La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 33
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Capítulo 33

Nota añadida por la mazmorrera Rosetta. Novena edición.

Nunca confíes en los mercenarios.

Examiné las tres criaturas que tenía a la derecha, pero no reconocí a ninguna por el nombre.

Junto a mí había un alienígena ridículamente flaco, de rostro achatado y piel anaranjada con unos ojos enormes.

No llevaba nada de ropa y tenía la chapa pegada mágicamente a su cuerpo naranja claro.

Los ojos eran del tamaño de pelotas de sófbol y emitían una especie de chapoteos cada vez que se movían.

Tenía una ventana flotante frente a él y leía unas notas sin hablar con los otros dos, que sí que conversaban.

El nombre sobre su cabeza rezaba HAL DEL CENTRO .

La que estaba a su lado era una hembra, una sacaciana con el rostro lleno de tentáculos.

Me recordó a la princesa D’Nadia, pero la mitad de grande.

Llevaba una tela simple y azul que hacía que pareciese que iba ataviada con una sábana.

Y también daba la impresión de estar sucia.

El nombre sobre su cabeza rezaba SYDNEE IGLACIA. HISTORIADORA DEL MAZMORREO .

El tercero era un elfo calvo, anciano, albino y con muchas cicatrices que reconocí de inmediato como uno de esos comemierdas del Sueño. Un elfo selenita. Se llamaba DRICK . A pesar de su avanzada edad, vi los músculos marcados en su camisa de seda.

«Este tipo era mazmorrero».

Estaba escuchando a la sacaciana hablar sin parar sobre algo que yo no entendía demasiado bien, algo sobre números de audiencia de la temporada anterior. Él la contemplaba con el rostro impertérrito.

Estaba claro que no sabían que yo estaba ahí.

—Oye —grité a los guardias gnoll sentados en el rincón—, ¿quiénes son estos tres tipos?

Frito gruñó. Ninguno se puso en pie. Estaban sentados entre una nube de humo.

—El primero, el de los ojos, es un exguía del juego.

De antes de que se usasen antiguos mazmorreros.

Ahora tiene un programa muy exitoso llamado Hal del Centro Comenta Tácticas .

No sé quién es esa zorra con cara de pulpo, aunque ahí dice que es historiadora.

El último es Drick. Fue mazmorrero hace mucho tiempo y consiguió escapar al final del undécimo piso.

Fue en una temporada de los Valtay y usaba una sierra de plasma como arma principal.

—Sí, es un puñetero psicópata —añadió Moxo—. Pero es divertido, por lo que lo usan mucho en las charlas. Creo que ahora tiene uno de esos gusanos en la cabeza. No me acuerdo bien.

—No digas eso aquí —gruñó Frito a su compañero—. Pero sí que lo tiene, sí. Murió hace unos años en una pelea en una estación de paso, pero tenía un contrato con los Valtay y lo encontraron a tiempo.

—Siempre lo hacen —dijo Moxo—. «Intentamos mantener con vida lo mejor de ti» —canturreó con una melodía de tono publicitario.

—Entonces ¿crees que Carl va a sobrevivir? —preguntó Sydnee al elfo—. Si muere, esta charla será su última aparición. Vendrá genial para las ventas de mi libro.

—Bueno —comentó Drick, con una voz cargada de desprecio—. Es probable que esté sentado en esa silla ahora mismo escuchando todo lo que dices. Lo sabes, ¿no?

—Qué va. No dejan que los mazmorreros oigan estas cosas —aseguró Sydnee—. Los Valtay están mucho más pendientes de la seguridad que los peces del fango.

Drick gruñó.

—Los Valtay no están gestionando el mazmorreo. Eso lo sigue haciendo la Corporación Borant. Hay una gran diferencia. Todo esto son infraestructuras de los peces del fango.

Se giró y me miró directamente.

—Sea como fuere, es muy probable que sobreviva —dijo—. Esto va a ser un caos, y Carl se engrandece con el caos. Va a tener que pasar a la ofensiva, eso sí. Tanto los nebs como las mántides estarán por allí, aunque no sabrán el lugar ni el momento exactos en los que aparecerá.

—No entiendo por qué les dijeron que estaría allí —comentó Sydnee—. Me parece una traición.

—No —comentó Hal del Centro, que habló por primera vez.

No había dejado de mirar la pantalla. Tenía un acento extraño, como si fuese del África occidental—.

Drick tiene razón. Invocar a los cazadores era la mejor opción después de que Lucia lanzase esos conjuros y acampase por allí.

No hubiese tenido oportunidad de vencerla en un enfrentamiento cara a cara.

Esto sigue siendo una estratagema desesperada, pero los cazadores no sabrán el lugar ni el momento exacto en los que va a aparecer, por lo que Carl tendrá más posibilidades de sobrevivir que contra la ladjablès. Sobre todo ahora que está tan enfadada.

—No entiendo nada —dijo Sydnee.

—Espero que Carl sí que lo entienda —comentó Hal del Centro. Dedicó una sonrisa a Drick—. Ojalá nos permitiesen contarle esto directamente a él. Pero ya veremos qué pasa. Mirad, viene la moderadora.

