La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 39
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Capítulo 39

—La verdad es que me siento un poco mal por ese tipo.

¿Cómo se llamaba? ¿Edict? —dijo Dónut mucho más tarde, cuando nos acercábamos a un pequeño asentamiento de osunos.

Había sido un día muy largo. Habíamos evitado los pueblos de dríades porque ahora la mitad de esos árboles me atacaban nada más verme, y acababa de aprender por las malas que si el alcalde veneraba a Diwata, enviaba directamente a los micónidos a que me atacasen.

Y también a los monos de sus ramas, que tenían una puntería buenísima.

Me recordaban a los comemierda de los lémures muertos vivientes del tercer piso—.

No parecía querer estar aquí y lo obligamos a jugar.

—Ya. Yo tampoco quiero estar aquí —dije.

No me daba pena alguna, pero llevaba todo el día pensando en lo que había dicho.

No podía sacármelo de la cabeza. No estaba de acuerdo con él, o al menos no estaba de acuerdo con que se rindiese de esa manera, y eso era lo que más me irritaba.

Creía de verdad que no quisiese estar aquí.

Y que odiase la manera en la que funcionaba el universo.

Pero, a pesar de todo lo que me estaba ocurriendo a mí y a mi planeta, creía que se equivocaba rindiéndose.

Y sabía que era estúpido molestarme por algo así.

Oí la voz de mi padre reprimiéndome.

«¿Qué más te da? —me había dicho un día que me había pillado viendo las noticias—. Saber esas cosas solo sirve para pudrirte por dentro. A los que son como nosotros no nos afectan».

—Ojalá hubiese estado allí —dijo Samantha—. Lo hubiese matado.

Habíamos encontrado a Samantha debajo de un tronco a casi un kilómetro al sur del asentamiento.

No nos había hecho falta rastrearla debido a lo escandalosa que era.

Aún seguía enfadada porque Dónut la hubiese abandonado con los rottweilers, pero empezaba a superarlo.

Parecía haber disfrutado de la experiencia de haber sido torturada por las mántides.

Nos pasamos las últimas horas luchando mientras avanzábamos hacia el sur, matando criaturas, recogiendo hierbas, musgo y setas para Mordecai y grindeando .

La mayoría de las criaturas de la zona eran una especie de plantas venenosas que te azotaban con enredaderas si te acercabas demasiado.

Todas eran unas criaturas de nivel 40 llamadas látigos chasqueadores.

Eran toda una amenaza si no tenías inmunidad al veneno.

Pero nosotros la teníamos, así que nos sirvieron para conseguir mucha experiencia.

Obligué a Dónut a matar a todas las que pudiese.

Llegó a nivel 45, mientras que yo me quedé en 56.

También nos habíamos hecho con el control de dos asentamientos pequeños, ambos de los osunos.

Dónut mató a un alcalde y yo al siguiente.

Por otra parte, yo había intentado ponerme en contacto con mi abogado, pero no me había respondido aún.

La última vez que habíamos hablado, me había dicho que estaban restringiendo las comunicaciones y que necesitaba una orden judicial para cada vez que quisiese responder.

Le había hecho una pregunta legal, por lo que esperaba que le permitiesen enviarme una respuesta.

Le había preguntado a Mordecai primero, pero él me había comentado que no tenía ni idea.

M ORDECAI : Todos los días haces o te hacen algo que no se ha hecho ni se ha visto antes, Carl.

Empiezo a sentirme un poco inútil. Pregúntale a tu abogado y, si no responde, espera hasta el siguiente episodio resumen.

Si no te la quitan, instálala en el estudio de creación y ponte a trabajar.

Mientras, transcribe todo lo que puedas de ese libro de autómatas en tu bloc de notas.

Zev también se había puesto en contacto para recordarme que aún tenía un evento en la convención y que teníamos que llegar cuanto antes a una estancia segura.

No queríamos que volviese a ocurrir lo mismo que la vez anterior, aunque ahora parecía que los cazadores habían empezado a retirarse.

Cuando se supo lo que le había ocurrido al Enjambre Negro, la gran mayoría de ellos decidió, de repente, que sus vidas eran muy valiosas como para perderlas.

Ni una sola persona de las que tenía en el chat había visto ni oído nada sobre cazadores en todo el día.

Yo también me había puesto a preguntar si alguien había visto a Lucia, pero no fue el caso.

Mordecai pensaba que su conjuro de escape la había teletransportado al extremo opuesto del mapa, y también que era uno que solo podía usar una vez por piso.

Yo no estaba tan seguro de eso, pero con suerte estaría muy lejos de donde nos encontrábamos.

Tendríamos que lidiar con ella tarde o temprano, pero no por el momento. Aún no.

No podía quitarme de la cabeza el vídeo del enfrentamiento con Dónut.

Era como si Lucia estuviese experimentando una realidad completamente ajena a la del resto de los mazmorreros.

«Ha matado al que no era». ¿Qué significaba eso?

Vale que hubiese alguien invisible junto a ella, pero tenía que estar pasando algo más.

¿Estaba esa persona conectada a los perros de alguna manera?

¿O a solo uno de los perros? No tenía información suficiente.

