La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 43
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Capítulo 43

—¿Quería conocerme? ¿De verdad? —preguntó Dónut cuando terminé de contarles a Mordecai y a ella todo lo que había ocurrido—.

Pues me habría encantado. Siempre es un placer conocer a mis fans, aunque estos formen parte de una especie de ogro con dos cabezas.

No olía mal, ¿verdad? Porque la verdad es que en las imágenes parece que sí.

—Después de todo lo que te he contado, ¿eso es lo que más te importa? —pregunté—. ¿Cuánto control tienes en realidad sobre esa Pandilla de la Princesa?

—Ah. No mucho. Hace unos días vi y aprobé el diseño de las camisetas.

Espero que alguien me envíe una a la mazmorra para que te la puedas poner.

Y diría que lo he mencionado cientos de veces.

De verdad, Carl, a veces creo que no me escuchas cuando hablo.

Creo que la organización tiene unas setecientas secciones.

Y no dejan de subir. La IA filtra la mayoría de los mensajes, por lo que me cuesta saber la cifra exacta, pero me alegra comprobar que algunas de nuestras ideas salen adelante.

—Suspiró con dramatismo—. Es importante que consigamos que el universo termine siendo un lugar un poquito mejor.

—Estás abogando por el genocidio de los perros —dije—. A la gente no le gusta que se les haga daño a los perros.

—Pues la cantidad de seguidores que tengo no concuerda con eso que acabas de decir, Carl.

Si lo que hago hiere alguna sensibilidad, no es mi problema.

Es así y no pienso disculparme. Si no les importan los bebés goblin que masacraste en el primer piso, esto tampoco debería resultarles muy problemático.

Y que sepas que no son todos los perros.

Solo una raza. Supongo que algunas son adorables a su manera estúpida y babosa, como los labradores, los carlinos y esos que parecen fregonas rastafari.

Pues eso, que no es un genocidio. Estoy segura de que aún queda algún cock­er spaniel suelto por la superficie, oliendo mal y atacando o irritando a algún bebé.

—Es mala idea —dije—. ¿Sabes cuánto dinero han recaudado para ello?

—Pues no lo sé. Siempre que alguien habla de dinero en el tablón de redes sociales, lo censuran.

Por eso deberían haberme dejado ir a esa firma.

—Soltó un grito ahogado de repente—. No pensarás que algún integrante de la Pandilla está malversando los fondos, ¿no?

Seguro que no. Ojalá le hubieses hecho más preguntas.

No se te da nada bien interrogar a los fans, Carl.

—¿De verdad dijo que iba a presentar cargos contra ti?

—preguntó Mordecai, que cambió de tema mientras agitaba su cabecita peluda—.

Me gustaría ver ese juicio. El de Odette fue una farsa.

Fue exageradamente grandilocuente, y ella terminó por conseguir que le redujeran la pena antes del veredicto final.

—Un momento —dije—. ¿Viste el juicio de Odette?

—Claro —aseguró Mordecai—. Testifiqué en él. En su contra.

—Pero ella era mazmorrera mucho antes que tú.

—No la denunciaron cuando era mazmorrera. Fue cuando era mi representante. Ahora, abre las cajas y volved ahí fuera.

—Espero que te salga algo decente —gruñó Dónut.

La gema roja que se encontraba en su colgante de líder había sumado un +2 a su Inteligencia, un +1 a su Destreza y unos pocos puntos a una habilidad de arrojar lanzas que jamás podría llegar a usar, lo que la había enfadado mucho.

Sobre todo teniendo en cuenta que lo que le pagaban por el asentamiento pequeño eran solo 403 monedas de oro cada diez días.

Suspiré. Tenía una caja de déspota de oro por matar a un alcalde y la caja de benefactor de oro de la Abundancia. Según el menú de patrocinio, aquellos tipos solo patrocinaban a tres personas en toda la mazmorra: A Miriam Dom, a Prepotente y a mí.

—Eso me ha hecho recordar algo. ¿Tienes noticias de Prepi?

—No. Volví a enviarle un mensaje, pero creo que… —Se quedó en silencio—. Carl, Carl. ¡La Boticaria me acaba de enviar una caja dorada! —Empezó a brincar arriba y abajo—. ¡Ahora los dos tenemos cajas pendientes de abrir!

—Pues será mejor que os pongáis a ello ya —insistió Mordecai.

Abrí la caja de déspota y, en el interior, había una esquirla de amatista, más pequeña que el «zafiro mediocre» que tenía en el collar. Solo me daba +3 a Destreza.

La siguiente caja se colocó frente a mí.

El símbolo de la Abundancia era una especie de ojo muy inquietante del que brotaban una especie de garabatos.

Parecía algo que podría estar pintado en una pared de la escena del crimen de un asesinato ritual.

