Capítulo 40
Entrando en las instalaciones de producción.
—Hola, chicos —dije a la criatura ogresca y enorme de dos cabezas que tenía sentada delante.
No podía examinarlos como si estuviésemos en la mazmorra, pero estaban físicamente conmigo.
Lo supe al instante porque el lugar olía como esperaba que oliese un ogro de dos cabezas, sobre todo uno que llevaba encerrado tres días en una habitación pequeña de la que solo lo dejaban salir para acudir a charlas y eventos como si fuese un mono de feria.
Era la primera vez que me encontraba físicamente en el mismo lugar que otro mazmorrero que no fuese Dónut o Katia en aquel tipo de instalaciones.
Me había dado una ducha, y Zev me había obligado a ponerme la chapa.
Luego me habían teletransportado. También me habían cacheado, pero en esta ocasión lo había hecho un gnoll de bajo nivel que casi ni articuló palabra antes de que me trajesen a las instalaciones de producción.
El tipo no me había colocado bien antes de que me teletransportasen de nuevo y había aterrizado de lado en el suelo.
La criatura de dos cabezas estaba intentando jugar a algo.
Cada una de ella tenía varias cartas en sus respectivas manos e intentaban a la desesperada evitar que el otro las viese.
Ambos me contemplaron sorprendidos cuando aparecí de repente, con un estruendo sobre el suelo del camerino, como si fuese un libro que alguien dejaba caer con fuerza sobre una mesa.
—Au —dije al tiempo que rodaba para ponerme bocarriba.
Los ogros gruñeron antes de soltar las cartas, se pusieron en pie y se acercaron para ayudarme a levantar.
Dejé que lo hiciesen mientras sonreía tímidamente y quedaba de frente a la criatura.
A las criaturas. Sabía que eran dos personas diferentes, pero me costaba verlos así.
Estaban juntos y se encontraban en el quinto puesto entre los diez mejores de la mazmorra.
Mis menús habían desaparecido, pero aún veía los nombres flotando sobre sus cabezas gracias a la chapa de la MazmorraCon.
Dmitri era el de la derecha, así que estaba a mi izquierda.
No tenía clase ni nivel, pero sabía que había escogido una clase de mago llamada VISIONARIO .
Maxim tenía una cuerpo a cuerpo llamada BOGATYR .
Medía algo más de dos metros de alto y era una criatura ancha y corpulenta.
La piel tenía cierto tono grisáceo y parecía gruesa y callosa, como la de un elefante.
Maxim llevaba un gorro de lana, y la cabeza redonda y grande de Dmitri estaba al descubierto.
Iban ataviados con una túnica simple, con la chapa alrededor de sus cuellos.
Los enormes brazos hacían que mis recién estrenados bíceps pareciesen unas ramitas.
El brazo derecho del ogro estaba cubierto de brazaletes dorados, uno tras otro, y tintineaban cada vez que la criatura se movía.
Ambas tenían los ojos muy abiertos y arrugas en la frente, lo que los hacía parecer estúpidos. Sabía que era una imagen engañosa.
Me quedó claro que eran de la misma especie de ogro que Areson el Sabio, el guardaespaldas de Signet. Recordé lo que ella había dicho sobre los cabecencos.
«Cuando un cabecenco muere, se divide en una nueva criatura dependiendo de cuántas cabezas tuviese el original. Dichas nuevas criaturas aparecen como bebés, pero crecen muy rápido».
Básicamente, era como si la especie les diese una vida extra. No estaba seguro de lo útil que podía llegar a ser algo así, teniendo en cuenta que, al menos temporalmente, los transformaba en bebés al morir y dividirse.
El arma principal cuerpo a cuerpo era el martillo de meteorito: una pelota llameante que colgaba del extremo de una cadena. Había visto el daño que eran capaces de infligir con esa cosa. Según Elle, eran buena gente, así que me alegré. La verdad es que no me apetecía enfrentarme a ellos.
—Carl —saludó Maxim después de que yo hiciese lo propio, extendiendo la mano izquierda para estrechar la mía. Con torpeza—. Me alegro mucho de conocerte al fin. He oído que has sido toda una sensación en la convención. Gracias a Dios que ya casi se ha terminado, ¿verdad?
El tipo tenía acento de Europa del Este, con voz intensa y grave a causa de su especie. Me recordó al de Britney y Langley, pero con algunas diferencias que no fui capaz de distinguir.
—¿No ha venido contigo esa gata compañera tuya? —preguntó Dmitri, que parecía decepcionado—. Quería conocer a la gata.