Cuando había estado en el evento de la convención, todo el mundo parecía pensar que era una niña loca con un talento excepcional para matar gente y defenderse.

A pesar de ser la mazmorrera más seguida del universo hasta que yo la había superado, la gente parecía no tener mucha idea de la naturaleza de su existencia.

Pero a mí me parecía algo importante. Muchísimo.

Pero eso no hizo que cambiase de opinión. Le estaba haciendo daño a la gente. Atacando a mazmorreros. Estaba masacrando y torturando PNJ sin razón aparente. Tenía que acabar con ella.

La confianza de Dónut en su capacidad para acabar con la niña cuando volviésemos a encontrarnos era alarmante, al menos al principio.

Yo sabía que la gata había tenido mucha suerte y quería dejárselo claro, pero Dónut era muy sensible y sabía que le iba sentar mal si se lo decía directamente.

Intenté sacar el tema con cuidado unas cuantas veces, pero ella llevó la conversación por otros derroteros con maestría.

De hecho, lo hizo tan bien en repetidas ocasiones que terminé por captar la indirecta y me ayudó a relajarme.

Dónut sabía muy bien que había tenido suerte. Era mucho más lista de lo que aparentaba ser y la manera en la que había gestionado el enfrentamiento con Lucia dejaba claro que sabía muy bien lo que estaba haciendo. Pero no quería decirlo en voz alta. Ni en privado. Decidí dejarlo pasar.

El siguiente asentamiento era otro pequeño. El plan era quedarnos a pasar la noche allí. Yo iría a mi evento, volvería y luego reiniciaríamos las mejoras antes de seguir. Si encontrábamos al alcalde sin tener que liarnos con una misión chorra, pues acabaríamos con él antes de continuar.

Reclamar los dos pueblos de osunos, que ahora se llamaban Cumbre Ferdinand y Nipton, había sido igual de fácil que reclamar el primero, Villa Mongo.

Después de acabar con sendos alcaldes, nos habíamos dirigido hasta la estancia segura y enviado a Mordecai a hablar con los guardias.

Él había dejado vinculada su puerta de salida en Nipton al ver lo buenas que eran las tiendas del lugar.

Pero yo sospechaba que el sitio al que nos dirigíamos iba a ser mucho mejor.

El nuevo asentamiento estaba rodeado por una muralla enorme de enredaderas de nivel 10 llamadas arbustos Jericó.

No era un arbusto gigante, sino miles de ellos unidos.

Cada una de las ramas tenía una planta individual.

La descripción decía, simplemente: ESTAS PODEROSAS ENREDADERAS SON MUY RESISTENTES.

NO LES GUSTA NADA LA GENTE LLAMADA JOSH NI LA MÚSICA SKA .

El sistema indicaba que no eran hostiles, por lo que no íbamos a recibir experiencia por cortarlas, pero tampoco hizo falta.

En la parte septentrional de la muralla las plantas parecían estar marchitas.

No había guardias. Mordecai comentó que era una planta mágica que podía usarse para proteger una ciudad.

Quería que nos diésemos prisa en encontrar la estancia segura, para que me diese tiempo a volver a salir y conseguir algunas semillas.

Cuanto más nos acercábamos al pueblo, más claro me quedaba que había algo raro.

No había gente entrando o saliendo. Y tampoco guardias.

No parecía haber actividad alguna. «Mierda», pensé.

¿La habría capturado Lucia también? ¿Seguiría esa mierdecilla deambulando por el mapa asesinando y dejando sin hogar a todo el mundo?

Mongo graznó con preocupación y luego empezó a gruñir.

—Oh, oh —dijo Dónut—. Ese es su gruñido de «he olido a otros Mongo». —La gata olisqueó el ambiente—. Dios, huele fatal, pero no son dinosaurios. Huele como aquel vagón de tren después de que colocases a Katia en la parte delantera.

—Ve a echar un vistazo, Samantha —dije.

—Vamos allá —aseguró ella, que empezó a rodar hacia delante y con emoción en dirección al asentamiento—. Hoooooola —gritó—. ¿Aquí están todos muertos? ¿Hay lagartos por la zona? —desapareció entre gritos al cruzar la entrada sin guardias.

—Ha empezado a rodar mucho más rápido que antes —dijo Dónut.

—Sí, me he dado cuenta —respondí. Esperamos unos minutos mientras Dónut practicaba tarareando una canción. Aún se le daba fatal, pero iba mejorando.

S AMANTHA : ACABO DE VER A UNOS OSOS EN UNA VENTANA, ASÍ QUE HAY GENTE CON VIDA.

NO HABÍA VISTO TANTOS CADÁVERES DESDE QUE ALGOS ORGANIZÓ UNA DE SUS NOCHES DE JUEGOS.

ES COMO EN LA ORILLA DEL RÍO DE HACE UNOS DÍAS, PERO MÁS ASQUEROSO.

HAY GENTE MUTILADA Y PLUMAS ROSA POR TODAS PARTES.

LLEVAN MUERTOS BASTANTE TIEMPO, MÁS DE UN DÍA.

¿POR QUÉ NO LO HAN LIMPIADO? LOS DINOSAURIOS PARECEN HABERSE IDO YA. O ESO CREO.

Suspiré.