La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 32 #2
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Capítulo 32 #2

—¡Ah del barco! —dijo el tejón. El nombre que flotaba sobre su cabeza rezaba simplemente ENTRENADOR —.

He oído que quieres aprender a hacer explotar cosas, desactivar trampas y quizá también a preparar un veneno o dos con esta mesa.

Pues has venido al lugar adecuado, grumete —dijo el tejón virtual—.

Veamos. —Hizo una pausa y le empezó a brillar el ojo—.

Arrr. Parece que ya sabes de qué va esto.

Yo diría que podrías enseñarme a mí varias cosas. ¿Qué puedo hacer por ti?

—Hay un tipo de bomba específico que me gustaría aprender a crear —expliqué—. Supongo que podría considerarse una trampa. Creo que tengo la mayoría de los componentes, pero me sigue faltando la última parte —expliqué.

Él sonrió y se quedó pensando unos instantes.

—No, no es una trampa. Ni una bomba. Es un arma.

El explosivo en sí no será un problema, pero lo que me pides requiere un tipo de mesa diferente.

Veo que tienes un estudio de dinamitero y una mesa de ingeniería, y podrías usarlos aquí.

Pero eso no es lo que necesitas, grumete.

Deberías tener una mesa de trabajo de hipnotista o un altar de nigromante.

O quizá una guardería de arañas. Veo que recientemente has conseguido un establo de mascotas para tu espacio personal.

Necesitas algo que te permita tener varios secuaces que no sean temporales.

Eso o un puñado de amigos suicidas. Hum…

Pues parece que no va a poder ser. Por el momento, al menos.

Tengo la fórmula de una trampa que te permite infectar a un grupo entero con la lepra de dedos apestosos.

Tardarás tres horas en aprenderla. Cuatro si quieres añadir el módulo de hongos adicionales. ¿Quieres que te la enseñe?

«Joder —pensé—. Necesitamos esta sala sí o sí».

Este entrenador era una IA de verdad, no el PNJ mecánico que teníamos en nuestra sala.

Y también tenía acceso a varias versiones de este tipo.

Si abría la mesa de alquimia, seguro que aparecía una versión diferente, alguien con quien Mordecai podría hablar.

Por desgracia, era una sala de nivel 4, lo que significaba que no íbamos a tener acceso a algo así hasta alcanzar el duodécimo piso.

Me pregunté si algún mazmorrero habría conseguido aquella habitación antes, teniendo en cuenta los pocos que habían llegado tan abajo.

Me quedaban menos de cuatro horas para aprovecharla al má­ximo.

—Centrémonos en la primera parte de mi idea. Llevo un tiempo trabajando con bombas adhesivas, pero las que he creado no pegan demasiado bien. Ahora mismo no puedo entrar en mi inventario para mostrártelas, pero esperaba que pudieses ayudarme.

—Hum… —dijo él, mientras volvía a relucirle el ojo—.

Creo que sé cuál es el problema. Vamos a guardar esta mesa y saquemos el estudio de dinamitero avanzado.

Después, usaremos la mesa de alquimia un minuto, momento en el que tendrás que hablar con mi socio.

Pero el procedimiento completo durará unas dos horas. ¿Te parece bien?

—Vamos allá.

Se ha iniciado el módulo de entrenamiento.

Los guardias Frito y Moxo llegaron mientras entrenaba mi Golpe poderoso.

Después de ponerme con las bombas adhesivas y alguna que otra cosa más, lo único que podía hacer en quince minutos era subir esa habilidad.

Esperaron a que terminase el entrenamiento, con el que conseguí subir de nivel 9 a 10.

Llevaba atascado en 9 desde hacía una semana y subir lo más mínimo me costaba la vida.

El tipo con el que había entrenado dicha habilidad era el mismo que en mi sala de entrenamiento normal, pero ahora hablaba y me insultaba mientras golpeaba los muñecos de madera. Tenía datos para visualizar la efectividad de cada golpe, lo que me permitía efectuarlos mejor.

Con las bonificaciones del equipamiento y los beneficios adicionales de la especie primigenio, debía tener la habilidad a nivel 16, pero según la pantalla de la sala de entrenamiento se había quedado en 15.

Mordecai me había advertido de que era algo que podía ocurrir.

La especie primigenio me permitía entrenar habilidades y conjuros por encima de nivel 15, pero las mejoras de armas y armaduras perdían efectividad al llegar a 15, lo que significaba que algunos beneficios, como el +1 a Golpe poderoso de un guantelete, se veían muy reducidos.

Pero eso no significaba que dejasen de funcionar al llegar a 15.

Se llevaban a cabo unos cálculos muy complicados que yo no llegaba a comprender.

Era parecido a como funcionaba nuestro espacio personal cuando le anexabas varias estancias.

El resumen era que el +1 a Golpe poderoso del guantelete y el +5 adicional de mi anillo de pie seguirían funcionando después de 15, pero era probable que antes tuviese que subir la habilidad base a 12 o así.

Cada nivel por encima, empezarían las reducciones.

Si quería llegar a 20, lo más seguro era que tuviese que entrenar para subirla a 17 o a 18, algo que no creía que llegase a ocurrir jamás.

—Vamos. La charla empieza dentro de muy poco —terminó por decir Frito—. Nos arrancarán el pellejo si llegamos tarde.

Llegamos al estudio que había usado para el concurso de arte, que ahora se había transformado en una estancia mucho más grande.

Había un público virtual por la zona. No parecían verme.

En el escenario se encontraban un tigador y una pareja de enanos, así como lo que parecía ser una versión de un cuarto del tamaño de uno de esos autómatas enanos del cuarto piso.

Uno de los enanos estaba frente a una mesa de trabajo preparando algunos objetos en ella. Alzó la vista y se sorprendió al vernos.

—Anda. Hola —dijo mientras pasábamos frente a él. Era un anciano y llevaba la chapa de la MazmorraCon alrededor del cuello. El nombre sobre su cabeza rezaba DOCTOR TRINQUETE .

—¿Me ves? —pregunté.

—Creo que estamos en la misma habitación —dijo el doctor Trinquete—.

A veces es difícil de distinguir. Pero estoy de visita en el planeta y he tenido que alquilar este lugar para mi charla.

Esta parte de la nave tiene acceso a los protocolos de IA de la mazmorra y era la única disponible.

—Le dio unos golpecitos a la mesa—. Necesito a mi amiga para la demostración, por lo que me temo que tendrás que ir al piso de arriba. Lo siento.