Capítulo 44
Dónut y Mordecai siguieron discutiendo mientras yo hablaba con la vampira. Poco después, ambos se dieron cuenta de que estaba hablando con alguien y se quedaron mirándome en silencio.
C ARL : ¿Dónde estás?
M IRIAM D OM : A unas horas al este de ese asentamiento, puede que a unos veinticinco kilómetros, y más o menos un kilómetro al sur del gran meandro del río.
Saqué la versión física del boceto de mapa que Katia había dibujado para todo el mundo y comprobé la ubicación aproximada. Estaba en mitad del bosque. Toqué el mapa. Mordecai y Dónut lo miraron.
C ARL : ¿Y qué ha ocurrido? ¿Y dónde está tu compañero?
M IRIAM D OM : Intenté pedirte ayuda hace un rato, pero el sistema no me dejaba hablar contigo. También se la he pedido a los demás, pero nadie está muy cerca. Les dije que se pusiesen en contacto contigo, pero todos me comentaron que no podían.
Cierto. Había visto una hilera de ellos entre los mensajes desesperados de Miriam. Me acababan de llegar, lo cual era muy raro. Pero luego vi una palabra flotando en algunas de las previsualizaciones de dichos mensajes.
Élite.
C ARL : No puedo ayudarte si hay un élite involucrado. Lo siento mucho. Es una larga historia.
M IRIAM D OM : El élite está muerto. Ya he completado la misión.
Prepi acabó con él, pero se quedó paralizado al hacerlo.
Ninguno de los dos podía moverse, y el élite murió hace unos pocos minutos cuando se puso el sol.
También es una larga historia. Bianca está en el transportín, dentro del inventario de Prepi, y no puede sacarla. Estará paralizado quince horas más.
C ARL : ¿Quince horas?
M IRIAM D OM : Eran treinta y cinco. Han sido dos días muy largos.
Tiene el brazo alrededor de mi cintura y no puedo liberarme.
Si se rompe cualquier parte de su cuerpo, aunque sea el pulgar, acabará hecho pedazos.
Yo me he puesto a luchar contra criaturas pequeñas, pero ahora que ha vuelto a oscurecer es probable que regresen los dinosaurios y temo que no podré mantenernos a salvo.
C ARL : Vamos de camino, pero ¿cómo sobreviviste a la luz del día?
M IRIAM D OM : La luz del día me drena la vida rápidamente.
He alternado entre el conjuro Revivir y pociones de sangre.
Tuve que lanzarlo una y otra vez, y ya me quedan muy pocas pociones.
Aunque sobreviva a la noche, no podré mantenerme con vida durante mucho tiempo cuando amanezca. Te lo explicaré cuando llegues.
—Mirad, chicos —saqué un bolígrafo y marqué el lugar donde se encontraba Miriam Dom, para luego explicarles rápidamente la situación. Había dos asentamientos entre nosotros—. Mordecai, ¿cuánto tardarás en preparar esa poción de Encantar animal?
—Quince minutos cuando tenga los ingredientes.
—¿Y la poción para dejarlo inconsciente?
Tanto Dónut como Mongo soltaron un grito de indignación.
—Necesitaré otros quince minutos.
Dónut resopló.
—Como le pase algo a Mongo, jamás te lo perdonaré, Mordecai.
—No le pasará nada —aseguró Mordecai—. Pero…
—Este es el plan —interrumpí rápidamente.
Toqué el primer asentamiento en el mapa y me estremecí al ver que era uno de dríades—.
Aquí cogeremos la poción de noquear cuando la termines.
Luego, nos haremos con la sangre de Mongo y lo sanaremos.
Solo vamos a tener tiempo para una. —Toqué el siguiente pueblo, que también era de dríades—.
Y aquí recogeremos la poción de Encantar animal.
Mordecai alzó una mano.
—O —dijo él al tiempo que bajaba la voz— podrías dejarla morir y hacerte con su equipamiento por la mañana.
—¿Por qué iba a hacer eso? —pregunté.
—Pues no lo sé —respondió él—. Quizá porque dos patrocinadores diferentes, que saben mucho más que vosotros, acaban de gastar una cantidad ingente de dinero para protegeros del vampirismo.
Y, casualmente, aparece una vampira que os pide ayuda para que vayáis al lugar donde se encuentra justo cuando se pone el sol.
Sé que ya no soy tan valioso como era antes, pero no puedo evitar ver la relación entre ambas cosas, Carl.
—Me salvó la vida —dije mientras me hacía con el kit de costura—.
Si es una trampa para convertirnos en vampiros, pues estaremos protegidos.
No voy a abandonarla. No hacemos esas cosas.
Lleva horas pidiendo ayuda. Es posible que un jugador o un cazador quiera aprovecharse de la situación y vaya a por ella. No tenemos tiempo.
Empecé a coser rápidamente el parche justo al lado del de la bomba. Dónut soltó un grito ahogado al ver que mis puntadas descuidadas cubrían las perfectas de Katia.
—Carl, ¡no lo estás cosiendo recto!
—Está bien así —dije mientras tensaba el hilo. Recibí un logro y puntos de habilidad en Costura. El parche brilló cuando el sistema lo consideró colocado. Volví a ponerme la chaqueta.
—¡Vamos!
—¡A por otra aventura, chicos! —gritó Samantha desde la encimera de la cocina.
Dónut la había obligado a pasar por el módulo de limpieza.
