La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 45 #2
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Capítulo 45 #2

Nos dirigimos a toda velocidad por el sendero cubierto de barro en dirección hacia el lugar donde se encontraban Miriam y Prepotente.

Había dos arroyos en paralelo a ambos lados del camino, desbordados a causa de la lluvia.

Dónut seguía con el conjuro Antorcha activado a máxima potencia e iluminaba los alrededores con la intensidad de los focos de un estadio deportivo.

El bosque parecía vivo, lleno de puntos rojos que se apartaban a nuestro paso como si fuésemos un quitanieves.

No me daba tiempo de ver si las criaturas estaban infectadas o no a la velocidad a la que avanzábamos.

Dónut y Mongo iban delante, pero advertí a la gata que tuviese cuidado con el dinosaurio.

Lo último que necesitábamos era que se infectase.

Dónut tardó unos dos minutos en llegar a la conclusión de que odiaba avanzar bajo una lluvia tan intensa y empezó a quejarse por el chat.

Unos pocos mazmorreros también se pusieron a comentar que estaban empezando a ver animales del bosque convertidos en vampiros. Mordecai dijo que no era la primera vez que pasaba algo así, pero que normalmente no se propagaba tan rápido.

G IDEON : Acabo de enfrentarme a una criatura que era una mezcla de semidjinn y semibúho. Intentó degollarme, pero nuestro clérigo la mató antes de que me atacase. Estuvo muy cerca.

T SERENDOLGOR : Creo que estamos a unos doscientos kilómetros de vosotros, chicos, y aquí las cosas están iguales.

Aunque no tan mal como decís. No he visto partes corporales reanimadas, pero los picotaladro han desaparecido de la noche a la mañana y ahora son vampiros.

Son el doble de fuertes y muy rápidos, pero al menos no te infectas directamente cuando te tocan.

Es solo cuando te hacen una herida grave.

Si lanzo Ultravioleta en mi lanzallamas, mueren rápido.

Pero prefiero quedarme a cubierto con esta lluvia. No quiero arriesgarme.

C ARL : Vale. Bien. Por cierto, ¿alguno de vosotros está entre los cincuenta mejores? Estoy intentando hacer una lista de todos los mazmorreros que van a ir a la fiesta.

G IDEON : Yo no estoy ni entre los mil mejores. Y lo prefiero así, la verdad.

T SERENDOLGOR : Yo estoy en el puesto cincuenta y cuatro ahora mismo. Estoy intentando subir para que me envíen una invitación.

D ÓNUT : QUIZÁ SI NO FUESES POR AHÍ ROBANDO EXPERIENCIA DE OTROS COMO UNA NINJA ESTARÍAS MÁS ARRIBA.

T SERENDOLGOR : ¿Todavía con esas? Eso fue hace dos pisos, Dónut. Y no te he visto por la MazmorraCon, así que algo tengo que estar haciendo bien.

D ÓNUT : ¿CÓMO? ¿CÓMO HAS DICHO?

C ARL : Tampoco te pongas por objetivo estar entre los cincuenta primeros. Creo que será una trampa y necesitaremos gente que no esté en la fiesta para rescatarnos. Sea como fuere, ese lanzallamas tuyo seguro que nos viene de perlas.

El primero de los asentamientos era uno pequeño de dríades, y llegamos mucho más rápido de lo que esperaba.

Un par de guardias micónidos estaban apostados en el exterior.

Se cubrieron los ojos a causa de la luz cuando nos acercamos, pero no intentaron detenernos al entrar.

Vi varios puntos blancos moviéndose entre las calles.

Entrando en el asentamiento de dríades pequeño.

«Bien», pensé mientras echaba un vistazo al mapa en busca de una estancia segura de verdad. Aún no habían capturado el pueblo.

—¡Allí! —grité para que mi voz se oyese a pesar de la lluvia, mientras señalaba un bar que había en uno de los extremos del lugar.

Aviso: Se te ha registrado como alborotador en este asentamiento. Ahora los guardias te atacarán al verte.

No entendía por qué había recibido el aviso. Me giré y vi a un par de dríades fulminándome con la mirada en una esquina. Uno de ellos era el alcalde y me quedó muy claro que veneraba a Diwata.

Aparecieron unos puntos rojos en el mapa moviéndose hacia nosotros justo cuando llegamos al exterior de la estancia segura. Desarmé rápidamente el Carruaje y lo guardé en el inventario antes de entrar.

El bar estaba lleno de dríades, lo que me sorprendió, ya que lo normal era encontrarnos aquellos lugares vacíos.

El establecimiento parecía haber salido de uno de playa, con un ventanal enorme que daba hacia el agua en sus tiempos.

Ahora, dicho ventanal daba a una muralla de bambú.

En la pared había un cartel que rezaba CAFETERÍA POR QUÉ NO .

Un bopca con camiseta hawaiana estaba sentado detrás de la barra y no nos había quitado ojo de encima al entrar.

—¡Apóstata! —gritó un dríade justo cuando entramos en el establecimiento. El mono de sus ramas gritó y se abalanzó sobre mí, pero se quedó paralizado y luego lo teletransportaron al exterior.

—¡Magia negra! —gritó otro árbol antes de intentar golpearme y desaparecer. Un minuto después, nos habíamos quedado solos en la estancia segura.

—Creo que no soy bienvenida en este lugar, Carl —dijo Dónut.

—No te atacan a ti, sino a mí —dije. En el exterior, un grupo de puntos blancos se acercaba a la taberna. «Mierda. Mierda, mierda, mierda», pensé.

—Vas a tener que hacerlo tú sola —dije mientras nos acercábamos a la puerta de la sede gremial.

—¿Hacer el qué?

Le di unas palmaditas a Mongo en el lomo.

—Perdona, chico. Solo será un poco de sangre.