Capítulo 28
¡Logro desbloqueado! ¡Misioyaculación precoz!
¡Has completado una misión antes incluso de tener constancia de ella! Prever lo que va a ocurrir es una cosa, pero esto es absurdo. Es como correrte en los pantalones antes de que a tu cita le dé tiempo a desatarse los cordones de los zapatos.
Patético.
Recompensa: ¡No has conseguido nada! ¡Y el premio habría sido una caja de misión buenísima!
—¡Esto es un ultraje! —gritó Dónut desde el árbol.
Había entrañas por todas partes y no quería bajar. Me hice con la guía de campo de barrio del cadáver del jefe, en la que aparecían las partes del río que estaban ocupadas por las náyades y aquellas por las que se podía cruzar sin problema. Era información muy útil, la verdad.
No me había quedado claro a qué misión pertenecía el jefe, pero tenía un pálpito.
Signet y el pelotón de batalla habían acabado con todo lo que había en el castillo excepto con la rana del salón del trono.
Era probable que el sistema estuviese a punto de encargarme la misión de eliminar a la criatura, pero me había adelantado teletransportando a Samantha, que se encontraba en su estómago.
También le había salvado la vida a Holger sin querer, pero él solo podía pensar en otra cosa.
—Dioses, no, no. ¡Señorita Nadine! ¡Señorita Nadine! —empezó a gritar cuando se calmaron un poco las cosas—. ¡Primero Clint y ahora la señorita Nadine!
El castor alzó la cabeza y empezó a gritar hacia el cielo.
—¿Clint? ¿Clint ha muerto? —preguntó Dónut desde el árbol.
—Lo mataron delante de mí —explicó Holger, que había empezado a frotarse los ojos—. Y también a la señorita Nadine. Llevaba tantísimo tiempo cuidando de nosotros. —Sorbió los mocos—. La consideraba mi madre. Es como si hubiese muerto mi mamá…
—Ha sido culpa mía —dije al tiempo que me ponía en pie. Samantha se apartó de mi regazo y empezó a rodar en círculo sobre la sangre—. Invoqué a la criatura a este lugar por accidente.
—No. No ser culpa tuya —dijo Areson—. La señorita Nadine ir a entrar en el agua. Haberse ahogado igual. Morir luchando. Como guerrera.
—Es culpa de esa cosa que la mató —aseguró Holger—. Oh, señorita Nadine. —El castor alzó la vista hacia el otro—. ¿Crees que quedará suficiente de ella? ¿Crees que era digna?
—Ser digna —aseguró Areson.
No tenía ni idea de qué estaban hablando. Volví a girarme hacia el agua. Por allí seguían luchando, pero la agitación era mucho menor que antes. Aún oía la canción amortiguada en las profundidades. Para sonar así, tenía que estar a mucho volumen.
Me centré en la otra orilla. No veía qué estaba pasando, pero los habían atacado. Estaba demasiado oscuro como para usar el catalejísimo de los gnomos. Saqué la extensión de la xistera y la coloqué.
—Samantha, tengo una misión de reconocimiento para ti.
—¡Qué bien! —dijo ella, que rodó y se chocó contra mis piernas.
S AMANTHA : YA CASI HE LLEGADO. HUELO LA SANGRE.
Había tirado a Samantha unos diez minutos antes, pero me había pasado con la fuerza y había aterrizado muy lejos en la oscuridad. Insistió en que podía llegar a la orilla sin ayuda y que ya estaba de camino.
Mientras esperábamos, pasé algo de tiempo por la pendiente que llegaba hasta el agua buscando trampas y desactivándolas.
Podía usar el conjuro Patoso para hacerlo con todas al mismo tiempo, pero necesitaba entrenar la habilidad Encontrar trampa, que se me había estancado a nivel 9.
Las trampas de invocación eran difíciles de localizar y había varias desperdigadas por la zona.
Las pisé por accidente dos veces, y ambas invocaron a un par de guardias náyade.
Al parecer, teletransportaban a unos guardias específicos y, en ambos casos, fueron guardias que ya habían muerto.
Todos habían sido asesinados por los hombres castor.
Después de saquearles el equipamiento cutre y alguna poción de salud, continué.
Tras descubrir la tercera o la cuarta trampa, al fin la habilidad me subió a nivel 10.
En ese momento, la pendiente se iluminó como un escaparate en Navidad, y yo me puse a desactivar y a hacerme con todo.
La mayoría eran alarmas silenciosas y de invocación, pero también había unas pocas de esas trampas de pegamento que hacían que no te pudieses mover durante un minuto entero.
Después de volver a la parte superior de la pendiente, examiné una de las diez trampas de invocación que había conseguido.
Trampa de invocación.
Es una trampa reciclada.
Efecto: Una vez activada, invocará a dos guardias del pueblo o secuaces hasta la ubicación de la trampa.
Solo invocará a dos guardias o secuaces aleatorios de este piso.
Si no tienes secuaces o si no controlas un pueblo, la trampa fallará.
Pueden programarse guardias o secuaces específicos en una mesa de zapador.
Retraso: Dos segundos.
Objetivo: Programable.
