Capítulo 37
—¡Ahí está! ¡Ahí está! —dijo Dónut, que brincaba de un lado a otro.
Junto a ella, Mongo graznaba y agitaba las patitas—.
¡Va a ser glorioso! Ojalá esto tuviese una grabadora de vídeo.
Mordecai, ¿podrías grabarme para reproducirlo de nuevo?
—Soltó un grito ahogado—. Podríamos hacer copias y yo podría firmarlas.
Después, ¡Carl podría venderlas cuando vuelva a esa estúpida convención!
—No creo que funcione así —dije.
Mordecai no respondió. Estábamos Mordecai, Dónut, Mongo y yo solos. Los demás habían tenido una emergencia en el exterior. Su asentamiento estaba siendo asaltado por monos de la muerte o algo así. Habían tenido que marcharse e iban a llevar el Tetamen hacia el sur para ayudar a Chris y a Li Na.
Después de varias escenas de mazmorreros muriendo, el resto del programa estaba dedicado al enfrentamiento entre Dónut y Lucia Mar.
La escena empezaba con Lucia entrando en el pueblo y partiendo por la mitad al alcalde con forma de árbol.
Estaba en esa forma esquelética y demoniaca centrada en el cuerpo a cuerpo.
Sus dos rottweilers, la gigante tamaño poni llamada Cici y Gustavo 3, de tamaño normal, entraron detrás de ella con las cabezas gachas y gruñendo a todo lo que se moviese.
En ese momento, Gustavo ladró a un dríade y un rayo salió disparado de la boca del perro e impactó en un mono que estaba subido en las ramas de la criatura.
El animalito cayó muerto en el suelo. Mientras Gustavo se acercaba para devorar el cadáver, Cici atacó a la criatura arbórea y empezó a arrancar con la boca las ramas chamuscadas del PNJ mientras este gritaba.
La sangre salía a chorros por cada rama.
—Dios —murmuré.
—Perros. No se puede confiar en ellos —dijo Dónut.
Luego, el programa mostró cómo Lucia entraba en cada bar y en cada estancia segura del pequeño asentamiento y probaba toda la comida y el alcohol. Cada vez que salía de un establecimiento, lanzaba un conjuro en la entrada. Servía para activar la trampa de teletransportación.
—¿Cómo es que no han parcheado eso aún?
—Los errores que permiten que los mazmorreros se maten entre sí no suelen parchearse —comentó Mordecai—. Este lleva bastante tiempo, aunque creo que la intención original de Lucia Mar era capturar a los nebs, no a Dónut y a ti. Creo que tuvo un encontronazo con ellos antes de esto.
Lucia terminó por asentarse en un bar que había en una casa del árbol a bastante altura en mitad del pueblo.
No era una estancia segura, sino un bar tipo mazmorra con un dueño osuno.
El lugar tenía una gran ventana panorámica que daba a las dos entradas del asentamiento.
Una escalera de madera ornamentada subía serpenteando alrededor del tronco del árbol hasta llegar a la plataforma donde se encontraba la entrada.
Vi cómo Dónut y yo llegábamos al pueblo por la entrada norte desde el punto de vista de Lucia, dándonos prisa porque ya casi era la hora de que yo me marchase a la MazmorraCon. Nos detuvimos en la entrada de la estancia segura para preguntarle al PNJ dríade quién era el alcalde.
Los dos perros de Lucia empezaron a gruñir.
—Comida —dijo la joven al tiempo que se levantaba de la silla.
Fue un movimiento tranquilo y similar al de una serpiente.
Salieron por la puerta principal y se inclinaron sobre la balaustrada para vernos mejor.
Los tres empezaron a descender despacio y en silencio la escalera de caracol hasta llegar al suelo.
No los vimos porque, de alguna manera, Lucia había lanzado un conjuro de protección en todo el pueblo que impedía que los puntos apareciesen en el mapa.
—Cici, no te tragues entera a la gata como hiciste con aquella señora hada. Me gustaría saquearle el inventario a esa puta —susurró Lucia.
—No me lo puedo creer —dijo Dónut a mi lado mientras veíamos el programa—. Qué maleducada.
—Entonces, te atacó directamente, ¿no? No intentó hablar contigo ni nada, ¿verdad? —pregunté.
—No —respondió Dónut—. Al principio no. Atento. Ya verás lo bien que controlé la situación.
—Oooh, ¿quién es esa? —preguntó Samantha sin quitar ojo a la pantalla—. Parece del tipo de locas que me gustan.
¡Pop!
Se me vio desaparecer y luego reaparecer en el asiento del concurso de ilustraciones de la convención, que no era exactamente como había pasado.
Por alguna razón inexplicable, también añadieron digitalmente un pequeño coctel con sombrilla sobre la mesa, así como un cuenco lleno de lo que parecían fresas y barritas de chocolate.
—¿Golosinas? ¿Te dieron golosinas? —aulló Dónut.
Después, la imagen volvió a pasar a la acción antes de que me diese tiempo a objetar.
