La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 34
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Capítulo 34

—El veneno va muy bien contra las mántides —había dicho un miembro del público—. Las afecta casi el triple de rápido que a los demás.

—Pero no sirve de mucho —replicó otro—. Siempre tienen antídotos preparados. Estoy muy seguro de que Vrah tienen un anillo de antídoto. Puedes envenenarla, pero se curará prácticamente de inmediato.

—Y no puedes hacerlo con una nube de veneno. Ahora también es inmune a ese tipo de cosas, ¿recuerdas? —dijo un tercero—. Para conseguirlo, hay que apuñalarla con un filo envenenado. Y tendría que ser con algo que la matase en cinco segundos o menos. O con algo que no se pueda curar.

—Eso no va a funcionar —dije con un suspiro—. ¿Alguna otra idea?

—Sus cuellos son las partes menos protegidas de su cuerpo —gritó una especie de masa amorfa.

—Al resto de los cazadores les gusta usar trampas de alarma porque hacen mucho ruido, y los ruidos hacen daño a las mántides —añadió otra del público.

Esta era una niña que parecía enana y que daba la impresión de tener la cara embadurnada de chocolate—.

Mantiene al margen a los bichos el tiempo suficiente como para hacerse con el botín de los mazmorreros, ya que a las mántides les encanta caer en picado desde las alturas y robar a las presas que no han matado ellas.

Miré a Drick, quien asintió con disimulo.

—¿Roban al resto de los cazadores? —pregunté—. ¿Y los demás no se enfadan con ellas o qué?

La multitud se rio. Al fin se habían acostumbrado a lo incómodo del tema y estaban participando más activamente.

Unos pocos se habían marchado, pero en ese momento, los tigadores que montaban guardia en la puerta permitieron la entrada de otros más para rellenar los asientos.

Cada vez que se abrían las puertas circulares, veía una multitud en el exterior.

—Hace unas pocas temporadas, Vrah se enfrentó y mató a un compañero cazador —gritó otro. Era un quokka peludo, de la misma especie que Ripper Wonton—. Dijeron que era legal por haberse producido en el Coto de Caza. Desde ese día, todos obedecen al Enjambre Negro. Le tienen miedo.

—Pero esos nebulares también están ahí esperando para darme caza. ¿Por qué están en contra del Enjambre?

—Los nebs nunca se han llevado bien con las mántides —dijo el mismo quokka—. Se enfrentaron en una guerra hace muchísimo tiempo. Además, son nebs. Son así.

—No suelo estar de acuerdo con las políticas de las mántides —comentó Hal del Centro—, pero debo decir que los nebulares recibieron su merecido.

Se apostaron y ocuparon un sistema del Enjambre, uno que no tenía nada que ver con el Enjambre Negro.

Era de los Excavadores, aunque la mayoría de la gente desconoce la diferencia.

Nunca había visto a un nebular, ni durante mi asalto a Zockau, y por lo que había entendido no iban a programas como aquel donde me encontraba.

En realidad, no eran una especie alienígena en sí, sino una secta religiosa que mejoraba su cuerpo mecánica y biológicamente como si fuese uno de sus sacramentos.

Al parecer, su deidad era una especie de rareza espacial que había en el centro del sistema interior.

Eran nómadas, y muchas veces ocupaban planetas escasamente habitables y practicaban bioingeniería a sus hijos para que se adaptasen.

Solo vivían en dichos planetas el tiempo suficiente para que sus hijos se hiciesen adultos y luego, la mitad de ellos se mudaba a otro planeta.

Estaban formados por tigadores, humanos, elfos y muchas especies más, aunque al parecer a veces costaba distinguirlos porque siempre llevaban la misma ropa que les cubría el cuerpo por completo.

Aún tenía que verlos en persona, pero me daba la impresión de que se parecían a los moradores de las arenas de Star Wars con gorros de obispo.

Más que una verdadera amenaza, la gente los consideraba una molestia.

Según tenía entendido, tenían una fuente de ingresos constante, pero la verdad es que no sabía de dónde venía el dinero.

No reclutaban activamente y solo se asentaban en planetas vacíos y estaciones espaciales abandonadas.