Duración: Un solo uso.
Podía llegar a ser útil, pero no tenía asentamientos capturados en este piso. Ni tampoco secuaces. Eso era más bien cosa de Dónut. Si llegábamos a usarla, tendría que ser ella la que la programase. La guardé por el momento.
S AMANTHA : ESTÁN TODOS MUERTOS. PARECE QUE LOS HUBIESE ATROPELLADO UNA TRILLADORA DE MAÍZ. A UNO DE LOS OSOS SOLO LE QUEDA LA CABEZA. OTRO PARECE UNA GALLETA A LA QUE LE HAN ARRANCADO UN PEDAZO DE UN MORDISCO.
C ARL : ¿Ves algún rastro de los dinosaurios que lo hicieron?
S AMANTHA : SOLO HUELLAS. Y PARECE QUE SOLO FUE UNO. TIENE TRES DEDOS. LA HUELLA ES LO BASTANTE GRANDE COMO PARA METERME DENTRO. AH, TAMBIÉN HAY PLUMAS ROSA POR TODAS PARTES.
C ARL : Las plumas rosa indican que Kiwi la mongoliensis estuvo también por ahí.
S AMANTHA : PUES NO SÉ, PERO NO DEJÓ MÁS RASTRO. LOS CADÁVERES ESTÁN MUERTÍSIMOS, MUCHO MÁS DE LO QUE ESTARÍAN SI LOS ATACASE MONGO.
C ARL : Muy bien. Agarra una pluma. Voy a teletransportarte.
Se lo conté todo a Areson mientras esperábamos a que Samantha encontrase una pluma y se la metiese en la boca.
El agua había dejado de agitarse. Aparecieron algunos cadáveres más en la superficie del río, todos de náyades.
Holger volvió a meterse en el agua para contarles a los demás lo que había ocurrido.
Separé la extensión de la xistera , lo que hizo que Samantha reapareciese a mi lado con un pop.
Gruñó y dejó caer al suelo la pluma. Después, se alejó rodando entre la maleza.
Dónut no se había bajado del árbol. Se había acomodado entre varias ramas y se había puesto a roncar mientras Mongo seguía chapoteando entre los restos del cadáver del jefe.
Extendí el brazo para coger la pluma. Estaba sucia, aplastada y era pequeña.
Si pertenecía a Kiwi, debía de habérsele caído hacía bastante tiempo.
Me recordó a esas que se meten dentro de las almohadas, pero un poco mayor.
Es una pluma. Es rosa. No sirve para nada. ¿En serio vas a hacerme describir esta mierda? ¿También quieres que describa la tierra que pisas con esos piececitos tuyos?
—Parecer de Gran Tina —dijo Areson cuando terminé de describirle lo que había encontrado Samantha—. Normalmente no estar tan al este, pero parecer de ella. Llevar una boa rosa.
—¿Gran Tina? —pregunté mientras arqueaba una ceja—. ¿Y lleva una boa, un collar hecho de plumas? ¿En serio?
—Una boa rosa. No ser más que una cría —explicó Areson—.
Pero ser dinosaurio grande. También llevar varita, pero quedarse sin conjuros hace mucho tiempo.
Tener problemas para controlar rabia. Y no gustar nada los osunos.
Comerse a todos. Soler estar con los mongoliensis, pero escapar mucho y meterse en problemas antes de encontrarla.
Ser la que ataca normalmente el asentamiento río abajo donde tú quedar.
Las otras dinos siempre ir a por ella. Por eso yo quedar en esta orilla del río. Ella ser peligrosa. Ser buena matando.
Misión actualizada. El recital.
Hay por ahí una dinosaurio llamada Gran Tina que se está portando muy muy mal. Está relacionada de alguna manera con los ataques a Villa Mongo y a otros asentamientos. Descubre qué trama esa cría de dinosaurio loca. Mátala para salvar los asentamientos o descubre qué le pasa y ponle remedio.
—¿Qué? ¿Qué está pasando? ¡Aaah! —gritó Dónut de repente. Cayó del árbol, pero aterrizó sobre las patas en mitad de la sangre. Bufó consternada y luego se alejó con el pelaje encrespado. Terminó sobre mi hombro lamiéndose las patas con rabia.
—Carl, esa notificación me ha despertado —dijo entre lengüetazos—. Nunca había ocurrido antes. Si vas a ponerte a hacer misiones, me gustaría que lo hicieses cuando estoy preparada.
—Estabas durmiendo fuera de una estancia segura —expliqué.
—Porque me aburro, Carl. Y si me aburro, la Pandilla de la Princesa también se aburre. Solo nos hemos enfrentado a un jefe en toda la noche. ¡Solo he disparado una bola de fuego!
Nos interrumpió Signet al regresar. Salió a la superficie con un salpicón estruendoso, y el agua se derramó por los extremos del campo de fuerza que la rodeaba como aceite en una sartén caliente.
Todos los tatuajes habían regresado a su piel y venía acompañada por los hombres castor, quienes se acercaron a los restos de la señorita Nadine y empezaron a llorar.
