Capítulo 35 #2
Vrah no era imbécil. Sabía que Samantha me estaba informando y había conservado la cabeza indestructible a su espalda para que yo creyese que sabía lo que estaba pasando.
Estaba claro que la cazadora seguía recibiendo información de fuera de la mazmorra.
Ella sabía que Lucia preparaba un punto de teletransportación para escapar siempre que entraba en una zona.
También sabía, igual que yo ahora, que Lucia lanzaba dicho conjuro cuando estaba en una estancia segura.
Servía para teletransportar al exterior a todos los que estaban en el lugar, lo que le permitía atacarlos tras haberlos obligado a salir.
Era una manera muy traicionera de librarse de la protección de la estancia segura.
Lucia había estado en la estancia segura esperando a que Dónut saliese, para así teletransportarse con ella a un lugar alejado donde hubiese podido atacar a la gata y vengarse. Era un conjuro de verdad, y yo sabía que solo funcionaba cuando Lucia estaba en esa forma de mujer atractiva.
De alguna manera, Vrah sabía cuál era el lugar al que se iba a teletransportar y se había quedado esperando cerca, lejos del caos que estaban montando sus hermanas y los nebs.
Independientemente de lo que hiciese yo al regresar, había una gran probabilidad de que uno de sus objetivos principales apareciese en aquel lugar.
Lo más probable era que desease que fuésemos los tres: Dónut, Lucia y yo.
Y de haber seguido a pies juntillas el plan que había pergeñado durante la charla, ese habría sido el caso.
Pero, en lugar de eso, solo había aparecido Lucia.
Sabíamos que la joven había colocado al menos dos trampas de teletransportación.
Una justo en el exterior de la puerta de la estancia segura y una por fuera de la puerta que daba a la sede gremial.
Según un niño bastante friki de la charla, el sistema permitía colocarlas dentro de las estancias seguras porque el módulo real de la trampa estaba fuera, en el lugar al que te teletransportaba.
Era una laguna legal, una que había estado ahí desde hacía muchísimos años.
A pesar de que no daba esa impresión, Lucia siempre estaba muy atenta cuando llegaba a una zona nueva. Además de usar las teletransportaciones para atacar, tenía muchísimas maneras diferentes de hacer que ella y sus mascotas desapareciesen para escapar de situaciones de peligro.
Tenía que aprovechar esa información.
Como Mordecai y Dónut no sabían si iban a poder hablar conmigo, habían planeado algo a la desesperada.
Tenían pensado llamar la atención de la máxima cantidad de cazadores posible para que se encargasen de Lucia antes de mi regreso.
Los cazadores no solían quedarse por la zona después de matar a alguien y, si no tenían información del exterior, supuestamente no habrían tenido ni idea de que Dónut y yo seguíamos en el lugar, o de que yo podía aparecer por allí y estar vulnerable unos momentos.
Bomo seguía conectado con Zockau, por lo que habían enviado al cretino a la ciudad con una nota para decirles a los cazadores la ubicación de Lucia. Pero ellos ya la sabían, y Lucia no quería salir de la estancia, lo que había provocado aquel enfrentamiento a tres bandas.
El plan que yo había hecho público en la charla consistía en lanzar Patoso y saltar al interior de la estancia segura al tiempo que Dónut hacía lo propio desde la sede gremial.
Luego, y con Lucia aún enfadada debido a lo que había ocurrido antes, de lo que yo desconocía los detalles, la joven teletransportaría a todos los que estábamos en la estancia al exterior, donde nos habríamos enfrentado a ella.
Hubiésemos tenido que despacharla muy rápido.
Después, más relajados, nos habríamos encargado del resto de los cazadores o nos habríamos limitado a escapar.
El público de la charla pensaba que era un plan grandioso y estaban muy orgullosos de sí mismos.
Era un suicidio en realidad, pero no quería decirlo en voz alta. En lugar de eso, aproveché algunas de sus ideas y conseguí pergeñar una alternativa mejor.
Bueno, quizá no mejor, pero una que al menos no se hubiese emitido por todos los túneles y que seguro terminaría por llegar a oídos de los cazadores.
Seguí el consejo de Drick y desaté todo el caos que fui capaz para luego ocultarme gracias a él.
Dónut había lanzado Triplicado mecánico en el Mazo y había hecho que los dos autómatas saliesen a la estancia segura desde la sede gremial, uno tras otro. El primero activó la trampa de teletransportación, lo que hizo que apareciese en el exterior rodeado de cazadores.
El segundo corrió hacia Lucia. Era un duplicado mecánico del Mazo con una Dónut sobre el hombro, una Dónut que en realidad no era la gata sino uno de los peluches de Bautista. Se suponía que era algo parecido a un gato negro con una corona y gafas de sol.
Lucia tenía que lanzar el conjuro de inmediato, antes de que Dónut lanzase algo para disiparlo o cualquier otro conjuro defensivo que tuviese permitido usar dentro de una estancia segura.