Recordé el miedo que daban aquellas crías de cabra y lo espeluznante que había sido ver al adulto en la ceremonia de patrocinio.

No me extrañaba que la gente no confiase en ellos.

Siempre conseguían ponerme la piel de gallina.

La caja dorada siseó y empezó a girar, para luego abrirse como una flor y dejar al descubierto un parche para la chaqueta.

—Anda —dije al tiempo que me hacía con él.

Era idéntico en tamaño al de la bomba, pero este era de tela vaquera negra con la cabeza de una cabra gris impresa encima.

Dónut soltó un bufido al verlo y empezó a murmurar sobre lo cutres que eran los parches impresos.

Antes de que me diese tiempo a examinarlo, recibí una notificación.

Has recibido una caja de benefactor de plata de la Boticaria.

—Anda, mira —exclamé.

Dónut ya había empezado a abrir la suya, que era de oro en lugar de plata.

Se sorprendió al ver cómo salía de ella un brazalete reluciente.

Se lo equipó de inmediato. Pasó el brazalete de obsidiana que le permitía lanzar Bola de fuego a la pata delantera derecha y se puso el nuevo en la izquierda.

Aún tenía la pulsera de roble tallado en una de las traseras y la que le daba +2 de Destreza en la otra.

La nueva brillaba en tonos plateados y tenía gemas púrpura.

Ahora que llevaba brazaletes en las cuatro patas, no podía ponerse ninguno más.

—Es que me encanta. ¿No es divino? No entiendo la descripción, la verdad. Es como si a la IA le hubiese dado un ictus.

—Oh, oh —dijo Mordecai al examinar el brazalete. Gruñó—. Está claro que la Boticaria y la Abundancia están en el mismo bando. Al menos en lo que a vuestros premios de patrocinio se refiere. Esto sin duda acallará todos los rumores.

Examiné el brazalete plateado de Dónut. Las gemas púrpura tenían formas extrañas, parecidas a un diente de ajo. Después de leer la descripción, me di cuenta de que eran exactamente eso.

Brazalete de plata mágico de absolar.

«Y De ese MoDo el leóN se eNamorÓ de la oVeJa».

La verdad es que Crepúsculo me gusta bastante.

Además, jamás hablaría mal de la obra de una artista demasiado imaginativa y que seguro mantenía pocas relaciones sexuales, una que consiguió hacerse milmillonaria escribiendo una historia erótica poco disimulada dirigida a chicas adolescentes.

No obstante, me gustaría aprovechar esta oportunidad para decir que la obsesión de tu cultura con los héroes menores de edad me parece horrible.

Paul Atreides tenía quince años. Harry Potter, once al principio del primer libro. Los niños de Stranger Things eran preadolescentes. Kid ’n Play eran (o fingían ser) tipos de instituto cuando dieron esa fiesta por todo lo alto.

Cuentos de hadas. Mitos. Mentiras.

Alerta de espóiler: los niños son todos unos imbéciles y, cuando se los pone en una situación a vida o muerte, toman decisiones absolutamente absurdas y terminan muertos.

Casi al instante. Son como ese conejo sentado a un lado de la carretera que decide cruzarse con tu coche a toda prisa en el peor momento posible.

Se les da tan bien que los maten que la única explicación es que lo hagan adrede.

Venga, quéjate. Dime que me equivoco. ¿A que no?

He investigado muchísimo al respecto, que lo sepas.

Este talismán apotropaico es el típico que robaría de una tienda alternativa una adolescente gótica, una adolescente que sueña con conocer algún día a un depredador de más de cien años y conseguir que se enamore de ella.

Recuerda que no es un crimen si él es guapo o rico o también parece un adolescente.

Sea como fuere, este brazalete proporciona al portador los siguientes efectos:

Protección contra vampirismo.

Protección contra licantropía.

+25 % de daño mágico contra todos los muertos vivientes con consciencia.

—Joder —dije.

—La descripción no tiene nada que ver con el objeto —se quejó Dónut—.

Y Crepúsculo es una película buenísima. Solo vi la primera porque hiciste que la señora Beatrice quitase la segunda cuando la estábamos viendo porque te pusiste celoso.

Y Stranger Things era una gran serie hasta que murió Barb.

—Levantó la pata y admiró el objeto—. Es bonito, ¿verdad? ¡Púrpura!

—Eso no es todo. Lee la descripción de tu parche, Carl —dijo Mordecai—. Vas a querer cosértelo ahora mismo.

Lo examiné. El símbolo era una extraña cabra satánica.

Lo había visto antes. Prepotente tenía un tatuaje igual en el dorso de su mano humanoide peluda.

Hasta lo había dibujado lo mejor que había podido en el libro de cocina.

