La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 46
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Capítulo 46

D ÓNUT : CARL, MONGO SE HA ENFADADO MUCHO CONTIGO. Y EL ALCALDE DRÍADE ME HA OFRECIDO CINCO MIL MONEDAS DE ORO POR ATARTE Y SACARTE DE AHÍ. LE LANZARÍA UNA BOLA DE FUEGO, PERO LOS GUARDIAS TAMBIÉN ESTÁN POR AQUÍ. LE HE DICHO A UNA DE LAS SETAS ESTAS QUE SE QUEDE A MI LADO PORQUE SIRVEN DE PARAGUAS.

C ARL : ¿Cuánto tiempo queda para que Mongo se despierte?

D ÓNUT : DOS MINUTOS. NO HAY TIEMPO PARA OTRO LITRO. LA MAYORÍA SE HA DERRAMADO, PERO HICE QUE ALGUNOS DE ESOS MONOS MOJADOS ME AYUDASEN A SOSTENER EL RECIPIENTE. ESTO ES MUY DIFÍCIL SIN PULGARES. ESPERO QUE MONGO NO RECUERDE NADA. DEBERÍAMOS HABERLO HECHO ANTES DE ENTRAR EN EL ASENTAMIENTO.

C ARL : Ya sabes que no lo hicimos porque no teníamos la poción para dormir a Mongo. Vuelve a entrar tan pronto como se despierte y nos largamos.

—Tienes que tranquilizarte, Carl. Dónut está bien —dijo Mordecai—. Mientras no estés ahí fuera con ella, los guardias no la atacarán. Espero que tengas un plan para cuando te marches.

—Lo tengo. Vamos a tener que repetir la jugada en el próximo asentamiento, que también es de dríades.

Mordecai solo había tenido tiempo de preparar una de las pociones para dejar inconsciente a Mongo, y solo le iba a dar tiempo de hacer una de las de Encantar animal. Con suerte sería suficiente.

Prudence la osa estaba sentada en el sillón con sus dos oseznos encima, como si no hubiese ocurrido nada.

Se habían puesto a ver una de las últimas películas de En busca del valle encantado , lo que me pareció muy chungo porque acababan de ver cómo un dinosaurio se comía a su padre.

Pero al parecer les estaba gustando. Todd se había puesto a criticar con Mordecai los problemas de fidelidad de los dinosaurios de la película.

Tanto Bomo como el Mazo estaban sentados en el suelo, cautivados por las imágenes.

El robot de limpieza seguía a las crías de oso a todas partes y no dejaba de pitar con preocupación.

Dónut volvió a entrar un minuto después y soltó el frasco de cristal enorme sobre la mesa. Tenía sangre derramándose por un lado. Mongo, al que había curado antes de que se despertase, olisqueó el recipiente con gesto de sospecha.

—¡Un litro es muchísimo! —dijo la gata por enésima vez—. ¿Para qué necesitas tanta? Si Mongo fuese más pequeño, no habría tenido tanta sangre. He tenido que herirlo y curarlo como tres veces para llenar el frasco.

Mordecai se acercó para examinarlo.

—Diría que será más que suficiente. Bien. Pronto tendréis lista la poción.

M IRIAM D OM : Carl, siento ser un incordio, pero ¿cuánto queda?

C ARL : Estamos de camino.

Hice que Dónut saliese al exterior y lanzase una cortina de humo en la puerta. Luego, me bebí una poción de invisibilidad y salí entre las volutas. No tenía tiempo de volver a montar el Carruaje dentro del asentamiento, por lo que nos dirigimos al exterior.

—¿Puedo hacerlo? ¿Puedo hacerlo? —preguntó Dónut cuando llegamos a la puerta occidental, donde no había guardias.

—Ten cuidado e intenta no darle a nadie. Solo al alcalde. Usa un proyectil mágico, no una…

La bola de fuego salió disparada de Dónut y flotó perezosa por los aires, siseando y chisporroteando bajo la lluvia.

Vimos como aquel globo de llamas de tamaño pelota de playa pasaba junto a dos micónidos e impactaba en la espalda del alcalde dríade, quien se prendió fuego de inmediato como si fuese una bengala del Cuatro de Julio.

La criatura gritó y empezó a correr en círculos.

El exterior del bar del que acabábamos de salir también se prendió fuego y, en unos segundos, medio asentamiento quedó cubierto por las llamas.

—¡Qué te parece! —exclamó Dónut—. Carl, ¿por qué se ha prendido fuego si está lloviendo? —Soltó un grito ahogado—. ¡Lo he conseguido! Ahora el asentamiento me pertenece.

Un mono envuelto en llamas corrió aullando de dolor por mitad de la calle.

—Sí, pero no lo vuelvas a hacer —dije mientras montaba el Carruaje a toda velocidad.

El asentamiento siguiente solo estaba a veinte minutos de distancia y era casi idéntico al anterior.

Este se llamaba PREPOTENTE NÚMERO SIETE , lo que significaba que, con suerte, los guardias no me atacarían al verme aunque sí lo hiciesen los dríades.

Lo atravesamos rápidamente y entramos en la estancia segura para hacernos con la poción de Encantar animal, que ya estaba preparada.

En el interior de nuestro espacio personal, los oseznos y los dos guardaespaldas rocosos se habían hecho de alguna manera con conos de helado y estaban sentados viendo aquella maldita película de dinosaurios.