Todo salió como esperaba y como me temía.
Tenía la sospecha de que me estarían esperando en el lugar donde iba a aparecer, y no me equivoqué.
También había dado por hecho que Lucia iba a morir, pero la joven sobrevivió.
Esa mierdecilla estaba loca, pero también era una guerrera de armas tomar.
Aún no me creía que Dónut hubiese sobrevivido a su enfrentamiento con ella.
Pero esa solo había sido la primera parte del plan. El resto estaba improvisándolo sobre la marcha.
La anarquía reinaba debajo de mí. Los nebs habían empezado a escapar de los insectos restantes. Habían muerto un total de tres mantis y solo quedaban con vida tres de los nebs.
Yo había matado a tres de los cazadores con túnica y conseguido marcar con éxito a tres más antes de que los asesinasen los insectos.
La mantis berserker había conseguido matar a dos de las suyas antes de que otra acabase con su racha.
Yo también le había reventado las patas traseras a otra de los bichos, la que estaba intentando desactivar la trampa de alarma.
Esta se había quedado en el suelo, arrastrándose hacia la salida del asentamiento mientras dejaba tras de sí un rastro de sangre blanca que manaba de sus patas destrozadas.
Estaba tan desorientada que no había intentado sanarse siquiera.
Allí arriba yo era un objetivo fácil, estuviese invisible o no. No podía bajar fácilmente. Salté del chapitel y aterricé sobre el tejado del templo.
—Oh, oh —dije cuando el techo se derrumbó bajo mis pies.
Entrando en el templo de Diwata.
Aviso: Este templo ha sido profanado.
Caí al interior del edificio con un estruendo y aterricé sobre una pequeña capilla que quedó destrozada.
El agua salpicó por todas partes, y me llegó una notificación que ignoré.
Me sané y me puse en pie. Me encontraba en una estancia amplia y vacía con ramas de árboles, enredaderas y plantas en macetas.
Y cadáveres. Muchísimos cadáveres de PNJ.
La mayoría eran dríades, pero también me fijé en que había una montaña de guardias micónidos.
Lucia los había matado a todos, pero no tenía tiempo para descubrir qué había pasado exactamente.
Me dirigí a la carrera hacia la puerta principal del templo, pero después me lo pensé mejor y salté por una de las ventanas laterales, que ya se había roto con la explosión de hacía un rato.
C ARL : Allá voy. Samantha, dirígete hacia el bosque. Venga, a rodar.
S AMANTHA : QUÉ GRACIOSILLO QUE ERES, CARL.
Solté un improperio por haber malgastado el conjuro Tañido cuando el mapa no estaba activo. Tenía un tiempo de recarga de cinco minutos.
Seguía invisible, por lo que me dirigí hacia la puerta de la estancia segura en la que no había enemigos.
Todos los nebs estaban muertos y solo había una mantis sobre sus cadáveres cerca del extremo del asentamiento.
La mantis sin patas seguía arrastrándose, mientras una tercera se inclinaba sobre ella para intentar ayudarla.
La canción no había dejado de sonar. La pelota había rodado hasta uno de los laterales de la estancia segura y rebotaba al ritmo, bailoteando entre la puerta y el lugar donde me encontraba ya.
¡Pum!
Vrah cayó al suelo con la fuerza de un meteorito y aterrizó sobre la pelota trampa, que quedó destrozada e hizo que el campo de batalla quedase en silencio.
Empezaron a pitarme los oídos. Un humo se levantó de los restos de la trampa, que luego formó espirales antes de disiparse cuando llegó una ráfaga de viento.
«Mierda».
La mantis era nivel 70 la última vez que me había enfrentado a ella en Zockau.
Ahora era 74 y también mucho más grande.
Tenía la espalda cubierta con cabezas, que parecían pústulas redondas que adornasen su exoesqueleto, todas en varios estados de putrefacción.
Me quedé muy quieto, sin atreverme a mover un dedo.
Ella hizo lo propio y se quedó así un instante.
La tenía ahí delante, a unos cuatro metros y medio.
Reconocí las dos cabezas que estaban sobre las demás, en sus hombros de insecto y flanqueando su cuello al descubierto como si fuesen unos auriculares.
No tenía ni idea de cómo se las había pegado al cuerpo.
La que estaba a la izquierda era la de Langley, con la boca abierta a causa de la sorpresa.
La de la derecha pertenecía a un humano que había visto en el episodio resumen varias veces.
Bogdon Ro, uno de los mayores asesinos de jugadores.
Había llegado a estar entre los diez mejores, y era el único de esa lista por el momento que había sido asesinado por los cazadores.
Langley y sus hombres lo estaban buscando, momento en el que seguro que fueron sorprendidos por el equipo de Vrah.
—Madre —dijo la mantis sin patas mientras se arrastraba—. Madre, ¿dónde estoy? Quiero volver a casa.
¡Estás al descubierto! ¡Se ha anulado la invisibilidad!