Capítulo 26
—¿Crees que era su nombre de verdad? ¿Cazadora Futura?
—preguntó Dónut mientras veíamos cómo el grupo se acercaba despacio al castillo.
La alarma del lugar era un AUUUA AUUUA constante.
Al parecer, esa en concreto parecía llevar consigo un mensaje: «Hay atacantes en la puerta principal. Que se reúnan allí todas las defensas».
—Puede —dije—. Creo que todos los orcos del Imperio Calavera tienen nombres raros.
—Pero es extrañamente específico —dijo Dónut—.
Ya era cazadora, no era una «cazadora futura».
Se le daba fatal, eso sí. Y terminó muriendo casi de inmediato, así que lo de «futura» pierde todo el sentido.
Es muy confuso. Cuando sus padres hablen de ella en su funeral, ¿qué van a decir?
¿«Cazadora Futura la cazadora era cazadora hasta que un humano sin pantalones la mató a puñetazos»?
Además, ¿y si quería ser influencer en Instagram o algo así?
Cuando le pones ese nombre a tu hija no es que le estés dando muchas opciones.
Es como llamarla Candy. Terminará por ser estríper.
No le estás dando opción. Cuando yo gobierne en la galaxia, voy a poner algunas reglas para los nombres. Islandia las tiene. Katia me contó que…
Por suerte, Samantha nos interrumpió.
S AMANTHA : HAN VENIDO A POR MÍ, PERO NO HAN PODIDO CONMIGO.
PASÉ JUNTO A ELLOS A TODA VELOCIDAD Y ME METÍ EN EL CASTILLO.
LO TIENEN ABANDONADÍSIMO. EL TAPIZ DE MI ABUELO YA NO ESTÁ.
NO HAN DEJADO DE PERSEGUIRME, PERO ME HE COLADO EN UN CONDUCTO DE VENTILACIÓN Y ME HE QUEDADO ATASCADA CON EL FILTRO.
LA TRAMPA CON LA CANCIÓN SE ME DESPEGÓ Y HA CAÍDO DETRÁS DE DICHO FILTRO. AHORA JAMÁS PODRÁN APAGARLA.
C ARL : ¿Has podido hablar con ellos?
S AMANTHA : ¿SABES LO ALTA QUE ESTABA LA MÚSICA?
ADEMÁS, EN LA GUERRA NO HAY TIEMPO PARA LAS PALAbrAS.
SOLO DIENTES, SANGRE Y LOS GRITOS DE LAS MUJERES QUE LLORAN MIENTRAS SEDUZCO A SUS HOMbrES Y HAGO EL AMOR ENTRE VÍSCERAS.
QUÉ BIEN. POR CIERTO, LA CANCIÓN SIEMPRE VUELVE A EMPEZAR CUANDO TERMINA.
Y AHORA SE OYE MÁS ALTA PORQUE ESTÁ EN LOS CONDUCTOS DE VENTILACIÓN.
Suspiré.
—¡Ja! —dijo Dónut—. Ha olvidado lo que tenía que decir. ¡Me debes una moneda de oro! —Un momento después, soltó un grito ahogado—. Carl, Carl, ¡la oigo! ¡La canción! Viene de dentro del castillo. ¡La oigo a pesar de la alarma! Diles que desconecten la alarma, que quiero oírla bien.
—¿Sabes de qué me he dado cuenta? Nunca llegamos a saber qué representaba Samantha como deidad. Supongo que, como es una menor, quizá no sea diosa de nada. No sé si se puede.
—Es la diosa del amor no correspondido —explicó Dónut mientras movía la cabeza al ritmo. Se había puesto sobre las cuatro patas encima de Mongo, quien olisqueaba con gesto de sospecha a su alrededor.
—¿En serio? ¿Cómo lo sabes?
—Porque le pregunté, Carl.
—Ah. Interesante.
—Bueno, ella dijo que era la diosa del amor no correspondido, claro, pero a mí me da la impresión de que podría ser la diosa de las exnovias locas.
Todo lo que hace es porque quiere volver con un rey un poco rarito.
Y también parece creer que esa hija suya que era un cieno de arena, la que se casó con aquel mago del piso anterior, sigue viva y está en el noveno piso.
No sé cómo lo sabe, pero quiere ir a buscarla y luego bajar al piso donde se encuentra el rey.
La primera parte de su plan es conseguir un cuerpo, eso sí.
Negué con la cabeza. Sabía que las probabilidades de que la dejasen pasar de una cabeza a un cuerpo completo eran escasas. Sea como fuere, era mucho más poderosa de lo que parecía. Teníamos que tener cuidado.
El objetivo de Samantha en el asalto al castillo solo era distraer a los guardias, y ya lo había conseguido.
Solo tenía que caer en el agua, colocarse frente al castillo y esperar a que la trampa con la canción de Oasis llamase la atención de todo el mundo.
Tras verla, los guardias activarían su alarma para indicar a los defensores dónde se encontraba la amenaza.
