La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 25 #3
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Capítulo 25 #3

Me arrodillé frente a ella. Areson la había amordazado para luego atarla de pies y manos.

También le había quitado todo el equipamiento.

No llevaba nada mágico e iba ataviada únicamente con unos leotardos.

Era muy probable que tuviese un pergamino en el inventario, pero como no lo había usado di por hecho que no.

El tipo muerto que llevaba encima el dinero, los pergaminos y ese extraño vale de crédito sin duda era el líder del grupo y cargaba con las cosas caras.

No obstante, debía tener cuidado. Como acostumbraba a hacer, saqué el anillo del inventario y me lo puse.

Lancé Armadura de volutas sobre mí mismo, conjuro que duraba diez minutos.

Le quité la mordaza, y Samantha rodó para acercarse y se puso a morderle el tobillo a la orca entre gruñidos.

La dejé hacer, ya que no podía infligirle daño alguno.

—No puedes hacer esto —dijo Cazadora Futura con una voz cargada de pavor—. No puedes. El Imperio Calavera te dará caza hasta acabar contigo.

Dónut y yo nos reímos al unísono.

—Cielo —dijo la gata—, ¿estás sugiriendo que, si no te matamos, el Imperio Calavera dejará de dar caza a Carl? Qué amenaza más absurda, de verdad.

—¿Cuántos orcos del Imperio Calavera quedan en el piso?

—Miles —siseó ella.

Suspiré.

—Incluyéndote a ti, van tres. Ya hemos acabado con todos los elfos del Sueño. —Aún no sabíamos si eso era cierto o no, pero esperaba que lo fuese—. Nos han comentado lo de las divisiones entre grupos. Este territorio no os pertenece. Pertenece a los gorgites.

—Los diez primeros pueden cazarse si has comprado la licencia de caza. Da igual en qué territorio se encuentren.

—¿Licencia de caza? —pregunté—. ¿Eso es oficial?

La orca no respondió, sino que siguió mirándome malhumorada.

—Deberías soltarme. Si muero, te convertirás en una presa disponible para el Enjambre Negro. Nosotros habíamos pagado para tener la exclusiva contigo.

—Entonces, sí que eres la última de los orcos, ¿no?

No respondió.

—Poder arrancarle un brazo de cuajo para hacer hablar —comentó Areson.

—No —dijo Signet—. Solo servirá para debilitar el sacrificio. Aunque la sanemos después.

—No voy a torturarla —dije al tiempo que me ponía en pie—. Desatadla y curadla. Si intenta algo, aseguraos de que no escape.

—No, no. Por favor. No puedes hacerme esto. Soy una persona de verdad. No soy mazmorrera ni PNJ. Soy una persona de verdad.

Respiré hondo y contuve la rabia que sentí en ese momento. Aquello empezaba a darme un mal presentimiento. Estaba muy asustada. Abrí el menú para marcarla, pero justo en ese momento me interrumpió una notificación.

Mensaje del sistema: Un campeón ha caído. Un cazador ha reclamado una recompensa.

—Mierda. Mierda —dije. Al tiempo que abría el chat rápidamente para asegurarme de que todos seguían ahí.

K ATIA : Ha ocurrido algo. El equipo de Langley ha desaparecido. Todos. Están muertos.

A mi lado, Dónut soltó un grito ahogado. Bajé la cabeza. Langley. El arquero y sus amigos que tan importantes habían sido en el piso anterior. Pero no estaban entre los diez primeros. Aquel mensaje solo aparecía cuando moría alguien de la lista.

C ARL : Joder. Ahora estoy muy ocupado. Seguro que el de la lista que ha muerto es ese tipo de dos cabezas. Los Popov.

K ATIA : No, Langley no estaba con ellos. Estaban dando caza a Bogdon Ro por su cuenta con un grupo grande. Habían conseguido arrinconarlo.

Bogdon Ro era un tipo que había entrado y salido varias veces de la lista de los diez primeros, pero no sabía nada sobre él, solo que tenía varias calaveras de asesino de jugadores.

No tenía ni idea de qué era lo que había ocurrido, pero había terminado con la muerte de todos ellos y un cazador se había llevado el premio.

—¿Ves? —dijo Cazadora Futura—. ¿Ves lo peligrosa que es Vrah? Me necesitas para protegerte de ella. Si sigo con vida, no podrá darte caza durante tres días más. Luego, pasarás a convertirte en una presa disponible para todos.

