La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 24
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Capítulo 24

Nota añadida por el mazmorrero Drakea. Vigesimosegunda edición.

Los cazadores evitan los élites. Son lo bastante listos como para saber que no deben luchar contra algo que no tienen permitido derrotar con facilidad.

El problema para nosotros es que los élites son más peligrosos que los cazadores, y también mucho más numerosos.

Hay que evitarlos a toda costa. No obstante, parece que algunos de los cazadores más poderosos se dedican a ir a por los élites de igual manera, para conseguir más equipamiento e influencia.

Es una cacería muy peligrosa, una en la que me alegro de no participar.

Aún no soy lo bastante poderoso como para matar a los élites ni a los cazadores garra a garra, pero con mi nueva subclase estoy experimentando con trampas ocultas que puede que equilibren la balanza.

Intentaré no atacarlos directamente, sino conseguir que se peleen entre sí.

La mujer del programa de entrevistas ha dejado caer que los imbéciles de los naga han ofrecido cobertura a los programas de mierda que controlan las bestias élite.

Será todo un placer ver cómo fracasan y mueren esos élites.

Matar a un cazador directamente es una hazaña digna de elogio, pero no es muy inteligente.

Puede que matar individuos sea satisfactorio, pero la verdadera satisfacción será hacerles daño a mayor escala.

Cuando sabes que esa gente valora el dinero más que la vida, hay que ir a por el dinero, a por lo que más les duele.

Y por eso sigo en pie. A eso dedicaré mi vida.

Ese será el dios que venere. Acabaré con los naga y con todos los responsables de esta pesadilla.

TIEMPO PARA EL DERRUMBE DEL NIVEL:

El premio de verdad fue el fundíbulo. El dispositivo lanzarrocas era extrañamente pequeño, sobre todo teniendo en cuenta la dimensión de las rocas que habían estado lanzando.

Tenía el tamaño y la altura de una de esas tablas de windsurf.

Lo encontramos abandonado en mitad del claro, clavado al suelo con unas estacas.

Estaba fabricado con una madera ahuecada algo extraña y era tan ligero que podría haber cargado con él incluso antes de que mejorase mi Fuerza en la mazmorra.

El artilugio brillaba en verde.

Avientapiedras venenoso mágico de los elfos. Artilugio.

Los especialistas de artillería montada y de ataque rápido del Sueño no cargan con equipo de asedio cuando se van de incursión.

Esa es la razón por la que son terriblemente mortíferos.

Usan una combinación de conocimientos, magia druídica y una ayudita extra *guiño, guiño* para construir rápidamente sus máquinas de guerra sobre la marcha.

Estos flacuchos incapaces de aceptar un chiste pueden conjurar todo un regimiento de artilugios lo bastante potentes como para destruir murallas en cuestión de horas.

Traducción: no querrás que a estos cabrones paliduchos les dé por tocarte en la puerta.

Este lanzarrocas ligero en particular se ha creado lanzando Bambudal en una zona concreta y luego montando el dispositivo a partir de los tallos de bambú venenosos resultantes.

Con una honda, algo de cuerda y algunas partes adicionales tendrás un dispositivo capaz de lanzar trescientos kilos de «¿Has oído eso?

» en la dirección en la que se encuentre el enemigo.

Los tallos mágicos de bambú imbuyen con Nube de veneno todo lo que se lance con esta máquina.

Este artilugio tiene un tiempo de recarga de 90 segundos entre usos.

Tardé un minuto en descubrir cómo funcionaba.

No había contrapeso, como en los fundíbulos tradicionales, sino que la máquina estaba creada con un par de planchas mágicas que se atraían como imanes.

Había que colocar el brazo en posición, introducir la piedra en la honda y luego tirar de la palanca.

El brazo salía despedido y lanzaba el proyectil.

Al examinarlo mejor, sospeché que las planchas no eran mágicas en realidad, sino una especie de material de alta tecnología, algo que estaba fuera de lugar en la mazmorra, como la foto de Louis. La única parte «mágica» era la madera.