Luego, la cabeza tenía que rodar hacia los guardias.
Signet nos había comentado que el sistema de alarma del castillo era antiguo y poco eficiente, por lo que iban a tardar en reiniciarlo ahora que se había activado.
Había guardias, pero no los suficientes para cubrir todas las entradas y salidas del lugar.
Cuando se activase la alarma indicando que estaban atacando la puerta principal, que es lo que había ocurrido, todos los guardias mal entrenados irían hacia allí y se alejarían de la parte de atrás del castillo, lo que dejaría camino libre a Signet y a su equipo de asalto anfibio.
Aunque se diesen cuenta, no iban a tener tiempo de reiniciar la alarma para indicar dónde iba a estar la verdadera amenaza.
El equipo llegaría hasta el salón del trono, lugar donde estarían escondidos los líderes de la Confederación.
Era muy fácil. Un juego de niños. Todo el sistema defensivo de la Fortaleza Libertad era un mal chiste. Seguro que aquello era poco más que un momento importante en la trama de Signet y no un verdadero obstáculo.
Le habíamos comentado a Samantha que dijese algunas frases porque no dejaba de quejarse de que estábamos desperdiciando su «talento».
No era algo importante, pero ella había insistido en tener algo que hacer si la atrapaban y se desactivaba la alarma, por lo que le había escrito una frase para que memorizase, una que confundiría aún más a los guardias.
«Soy Psámate, ¡la hija perdida tiempo ha de la Confederación! He venido para hablar con los líderes de la Fortaleza Libertad. ¡Llevadme con ellos de inmediato para que hablemos sobre las condiciones de la rendición de mi ejército a vuestra gloriosa causa: la libertad de la tiranía!».
Dónut había insistido en que era una frase demasiado larga y que no iba a recordarla.
Y lo cierto es que yo creía que la gata tenía razón.
Si ocurría el milagro y llevaban a Samantha hasta el lugar donde se encontrase el líder, seguro que podía conseguirnos información importante.
No podían hacerle daño, y yo podía teletransportarla junto a mí en cualquier momento, por lo que era un plan del todo inocuo.
Me alegraba de no formar parte del asalto.
Supuse que tendríamos que luchar contra algo, ya que los productores no iban a dejarnos a mí y a Dónut rascándonos la barriga ahí fuera, pero lo importante iba a ocurrir entre Signet y quienquiera que estuviese ahí dentro.
Los productores se la estaban jugando un poco.
Me querían presente, pero sin duda querían proteger la integridad de su personaje principal.
Frente a nosotros, los soldados de papel y el resto se metieron en el agua.
Los voladores flotaron en círculo mientras los demás volaban sobre la corriente del río.
Uno de los integrantes del escuadrón, una anguila alargada, se había tumbado sobre el río como si fuese un barco y permitió que los elfos se subiesen a bordo.
Se había agitado arriba y abajo alguna que otra vez, pero ahora avanzaba rápidamente en dirección al castillo.
Signet viajó con su grupo. Algunos de los otros, como Edgar la tortuga y los castores, desaparecieron bajo el agua.
Mongo soltó un graznido de tristeza al dejar de verlos.
Junto a mí, la señorita Nadine, la oruga gigante, siseó preocupada. Areson el ogro le dio unas palmaditas al oírla.
—Todo saldrá bien —aseguró.
La oruga volvió a sisear. Olía a musgo. Detrás de nosotros quedaban unos pocos elfos de los arbustos, que protegían los árboles por si algo los atacaba desde atrás.
Signet y los elfos llegaron al castillo y consiguieron entrar a través de una pasarela alineada con la superficie del agua. Un escudo protegía a la semináyade de cualquier contacto con el agua, como un imán que apartase virutas de metal.
—¿Cómo va a bajar? —pregunté a Areson—. Algo me dice que la maldición le va a poner las cosas muy difíciles.
—Flotar como un corcho —dijo el ogro—. Ser una maldición terrible. Pero poder. Tú mirar.
Uno de los monstruos de papel invocado, un tiburón martillo con cuerpo humano musculado, abrazó a Signet. Juntos desaparecieron en el interior, momento en el que dejé de verlos.
—Una vez estar bastante profundo, dejar de flotar. Pero sí que necesitar aire. Tener conjuro. Pero si estar a demasiada profundidad, espachurrar. Por suerte, río no ser muy profundo.
—¿Cómo la maldijeron? —preguntó Dónut.
Areson gruñó.
—Alto elfo lanzar la noche que su madre morir.
—Un momento —dije—. ¿Había un alto elfo trabajando con las náyades?
—Sí —respondió Areson—. Disidentes matar al zar y a su familia y solo conseguir porque recibir ayuda de altos elfos astutos.
Eso hacer que altos elfos y náyades no pelear más, pero náyades ser ahora prácticamente esclavos.
Sobre todo después de ataque de nueve fases.
La mayoría del pueblo pez morir, pero quedar bastantes.
Seguir dominados por los orejas puntiagudas.
