Capítulo 45
Nota añadida por el mazmorrero Allister. Decimotercera edición.
Vampiros. En mi cultura teníamos vampiros, pero no son iguales a los que hay en la mazmorra.
Aunque se parecen. En mi mazo de cartas T’Ghee hay dos formas vampíricas.
El Portador de la Plaga y el Cazador de Sangre.
Ambas representan la muerte. Ambas atestiguan el fin de los días.
Pero mientras que una de ellas es simplemente la encarnación de un mal deliberado y sediento de sangre, la otra, el Portador de la Plaga, es un análisis de cómo las malas acciones que llevamos a cabo pueden llegar a tener efectos a lo largo del tiempo hasta amplificarse y condenarnos a todos.
Los vampiros de este séptimo piso son una combinación de esas dos cosas.
Es raro que nuestras tradiciones sean tan diferentes pero iguales al mismo tiempo.
No he conocido compañeros mazmorreros con la maldición del vampirismo, pero sí que me he topado con vampiros enemigos y PNJ.
Con los monstruos no se puede razonar; son rápidos, más de lo que te imaginas.
Son insaciables. Son fuertes. Y encima no son estúpidos.
De hecho, creo que la maldición del vampirismo aumenta en gran medida su Inteligencia.
Pueden lanzar conjuros y les gusta rodearse de criaturas que los protejan.
No los infravalores. No dependas únicamente de tu mitología para derrotarlos.
Mi mejor consejo es evitarlos y, si se dirigen a una zona en la que te encuentres, lárgate de ahí cuanto antes.
C ARL : Oye…, Miriam. Seguimos de camino. Por casualidad, no te habrás topado con un alosaurio gigante por la zona, ¿no? Uno que tiene una boa rosa colgada del cuello.
M IRIAM D OM : Carl, date prisa, por favor. Y sí. Luchamos contra un dinosaurio gigante que llevaba un collar de plumas y una varita. Estuve a punto de matarlo, pero ocurrió algo y escapó.
C ARL : Ya… Pues creo que le has infectado tu vampirismo.
M IRIAM D OM : Sí, lo sé. Muchos de los dinosaurios de la zona se han transformado en vampiros.
Se está propagando por todo el bosque. Y rápido.
Si sobreviven, pasan unos días muy débiles, pero la fuerza no tarda en aumentar.
Formaba parte de la trama del élite. Murió antes de que consiguiésemos detener la infección.
Tienes que ayudarme o no podré contenerla.
Qué bien. Fantástico.
C ARL : Estamos de camino.
—Vale. Prudence —llamé mientras enviaba un mensaje rápido a Mordecai para advertirlo—. Coge a tus niños y entra por la puerta por la que llegamos nosotros, ¿vale? Allí dentro estaréis a salvo. Te lo prometo.
—No podemos entrar —dijo ella—. Lo he intentado y no nos deja.
—Ahora si podréis —le aseguré—. Os he dado permiso a ti y a tus oseznos.
En el exterior, Tina se había alejado por la calle.
El punto rojo que representaba la garra de oso reanimada había desaparecido.
La lluvia arreció en ese momento, repiqueteando con más fuerza que nunca.
Sonaba como si alguien estuviese tocando el tambor en el techo.
Gracias a los mensajes en el chat principal, sabía que la tormenta cubría el mapa al completo. El río no iba a tardar en desbordarse.
Después de asegurarnos de que Prudence y sus crías entraban en la sede gremial, nos acercamos a la puerta con cautela. Gran Tina había desaparecido, pero tampoco se veía demasiado. Estaba a oscuras, y la intensidad de la lluvia parecía aumentar por momentos.
—Luz —susurré mientras empezaba a sacar las partes del Carruaje Real del inventario—. No aumentes mucho la intensidad.
Dónut activó la luz amarilla y la lanzó hacia fuera para que flotase como una luciérnaga.
El conjuro tenía nivel 13 y ahora podía hacer muchas cosas guapas con él.
Cuando la luz salió al exterior, el mapa se llenó de puntos rojos.
Ambos nos quedamos muy quietos, sorprendidos por lo que estábamos viendo.
—La hostia —susurré.
No había visto nada igual desde el nido de krasue del tercer piso o desde el vagón de tren lleno de partes de necrófagos del cuarto. Pero esto era peor. Mucho peor.
Mongo aulló y estuvo a punto de abalanzarse, pero Dónut le ordenó estarse quieto. Me giré y vi cómo una pareja de dinosaurios, que no eran velocirraptores, sino algo parecido, brincaban por la oscuridad antes de volver a desaparecer.
Antes, cuando habíamos entrado en el asentamiento, había cadáveres por todas partes.
Yo había intentado hacerme con algunos, pero se habían convertido en polvo al intentar agarrarlos.
No le había dado muchas vueltas porque llevaban tiempo por allí, pero estaba clara su relación con… lo que quiera que estuviese ocurriendo.
La cantidad de partes de cuerpo había aumentado. Había muchas. Estaban desperdigadas a nuestro alrededor, como los tropezones de un guiso.
