La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 39 #2
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Capítulo 39 #2

Que hubiese cadáveres que llevaban más de un día a la intemperie era mala señal. Se suponía que la mazmorra se limpiaba sola. Cuando no lo hacía, siempre era a propósito.

—Vamos, Dónut —dije—. Tenemos que llegar a la estancia segura. Ya lidiaremos luego con lo que quiera que está ocurriendo aquí.

Mi última aparición en la MazmorraCon tenía una duración programada de unas dos horas, que al final terminarían siendo cuatro o cinco. Luego podríamos descansar y salir pitando.

—Mongo, entra en el transportín —dijo Dónut—. Venga. Sé un buen chico. No queremos que te comas los cadáveres y vuelvas a ponerte malito.

Mongo graznó, pero terminó por obedecer.

Después, Dónut saltó a mi hombro y empezó a lamerse la pata.

—No pisotees cosas asquerosas, Carl. Ya sabes que no me gusta nada que ensucies el suelo del gremio.

Atravesamos la entrada principal, momento en el que sentí el hedor a carne podrida como si me hubiesen pegado con un bate de béisbol en la nariz.

Entrando en Asentamiento Prepotente Número Cuatro.

—Anda —murmuré al ver el nombre.

—Madre mía. Está claro que necesita ayuda para ponerle nombre a las cosas —dijo Dónut.

—Al menos, en esta ocasión sabemos quién es el alcalde.

Dónut soltó un grito ahogado.

—A menos que sea una trampa. Voy a preguntarle. Llevamos tiempo sin hablar.

Yo ya había empezado a escribirle un mensaje también.

C ARL : Miriam, ¿estás en el… Asentamiento Prepotente Número Cuatro? Parece que la mayoría de los PNJ están muertos. Y que hay un dinosaurio gigante masacrándolo todo.

Miriam no respondió y no vi puntos de mazmorreros en el mapa. Aún era de día en el exterior, lo que significaba que podía estar durmiendo al ser vampira.

El lugar estaba a la sombra, por muy extraño que pareciese, debido a ese arbusto alto que lo rodeaba.

Quizá esa fuera la razón por la que le gustaba a Miriam.

No había árboles grandes ni casas en los árboles, pero sí algunas edificaciones de tres o cuatro pisos de altura, lo que aumentaba la sensación de sombra.

Hileras e hileras de edificios anodinos se extendían por los bordes de calles adoquinadas y estrechas.

Había una pequeña zona central con una torre del reloj y un par de templos que terminaban en la parte más alejada de la muralla. No vi a nadie.

Samantha seguía rodando y dejando un rastro de sangre a su paso. La cabeza de muñeca hinchable ya estaba llena de tierra de antes, pero ahora había quedado cubierta de vísceras, como si estuviese imitando a Rambo escondiéndose en el barro.

—En la calle de al lado es peor. Solo he visto cadáveres desmembrados. He intentado hacer dibujitos en la sangre, pero está demasiado coagulada y pegajosa. Y esa zorra de Signet aún no me ha dado su cuerpo.

Vi varias equis por el mapa, entremezcladas con las partes de los cuerpos de los criaturas que estaban demasiado destrozadas como para ser reconocibles.

Samantha tenía razón. Esto era mucho peor que en la orilla del río.

Antes de meterme en la mazmorra, este olor habría sido más que suficiente para obligarme a caer al suelo de rodillas.

Ahora era poco más que otro día en nuestra aventura.

Olía como si alguien hubiese mezclado chili con pintura color teja y empezado a salpicar con ella por todas partes.

También vi algunas plumas rosa revoloteando, pero la mayoría estaban pegadas al suelo por culpa de la sangre.

Me fijé por el rabillo del ojo en que algo se movía y alcé la vista. Apareció un punto blanco, pero se esfumó al instante. Había alguien en uno de los edificios. Estaba escondido. Teníamos que alejarnos de la calle y dejar de estar a la vista.

La mayoría de los cadáveres tenían algunos objetos, pero no había nada demasiado importante: prendas que no servían para nada, alguna poción de salud y unas pocas monedas.

Me puse a saquear los cuerpos rápidamente y también me guardé algunas partes cercenadas en el inventario, pero la primera cabeza que agarré se deshizo en una nube de polvo.

Me arrodillé y examiné una de las partes de ese cuerpo. No estaba seguro, pero me dio la impresión de que todos los cadáveres eran de osos.

Foders. Osuno farolero de nivel 40. Asesinado por Gran Tina.

—No se cansan de la misión esta de los dinosaurios, ¿eh? —gruñí.

Z EV : Carl, tienes que meterte en una estancia segura.

Te estás ensuciando mucho y tienes un evento al que acudir.

Además…, también deberías saber que la entrevista con Odette, Dónut y Beatrice se retransmitió por túnel anoche.

Si a eso le sumamos lo que ha ocurrido con el Enjambre Negro, te puedo asegurar que estás llamando mucho la atención.

C ARL : Fantástico. Oye, tengo que hablar con mi abogado. ¿Podrías ayudarme?

Z EV : Veré qué puedo hacer. Ahora, prepárate. Tenemos que hablar sobre otra cosa, pero eso lo haremos en persona.

C ARL : Sí, que ganas…

—Vamos, chicas —dije mientras extendía el brazo para agarrar a Samantha. Ella gruñó e intentó morderme. Un ojo le cayó del pelo y aterrizó sobre mi pie. Pruch.

El bar más cercano no era una estancia segura de verdad, y el propietario estaba muerto o escondido.

El interior era el típico antro lleno de banderas, camisas deportivas enmarcadas y firmas del equipo de hockey de los Ottawa Senators.

En el centro del establecimiento se alzaba un cuadro enorme firmado por un jugador llamado Daniel Alfredsson.

No me gustaba el hockey, por lo que no tenía ni idea de quién era el tipo aquel.

Justo antes de cruzar la puerta al gremio, me quedé quieto y eché un vistazo por la estancia vacía.

Vi una garra de oso clavada en la pared junto a la puerta principal, como si el propietario hubiese estado ahí e intentado salvarse antes de que se la arrancasen. Había un charco de sangre seca debajo.

En ese momento la misión de los dinosaurios empezó a darme muy mala espina.