La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 32
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Capítulo 32

—Zev —dije cuando volví al camerino. La kua-tin seguía sentada en el banco de metal. Estaba mirando fijamente una pantalla, pero volvió en sí en el momento en el que entré en la estancia—. ¿Quién estará en la charla conmigo?

—¿Por qué votasteis para que ganase una niña gnoll? —preguntó Zev—. Los tres le disteis una puntuación perfecta. Llevo varios minutos viéndolo y no lo entiendo. ¿Es un chiste o algo así?

—La charla, Zev —insistí.

—Ah, sí —comentó ella—. Eso, claro. Empieza en aproximadamente cuatro horas. Os llevarán a una habitación diferente para participar, ya que tienen que usar el estudio anexo a este para otra cosa. Los horarios son una pesadilla. Me alegra no estar a cargo de la convención.

—¿Quién es la moderadora?

—Se llama Circe Took. Es reina de un enjambre menor. Una mantis. No forma parte de su ejército ni del clan de los Excavadores. Es como una mujer de negocios, pero que empezó como cazadora y se hizo bastante famosa durante un tiempo. Tiene un parque de atracciones.

—Pues, al parecer, maté a su hija.

—Sí. A Xindy, la hermana pequeña de Vrah. Era su primera cacería. El pueblo de las mantis se pone muy dramático con cualquier cosa. Esa mujer es una reina de enjambre, lo que significa que probablemente tenga decenas de miles de crías. Intenta evitar hablar sobre su gobierno y no habrá problema.

Suspiré. Supongo que, en realidad, tampoco es que tuviese forma de empeorar las cosas.

Era imposible conseguir que Vrah tuviese más ganas de matarme de las que ya tenía.

O menos ganas. Pero eso explicaba la advertencia de Zev.

Más o menos. Si esa mantis había encontrado la manera de hablar con su hija dentro de la mazmorra, eso significaba que Vrah sabría exactamente dónde y cuándo iba a aparecer yo al regresar.

—¿Por qué no puedo volver ahora? —pregunté—. Será llegar y meterme en la estancia segura.

—Yo volveré a la base dentro de unos pocos minutos —me explicó Zev, que ignoró mi pregunta—.

A ti vendrán a buscarte aquí en poco más de cuatro horas.

Después de que me marche, los de seguridad traerán una cama y un módulo de entrenamiento que se anexará a la estancia.

Si fuese tú, descansaría un poco y también entrenaría algo.

Tras la charla, volverás aquí y te daré instrucciones.

Y luego volverás a la mazmorra. ¿Entendido?

—Muy bien —dije mientras me dejaba caer en el banco de metal junto a Zev—. ¿Cómo va lo de la charla? Nunca he hecho nada parecido.

Ella agitó una mano muy pequeña.

—Esta se llama «Historia del mazmorreo».

He mirado la lista de participantes y no hay nadie que conozcas.

Tú eres el único mazmorrero actual, de hecho.

Normalmente, el mazmorreo y la convención no tienen lugar al mismo tiempo, pero a veces pasa.

Solo han permitido acudir a cuatro mazmorreros activos, pero participáis en todo tipo de eventos.

Bueno, serían cinco, porque los Popov en realidad cuentan como dos.

Tienes suerte de ser el único que participa solo en tres eventos.

Eso ha sido porque estás aquí gracias a una caja de aficionado.

Los Popov tienen como diez eventos programados.

—¿Y quiénes son los otros dos?

—Alguien llamado Chirag Ali y tu vieja amiga Tserendolgor. No verás a ninguno de ellos, pero se supone que mañana compartirás la mesa de autógrafos con los hermanos.

Había visto el nombre de Chirag Ali, pero no sabía quién era.

Esa persona había aparecido de vez en cuando en la lista de los diez mejores.

Tserendolgor era una soldado con forma de perro que parecía un pastor alemán.

Habíamos luchado con ella al final del cuarto piso y habíamos salvado su burbuja entera al final del quinto.

A Dónut no le caía bien y se iba a enfadar si descubría que la habían invitado a la convención.

—Ojalá Lucia estuviese por aquí. Al menos así no estaría en la mazmorra.

Zev gruñó.

—Lucia lleva bastante tiempo sin dar una entrevista ni participar en un evento. Es demasiado… impredecible. —Zev hizo una pausa al ver la preocupación en mi rostro—. Dónut está bien por el momento, Carl. De verdad. Ella no es quien está en peligro.

Sabía lo que significaba eso. Me iban a volver a enviar a la mazmorra, a la boca del lobo. Seguro que sería una trampa, pero desconocía los detalles.

—¿Estás…? ¿Estás bien, Zev? Dónut parece muy preocupada por ti.

La mujer pez sonrió con tristeza.

—Estoy lo mejor que podría estar. No sé qué está pasando en casa, ya que el sistema entero ha cortado toda comunicación.