Se abrió una puerta circular al fondo de la sala enorme, parecida a la boca de algún tipo de bestia.

Por unos instantes, vi una gran multitud al otro lado, con luces parpadeantes y cosas que volaban de un lado a otro por los aires.

El estruendo se volvió más intenso, una combinación de vítores y abucheos.

La vista quedó bloqueada poco después por el insecto enorme que entró en la habitación.

Las puertas volvieron a cerrarse con un movimiento circular y dejó de oírse el ruido del exterior.

La multitud de las gradas se quedó en silencio mientras la mujer insecto recorría el pasillo del centro. La manera en la que se movía me recordó a la de una luchadora de lucha libre malota abriéndose paso hasta el cuadrilátero, aunque sin música ni gritos.

La examiné. Había visto a Vrah en acción varias veces en el episodio resumen, pero no estaba preparado para lo terrorífica que podía llegar a ser aquella cosa en un ambiente más mundano.

El corazón se me aceleró cuando la mujer, que supuestamente era la madre de Vrah, fue directa hacia mí. Me mareé y empezó a dolerme la cabeza.

Circe Took tenía el tamaño de un humanotauro.

Su cabeza era similar al casco de insecto de Odette, pero no era exactamente igual.

Contaba con unas antenas que le colgaban del cráneo y que parecían rastas, lo que hizo que se me pareciese a los de la película Depredador .

Tenía las patas superiores plegadas y parecían hojas segmentadas de un metro de largo diseñadas para perforar y destripar a sus enemigos.

Un par de patas secundarias con tres dedos a cada lado colgaban debajo de esas armas naturales.

El cuerpo de insecto largo se sostenía sobre tres patas con pinchos y también segmentadas.

Eran apéndices que también parecían mortíferos.

Estaba claro que aquella criatura solo había nacido para una cosa: cazar y matar a sus presas.

Un par de alas translúcidas le destacaban plegadas a la espalda y cubrían un abdomen blindado.

Las seis patas emitían chasquidos sin parar mientras descendía por las escaleras, cruzaba el espacio y terminaba colocándose junto a mí detrás de la mesa.

Giró la enorme cabeza para mirarme. Los ojos compuestos y espejados me examinaron, momento en el que me di cuenta de que ella sí que me estaba viendo.

Me estremecí. Me dieron ganas de toser, pero me contuve.

—Tu suerte es una deshonra para el Enjambre —dijo al fin.

—El Enjambre me puede comer los huevos —respondí.

Zum.

El ataque fue rapidísimo, tanto que no me dio tiempo a reaccionar.

La pata superior derecha descendió a toda velocidad, atravesó parte de la mesa y se le quedó enterrada. Unas virutas salieron despedidas por todas partes. Algunos de los que estaban en el público se estremecieron a causa de la sorpresa.

Si hubiese estado sentado ahí de verdad, me habría partido por la mitad.

—Dioses —aulló Hal del Centro, con una voz que sonó una octava más aguda. El alienígena extraño y plano saltó de la silla y cayó de espaldas. Tenía dos patas cortas que empezó a agitar con impotencia durante un minuto como si fuese una tortuga enfadada.

Me gustaría decir que mi falta absoluta de reacción fue porque estaba tranquilo y sabía que no podía hacerme nada, pero en realidad fue porque ocurrió demasiado rápido. Aun así, conseguí recomponerme y alcé la vista para mirar a la insecto con una sonrisa.

—Me pregunto cuántas veces habría practicado ese movimiento tu hija. Es una pena que nunca tuviese la oportunidad de usarlo.

Un piar grave brotó de lo que supuse que era el cuello de la mantis. Se agitó varias veces, como si estuviese intentando reprimirse.

—Levanta —dijo Circe a Hal, que seguía en el suelo mirando a la insecto aterrorizado. En ese momento me di cuenta de que él seguía sin verme y había dado la impresión de que Circe lo había atacado a él. Era muy probable que se hubiese cagado encima.

Y, sin más dilación, Circe Took se giró hacia el público.

—Estamos aquí reunidos para hablar sobre la historia del mazmorreo. Sobre eso y nada más. Soy la moderadora. Por lo tanto, estaré a cargo de la discusión. Haré preguntas a los cuatro invitados en el caso improbable de que crea que la discusión necesita de sus comentarios. Ahora, las presentaciones.

Empezó por el otro extremo de la mesa, señalando a Drick. Lo hizo con la misma pata que acababa de usar para golpear la mesa y, al levantarla, me atravesó la cabeza holográfica directamente. Yo seguía siendo invisible para la multitud.

—Drick es el afamado mazmorrero iguanoide transformado en elfo selenita de hace aproximadamente cuatrocientas temporadas.

Consiguió una cantidad de bajas impresionante para ser mazmorrero.

Lo apuñalaron por la espalda después de una pelea de bar en una estación de paso, ya que se había pasado el día fanfarroneando sobre su capacidad para el combate.

Ahora está bajo el control de un gusano Valtay.

Los aplausos empezaron a extenderse entre el público.

—Junto a él tenemos a una sacaciana. Ni idea de quién es.

—Me llamo Sydnee y soy la autora de… —empezó a decir la mujer.

Circe la interrumpió.