Respiré hondo. El pobre Langley. Sus amigos y él habían trabajado muy duro para escapar del piso anterior.

Todos habían sido inmigrantes en Finlandia, que se habían partido el lomo trabajando para sobrevivir.

Se habían esforzado muchísimo y, cuando al fin empezaban a levantar cabeza, habían decidido empezar ayudar a los demás.

Todo para nada. Solo intentaban ser buenas personas.

—Sabes que la única razón por la que Vrah aceptó el trato con el Imperio Calavera es porque creía que ibais a fracasar, ¿verdad? —pregunté.

La orca pareció desmoralizarse.

—Lo sé —dijo un momento después—. Nunca tendría que haber entrado aquí.

—No —le aseguré—. No tendrías que haberlo hecho.

—Carl —llamó Signet.

Marqué a Cazadora Futura. Un momento después, gruñí.

—¿Carisma? —dije—. ¿Tu característica más alta es el Carisma?

La orca condenada se envaró. Sabía que la había marcado y que no podía hacer nada. Soltó un suspiró.

—Me creía capaz de usar mi encanto para evitar situaciones horribles.

—Pero eres una orca —dijo Dónut con incredulidad. Dio un paso atrás. Habíamos formado un semicírculo alrededor de la criatura y todo el mundo la miraba.

Cerré el puño.

Saqué la extensión de la xistera y cargué en ella a Samantha.

Después cogí una pelota con trampa de alarma, una que había marcado como «irritante», y se la pegué a la cabeza con cinta americana.

Ajusté el temporizador en un minuto. A nuestro lado, Signet se había quedado paralizada, con los brazos extendidos en pose de Jesucristo.

Los tatuajes de su cuerpo se agitaban cada vez más rápido.

Los hombres castor empezaron a soltar gritos de sorpresa al verla.

—¿Qué canción suena con la trampa esta? —preguntó Dónut mientras miraba la pelota.

—Eso da igual —dije. No podía sacarme de la cabeza lo que le había ocurrido al pobre Langley.

«Tendría que haber hablado más con él». No le había dicho ni una palabra desde que había empezado este piso—.

Estará sumergida y es muy probable que no la oigas.

—Luego me giré hacia Samantha y le dije—: Voy a lanzarte río arriba.

Tú empieza a gritar cuando se active la alarma.

La corriente no es muy fuerte, pero si puedes intenta dirigirte hacia el interior del castillo.

Si pasas de largo, avisa. Y si te capturan, recuerda lo que tienes que decir.

—¡No quiero que me pegues esto en la cabeza! —dijo Samantha—. ¡Ya sé hacer mucho ruido sin ninguna trampa!

—No te preocupes. Seguro que la desconectan tan pronto como puedan.

—Los mataré a todos.

—Recuerda lo que tienes que decir. Ya tendrás tiempo de sobra para matar más tarde.

Me giré, apunté y lancé a Samantha al río. Ella ascendió trazando un arco y luego cayó al agua como una roca.

Me giré justo a tiempo para ver el ogro de papel de tres cabezas aparecer de la nada y colocarse dentro del conjuro de protección. Los hombres castor empezaron a transformarse a la vez. Los elfos empezaron a brillar cuando se lanzaron conjuros de agua.

El cadáver de Cazadora Futura permanecía hecho un ovillo en el suelo, a no mucha distancia. No se había resistido. El sistema ya le había cercenado la mano mágicamente. Pensé en el pobre Langley. «Acabaré con vosotros».

S AMANTHA : ¿CÓMO SE LLAMA ESTA CANCIÓN? ME ENCANTA.

C ARL : Se llama Wonderwall.

D ÓNUT : CARL, LE PUSISTE LA TRAMPA EQUIVOCADA, SEGURO.

Una alarma empezó a sonar en algún lugar dentro del castillo. El ruido reverberó en la oscuridad de la noche.

Siguieron formándose más monstruos de papel. El conjuro de protección que nos rodeaba desapareció en ese momento.

—Por mi madre —dijo Signet, para luego lanzarse al agua seguida por su equipo de asalto. Los vimos avanzar, y me sorprendí al comprobar que Edgar la tortuga iba con ellos. Areson el ogro se había quedado con nosotros. La oruga también, así como varios elfos.

—¿Crees que tendremos que luchar contra algo? —preguntó Dónut sin quitarle ojo de encima al equipo de asalto.

—¿Tú qué crees? —pregunté.