Capítulo 36
Empujé a Bomo por la puerta para que saliese por la estancia segura de Zockau, donde tendría que colgar la nota y esperar una respuesta. Con suerte, el tipo la leería antes de que llegase Vrah.
—Esa zorra sigue con vida, ¿verdad? —preguntó alguien—. No vi ninguna notificación. ¿Lucia ha sobrevivido?
Quien hablaba era Florin el cocodriliano. No me había fijado en que estaba en un rincón.
—Sí —respondió Dónut—. Es una tramposa, como ese Quan Ch. Ha escapado.
—Bien —dijo Florin. Se impulsó para separarse de la pared y salió la zona común de la sede gremial. Todos nos quedamos mirando mientras se largaba.
—Nosotros seguimos en el asentamiento de Lucia —dije cuando se había ido—. Tenemos que marcharnos antes de que vuelva.
—Creo que acabamos de destruir el asentamiento. No queda nada a lo que volver —aseguró Dónut—. Pero si se atreve a hacerlo, no me asusta. Ni lo más mínimo.
—Abrid las cajas, reiniciad las ventajas y poneos a ver el episodio resumen —dijo Mordecai, que ignoró las palabras de Dónut—.
Tengo muy claro qué conjuro usó para escapar y estará muy lejos.
Pero quiero que os marchéis antes de que regrese.
Después de lo que le ha hecho Dónut, vais a tener que vigilar bien vuestras espaldas hasta que acabéis con ella.
—¿Alguna otra noticia? —pregunté mientras me giraba para examinar a las personas que había en la estancia. Sentí cómo una sonrisa se me dibujaba en el rostro al verlos a todos allí.
«Sí —pensé—. Ahora esta es mi familia».
Aún tenía el corazón acelerado por el enfrentamiento. Sabía que estaba a punto de caer rendido, que no faltaba mucho para que me pusiese a temblar mientras oía el rugido de aquel río que habitaba en mi mente, pero conseguí consolarme con los rostros amistosos que me rodeaban.
Estaban Katia, Elle, Imani, Bautista, Louis, Firas, Gwen, Tran, Britney y algunos más que no conocía tan bien. Mongo también estaba suelto e iba de un lado a otro, exigiendo mimos de todo el mundo como si fuese un perro que quisiese atención en una fiesta.
—¿Dónde está Chris? —pregunté a Elle tras fijarme en todos los presentes.
Todos me habían saludado con entusiasmo excepto Britney, claro, quien no había quitado esa cara con la que parecía dejarnos claro que nos odiaba.
La bárbara cubierta de pieles estaba sentada sobre el regazo de Firas y le rodeaba los hombros con un brazo.
Todos los del grupo habían subido varios niveles, y la mitad tenía equipamiento nuevo. «Me he perdido muchas cosas», pensé.
Elle había pasado de neviscamante a princesa de la tundra, pero no parecía haber cambiado de aspecto.
Ahora tenía un mechón de pelo castaño en su alborotada melena blanca, pero nada más.
Aún llevaba los calcetines antideslizantes de cuando era una anciana de noventa y nueve años en la residencia Meadow Lark.
Era lo único que le quedaba de esa época, a excepción del anillo de bodas de oro que ahora le colgaba del cuello en una cadena, porque tenía los dedos mucho más pequeños que antes. Tenía nivel 51.
De alguna manera se había hecho con una bebida alcohólica amarilla y le daba sorbos en un vaso. Desde el sillón, Louis miraba el vaso con la misma cara que un perro miraría a un humano que sostiene un trozo de cecina.
—Vaya, grandullón —dijo Elle, que miró sobre mi cabeza—.
Tienes muchas dagas de asesino de cazadores.
Buen trabajo. Yo aún no tengo ninguna. Chris está con Li Jun y con Li Na y los otros dos guardaespaldas rocosos.
Es una larga historia. Esa tal Eva se ha juntado con el equipo Cichociemni, que no son moco de pavo.
Al parecer, el nombre pertenecía a un grupo de fuerzas especiales polaco, pero ninguno de los que quedan es polaco.
Mataron ellos mismos al líder porque el tipo no quería que se convirtiesen en un grupo de asesinos.
Al parecer, era colega de los Popov antes de que el idiota de Dmitri eligiese por error una especie que lo obligaba a combinarse con su hermano.
Sea como fuere, los Popov los tenían arrinconados, pero luego los hermanos desaparecieron para ir a esa convención.
Llevan dos días fuera y no volverán hasta mañana.
Seguro que está muy guay. Li Na y Chris se han puesto a vigilar al grupo mientras.
¿Sabías que Chris puede enterrarse en el suelo?
¿Y que Li Na puede transformarse en humo?
No veas el miedo que me da esa chavala. Ya estaríamos por allí si Katia no hubiese insistido en que diésemos la vuelta para salvarte el culo.
Y también hubiésemos llegado a tiempo al lugar donde te encuentras, pero unos pterodáctilos atacaron la casa voladora.
Ahora estamos varados en mitad de la nada en la selva.
¿Cómo ha ido, por cierto? La convención, quiero decir.
¿Has hablado con Dmitri y con Maxim? Oí que ibais a compartir un evento o algo así.