Samantha cayó al suelo mientras Dónut bufaba. Yo había abierto la puerta de la estancia segura, pero esta empezó a cerrarse cuando desaparecí. Dónut saltó hacia la puerta, pero desapareció y apareció de nuevo en mitad de la plaza del asentamiento tras intercambiar posición con Lucia.
Esta se encontraba ahora en la puerta del bar con un puño clavado en el suelo y de espaldas, en la típica pose superheroica. El barro salpicó a su alrededor al golpear la tierra y manchó tanto al dríade como la parte trasera de la cabeza de Samantha.
En ese mismo momento, Dónut cayó al suelo con un grito, aterrizando en el lugar exacto donde Lucia se encontraba de pie hacía unos instantes.
Entre dos perros rabiosos.
Era algo que tenían planeado, sin duda. Algo que Lucia había hecho antes. Los dos perros se abalanzaron en el mismo momento en el que Dónut cayó al suelo.
Los animales eran rápidos, pero Dónut tenía la habilidad Esquivar a nivel 11, por lo que salió disparada hacia delante a la velocidad del rayo.
Saltó por los aires e hizo una voltereta hacia atrás impresionante para luego aterrizar en la espalda de uno de los rottweilers y brincar hacia el segundo bar, el de la casa del árbol donde Lucia había estado esperando.
Un chorro de sangre brotó del lomo del perro gigante cuando las garras traseras de Dónut le rasgaron la carne al impulsarse.
Mientras estaba en el aire, la gata lanzó Muro de fuego a su espalda. Los perros gimotearon y corrieron en direcciones opuestas mientras las llamas se extendían por el centro del asentamiento.
En ese momento, el programa pausó la imagen y la cámara se alzó por los aires para luego enfocar la escena desde arriba.
Unos triangulitos aparecieron sobre todos los combatientes: Lucia, Dónut, Cici, Gustavo y Samantha.
El presentador amplió la imagen sobre el más pequeño de los rottweilers para mostrar al público las características de la criatura antes de pasar el perro grande, que seguía paralizado con el chorro de sangre brotando del lomo.
—La polla —dije—. Casi te parten por la mitad de un mordisco.
—¿Verdad? —dijo Dónut. Después hizo una especie de movimiento de kárate y dijo—: ¡Uaaatá! Pero por algo se dice que los gatos tenemos reflejos felinos, Carl.
—¿Qué era ese conjuro de teletransportación? Era diferente del que usó con el Mazo mecánico.
—Se llama Rizo —dijo Mordecai, quien tenía los ojitos fijos en la pantalla—.
Es un conjuro trampa, diferente a una trampa normal que se coloca con un módulo.
Es probable que se le dé la opción de enviar a la víctima a una ubicación por defecto o de intercambiar posición con el lanzador.
Y puede cambiarlo sobre la marcha una vez lanzado.
Esa niña siempre coloca trampas de teletransportación en todos los asentamientos en los que entra.
Es una técnica de supervivencia muy inteligente.
Y es muy probable que solo pueda colocarlas cuando está en su otra forma.
En forma de esqueleto, toda su magia proviene de los objetos.
El presentador terminó el análisis de los cinco jugadores y luego la cámara se amplió sobre Samantha, quien parecía estar gritando y rodando hacia el combate con los perros. Apareció una ventana emergente sobre ella y desapareció al instante, demasiado rápido como para leerla.
El vídeo continuó reproduciéndose.
Lucia siseó de rabia. Durante los cinco segundos en los que Dónut había evitado a los perros, ella había lanzado cuatro pociones hacia lugares diferentes.
Cayeron al suelo y explotaron en un penacho de humo amarillento.
Luego tiró una poción más delante de la puerta de la estancia segura y corrió hacia sus perros y el muro de fuego, mientras Dónut brincaba en dirección opuesta hacia el bar en la casa del árbol.
—¿Qué son esas pociones? —pregunté.
—Nube de disipar conjuro —respondió Mordecai—. Te está buscando. No sabe que no estás. Cree que te has hecho invisible.
A pesar de tener dos tipos de piernas diferentes: una de esqueleto y otra de cabra, Lucia se movía a una velocidad impresionante.
Dónut no se molestó siquiera en subir por la escalera que ascendía en espiral hacia la puerta del bar. Saltó y aterrizó a bastante altura en un árbol cercano para luego empezar a escalar por el tronco. Después saltó desde ese árbol a la plataforma de entrada del establecimiento.
En ese mismo momento, Lucia agarró sin esfuerzo y sin dejar de correr a Samantha, que seguía rodando, y la lanzó directamente hacia Dónut como si de un misil se tratara.
La cabeza de la muñeca hinchable golpeó a la gata en un costado justo cuando esta aterrizaba en la plataforma.
Dónut aulló y cayó al suelo para luego empezar a rodar.
Chocó contra la pared externa del bar con un golpe seco muy estruendoso.
Me estremecí. Eso daba la impresión de haber dolido mucho. Mongo graznó con preocupación.
Lucia gritó una orden, y los dos perros gruñeron para acercarse rápidamente a su dueña mientras esta derrapaba hasta detenerse. Luego soltó a sus pies una especie de ficha circular que reconocí al instante. Era un módulo de trampa.