Tener que pedirles permiso para hacer cualquier cosa.
Ahora, náyades de a pie enfadar como en los viejos tiempos, porque los del castillo no hacer nada ni gobernar.
Recordé lo que Signet había comentado, que su madre estaba planeando entregar el poder de manera pacífica. Todo aquello había ocurrido antes del ataque de Escolopendra, hacía muchísimos años. Me pregunté cómo de diferentes habrían sido las cosas con un gobierno eficiente en lugar de este desastre.
Algunos monstruos de papel cubrieron la parte alta del castillo, pero otros descendieron lentamente a las oscuras aguas. Era como si desapareciesen al entrar en contacto con ellas, o como si fuesen directos hacia una trituradora de papel.
Pasaron unos minutos en los que no ocurrió nada, y luego la alarma del castillo quedó en silencio de repente. Esto tuvo un efecto secundario muy desagradable: que la trampa de alarma se oyese mucho más. Sonaba distante y amortiguada. Por suerte.
S AMANTHA : OIGO UNA PELEA. ESTOY INTENTANDO HACER TODO LO POSIBLE PARA SALIR DE AQUÍ Y ENTRAR EN ACCIÓN.
C ARL : No te interpongas. Voy a teletransportarte.
S AMANTHA : AÚN NO, POR FAVOR.
C ARL : Vale, pero eso. No te interpongas. Y ve contándome lo que está pasando.
No tenía ni idea de por qué los monstruos de papel gigantescos se habían acercado tanto para luchar, pero supuse que ayudaba el hecho de que contemplarlos fuese algo glorioso y aterrador al mismo tiempo.
S AMANTHA : HAY MUCHA SANGRE EN EL AGUA. Y ESAS ALGAS VERDES QUE CUbrÍAN A TODAS LAS NÁYADES FLOTAN POR TODAS PARTES.
D ÓNUT : SUENA ASQUEROSO.
S AMANTHA : LO ES. LAS SABOREO EN EL AGUA. HACE QUE LA SANGRE SEPA COMO A TIERRA. ES COMO COMER UNA ENSALADA DE PESCADO CON MUCHA SAL.
D ÓNUT : REPUGNANTE.
El río que rodeaba el castillo empezó a burbujear. Un rayo salió disparado hacia arriba directamente desde el agua. Hendió los cielos e iluminó los alrededores durante unos instantes. En ese momento, vi al equipo defensivo en la orilla meridional: varios osunos que también nos miraban a nosotros.
El suelo se estremeció. Intercambié una mirada nerviosa con Areson. Mongo aulló de repente y empezó a patalear. Luego se puso a brincar de un lado a otro, lo que hizo que Dónut soltase un grito y le dijese que se tranquilizase.
—Mirad —dijo la gata, que levantó una pata para señalar cuando el dinosaurio se calmó.
Un cuerpo flotaba en el agua bocabajo. Una náyade.
Desapareció al alejarse en la oscuridad.
Luego apareció otro, que salió a la superficie como un corcho.
Después otro al que le faltaba la cabeza.
Y luego dos más, ambos monstruos de papel del pelotón de batalla de Signet.
Aparecieron y luego se disolvieron al momento.
Después, otro cadáver, este demasiado destrozado como para examinarlo bien en la oscuridad.
Estaba muy seguro de que era un elfo de los arbustos. Lo habían partido por la mitad.
—No pintar bien —dijo Areson mientras la señorita Nadine empezaba a piar preocupada.
S AMANTHA : OH, OH.
C ARL : ¿Qué está pasando?
S AMANTHA : CREO QUE ERA UNA TRAMPA. NO TE PREOCUPES. YO ME ENCARGO. ME ACABO DE LIBERAR.
—Joder —gruñí—. Dónut, quédate aquí. Voy a tener que entrar.
Saqué el anillo de respirar bajo el agua del inventario y me lo deslicé en el dedo. Sentí como me crecían branquias en el cuello.
¡Pero qué feo te has puesto!
—Dios, Carl. Sácate ese anillo ahora mismo. ¡No me puedo creer que solo te haya bajado un punto de Carisma! Estas todo viscoso. Y Signet nos dijo que esperásemos aquí. No creo que entrar sea una buena idea.
Se oyó otra explosión que volvió a estremecer las aguas. El río se tiñó aún más de rojo; en esta ocasión venía de dentro del castillo y salía por la vidriera rota. Aparecieron más cadáveres, pero no distinguí lo que eran. No obstante, uno de ellos era muy bajito y peludo.
La señorita Nadine perdió el control, rebotando y siseando a nuestro alrededor. Empezó a descender la pendiente camino del agua.
—¡No saber nadar! —gritó Areson. Ella no respondió.
—No tenemos tiempo para discutir, Dónut —dije. Seguía con la extensión de la xistera en el brazo. Tenía que quitármela antes de bajar.
C ARL : Samantha, voy a teletransportarte de vuelta.
S AMANTHA : ¡NO! ¡NO! ¡YA CASI LO TENÍA!
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