—Eso será mañana —expliqué mientras la cabeza no dejaba de darme vueltas. La adrenalina seguía discurriendo por mis venas, y mi cerebro no había sido capaz de procesar toda la información que acababa de darme Elle. Pero lo único que importaba era que por ahora todos estaban a salvo.
Detrás de mí, Dónut se había puesto a hablar con Daniel Bautista, exigiéndole ver esos peluches de ratonero. El hombre tigre anaranjado sacó uno para que la gata lo examinase.
—Es un gato —dijo Dónut, que no parecía impresionada—.
¿De verdad hay gatos que son enemigos en la mazmorra?
¿Por qué dice aquí que son comunes? Y encima esta cosa no se parece en nada a mí y consiguió engañar a Lucia y a Vrah.
Pero no deberían ser comunes, sino un jefe de provincia al menos.
O uno de país. Deberían tener rareza legendaria.
—Si hace que te sientas mejor, para el plan usé una variante poco común. Era más peludo. Y con las gafas y la tiara falsa se parecía mucho a ti. También tuve que usar un conjuro de domesticar. Estas cosas atacan desde que tiro de la etiqueta.
—¿Cuántos peluches te quedan? —pregunté. Sabía que Bautista había saqueado unos mil en el tercer piso, pero seguro que ya empezaban a acabársele.
—Me quedan unos quinientos —dijo, lo que me sorprendió—.
Mi patrocinador me regaló unos más modernos a los que les puedo volver a poner la etiqueta si no mueren cuando los invoco.
Solo puedo hacerlo dos veces, eso sí. Además, he conseguido varios en cajas de botín.
—Señaló por encima del hombro con el pulgar a Tran, quien estaba de pie junto a Gwen—.
He seguido tu consejo y me he puesto a entrenar con la espada.
Tran y yo somos espadachines y hemos estado trabajando juntos en la sala de entrenamiento.
Tenemos una bonificación cuando atacamos en equipo.
Katia estaba en su forma humana normal, asintiendo de pie junto a Bautista.
De hecho, vi que había colocado la mano sobre el hombro peludo del tigre.
«Anda», pensé. No estaba muy seguro de qué podía significar aquello.
Estuve a punto de decir algo, pero decidí mantenerme en silencio.
Era muy probable que Dónut se diese cuenta pronto e hiciese algún comentario.
—Hablando de atacar en equipo —dijo Louis, que se levantó del sillón.
Derramó un vaso de refresco que tenía entre las piernas.
Sobre él, el robot limpiador emitió un ruido agudo de desagrado—.
Perdón. Bueno, da igual. Katia nos ha obligado a aprender jugadas como las que hacíamos en el piso anterior.
¿Quieres ver mi favorita? Me la he inventado yo.
Antes de que me diese tiempo a objetar, Louis sacó lo que parecía un círculo de tela del inventario. Katia suspiró y se apartó de Bautista. Louis lanzó el círculo de tela a Katia, y este le cayó por la cabeza hasta los hombros, donde desapareció, ya fuese en su inventario o para añadirle masa.
—Vale… —dije—. ¿A qué ha venido eso?
Louis gruñó, irritado al comprobar que no me había sorprendido.
—Eso era una bandolera de pociones. Puedo tirarle objetos de armadura a Katia y, automáticamente, se los equipa si tiene ese espacio libre. Puedo hacerlo con bandoleras de hombros, cascos, brazaletes… Con cualquier cosa que se te ocurra, prácticamente.
Intercambié una mirada con Katia, quien negó con la cabeza.
—Sí… —dije—. Pero el inventario es limitado. ¿Cuál es la jugada exactamente? O sea, está bien, supongo, pero ¿qué utilidad tiene?
—Ya te lo había dicho —dijo Britney desde el regazo de Firas.
—Pues, si cae bien, se le equipa justo en el momento en el que la toca, ¿no?
Katia consiguió esa mochila que le permite añadir mucha más masa.
Pero ¿y si se hace muy grande pero sin coraza?
Podríamos crear una coraza gigantesca para lanzársela desde el Tetamen.
Se le equiparía automáticamente y, de repente, podría hacerse incluso mayor.
Y luego podríamos lanzarle un casco más grande aún.
Podríamos hacer que creciese y creciese.
Sería como la transformación de Voltron. Más o menos.
—Y siempre cabe la posibilidad de que el objeto no la toque o no caiga bien y la aplaste —añadió Britney.
—Estamos trabajando en ello —aseguró Louis a la defensiva.
C ARL : Katia, no dejes que te lance una coraza gigante encima.
K ATIA : La idea no está mal. Lo estoy dejando para que gane un poco de confianza en sí mismo.
Ya veremos cómo lo hacemos. No dijo nada, pero se enfadó mucho cuando descubrimos que esos elfos le estaban dando caza.
Me lo encontré cuando creía que estaba solo y se había puesto a llorar.
Creo que le preocupa que lo expulsemos del gremio.
—Es una buena idea —dije al fin, y Louis sonrió de oreja a oreja—. Pero ten cuidado. Podrías hacerle mucho daño a Katia si algo sale mal. Seguid dándole duro.
—A quien le da duro es a Higo —dijo Dónut en el mismo momento en el que Firas abrió la boca, casi seguro para decir algo muy parecido. Ambos estallaron en carcajadas.