Respondían si alguien los atacaba, pero en general se les consideraba pacifistas y retraídos.

Excepto en todo lo referente al mazmorreo.

La Patrulla Sacrílega Nebular era uno de los pocos grupos de caza que siempre estaba presente en los mazmorreos, pero los cazadores eran diferentes en cada ocasión.

Entraban para el evento, y el equipo estaba formado por machos jóvenes que estudiaban para ser sacerdotes.

Creían que la gente como yo, alguien nacido en un planeta «sembrado», eran una abominación y consideraban que darnos caza era como una especie de cruzada.

Se gastaban mucho dinero en enviar cazadores y, a veces, hasta pagaban por el patrocinio de una deidad.

También hacían campaña por el derecho a gestionar un mazmorreo en el futuro.

No se mencionaban demasiado en el libro de cocina, pero al parecer les gustaba centrar sus esfuerzos a la hora de exterminar mazmorreros en jugadores que eran clérigos y paladines, por alguna razón.

Recuerdo haber visto en la lista que habían reclamado a Prepotente y a Miriam Dom como objetivos.

Alguien había comentado que también habían ido a por Lucia Mar unos días antes, a pesar de que dicho objetivo había sido reclamado por el Enjambre Negro.

Tal y como sospechaba, los tratos sobre quién podía dar caza a quién empezaban a desmoronarse.

—Es lo que pasa siempre al final —comentó Hal del Centro cuando lo indiqué—.

La escasez aviva la competitividad. Y la competitividad siempre lleva a la violencia.

En realidad, es un poco irónico, teniendo que cuenta uno de los dogmas centrales de la extraña religión de los nebs: evitar la violencia.

Y la pobreza. No sé qué tienen que ver esas ideas con el hecho de que se asienten en planetas inhóspitos para luego ser devastados por el entorno.

—Su pacifismo es la parte de su religión que respeto —añadió Drick mientras me miraba—, pero está claro que no todos siguen dicho dogma, especialmente los sacerdotes.

Eso sí, suena bien cuando lo cantan en sus oraciones.

En su Balada de supervivencia , que es como las llaman.

Evitan el conflicto. Rezan para decir que la competitividad fruto de la escasez lleva a la violencia, y es algo con lo que estoy de acuerdo.

Pero otro de sus principios es el que creo que está mucho más relacionado con el tema que nos atañe, y cito directamente de una de esas oraciones suyas: «La violencia lleva al caos.

Del caos nacemos y en caos nos convertiremos al fenecer».

Un silencio incómodo se apoderó en ese momento de la estancia.

—¿Estas charlas siempre se alejan tanto del tema a tratar? —preguntó Sydnee.

—Solo las buenas —dijo Hal del Centro, lo que hizo que el público estallase en carcajadas.

Zev había regresado al camerino cuando entré corriendo.

—Carl, has tardado demasiado en la charla —dijo—. Iba a darte quince minutos más en la sala de entrenamiento, pero han venido para llevársela.

—No pasa nada. Solo necesito cinco minutos para prepararme.

—¿Qué ha ocurrido ahí dentro? La gente se está volviendo loca en los canales tunelados.

Los Valtay han bloqueado todos los intentos de emitirla en directo, pero la gente no deja de hablar de ella.

Dicen que atacaste a Circe Took y que la echaste del escenario de alguna manera.

Y que la Boticaria estaba allí animándote.

Me reí cuando agarré el cuenco de fruta que había en la encimera. Había aparecido antes, mientras entrenaba y se dieron cuenta de que no me había comido la galleta de mazmorrero. Lo guardé todo en el inventario, cuenco incluido.

Intenté sacar una trampa de alarma, pero me dio error.

No puedes sacar objetos del inventario en esta ubicación.

Mierda, mierda. Tendría que hacerlo todo al llegar. Empecé a colocar cosas en la barra de acceso rápido.

—¿Sabes una cosa, Zev? —dije mientras me ponía manos a la obra—. Me resulta extrañamente reconfortante que el juego del teléfono roto siga existiendo en este vasto universo nuestro. Me recuerda que no sois diferentes a nosotros.

—No sé a qué te refieres, Carl.