Cuando todo esto termine, aquellos que nos hemos quedado en la mazmorra después del cambio no sabemos si seremos bienvenidos en casa o si nos ejecutarán por traidores.

Además, ya sabes que asesinaron a toda mi familia porque me negué a llevar un pin.

Pero tengo un trabajo que hacer. Es hora de que me marche, Carl. Nos vemos en unas pocas horas.

Su forma titiló y luego desapareció antes de que me diese tiempo a despedirme.

Un par de guardias gnoll entraron en la estancia un minuto después.

Se llamaban Frito y Moxo. Yo me aparté mientras Frito colocaba una «cama» en un rincón.

No era más que un panel azul brillante sobre el que podía andar, pero que me ayudaría a recuperarme y me pondría una ventaja durante treinta horas.

Era una cama de nivel 3, una que no podría comprar hasta que llegásemos al noveno piso.

También me trajeron una galleta de mazmorrero y la dejaron sobre la mesa.

Y luego colocaron una puerta en otra pared, sobre la que había un cartel que rezaba SALA DE ENTRENAMIENTO DEFINITIVA .

—¿Eso funcionará? —pregunté mientras miraba la puerta—. No puedo abrir mis sistemas.

—Funcionará —dijo Frito. Hizo una pausa, se inclinó hacia delante y susurró—: El capitán te envía saludos.

Esto es una sala de entrenamiento de nivel 4, por lo que te aconsejo que la aproveches bien.

No podrás mangar la sala de entrenamiento ni la cama cuando salgas de aquí, pero a un tipo listo como tú seguro que se le ocurre algo creativo.

Te permitiremos usar el inventario justo antes de que regreses a la mazmorra, que lo sepas.

Los mercenarios se despidieron con un gesto de la cabeza y se marcharon.

Me acerqué a la supuesta cama y me sentí recuperado al instante.

Se me erizó el vello de la piel durante un momento, como si estuviese pasando a través de un chorro de agua.

No sabía si me habían dado logros o notificaciones por usarla.

Examiné la galleta de mazmorrero; tenía aspecto normal y olía a galleta.

La volví a dejar sobre la mesa. Sin la capacidad de examinar las cosas con la interfaz, me negaba en rotundo a comérmela.

Me giré hacia la sala de entrenamiento.

Curiosamente, mi habilidad de portales de los Valtay funcionaba. No podía usar ni entrar en ninguno de los menús, ni tampoco abrir las descripciones del portal subespacial, pero vi que la puerta estaba rodeada por ese brillo característico que tenían todos los portales.

Me encogí de hombros y entré.

El lugar era idéntico a la sala de entrenamiento que teníamos en la base.

En ese momento, se abrió el menú con total normalidad.

Me permitió navegarlo y elegir un entrenamiento, pero si dicho entrenamiento requería algo que llevase en el inventario, como un arma, no iba a poder usarlo.

No obstante, podía elegir varias cosas, como Golpe poderoso o A puño limpio.

Tardé un rato en darme cuenta de por qué aquella sala era de más nivel que la nuestra.

Primero, al parecer podía entrenar hasta seis horas al día y hasta seis habilidades diferentes, no una hora y una habilidad, como era nuestro caso.

Además, ahora me indicaba cuántos entrenamientos restaban para que dicha habilidad subiese de nivel.

Y también me daba una bonificación adicional al entrenamiento.

Segundo, en la lista había diferentes tipos de entrenamiento.

La sala combinaba varios tipos de salas en una.

No solo se podían entrenar habilidades y armas.

El lugar era una mezcla de la sala de entrenamiento normal, el taller mágico, el taller de explosivos y muchas otras habitaciones similares.

Me daba la opción de entrenar los conjuros normales, así como los que estaban asociados con los objetos, como Caparazón protector.

Al parecer, si mejoraba el conjuro en la sala de entrenamiento, el objeto asociado, que en el caso de Caparazón protector eran mis bóxer, era el que se mejoraba. Interesante.

Pero también podía entrenar usando las mesas de artesanía, como la de zapador o el taller de explosivos. Sin duda aquel era uno de los puntos fuertes de la sala. No tenía que estar al lado de las mesas. Lo único que hacía falta era que estuviesen instaladas en mi estudio de creación.

Encontré una MESA DE ZAPADOR en la lista e hice clic en ella para ver qué pasaba.

Una mesa de nivel 5 que me resultaba muy familiar apareció en el suelo.

Era idéntica a la mía, aunque estaba menos chamuscada.

Pasé la mano sobre la superficie y tampoco estaba pegajosa.

Recordé aquella vez en la que había hecho explotar «por accidente» una bola de discoteca hobgoblin.

Había dejado restos por todas partes. Las mesas eran el único lugar de nuestro espacio seguro que el pobre robot limpiador ni se atrevía a tocar.

En lugar del típico entrenador con varios brazos que solía aparecer, en esta ocasión apareció frente a mí poco a poco una especie de tejón con un parche en un ojo y un garfio en lugar de mano.