Capítulo 41 #2
—Mira, Carl, la asociación es muy real. Usamos dinero de nuestros fondos para comprar un pase prémium y darte un mensaje que nos gustaría que entregases a la Princesa Dónut.
Soy la presidenta de sección del Sistema Interno número 43 de la Pandilla de la Princesa.
Como bien sabrás, el Sindicato selecciona una muestra de la flora y la fauna únicas de la biología perdida para transferirla a un bioma compatible.
Hay varias razas caninas en dicha muestra, incluyendo la palabra la que empieza por C.
Me gustaría que le comentases a la Princesa Dónut que, tal y como ella sugirió, hemos interpuesto una demanda para evitar que ocurra algo así.
Será difícil conseguirlo, pero las donaciones no paran.
—Como ella sugirió… —comenté con tono neutro.
—Morid. Morid. ¡Morid! —gritó Maggie el tentáculo de cabeza, lo que hizo que los Popov y yo diésemos un brinco en el asiento.
—Un momento. ¿Cuánto dinero se ha recaudado en donaciones? —pregunté—. ¿Cómo de grande es el club ese de la Pandilla de la Princesa?
—Oye —dijo Effex—. No había visto a tu simbionte. Tu pase prémium viene con una foto gratis, pero no es para dos.
—No te preocupes, que se replegará —dijo Jenn’ifer mientras se giraba hacia la cámara invisible para la foto. La mujer extendió el brazo para acariciar el tentáculo, que se replegó y volvió a meterse en su cabeza con ruido húmedo. Un poco de líquido rojo goteó del agujero que tenía en la nuca.
—Espera —dije, pero Effex empujó a la mujer para que se marchase. Antes de que me diese tiempo a objetar, pasaron los reporteros. Lo hicieron todos a la vez y se colocaron frente a nosotros, lo que hizo que aquello pareciese una rueda de prensa.
El más alto del grupo era un naga, una criatura grande, verde y púrpura que se balanceaba como una cobra a punto de atacar.
Se parecía mucho a Manasa, la cantante, pero era más grande y de color diferente.
Tenía los músculos de los brazos tensos, como si estuviese caminando sin moverse.
Era una imagen bastante extraña, y el resto de los reporteros se apartaron todo lo posible de él.
—Ese tipo con forma de serpiente parece tener muchas ganas de cagar o algo —dijo Dmitri.
El nombre sobre el naga era NIHIT. PRENSA. RECOPILACIÓN DE INFORMACIÓN BÁSICA .
Z EV : Carl, vamos a presentar al nuevo patrocinador frente a la prensa y luego te harán preguntas.
Una voz de mujer que parecía venir de la nada retumbó y asustó a todos los que se encontraban en la estancia. Era la señora de matad, matad, matad, pero con un tono una octava más agudo para hablar directamente a los reporteros.
—Ahora que los Valtay han conseguido un 51 % de la Corporación Borant en acciones, Carl el mazmorrero se ha visto obligado a perder su primer patrocinador, lo que ha dado lugar a otra subasta.
La Corporación Borant se enorgullece de presentarle a Carl el mazmorrero el nombre de este nuevo patrocinador.
Una cabra negro azabache de ojos rojos apareció en mitad de la estancia, entre nosotros y los reporteros.
Maxim soltó un improperio, Dmitri gritó y el cabecenco cayó hacia atrás.
La cabra era enorme, de casi dos metros y medio de alto, con pelaje largo y ondulado que le llegaba hasta el suelo.
Me miró a los ojos y luego se giró despacio hacia la prensa.
—¡La Abundancia! —dijo la presentadora invisible—. Y, con este nuevo patrocinador, Carl acaba de recibir una caja de benefactor de oro, ¡que abrirá al regresar a la mazmorra!
La cabra gigantesca no tenía letra alguna que indicase su nombre sobre la cabeza. Parecía una versión bípeda de la mascota satánica de Prepotente, Bianca del Ciao.
La criatura soltó un balido grave e inquietante y luego titiló antes de desaparecer. Sin más. Había estado visible durante apenas quince segundos. Los reporteros se quedaron haciendo cola sin dejar de mirar hacia el lugar donde había aparecido la cabra. Parecían tan sorprendidos como yo.
—Pero, cabrones, ¿en serio dejáis que estos tíos controlen todos los sistemas de teletransportación del universo? —pregunté.