—Mierda. Mierda, mierda, mierda —dijo Signet mientras miraba los restos desperdigados en los que se había convertido la oruga gigante.
—Gran Tina matar osunos de la otra orilla —explicó Areson.
Signet negó con la cabeza.
—Qué desastre. De haber sabido que las defensas del castillo eran tan pobres, habría entrado yo sola.
—¿Qué ha pasado ahí abajo? —pregunté.
—Nos hicimos con el castillo. Aún quedaban muchos guardias, pero el lugar se habría derrumbado solo en unos pocos meses.
Hay una plaga de algas y los puñeteros Confederados han dejado de intentar gobernar hace mucho tiempo.
Casi ni opusieron resistencia. Habían perdido el control del salón del trono por culpa de un eryops de mierda.
El reino está en las últimas. Después de liberarnos de las cadenas de los altos elfos, tendrán que encontrar un gobernante adecuado para repararlo todo y que empiece con el proceso largo y lento de volver a traer a los ciudadanos.
Es una pesadilla. Seguro que mi madre está llorando al otro lado del velo.
—Pero ¿has liberado el castillo? ¿Has derrotado a la Confederación? —pregunté.
—Sí, eso ya está hecho.
Misión completada. La venganza de la hija. Primera parte.
Les gustas un 20 % más a todos los miembros supervivientes del ataque. Pero eso no significa nada, claro. Sobre todo si tenemos en cuenta que la mitad de los atacantes han muerto porque dejaste sin protección la orilla meridional. El verdadero premio llegará con el final de la segunda parte.
Intercambié una mirada con Dónut y esperé por la notificación. Llegó de inmediato.
Nueva misión. La venganza de la hija.
Segunda parte de dos.
Zarina Signet ha recuperado el castillo de su familia, pero tanto el lugar como la Confederación estaban en ruinas.
Su pueblo ha regresado a una época anterior a que la sociedad les enseñase que comerse a todo el mundo con el que se topaban es de mala educación.
Ahora se han convertido en animales salvajes y egoístas, criaturas que recuerdan a aquellos que pisotean a otros para comprar televisiones en el Black Friday todos los años.
Signet tiene mucho trabajo por delante para reunir a los suyos.
Pero eso es muy aburrido y no vamos a obligarte a que lo hagas. Nosotros seguiremos con la venganza y pisaremos el acelerador hasta que llegue la mejor parte.
Los verdaderos culpables de todo esto son esos altos elfos asesinos y xenófobos.
Y, como el rey Finian está muerto, tu objetivo es la hermanastra de Zarina Signet: la reina Imogen.
Esta maga solitaria de pura sangre no suele salir de las estancias profundas e impenetrables del castillo de los altos elfos.
No obstante, sí que hace una aparición anual en la fiesta que su pueblo da para la flor y nata del Imperio.
Es la misma fiesta a la que estarás invitado si consigues mantenerte entre los mejores participantes.
Ayuda a Signet a matar a la reina Imogen. Destruye la fortaleza que tienen los altos elfos en el Coto de Caza. Es la única manera de que la hija consiga vengarse.
Aviso imparcial: Esta no será tan fácil como la anterior.
Recompensa: Al matar a la reina Imogen, podrás saquear todo lo que haya en el castillo de los altos elfos. Cuentan los rumores que tienen algo oculto que puede llegar a proteger a una persona de los ataques de Escolopendra. Eso y cantidades vergonzantemente obscenas de pasta.
—Supongo que toca matar a esa reina de los elfos —dijo Dónut, que seguía lamiéndose la pata.
—Sí —comentó Signet, con voz agotada—. Pero no será esta noche. Hoy lloraremos y celebraremos a los que hemos perdido.
A pesar de la victoria, no había ambiente festivo alguno en el campamento.
Vi cómo los tatuajes de Signet se colocaban delante y bajaban la vista hacia los restos desperdigados de la señorita Nadine.
Los hombres castor habían regresado a su forma de chee y se habían colocado en círculo alrededor del cadáver.
Dos de ellos se habían marchado siguiendo el curso del río para ver si encontraban el cadáver de Clint, pero yo tenía muy claro que no lo iban a hacer.
—Signet, ¿no has pensado en convertirte en gobernante? —preguntó Dónut finalmente.
—Imposible con esta maldición —dijo ella—. Y sé que jamás podré eliminarla.
—Yo lo haré —aseguró Samantha, que rodó junto a nosotros. Tenía algo asqueroso enredado en el pelo, y Mongo no dejaba de olisquearla—. Recuerda nuestro trato. Cuando nos libremos de los altos elfos, me conseguirás un cuerpo.
Se marchó también rodando, y Signet se la quedó mirando.
Edgar salió del agua y empezó a ascender despacio por la pendiente. La tortuga anciana tenía sangre brillante y viscosa en las fauces, lo que hacía que diese la impresión de que acababa de comerse una fresa. Se quedó paralizado al ver a la señorita Nadine. Suspiró y bajó la cabeza verde.
—Edgar —llamó Signet—. ¿Nos queda algo de luz lunar?
—Algo queda —dijo la tortuga. Después se dirigió hacia el otro extremo del campamento—. Iré a por mi vara.