Mongo, que no había tenido la oportunidad de fijarse en la televisión la vez anterior, empezó a graznar y a brincar de un lado a otro al ver los dibujos animados de los dinosaurios en la pantalla.

Nos hicimos con la poción verde y salimos a toda prisa.

Ninguno de los guardias nos atacó tampoco al salir.

Diez minutos después, nos acercamos a la ubicación aproximada de Miriam y Prepotente.

—No los veo, Carl. ¡Necesitamos a Katia!

C ARL : Miriam, creo que estamos cerca, pero no sé dónde estás exactamente.

M IRIAM D OM : Espera un momento, Carl. Veamos si puedes ver esto. Voy a disparar unas chispas hacia arriba.

Esperé un momento, pero no vi nada.

C ARL : No veo nada.

M IRIAM D OM : Tienes que estar cerca. Sigue avanzando hacia el oeste.

C ARL : Vale. Hazlo otra vez dentro de unos quince segundos.

Me bebí una de las pociones de levitación y me alcé hacia los cielos.

Deslicé hacia arriba el control deslizante de la interfaz y quedé rodeado por el aire frío de la noche en las alturas.

La lluvia no había parado y caía sobre mí como si me estuviesen perforando unas agujas.

Atravesé el dosel arbóreo mientras el viento me agitaba la capa.

No vi nada frente a mí, aunque detrás la noche relucía ominosa.

Y en ese momento lo olí: un incendio distante a pesar del agua.

Uno enorme, más intenso que cuando habíamos abandonado aquella zona.

«Cagondiós, Dónut», pensé. Había prendido fuego al puñetero bosque.

C ARL : Hazlo ahora.

Un momento después, unas pocas chispas se alzaron en el horizonte, a unos dos kilómetros al sur, más al sur de lo que esperaba. Estaban apartadas de los senderos, lo que significaba que tendríamos que acercarnos a pie.

C ARL : ¡Te veo!

D ÓNUT : ¡CARL, CUIDADO!

La silueta aullante y babosa chocó contra mí por un lado y me derribó. El conjuro de levitación desapareció al momento y empecé a girar a toda velocidad por los aires mientras caía de nuevo hacia el bosque.

En ese momento, me quedé paralizado. Una melodía EDM empezó a retumbar a pesar de la lluvia.

«Mierda. ¿A qué viene esto ahora, joder?».

Mi retrato policial y el de Dónut aparecieron en la interfaz, flotando justo sobre mi cabeza.

Un rayo digital cruzó las imágenes para luego convertirse en unas enredaderas.

El aullido de unos monos y de unos bongos resonó por encima del estruendo electrónico de la música.

No me podía mover, pero me había quedado paralizado mirando hacia arriba y empezó a caerme en la boca un reguero que sabía a tierra y a sangre.

Escupí todo lo que pude de aquel chorro tortuoso.

¡B-b-b-batalla contra jefe!

¡Encuentro especial en el bosque!

Incapaz de moverme, intenté girar la cabeza para ver qué era lo que me había golpeado.

Unas garras enormes flotaban frente a mí a unos cuatro metros, preparadas para destrozarme.

La sombra monstruosa detrás de dichas garras tenía una silueta que me resultaba familiar.

«Es Quetzalcoatlus», pensé. La jefe fantasma pterodáctilo del piso anterior.

Pero no, no podía ser. Sí que era el mismo tipo de criatura.

Este no era un fantasma, sino un muerto viviente.

Y también era gigantesco, como un cruce entre un pelícano y un buitre, pero del tamaño de una jirafa voladora.

Tenía un pico anormalmente grande, casi del tamaño de la punta de una lanza de justa, y tan largo como yo.

En el piso anterior solo había visto la forma etérea de Quetzalcoatlus durante muy poco tiempo, pero ahora que veía a una criatura igual con forma corpórea me resultó aterradora.

Nos quedamos así flotando unos segundos mientras la música se volvía cada vez más estruendosa.

¡Versus!

…

Un aullido ensordecedor se extendió a mi alrededor. Cayó un rayo y, en ese momento, vi los ojos inyectados en sangre de la monstruosidad.

Sierra. Northropi vampírico.

¡Jefe de barrio nivel 65!

Se trata de un secuaz abandonado del vizconde Nublo.

El vizconde Nublo, genial aunque ya fallecido cazador de vampiros y muertos vivientes, había entrenado a su fiel montura Sierra para no separarse de él jamás.

Juntos, daban caza al mal y recorrían el mundo en busca de la plaga oscura que había acabado con su aldea y con su familia.

Rastreaban y acababan con todos los sucios necrófagos que encontraban en su camino.

Por eso, cuando el vizconde Nublo se enteró de que había una recién llegada en su mundo, una chupasangre deleznable, poderosa, implacable y desquiciada llamada Miriam Dom, juró que acabaría con ella.

Pero la cosa salió mal.

Cuando Sierra se abalanzó en un intento condenado al fracaso por salvar a su jefe, la despiadada chupasangre asesina de bebés la dejó muy herida.

Consiguió escapar del enfrentamiento a duras penas y, menos de un día después, el ansia de sangre se había apoderado de ella.

Ahora, mientras va en busca de su primera víctima, se ha convertido en lo que su amo y ella odiaban con todas sus fuerzas.

Líbrala de su desgracia.