Había dado por hecho que se trataba de una deidad, como los tatuajes de los soles gemelos que yo tenía ahora en el dorso de las mías. Me equivocaba.

Parche de mejora. Mediano.

Ah, sí. El Sibarita de Medianoche. El Cáprido Devorador de Cielos.

Este cuento de miedo solía aterrorizar a los niños en todo el universo.

Cómete la cena o vendrá el Sibarita de Medianoche y te comerá a ti.

Y no quedará satisfecho y terminará por comerse a todos los niños de la casa.

Lo mejor que puedes hacer es colgar un dibujo de él en tu ventana para hacerle saber que conoces todos sus trucos.

Tengo muy claro que este cuento lo inventaron los de Terapia Universal para no dejar de tener clientes.

A lo largo de los ciclos, el símbolo inquietante del Sibarita de Medianoche, que no es más que una caricatura racista de un cáprido adulto, terminó por convertirse en un sello de protección contra todas las criaturas nocturnas malignas.

Cuando se añade el parche a una prenda con espacios, proporcionará las siguientes mejoras:

Protección contra vampirismo.

Protección contra licantropía.

+25 % de daño mágico contra todos los muertos vivientes con consciencia.

Aviso: Los parches de mejora son objetos efímeros. Puedes quitarlos, pero se destruirán al hacerlo.

—Qué raro —dije. Las descripciones eran diferentes, pero el parche y el brazalete daban los mismos beneficios exactamente. También conseguiría un +1 a todas las características al añadirlo, algo que pretendía hacer lo más pronto posible.

—Está claro que saben algo que vosotros no, así que será mejor que os los equipéis.

—La única vampira que conozco es Miriam Dom —comentó Dónut—. ¿Están insinuando que tendremos que luchar contra ella? No quiero. Se porta muy bien conmigo.

—Pues… no lo sé. Voy a tener que coser el parche yo mismo —dije. Katia había salido para volver a perseguir al equipo de Eva.

—No te preocupes. Yo te ayudaré —dijo Dónut.

Abrí la segunda caja de benefactor, la de plata de la Boticaria.

Contenía dos objetos. Dos trozos de papel. El primero era la receta de una poción. El segundo, un dibujo. De Mongo. Tras leer la receta, me quedó claro cuál era la relación entre ambos objetos.

Le di los dos papeles a Mordecai, quien soltó una especie de graznido.

—Madre mía —dijo—. ¡Llevaba muchísimos ciclos buscándola! —Empezó a leer la página—. ¡Claro! No hay que enfriarla. ¡Se pone en la centrifugadora y luego se congela! ¡Obvio! Mierda, casi la tenía. Qué fácil era.

—¿Tienes todos los ingredientes? —pregunté.

—Pues sí —respondió él—. Ya has cogido la savia de espinas, que no es muy común. Pero tenemos muchísima. El más complicado es el último. Pero también lo tenemos.

Ambos nos giramos hacia Mongo, quien parpadeó y ladeó la cabeza. Después graznó con preocupación.

—¿Qué? ¿Qué pasa? —dijo Dónut.

Intercambié una mirada con Mordecai para luego entregarle la receta y el dibujo de Mongo a la gata.

La receta era para crear una poción de Encantar animal. Tenía que prepararse para una criatura específica y requería un ingrediente especial para funcionar.

—¡Te han dado un dibujo de Mongo! —exclamó Dónut—. ¡Un premio maravilloso! Es un dibujo de… —Se quedó en silencio y abrió los ojos de par en par al leer la receta—. Me niego. Tiene que haber otra manera.

—Solo es sangre —dije—. Tendremos que hacerlo fuera de una estancia segura. Es un litro.

—¿Queréis sacarle un litro de sangre a mi Mongo?

—Es para la poción —insistió Mordecai—. Podrás curarlo cada vez que se lo saquemos.

—Soy la mami de Mongo y confía en mí incondicionalmente.

No pienso estropear esa confianza. ¡Un litro es muchísimo!

Me niego. Nos acaban de dar estos objetos antivampiros y os ponéis a hablar de sacarle la sangre a Mongo.

¿En serio? No. Me niego. Mongo, ven ahora mismo para que mami pueda protegerte.

Mongo salió de detrás de la encimera de la cocina y se escondió detrás de Dónut.

—Dónut, prepararé una poción para dormirlo y ya está. Ni se va a enterar de lo de la sangre.

—Pero yo sí que me enteraré, Mordecai.

Estaba a punto de decir algo, pero justo en ese momento me interrumpió un mensaje.

M IRIAM D OM : Necesito ayuda. ¿Seguís cerca de Prepotente Número Cuatro? No estoy lejos. Estoy atrapada y amanecerá dentro de diez horas. Si no llegáis antes, moriré.