Nos atacó poco después de llegar, pero conseguimos escapar. Fue hace unos días, y lo hizo mientras nos enfrentábamos a esa dinosaurio gigante. Gran Tina. Ese fue el principio de todo.

Asentí casi sin querer.

—Gran Tina se ha vuelto loca. Tenemos una misión para investigar su historia, pero está haciendo algo muy raro, creando lo que parece un ejército de muertos vivientes.

—Sí —convino Miriam—. El vampirismo incluye varios conjuros y habilidades, y cuando te infectas las consigues de manera aleatoria.

Algunos vampiros recién creados son más poderosos que otros.

Algunos de los infectados son más contagiosos o carismáticos, por ejemplo.

O más mortíferos. Algunos pueden cambiar de forma.

Tina es un jefe, por lo que le dieron varias habilidades muy potentes, habilidades que le permiten controlar a otros.

O crear secuaces muertos vivientes con todo aquel a quien mata.

Se suponía que ese iba a ser el clímax de la serie, de Cazador de sangre .

La maldición del vampirismo iba a infectar el bosque al completo y, después de matarme, el vizconde Nublo hubiese salvado a todos los dinosaurios de la zona y evitado el apocalipsis.

Hay una jerarquía, por si no lo sabías. Como yo soy el origen de la infección, esta se detendrá cuando yo muera.

No había infectados por aquí antes de mi llegada, lo que significa que todos sanarán cuando ocurra. Aún estamos a tiempo.

Dónut soltó un grito ahogado.

—¡Eres la líder de los vampiros!

—Sí —aseguró Miriam—. Cuando bajé a este piso me dieron un título: Princesa Infernal.

Lo reciben todos los mazmorreros que sobreviven a un piso estando infectados y hace que la infección sea permanente.

Carl, escúchame. Algunos mazmorreros han quedado infectados los últimos días, debido a los ataques de las criaturas del bosque. Y seguro que hay más de los que creo.

Sentí de repente un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo. Al fin me había dado cuenta de lo que estaba pasando.

—Miriam, ¿por qué no has liberado a Prepotente?

Ella sollozó.

—Cuando el vizconde Nublo nos atacó por segunda vez, Prepi estaba listo.

Había leído un pergamino muy poderoso llamado Piscina comunitaria.

Tiene que tocar a ambas partes para que el conjuro funcione.

Y sirve para arrebatarle la infección a una, que era yo en este caso, y traspasársela a otra.

No solo me hubiese curado, sino que también hubiese convertido a Nublo en el líder.

Tras hacerlo, podríamos haberlo matado y curar la infección de una vez por todas.

Prepi recibió el pergamino en una caja de benefactor.

—Entonces, Nublo hubiese pasado a ser el nuevo líder vampírico, ¿no? —preguntó Dónut—. ¡Habría sido un episodio brutal para la serie!

—Sí. El pergamino decía que Prepi iba a quedar aturdido durante un minuto, pero sabíamos que la transformación hubiese agobiado a Nublo y nos hubiese dado tiempo de recuperarnos y acabar con él.

Miré a Prepotente, aún paralizado.

—Pero algo salió mal, claro.

—Cuando Prepi lanzó el conjuro Piscina comunitaria, Nublo activó un contraconjuro que hizo que rebotase y afectase a mi niño.

Atravesó todas sus protecciones. —Miriam respiró muy hondo, agotada—.

Prepi no se infectó gracias a sus guardas, y la maldición no abandonó mi cuerpo.

Podría decirse que lanzó un contracontraconjuro.

Piscina comunitaria empezó a rebotar entre los dos varias veces.

—Miriam señaló un anillo de uno de los dedos rechonchos de la cabra antropomórfica.

Parecía haber albergado varias joyas en el pasado, pero ahora estas habían desaparecido.

Todas excepto una en un extremo. Me dio la impresión de que se trataba de un pequeño cristal de alma, que relucía ominoso como si fuese a explotar en cualquier momento.

—Es un anillo de cinco usos llamado Día opuesto.

Se había activado y había devuelto el conjuro a Nublo, quien a su vez tenía un anillo similar que también devolvió el conjuro.

Rebotó una y otra vez entre los dos, lo que hizo que les afectase varias veces una desventaja de aturdimiento.

Como bien sabrás dicha desventaja se acumula y, después de tres acumulaciones, la criatura adquiere también la desventaja Frágil, que hace que la más mínima cantidad de daño mate al afectado.

Esa es la razón por la que no he podido liberarme.

No quiero hacerle daño a Prepi. Todo esto ocurrió en menos de un segundo y tardé un tiempo en desentrañar por qué habíamos quedado en esta situación.

D ÓNUT : CARL, MIRA LA OTRA MANO DE PREPOTENTE. ¡EL OTRO ANILLO!

C ARL : Lo veo. Deja que continúe hablando.

—¿Y cómo murió Nublo? —pregunté.

—Cuando ambos quedaron aturdidos y cerca de mí, me vi tentada de matar al cazavampiros. Habría sido fácil. Pero me temía que tuviese un último truco bajo la manga y matase también a Prepi. No me atreví. Y también había descubierto que iba a morir cuando amaneciese, que fue lo que ocurrió.

—¿Cómo sabías que iba a morir cuando amaneciese?

—Por los conjuros. Cuando rebotan tantas veces, tienen la tendencia de…

¿Cómo se dice? De revertirse. Es algo que aprendimos al principio de todo.

Por eso a Prepi se le da tan bien matar despacio.

Lanza conjuros simples de nivel bajo que se mezclan y cambian.

Eso fue lo que ocurrió. Nublo adquirió una nueva desventaja llamada Caminante de la luz maldito.

Sabía lo que significaba. Yo muero cuando me expongo a la luz, pero en su caso lo que le ocurre es que la salud empieza a bajarle cuando no está expuesto a dicha luz.

Es una maldición igual de horrible. No es lo que pretendíamos hacerle, pero funcionó.

Estaba paralizado y no podía sanarse, por lo que murió y quedó hecho una montaña de polvo.

—¡Un vampiro opuesto! —gritó Dónut—. Me pregunto cómo funcionará algo así. ¿Vomitaba sangre a la gente en lugar de chupársela?

—Eso da igual, Dónut —dije—. Entonces, Prepi… Prepotente no se ha visto afectado con ningún tipo de vampirismo, ¿no?

—No —aseguró ella—. Y menos mal. Sus guardas lo protegieron y han resistido. —Tragó saliva—. No obstante, cuando el conjuro rebotó tantas veces, ocurrió otra cosa. Algo peor aún.

Volví a mirar al cuerpo paralizado de Prepotente y el anillo que tenía en la otra mano.

Me costaba ver bajo su túnica oscura con la poca luz que había, pero lo atisbé, brillando levemente entre la tela.

El tatuaje de tela de araña en el codo izquierdo.

No solo tenía el anillo, sino que lo había estado usando.

—No sabía que había más personas con un Anillo de sufrimiento divino —comenté. Mordecai me había asegurado que salían varios en la mazmorra, pero aquella era la primera vez que oía hablar de otro que no fuese el mío.