Si no tenía en cuenta la cicatriz del mentón, estaba limpia como si acabase de salir de la fábrica de cabezas de muñecas hinchables.
Se había recogido el cabello blanco y reluciente en unas coletas onduladas.
Hasta su ridículo maquillaje parecía brillar más.
¿Llevaba todo el rato en la cocina? Estaba seguro de que no había podido subirse a la encimera ella sola.
—Tú te vas a quedar aquí en esta ocasión —le dije. Ella gruñó y empezó a aullar cuando nos dirigimos hacia la puerta.
—Esperad, esperad —dijo Mordecai—. Tengo una idea. Pegó un brinco en dirección al estudio de creación.
—No tenemos tiempo, Mordecai —grité mientras Samantha seguía gritando.
Mordecai volvió un instante después, con dos pelotas de pociones bajo sus bracitos. Se acercó a la capilla de Emberus que había al fondo de la estancia y metió las pelotas en el agua roja para luego traérmelas.
—Llévatelas —dijo.
—¿Qué son? —pregunté al tiempo que las guardaba en el inventario. El sistema les había puesto el nombre PRINGUE SAGRADO .
—Agua bendita mezclada con una poción de sanación buena y un coagulante de contacto con el aire, todo dentro de una pelota de poción.
Emberus es un dios basado en la luz. Siempre me olvido.
El agua de sangre de la capilla combinada con una poción de sanación y el coagulante hace las veces de napalm contra los vampiros.
Si les das con eso y luego haces que Dónut aumente la intensidad de su conjuro Antorcha, cualquier vampiro terminará convertido en pelusa de secadora.
—Vale. Son granadas de agua bendita, ¿no? Mola.
—Eso es.
Salimos de la sede gremial y avanzamos con cautela por el bar con toda la parafernalia de hockey. Dónut iba a lomos de Mongo mientras nos dirigíamos a la puerta de la calle.
La oscuridad se había apoderado del ambiente y ninguno de los faroles de los bares estaba encendido.
La gata lanzó el conjuro Antorcha y lo dejó al mínimo de intensidad.
Un resplandor amarillo enfermizo iluminó el bar vacío.
El hedor a muerte embargaba el aire húmedo y empezó a abrirse paso por mis fosas nasales hasta asentarse allí.
Dentro del bar se oía el repiqueteo de la lluvia en los charcos y en los cadáveres.
Había alguna que otra gotera en el interior.
La garra de oso sangrienta seguía en la pared junto a la puerta.
Parecía más inquietante aún iluminada por esa luz amarilla.
—¡Apágalo! ¡Apágalo! —siseó una voz femenina.
Pegué un brinco de sorpresa mientras Mongo graznaba.
Todos nos giramos hacia la voz. Era una osuna que estaba asomada detrás de la barra del bar.
Su punto era blanco en el minimapa. Era la primera vez que la veíamos—.
¡Apágalo! —repitió—. Está ahí fuera. ¡Va a vernos!
—Hazlo —susurré a Dónut, que obedeció y nos sumió en la oscuridad.
En el exterior, un rugido horrible y flemoso hizo temblar las paredes. Mongo respondió con un graznido y se giró hacia la puerta abierta.
—¡Tienes que decirle que se calle! Ella ya ha entrado una vez. ¡Se comió a mi marido junto a la puerta! Por favor. Por favor. ¡Tengo dos hijos!
—Silencio, Mongo —dijo Dónut al tiempo que le daba unas palmaditas en la cabeza—. Recuerda lo que hablamos.
Mongo gruñó.
Los gimoteos de la osuna se entremezclaron con el ruido de la lluvia. Niños. Dos niños. Los tres nos colocamos detrás de la barra.
La PNJ estaba allí sentada, acurrucada en el suelo. Era una osuna grande con un delantal. Dos oseznos se aferraban a sus brazos. Uno tenía los ojos cerrados con fuerza y temblaba de miedo. El otro alzó la vista para mirar a Mongo con los ojos abiertos de par en par.
Mongo pio con curiosidad al ver al niño. Las dos criaturas se acurrucaron aún más contra su madre.
—Tranquilos, tranquilos —susurré. El suelo se estremeció cuando algo enorme se acercó al edificio en el exterior. Todos nos agachamos para ocultarnos. No teníamos tiempo para algo así—. Esperemos a que se vaya, ¿vale?
Nadie respondió.
Examiné a la osuna.
Prudence. Osuna camarera nivel 28.
Tenía una desventaja que parpadeaba sobre su cabeza. ATERRADA .
—Prudence —dije—. ¿La que está ahí fuera es Gran Tina?
—Sí —susurró ella. Los ojos le brillaban a causa del miedo—. Ha vuelto. Sabía que volvería para vengarse. Los demás ya no pueden controlarla.
Otro rugido iracundo estalló en la calle.
—Explícame qué ha pasado —dije—. ¿Vengarse de qué?
—Por lo que le hicieron. Hace mucho tiempo. Los clérigos.
La dinosaurio se había quedado parada en el exterior.
El suelo volvió a temblar. Se oyó un retumbar y unos gritos distantes, seguidos de un crujido muy desagradable.
Recordé el edificio alto que había frente al bar.
Estaba rompiendo las ventanas y sacando a los osos del interior, como si fuese uno de esos calendarios de adviento de Navidad.
Si todos tenían la desventaja Aterrado, sabía que no iban a poder escapar.
Apoyé la mano en la pata de la osuna, que no dejaba de temblar.
Dónut se colocó sobre mi hombro.