La ignoré y me dispuse a abrir el chat.

C ARL : Vale, chicas. Escuchad con atención. Estaré allí dentro de cuatro minutos. Voy a copiar y pegar aquí el plan. Leedlo rápidamente y luego avisadme cuando estéis en vuestros puestos. Katia, ¿estás cerca de una sede gremial?

K ATIA : Estoy entrando ahora mismo. Hemos intentado volver al lugar donde te encuentras tú, pero está demasiado lejos.

D ÓNUT : NO ENTRES EN LA ESTANCIA SEGURA.

C ARL : ¿Siguen desactivados los puntos en el mapa?

D ÓNUT : ESO PARECE. LLEVO UN RATO SIN SALIR. SAMANTHA SÍ QUE SIGUE AHÍ FUERA, PERO SE HA ENFADADO CONMIGO Y NO ME HABLA.

S AMANTHA : ME ABANDONASTE. ESTO ES PEOR QUE LA NADA.

PEOR QUE CUANDO MI MADRE ME HUMILLÓ DELANTE DE MI REY.

NO SÉ SI VOY A SER CAPAZ DE SOPORTAR TANTA HUMILLACIÓN.

PRIMERO, ESE PERRO ASQUEROSO Y BABEANTE ME TRATA COMO UN JUGUETE Y LUEGO NO HACES NADA PARA AYUDARME.

Y AHORA, ESTOY AMARRADA EN LA ESPALDA DE ESTE BICHO, RODEADA DE CABEZAS DECAPITADAS, UNA COMPAÑÍA MUY DESAGRADABLE.

D ÓNUT : PERO, CIELO, ANTES ERAS UNA MUÑECA HINCHABLE. ESTOY MUY SEGURA DE QUE ERES CAPAZ DE SOPORTAR HUMILLACIONES DE TODO TIPO.

S AMANTHA : ¿ME ESTÁS LLAMANDO PUTA? MATARÉ A TU MADRE.

Mientras discutían, activé una trampa de alarma dentro del inventario. En realidad, ya tenía otra activada en la lista, en la que no dejaba de sonar Kickstart My Heart de Mötley Crüe, pero llegué a la conclusión de que sería mejor tener algo más inmediato.

C ARL : Dejad las peleas por ahora. Dónut, ¿has leído el plan?

D ÓNUT : LUCIA Y SUS PERROS ESTÁN EN LA ESTANCIA SEGURA.

NO DEJA DE GRITAR Y AULLAR. LA ÚLTIMA VEZ QUE MIRÉ SE ESTABA DANDO PUÑETAZOS EN LA CARA.

HA DESTROZADO EL LUGAR. ES PEOR QUE AQUELLA VEZ QUE LA SEÑORITA BEATRICE DESTROZÓ LA COCINA CUANDO LE DIJISTE QUE DEBERÍA DEJAR DE INTENTAR VENDER ESAS MALLAS HORRIBLES.

CARL, LUCIA ESTÁ LOCA. SÉ QUE LO HABÍAMOS DICHO ANTES, PERO ESTÁ MÁS LOCA DE LO QUE CREES.

ESTÁ ESPERANDO A QUE SALGA. HA DESCUBIERTO UNA MANERA DE BURLAR LAS MEDIDAS DE SEGURIDAD.

TIENE TRAMPAS QUE ECHAN A LA GENTE DE LA HABITACIÓN.

SALÍ CUANDO CREÍA QUE SE HABÍA MARCHADO, PERO PISÉ UNA TRAMPA Y ME TELETRANSPORTÓ EN MITAD DEL ASENTAMIENTO.

Y LUEGO, CUANDO INTENTÉ VOLVER A LA ESTANCIA SEGURA, PISÉ OTRA.

ENTONCES SALIÓ DEL BOSQUE Y ME PERSIGUIÓ AL INTERIOR, JUSTO CUANDO LLEGABAN LOS CAZADORES.

MORDECAI Y YO QUERÍAMOS MATARLA, PERO ESTOS TIPOS LLEGARON MUY RÁPIDO, POR LO QUE CREEMOS QUE SABEN QUE VAS A APARECER AQUÍ.