Nadie se rio.
Z EV : No deberíamos hablar así de tus nuevos patrocinadores, Carl.
—Carl —llamó lo que parecía una elfa. Carraspeó y recuperó la compostura. Era obvio que había quedado muy desconcertada por aquella especie de ceremonia de patrocinio—. Ahora que sabemos que es posible que Circe Took…
Nihit el naga empujó a la elfa con rabia a un lado y se deslizó hasta la mesa para luego inclinarse sobre mí. Abrió la boca y cerró las fauces muy cerca de mi cara, como si me fuese a morder. Intenté no estremecerme ni lo más mínimo.
—Ah, sí —dije con una sonrisa—. Odette comentó que el reportero que quería adelantar la noticia de Beatrice era un naga.
Te jodió el plan, ¿no? ¿Por eso estás enfadado?
Me dijo que te comentase algo, pero la verdad es que no me acuerdo bien.
Creo que fue algo como «Más suerte la próxima vez, comemierda».
Es posible que me haya inventado lo de «comemierda», pero no me acuerdo bien. Sea como fuere, va implícito.
—Estás haciendo trampa —siseó Nihit demasiado cerca de mi cara.
Golpeó con los dos brazos en la mesa frente a mí, de una manera que me recordó a Circe, la madre de Vrah.
«Dios. ¿Por qué todo el mundo está tan enfadado siempre en el universo?
», pensé. Detrás de él, los reporteros empezaron a gritarle para que se apartara—.
Descubriré cómo lo estás haciendo y se lo haré saber a todo el mundo.
Sacó una lengua viperina que atravesó el holograma que era mi cabeza.
—Tío —dije al tiempo que me reclinaba—. Ya tengo a dos mazmorreros de los diez mejores pisándome los talones, a varios cazadores, a esos orcos de los cojones, a los cabrones de la Guerra de Facciones que me han demandado y…
¡Ah! A una especie de intermediario que puede que esté o no relacionado con mi nuevo patrocinador.
Además de esa empresa de la Dónut robot y seguro que más que no conozco.
—Me giré hacia los Popov—. ¿Me falta alguien?
—Ni idea. Nosotros le caemos bien a todo el mundo —dijo Dmitri.
Sonreí.
—Lo que quiero decir es que vas a tener que ponerte a la cola. Me había olvidado de tu existencia hasta ahora. Tendrías que estar enfadado con Odette, no conmigo.
La rabia de la que hacía gala el tipo no podía ser solo por haber perdido la exclusiva. Se me antojó muy similar a las rabietas del Maestro. Como siempre, no tenía datos suficientes del universo para hacerme una idea, claro. Faltaba información. Información importante.
—Odette es cómplice. Descubriré la verdad —aseguró Nihit—. Tu compañera y tú estáis haciendo trampa. Estáis recibiendo ayuda ilegal. Fue muy sospechoso que la entrevista con Odette fuese justo en ese momento, ¿no crees? Apoyar la sedición de un sistema es un delito.
Volvió a sacar la lengua y se acercó aún más.
—Buena suerte —dije. La rabia de la criatura empezaba a incomodarme—. Pero, si quieres hacerme daño, vas a tener que venir aquí y decírmelo a mi verdadera cara.
Nihit siseó.
—Oh, no hace falta. Puedo hacerte mucho daño desde la seguridad del sistema interior.
—Parece que va muy en serio —dijo Dmitri.
—¿Te tiraste a la mujer del tipo este o qué? —preguntó Maxim.
—Vale. Entonces crees que estás a salvo, ¿no? —pregunté a la criatura.
—¿Qué crees que puedes hacer en tu posición? —respondió Nihit.
—¿Qué te parece esto? —dije al tiempo que alzaba el rotulador mágico y se lo clavaba en el cuello con todas mis fuerzas.
Por desgracia, se rompió en mil pedazos, pero una pequeña esquirla de metal sobresalía del cuello del naga, borboteando sangre antes de que cayese al suelo entre gritos. El resto de los reporteros chilló y pegó un brinco hacia delante.
La estancia titiló dos veces y se encendieron las luces.
—En Bulgaria —empezó a decir Maxim después de unos instantes de silencio— no se puede confiar en gran parte de los medios de comunicación. Pero al menos fingen que son imparciales. No creo que fuese el caso del tipo ese.