Había dado por hecho que Gran Tina estaba fuera del bar porque el edificio de enfrente estaba lleno de víctimas fáciles, pero al parecer la dinosaurio había estado allí preparando el conjuro.
Estaba haciendo que las partes corporales que llevaban tiradas por el lugar más de dos días acudiesen a su llamada.
Pero no podía haber matado a tantos ella sola.
Era imposible. Había muchos cadáveres y no eran solo de osunos.
Vi una variedad de criaturas del bosque.
Osos, ciervos, monos, lobos y todo tipo de enemigos.
Recordé nuestro viaje desde la orilla del río hasta este asentamiento.
Nos habíamos pasado grindeando todo el día, pero la mayoría de las criaturas contra las que habíamos luchado eran de tipo planta.
No habíamos visto animales prácticamente.
Al parecer, el resto de los dinosaurios también estaban reuniendo todas las partes corporales que encontraban para acumularlas en un lugar concreto, como si fuesen una pila enorme de calcetines desparejados, una especie de instalación donde todas las partes reanimadas podían ponerse a buscar el cuerpo al que pertenecían.
Y estábamos cerca de aquella pesadilla. La pila principal se encontraba en el extremo de la calle. En ese momento la vi, alzándose en la oscuridad como una pequeña colina. Un grupo de dinosaurios se alejó de ella a toda velocidad.
—Aumenta la potencia —susurré—. Despacio.
Cuando Dónut intensificó la luz, vi parte de cuerpos moviéndose como cucarachas, rodando y agitándose de manera poco natural.
Las calles eran un caos de brazos y piernas amputados, de colas que reptaban como serpientes, de cajas torácicas que caminaban como arañas.
De ojos que rebotaban. De órganos que se arrastraban dejando tras de sí un rastro de sangre, como erizos rechonchos que avanzasen por la maleza.
Pero aún había más. Algunas partes se habían unido entre sí al encontrar restos de su cuerpo. Estas tenían nombres más largos y porcentajes mayores junto a ellos. Una se movía como una rueda pinchada, rodando y chapoteando mientras chorreaba sangre.
Fragmento encantado. Pie de osuno (izquierdo), pata de osuno (izquierda), pelvis de osuno (cuatro partes reformadas), muslo de osuno (derecho), intestino grueso de osuno (dos partes reformadas), riñón de osuno (derecho). Niveles 5 + 7 + 12 + 6 + 10 + 2. Total: nivel 42.
21,8 % del total.
Se trata de un secuaz de Gran Tina.
Tragué saliva. En ese momento lo entendí.
Comprendí de improviso a qué venía tanto caos.
Mataban gente, los descuartizaban en tantas partes como les era posible y luego volvían dos días después y esperaban a que se recompusiesen.
Cada parte individual tenía un nivel y, si se recomponían con las partes originales, dichos niveles terminaban por sumarse.
Las partes iban a ser ridículamente poderosas, mucho más que en un primer momento.
—Carl —dijo Dónut, que echó un vistazo a aquel mar de partes corporales que no dejaban de moverse—. Carl, esto no me gusta. Vámonos.
—Luz al máximo. Vamos —dije mientras intentaba mantener a raya la ira. Avanzamos hacia la salida lo más rápido que pudimos mientras yo unía las partes del Carruaje para luego colocarlo de espaldas al centro del asentamiento.
—Dónut —dije—. Vete delante. Vamos a tener que ir muy rápido.
Saqué un lanzamisiles cargado y lo uní al Carruaje. Asigné dos de los misiles a la masa central de partes corporales y los demás por los lados del montículo, todo mientras no paraba de enviar mensajes desesperados preguntando si alguien había visto algo parecido.
«Deberíamos volver dentro».
Pero teníamos que hacer algo para evitar que ocurriese lo que estaba a punto de ocurrir.
Era una trama con un élite que se había salido de madre.
Algo que, por primera vez, no habíamos provocado ni Dónut ni yo.
Me daba la impresión de que Miriam y Prepotente se habían topado con unos acontecimientos capaces de poner patas arriba el piso entero, como nos había pasado a nosotros al liberar a Orthrus, el cachorrito de dos cabezas, en el piso anterior.
Miriam había comentado que podía solucionarlo si la encontrábamos a tiempo, y eso era lo que íbamos a hacer.
Salté en el Carruaje y escapamos a toda velocidad de aquella pesadilla.
Dónut y Mongo aceleraron delante del vehículo.
Cuando llegamos a la muralla exterior del asentamiento, que estaba rodeada de aquellas enredaderas, disparé todos los misiles al mismo tiempo y estos volaron hacia la oscuridad que habíamos dejado atrás, siseando y rotando bajo la lluvia.
Oí explosiones amortiguadas en la distancia mientras girábamos hacia el oeste en dirección al lugar donde se encontraba Miriam.
Las notificaciones de experiencia me bloquearon la visión mientras un rugido de desesperación reverberó a nuestro alrededor.
Por suerte, la dinosaurio enorme no parecía haberse puesto a seguirnos. Por el momento.
D ÓNUT : ¿Crees que hemos evitado que esas partes de monstruos asquerosas se unan?
C ARL : Es probable que no, pero con suerte las habremos retrasado.