AHORA LUCIA ESTÁ EN LA ESTANCIA SEGURA Y YO EN LA SEDE GREMIAL.

Y HAY MUCHOS CAZADORES AHÍ FUERA. SON SEIS O SIETE INSECTOS Y DIEZ DE LOS TIPOS CON TÚNICAS RARAS LLENAS DE TUBOS Y UNOS GORROS. UNOS GORROS MAGNÍFICOS, TODO SEA DICHO.

S AMANTHA : LOS GORROS TIENEN ESTILAZO, SÍ.

C ARL : Cagondiós, ¿pero has leído mis instrucciones o no?

D ÓNUT : INTENTO DARLE TRASFONDO A LA SITUACIÓN, CARL. Y SÍ, LEÍDAS.

K ATIA : Yo no podré crear una copia decente a tiempo, pero tengo una idea. Daniel tiene un animal de peluche llamado ratonero del callejón que servirá. Ya estoy en una mesa creando una corona falsa y unas gafas de sol. Es una pena que ya no tengamos a esa Dónut robot.

C ARL : ¿Lucia está en forma de mujer atractiva o de señora esquelética?

D ÓNUT : EN FORMA DE SEÑORA ATRACTIVA LA ÚLTIMA VEZ QUE LA VI, PERO FUE HACE TIEMPO. YA HA CAMBIADO UNA VEZ. POR CIERTO, ¿QUÉ ES UN RATONERO? NO ME GUSTA NADA CÓMO SUENA.

C ARL : ¿Los cazadores no han intentado entrar en la estancia segura, aunque sea solo para hablar?

D ÓNUT : QUE YO SEPA NO. CREO QUE SABEN QUE VAS A VOLVER. ESTÁN ESPERÁNDOTE. Y LUCIA ME ESTÁ ESPERANDO A MÍ.

S AMANTHA : SABEN QUE CARL VA A APARECER, PERO NO SABEN CUÁNDO EXACTAMENTE. Y ANTES NO SABÍAN DÓNDE.

El estómago me dio un vuelco.

C ARL : Samantha…

S AMANTHA : YA… ANTES NO LO SABÍAN. ES QUE INTENTARON TORTURARME PARA QUE LES CONTASE DÓNDE IBAS A APARECER.

Y LES SEGUÍ EL JUEGO. ¡COMO SI PUDIESEN TORTURARME A MÍ!

¡JA! LES DIJE UN LUGAR EQUIVOCADO. ¡LES DIJE UNO QUE SE ENCUENTRA A CINCO METROS DEL VERDADERO!

DE NADA. PERO LUEGO ESE TIPO DRÍADE CONSIGUIÓ SONSACÁRMELO, POR LO QUE AHORA SABEN EL BUENO.

PERO ESOS DE LAS TÚNICAS NO DEJAN DE PELEARSE CON LOS BICHOS PARA VER QUIÉN MERECE MATARTE.

CREO QUE ACABARÁN ASESINÁNDOSE ENTRE ELLOS ANTES DE QUE LLEGUES.

Respiré hondo.

C ARL : Vale. Queda un minuto para teletransportarme. Preparaos en la puerta. Y esperad a mi señal.

—Zev, ¿me dejará beberme una poción de invisibilidad antes de la teletransportación?

—P-pues no lo creo, Carl. Quedan treinta segundos.

Hice clic en una poción de sanación para poner a prueba la interfaz. Me dio error. Fantástico. Iba a llegar allí sin protección alguna.

—Vale. Ha llegado el momento —dije mientras se apoderaba de mí una calma bastante extraña. Lo que sentía en ese momento no tenía nada de pacífico. No obstante, sí que sentía calma. En las profundidades de mi mente, seguía notando ese movimiento, aquel río oculto, agitado.

«Este es tu lugar, Carl —aseguró el río—. Salta a los rápidos. Acepta el caos».

—Zev, si muero y Dónut sobrevive, cuídala, por favor.

—Haré todo lo que esté en mi mano, Carl —dijo Zev mientras yo empezaba a notar el cosquilleo de la teletransportación, como si cientos de manos me aferrasen para arrastrarme al abismo.