La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 35 #3
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Capítulo 35 #3

—Carl —dijo Vrah, que se giró hacia mí. Lo hizo con un movimiento tranquilo que indicaba que ya sabía desde el principio que me encontraba ahí.

Cuando giró la cabeza de insecto, las que tenía en los hombros lo hicieron con ella.

Era un truco muy desagradable que ayudaba a hacerla parecer más aterradora aún.

Contempló la pila de insectos y nebs muertos antes de empezar a emitir una especie de chasquidos—.

Eres un buen oponente. Lo admito. Tanto tú como esa chiquilla ladjablès.

Casi me había olvidado de lo que es que te hieran antes de matar. Pero esto se acaba aquí.

Tenía una ballesta en una de las garras, cargada con un virote resplandeciente.

—He conocido a tu madre —dije—. La tiré de un escenario.

—Eso no es… —Vrah se quedó en silencio y luego se dibujó en su rostro lo que podría haberse considerado una sonrisa. Emitió otro chasquido—. Buen intento, mazmorrero.

Yo también sonreí.

—Puedes intentar ocultarlo, pero está claro que has estado hablando con ella. ¿Por eso tienes tantas cabezas, porque siempre haces trampa?

—No es cierto, pero ¿de verdad crees que importaría si estuviese haciendo trampas?

¿A alguien le importaría de verdad? No sois más que ganado, y el ganado existe para sacrificarlo.

A la gente que nos está viendo ahora le da igual cómo hemos llegado a esto, lo importante es el momento.

No hay regulaciones en la galaxia capaces de cambiarlo.

Cuando termine con esta cacería, ocuparé mi lugar en el salón de parto de Hogar Enjambre y daré a luz a miles de ninfas que luego nacerán recordando este momento, el momento de tu muerte.

Pero a ninguna le importará, porque tú no serás más que algo pasajero, uno entre miles.

—Entonces ¿es cierto? —pregunté—. Había oído algo al respecto. Este es tu último mazmorreo y luego te enviarán a dar a luz. Se suponía que tu hermana Xindy iba a ocupar tu lugar como cazadora principal, ¿no? Es una pena que ya no pueda hacerlo.

—Esto no va a ser agradable para ti, mazmorrero —dijo Vrah mientras levantaba la ballesta.

—Un momento —dije al tiempo que alzaba la mano—. Langley, perdona por no poder ayudarte antes, pero te agradezco que tú puedas ayudarme a mí ahora.

Vrah ladeó su cabeza de bicho.

—¿Qué? —preguntó justo en el momento en el que la cabeza del cadáver reanimado le mordió el cuello expuesto.

Al otro lado, Bogdon Ro gruñó. Sorprendida, Vrah giró la cabeza hacia Langley, pero este se había aferrado a su cuello con los dientes.

El movimiento permitió que la cabeza de Bogdon Ro también le mordiese el cuello al otro lado.

Después, una tercera cabeza empezó a morderla también, la que estaba por debajo de Bogdon.

Vrah gritó y disparó la ballesta mientras yo me lanzaba al suelo.

El proyectil pasó silbando por encima de mí.

Salté, saqué la Flecha de gonorrea doble y vehemente y se la clavé a la mantis en el cuello antes de que activase el escudo, escudo que me tiró al suelo y que hizo que las cabezas zombi salieran despedidas de su cuello.

Me deslicé y me choqué con Dónut, quien se había acercado en silencio, aún invisible, y había lanzado todos los conjuros Segunda oportunidad que fue capaz antes de que se le acabase el maná.

Vrah se agitó mientras la parte interior de su caparazón estallaba en llamas. Después pegó un brinco como si intentase escapar volando.

—¡Vamos! —grité.

Las otras dos mantis se habían dado cuenta al fin y se dirigían a toda prisa hacia nosotros. Dónut y yo nos colamos en la estancia segura.

Estaba justo allí, cerca de la puerta. La bomba con ruedas que el sistema había llamado TÚ ESPERA A QUE TU PAPAÍTO LLEGUE A CASA . Era la misma que había querido usar en Zockau. El Mazo estaba por la estancia y se había quedado mirando a las dos mantis que corrían hacia nosotros.

—Tápate los oídos —grité cuando le di una patada a la bomba para sacarla de allí. Rodó y empezó a caer al suelo justo cuando cerré la estancia segura con un portazo.

