Capítulo 36 #4
+11 % de Constitución.
+6 % de daño a todos los explosivos.
+2 a la habilidad Manejo de explosivos peligrosos.
+15 % de descuento con los mercaderes ambulantes arañas segadoras.
Aviso: Los parches de mejora son objetos efímeros. Puedes quitarlos, pero se destruirán al hacerlo.
Ya tenía la habilidad Manejo de explosivos peligrosos a nivel 10, por lo que eso de por sí era una pasada. Me quité el chaleco y se lo pasé a Katia. Ella empezó a buscar el mejor lugar donde coser los dos parches. Dónut saltó sobre su hombro y empezó a darle consejos sin que se los hubiese pedido.
Tenía una mejora más importante con la que lidiar. La última vez que había subido de nivel al fin había conseguido tener puntos para subir la Fuerza a más de 100, lo que daba una mejora. Me iban a dar tres opciones y tenía que elegir.
Llegar a 100 ya era una locura de por sí. Un humano normal tenía una Fuerza de 4. Todas las personas que había en aquella estancia, Louis y Britney incluidos, ya tenían más Fuerza que el humano más fuerte de la historia.
«Esto no es real», pensé al recordar repentinamente el rato que había pasado en la nave de producción, en la «zona cero», como la habían llamado.
Me había dado la impresión de que no podía respirar, como si me hubiese quedado sin fuerzas.
También había perdido la capacidad de leer en estándar del Sindicato.
Más o menos. Estaba seguro de que había perdido todas las mejoras y habilidades, incluyendo las características mejoradas.
«¿Qué significaba eso? ¿Cómo casa con el funcionamiento del resto del universo?».
La verdad es que no era una pregunta para hacerme en aquel momento.
Asigné los puntos y subí la Fuerza a 100, exactamente.
Por primera vez, sentía que crecía un poco a nivel físico.
No fue un cambio enorme, pero noté cómo se me hinchaban los brazos.
Y el pecho. Extendí la mano y me toqué el bíceps. «Guau —pensé—. Estoy mazado».
¡Logro desbloqueado! ¡Menudos musculitos!
Tu Fuerza base ha subido por encima de cien. ¡Grrr!
¿No quieres hacerte un estriptis?
Recompensa: ¡Has recibido una mejora!
Mensaje de administrador:
Has conseguido una mejora permanente. Tienes tres opciones y tres minutos para elegir. Elige sabiamente. Las opciones son:
Musculoso.
Putito de la cárcel.
Pisoteador.
—Joder —dije. Tres minutos no era mucho tiempo. Ninguna de las opciones aparecía en el libro de cocina. O, si lo hacían, les habían cambiado los nombres—. Mordecai, ayúdame a elegir.
Las pasé rápido para leer en voz alta la descripción.
Musculoso. De ahora en adelante, cada punto de Fuerza que te pongas al subir de nivel cuenta como dos puntos. No es retroactivo y tampoco se aplica a las mejoras basadas en el equipamiento.
Pues estaba genial. No obstante, tenía pensado empezar a subirme la Constitución a partir de ahora. Tampoco tenía claro si funcionaba con las subidas gracias al Anillo de sufrimiento divino, pero daba por hecho que no.
Putito de la cárcel. Tienes una bonificación de Fuerza adicional del 20 % cuando luchas cuerpo a cuerpo con alguien cuya Fuerza base sea menor a la tuya.
Otra mejora bastante buena. Había luchado mucho cuerpo a cuerpo y sería una buena elección.
Luchar así era la mejor manera de aprovechar la Fuerza, por lo que sería mejor que la primera opción al principio, pero a la larga la primera saldría ganando.
Y esta también era inútil si luchaba contra alguien más fuerte que yo, que era cuando más iba a necesitar esa Fuerza adicional.
Pisoteador. Todas las patadas y ataques con los pies tienen un 15 % automático de infligir Au con cada golpe.
—¿Qué cojones es «Au»? —pregunté. No había manera de hacer clic en la palabra ni de saber lo que hacía.
—Es un ataque para dejar aturdido —comentó Mordecai—. Hace que el que lo recibe se quede paralizado, como si le dieses una patada en los huevos.
—Carl se lo hizo una vez a un elfo —comentó Dónut desde el hombro de Katia—. Zev, nuestra agente, dice que al público no le gusta demasiado.
—Es que hay que ser muy capullo para hacer algo así —convino Firas.
—No estáis ayudando —dije—. ¿Mordecai? ¿Qué opinas?
—Musculoso —dijo—. Ya tienes varias mejoras con los pies que te permiten dejar indefensas a las criaturas. Musculoso parece la elección más obvia. No es una habilidad activa, pero es la que elegiría yo.
—Estoy de acuerdo —dijo Katia mientras cosía el parche de las flechas junto al planeta Tierra en el hombro del chaleco.
—Yo creo que deberías elegir el de los pies —añadió Dónut—.
Si tienes dudas, elige siempre el de los pies.
Además, si das patadas cinco veces muy rápido a una criatura, prácticamente te aseguras dejarla aturdida.
Siempre estás dando patadas y aplastando animales, orcos y cazadores.
Podrías hacer claqué sobre uno y dejarlo aturdido, ¿te imaginas?
—Se quedó en silencio—. Carl, ¿estás más tocho?
Eh, mirad a Carl. Tiene los brazos más grandes.
—Sí que los tiene, sí —dijo Elle. Se acercó y me tocó el brazo—. Imani, ven a tocar a Carl.
La ignoré. Me quedaba un minuto para elegir. Dónut tenía razón, pero seguía pensando que conseguir dos puntos en lugar de uno era lo mejor. Terminé eligiendo esa opción.
—Perdona, Dónut —dije—. Creo que voy a elegir Musculoso.
Hice clic en ella.
Tío. Estás todo mazado. Enorme.
—A mí no me tienes que pedir perdón —dijo la gata, que siguió mirando muy atenta por encima del hombro de Katia.
Esta ya había terminado de coser el primer parche y pasó a la bomba. Iba a colocarla en la parte delantera inferior izquierda del chaleco, cerca del dobladillo. Hizo que le creciesen un segundo par de brazos para agarrar bien la prenda.
Dónut emitió un ruido de desaprobación.
—No, no, lo estás cosiendo mal. Esto es una pequeña obra de arte, Katia. Es como colgar un cuadro de Bob Ross en la pared con cinta americana. El espacio entre las puntadas tiene que ser perfecto.
—Dónut —advirtió Katia.
—Solo intento ayudar.
Me senté en la silla cuando al fin terminé con las cajas.
Me toqué el brazo mientras pensaba en todo lo que había ocurrido durante el último día y medio.
Pensé en ese niño que había hecho aquel dibujo de mierda en el que una larva berrenda me comía.
¿Acaso su padre tenía razón? ¿Solo estaba vivo porque así lo quería la IA?
¿Tendría que haber elegido el beneficio Pisoteador?
Me miré los pies y me sentí sucio. El nuevo tatuaje me ardía en el brazo musculado. La capilla de Emberus empezó a burbujear con fuerza para recordarme que le debía sangre y dinero.
«Siempre ocurre lo mismo, ¿no?», pensé. El silencio de mi mente rugió más estruendoso que nunca.
«El grifo está abierto».
—¡No, no, no! —gritó Dónut en el hombro de Katia, quien parecía estar a punto de asesinar a la gata.
Sonreí. Al menos estaba en casa, aunque solo fuese durante una hora o dos.