—Qué pesadito con la puñetera gata —comentó Maxim—. No paras de hablar sobre esa gata. Te dijimos que solo iba a venir Carl. Skindle te dijo que solo iba a venir Carl. Vas a hacer que se sienta incómodo.
—Ya… —dije—. Dónut se ha quedado en la estancia segura. Quería venir, pero no la han dejado.
Dmitri suspiró con tristeza.
—Ojalá pudiese conocer a la gata. Nunca he conocido a una gata parlante.
—Lo siento por mi hermano —dijo Maxim—. Le gusta la gata. Nunca pudimos tener gatos cuando éramos niños.
Sabía que estos tipos eran gemelos. Mellizos, para ser más exactos, por lo que antes de esto no habían sido idénticos. Ahora tampoco lo eran, a pesar de compartir cuerpo. Dmitri tenía la cara redonda, mientras que la de Maxim parecía mucho más afilada.
—Acababa de adoptar a un gato —añadió Maxim aún triste—. Se llamaba Capitán Bigotitos y era naranja. Lo adopté un día antes de que… Un día antes de que ocurriese todo esto.
—Lo siento mucho —dije.
—Sí, pobre Capitán. Estaba solo. Eres un buen hombre, Carl, a pesar de lo que dice todo el mundo. Intentabas salvar a la gata del frío del exterior cuando ocurrió todo. Lo vimos en una charla. Tienes que ser un buen hombre.
¡Pop! ¡Pop! Aparecieron dos kua-tin en la estancia y salpicaron agua por todas partes, lo que me libró al fin de aquella conversación incómoda. Eran Zev y otro de su especie. Me di cuenta de que no tenía manera de determinar el sexo de esas criaturas, pero me fijé en que se parecía mucho a Zev.
—Skindle —dijo Maxim con un gruñido—. Nos has abandonado aquí durante horas. Nos prometieron comida, pero lo único que nos han dado es un pollo. Eso no es nada.
—Sí, sí —dijo Skindle. Tenía voz femenina—. Esta es Zev, mi jefa y también la relaciones públicas de exteriores de Carl. Obedecedla.
Zev asintió.
—Hola, Carl. Hola, Dmitri y Maxim. Esta es la primera vez que os veis en persona, si no me equivoco. Gracias a los tres por aceptar el evento.
—¿Aceptar? —pregunté mientras Maxim resoplaba.
—Da igual —continuó Zev al instante—. Saldréis dentro de un minuto. Ya hay cola y los fans están desesperados.
—Dijiste que querías que comentásemos algo antes de empezar —dije.
Zev miró de soslayo a Skindle y luego dijo:
—Sí, quería hablar sobre tu patrocinador de reemplazo.
Ha habido un ligero retraso en el anuncio, ya que el primer patrocinador que ganó la puja terminó por no poder pagar.
Es por eso por lo que tuvimos que hacer otra.
Ahora ya se ha decidido al fin, y les gustaría regalarte tu primera caja de benefactor durante este evento.
—Qué suerte —dijo Dmitri.
—¿Quiénes son? —pregunté—. ¿Y quiénes fueron los que no pudieron pagar?
—Lo verás al final de la firma —comentó Zev. Sonaba un poco reticente, lo que no auguraba nada bueno—. Sobre el primer ganador, debo decirte que la verdad es que no lo sé. Puede que haya ascendido, pero es algo que aún queda fuera de mis capacidades. Ahora, salgamos de aquí.
—¿De verdad solo va a durar dos horas? —pregunté mientras nos dirigíamos hacia la puerta.
—Puede que sean tres. O cuatro —respondió Zev—.
No hay una cantidad ilimitada de fans. Han tenido que ganar un sorteo para conseguir un lugar en la cola.
La gente no tiene permitido regalar ni vender dicho premio, a excepción de los espacios prémium, pero no tienes por qué preocuparte por eso.
Serán muchos, eso sí. Y no solo ricos. También habrá gente de la prensa al fondo.
Creo que son unos trescientos. Y los treinta prémium.
Y la prensa. Querían que fuesen más, pero hoy es el último día de la convención y no hay tiempo.
—Podremos salir de aquí cuando se termine la cola —añadió Skindle—, así que no paséis mucho tiempo hablando. Intentad ser eficientes y no tontos como siempre.
Miré a los gemelos.
—¿Tu relaciones públicas también se enfada cuando la mandas a tomar por culo? Zev se enfada mucho.
Dmitri me miró horrorizado mientras que Maxim sonrió.
—Ya lo intentaremos luego y te digo —comentó.