—No es la primera vez que te lo digo, Carl —gritó Dónut—. No me puedo tapar…

Pum.

El mundo se agitó. A pesar de encontrarnos en una estancia segura, todos volamos por los aires y caímos con fuerza al suelo, para luego rodar y deslizarnos como bolas de billar. Me pitaban los oídos y tenía el cuerpo muy dolorido. Todo tembló durante un buen rato. Empecé a recibir notificaciones.

S AMANTHA : PERO, TÍOS, ¿QUÉ COJONES HA SIDO ESO?

Esperaba que el bopca empezase a gritarnos, pero resultó que estábamos solos. Me pregunté si el truco de teletransportación de Lucia también sacaba de las estancias a los pobres bopca.

—¿Crees que hemos acabado con ella? —preguntó Dónut tras recuperarse—. ¿Y qué ha sido de esa loca y su perro?

Abrí las notificaciones y empecé a leerlas.

—Mierda —dije—. Joder. He matado al osuno. Es el único PNJ, pero también veo que han muerto algunos enemigos que había en el bosque. Lucia ya se había marchado del asentamiento. Dios. Ha escapado.

Vrah también había escapado. Y no pasaba nada. Era justo lo que esperaba. Había lanzado un extraño escudo turbulento en el último instante antes de salir volando. Al igual que Lucia, tenía una especie de botón que la eyectaba por los cielos.

Y era mejor así. No tenía pensado qué hacer a continuación, pero sabía exactamente adónde se dirigía. Era una oportunidad perfecta.

Sí que llegué a matar a las tres mantis que quedaban en el exterior, a pesar de que estaban protegidas contra las explosiones.

Eso significaba que Vrah era la última que quedaba de las guerreras.

Solo había otro mántide en todo el piso, un macho que se encontraba en Zockau.

Era un vendedor, el tipo que se dedicaba a hacerse con el equipo que saqueaban los suyos para luego venderlo a los representantes del resto de las facciones que se habían apostado en las estancias seguras de la zona.

Todos iban a tener que quedarse por aquí hasta que terminase el piso. Nueve días más.

Pero ese mántide de Zockau tenía de repente un gran problema.

Recordé la descripción de la Flecha de gonorrea doble y vehemente. Era una que habían traído para atacar con ella al pobre Louis, porque no dejaba de comentar lo buena que estaba esa madre del Sueño.

Flecha de gonorrea doble y vehemente.

Es una flecha normal, pero la punta está embadurnada con un veneno que te contagiará con Gonorrea doble y vehemente.

Y te aseguro que no quieres contagiarte con Gonorrea doble y vehemente.

No te matará, pero querrás que lo haga. Les prenderá fuego a tus genitales. Literalmente. Y luego sanará esa zona de tu cuerpo una y otra vez. La única manera de deshacerse de la enfermedad es… caparte. O transmitírsela a otra persona.

Vrah, la futura reina del Enjambre, no iba a castrarse, por lo que tendría que sufrir las consecuencias o transmitirle la enfermedad a otra persona.

—Vamos —dije al tiempo que me dirigía hacia nuestro espacio personal. Katia ya estaba dentro, con Bautista, Imani, Elle y algunos otros. La segunda puerta, que llevaba a la zona común de la sede gremial, estaba abierta y había otros por allí, a la espera. Todos me gritaron al entrar.

—Tengo prisa —comenté al instante—. Bomo, acércate.

Me hice con un bolígrafo y un pedazo de papel para luego ponerme a escribir con rabia.

—Pero, tío, ¿qué ha pasado? —preguntó Louis. Firas y él estaban sentados en el sillón y me miraban con los ojos muy abiertos.

—Ha sido muy emocionante —anunció Dónut—. Pero ¡esperad a ver mi combate contra Lucia en el episodio resumen dentro de una hora! ¡Zev dice que lo van a poner entero!

Mordecai brincó sobre la mesa y leyó por encima de mi hombro:

Al representante de las mántides que está en Zockau:

Podemos protegerte, pero tienes que venir ya. Trae todo el equipo que has conseguido y te mantendremos a salvo hasta el final del piso. Sin equipo no hay trato.

Confía en mí, compañero. Te aseguro que es lo que te conviene.

—Por todos los dioses, pero ¿qué has hecho? —preguntó Mordecai.

—Carl le ha contagiado la gonorrea a Vrah —gritó Dónut.