Capítulo 37 #3
Dónut disipó el conjuro justo a tiempo.
La cabeza de Cici la rottweiler cayó de la casa del árbol y rebotó en el suelo lleno de barro mientras unas ascuas parecidas a luciérnagas revoloteaban a su alrededor.
En las alturas, un aullido salvaje de angustia reverberó por todo el asentamiento.
Dónut, que seguía invisible, se acercó a la cabeza y le puso la pata encima para luego girarla y verle los ojos al cadáver de aquella monstruosidad.
—Perra estúpida —murmuró la gata a la pantalla—. El único puente que cruzarás hoy será el del cielo de los perros.
La cabeza desapareció cuando Dónut la guardó en el inventario.
Cayó un pedazo de árbol que hizo que la gata tuviese que apartarse.
Aún estaba invisible y rodeó el muro de fuego, que seguía activo, para luego dirigirse hacia la primera estancia segura.
A unos pocos cientos de metros de distancia, Gustavo 3 estaba sentado en el suelo, ajeno a todo y mordiendo la cabeza de Samantha mientras ella gritaba que iba a matar a la perra de la madre del rottweiler.
Dónut desapareció en el interior al entrar.
La imagen volvió adonde se encontraba Lucia Mar, de rodillas y abrazando el cadáver sin cabeza de una rottweiler gigante mientras el edificio se derrumbaba a su alrededor.
—Ha matado al que no era —gritaba Lucia—. Cici, mi querida Cici. Esa gata ha matado al que no era. ¿Qué va a pasar ahora? ¿Qué va a pasar? —Miró la barra vacía, cubierta en llamas—. ¿Dónde está mi leche?
Me di cuenta a pesar de verlo en pantalla.
No dejaba de cambiar de personalidad, como una niña saltando a la rayuela y cambiando cada vez que pisaba.
Entornó los ojos, y el cadáver de Cici desapareció cuando lo guardó en el inventario.
La barra en llamas del bar se derrumbó junto con la mitad de la cocina.
Lucia se enderezó, pero ya no tenía forma esquelética, sino la de mujer atractiva. Las llamas ondulaban a su alrededor. La transformación había sido instantánea.
—Sí, sí. Deben morir todos. Tienes razón. Se acabó la piedad. Se acabaron los amigos. Deben morir todos.
El programa terminó en ese momento.
Miré a Dónut, quién me dedicó una sonrisa triunfante.
—Estoy muy orgullosa del comentario ese del cielo de los perros —dijo—.
Aunque ahora que lo he oído quizá debería de haberlo cambiado.
Quizá hubiese estado mejor decir «al infierno de los perros», pero la verdad es que no lo sé.
No sé si tendría tanta fuerza. Bueno, da igual, porque ya está hecho.
Prepararé otro comentario para cuando mate al otro.
Intercambié una mirada con Mordecai, quien tenía gesto funesto en su rostro peludo.
Volví a mirar la pantalla, pero el programa ya había terminado. Supuse que mañana mostrarían mi parte.
—Entonces, ese oso que vi ahí fuera crucificado al revés con la palabra «Leche» grabada en su pecho era el camarero, ¿no?
Lo mató a él y al resto de los PNJ del asentamiento después de lo que acabamos de ver.
Pero no lo entiendo. Parece que habla con alguien invisible.
¿Y a qué viene eso de los puntos? ¿Y qué es un ayudante infantil? ¿Seguro que dijo eso?
—Estoy segura, Carl.
—Lo de los ayudantes infantiles es algo nuevo —explicó Mordecai—.
Pero creo que no son de la mazmorra. Los niños menores de una edad determinada no tienen permitido entrar en la mazmorra.
Si lo hacen, se los llevan hasta que acaba el mazmorreo.
Los ayudantes infantiles son los que cuidan de ellos.
No sé cuál es la edad mínima, eso sí. Es diferente con cada mazmorreo y cambia según la especie y el nivel de Inteligencia.
Aquí dentro no debería haber niños. Ni tampoco ayudantes infantiles. Es muy raro.
Nos interrumpió el anuncio diario.
¡Saludos, mazmorreros!
¡Qué día tan emocionante! En estos momentos, quedan 66.
000 mazmorreros, se han formado 100 gremios y hay unos 1.
500 grupos. Más del 90 % de los mazmorreros están en grupo con al menos otro participante, un número altísimo.
Para no ser una especie estigmérgica, está claro que os gustan las estructuras sociales.
Dicha coordinación sería clave para sobrevivir en circunstancias normales, pero también os convierte en presas fáciles.
Aun así, habéis recolectado una gran cantidad de trofeos de asesinos de cazadores.
En el episodio resumen de mañana, veremos algunos de los mejores momentos de dichas muertes, por primera vez en Planeta mazmorrero.
De hecho, estáis enfrentándoos tan bien a ellos que algunos de los cazadores más imbéciles han abandonado por completo la caza para refugiarse en Zockau. Con suerte, pronto dejarán de ser unos cobardes. Si no, puede que tengamos que vernos obligados a cambiar un poco las cosas.
Vuestro coraje nos ha obligado a rediseñar por completo el séptimo piso.
Ya os enteraréis más adelante. No obstante, tened en cuenta que si bajáis cuando queden seis horas o menos no empezaréis antes, pero sí que lo haréis en una buena posición.
Ahora, si bajáis demasiado pronto, tendréis que empezar en una de las posiciones de más atrás.
Pero aún quedan siete días enteros para conseguir un lugar entre los cincuenta primeros.
Los que queden en dicho puesto serán notificados para indicarles que tienen una invitación a la fiesta, a la Mascarada del Carnicero.
Es obligatorio acudir, y recordad que todas las invitaciones también permiten llevar a un acompañante.
Para los acompañantes sí que es opcional.
Ahora, ¡salid ahí fuera y matad, matad, matad!
—¿Qué coño significa estigmérgica? —pregunté.
—Apuesto lo que sea a que Britney lo sabe —dijo Dónut.
—A mí me preocupa mucho más lo de… —empezó a decir Mordecai.
La puerta que daba al exterior se abrió de repente, momento en el que Bomo entró en la estancia segura.
El monstruo de roca gigante parecía extrañamente agotado y exasperado.
En el exterior, muy quieto en el espacio que había entre estancias, había una mantis macho.
La criatura, inclinada hacia delante y temblorosa, casi no parecía pertenecer a la misma especie que Vrah o Circe.
—Carl —dijo desde el otro lado de la puerta—. Tenemos que hablar. Rápido. Ella viene a por mí.