—Estos cabrones siguen haciendo trampas —gruñí mientras examinaba la plancha tamaño sello postal. Estaba cubierta con unos pequeños diodos. Miré al cielo—. ¿Lo estáis viendo? Pues me lo quedo.

Quité las estacas y luego agarré en peso el fundíbulo completo. Apareció una pestaña nueva en mi inventario llamada EQUIPAMIENTO DE ASEDIO .

Habían elegido este claro porque había una pila de rocas cerca.

Eran las ruinas antiguas de un edificio derrumbado hacía mucho tiempo, construido antes del desastre de Escolopendra.

Cogí algunas de las más pesadas y las guardé también para tener munición a mano si surgía la oportunidad de usar el artilugio.

Antes de marcharnos, buscamos por el claro trampas, suministros o cualquier señal de que hubiese más cazadores. Clint y Holger habían vuelto a su forma de humanoides peludos y se habían puesto a rebuscar entre la maleza cercana como una pareja de rastreadores expertos.

—No sé por qué te guardas todo —dijo Samantha desde el suelo cuando terminé de saquear las rocas. Tenía una pequeña babosa reptándole por la frente—. Yo puedo volar mucho más lejos que cualquier cosa que puedas tirar con eso.

—Y tienes razón —comenté—. Pero ¿qué pasa si recuperas tu cuerpo en algún momento? ¿O si quiero tirar algo muy pesado? Además, esto lanza Nube de veneno a todo lo que colocas encima.

Ella soltó un gruñido por toda respuesta y luego se alejó rodando por la hierba. Mongo la persiguió y empezó a graznar divertido.

—Me pregunto si esos eran todos —dijo Dónut mientras miraba cómo jugueteaban el dinosaurio y la diosa—. Todos los elfos del Sueño, quiero decir. No tenemos forma de saber cuántos cazadores de cada facción hay en este piso.

—Sí, la verdad es que debería de haberle hecho más preguntas a ese tipo antes de matarlo. Es probable que fuesen los últimos, pero tendremos que estar preparados por si hay más.

—Espero que no, por el bien de Louis —continuó la gata—.

Parecen estar muy enfadados con él. No sé por qué.

Si vas a ser famoso, tienes que aprender a tratar con fans obsesionados.

En el servidor de la Pandilla de la Princesa recibo varias propuestas de matrimonio al día.

Y hay un sacaciano que, por alguna razón, no deja de enviarme fotos de sus tentáculos.

Pero esas cosas no me ofenden. —Suspiró con dramatismo—.

Supongo que es el precio a pagar por la fama.

—Va a tener que enfrentarse a ese problema tarde o temprano —dije—. Nosotros tenemos demasiados como para preocuparnos por él.

El horario de los días siguientes iba a ser bastante agotador.

Quedaban unas pocas horas antes de que fuésemos a ayudar a Signet con el asalto al castillo.

Luego, nos dirigiríamos al sur para intentar capturar otro asentamiento y hacer lo mismo que hicimos en Villa Mongo.

Tomarlo, preparar las defensas y entrenar a los guardias y a los habitantes del lugar para luchar contra los cazadores.

El pueblo más cercano a Villa Mongo en dirección sur también estaba bordeado por una gran extensión de selva que era el lugar donde nos habíamos topado con Kiwi, las mongoliensis y el resto de los dinosaurios. Teníamos que ver si nos daba tiempo de ponernos con esa misión.

También tenía pendientes tres eventos en los próximos días gracias a mi caja de aficionado. No es que tuviese muchas ganas, la verdad. Ningunas, en realidad.

Empezaba a sentirme agobiado. «Tranquilo. Los problemas de uno en uno», pensé.

Tan pronto como terminásemos allí, el siguiente objetivo sería seguir con la trama de La venganza de la hija .

Habían comentado que estaban abiertos a negociar por otra temporada, pero aún no habían aceptado.

Empezaba a sospechar que en realidad no querían, a pesar de lo que le habían dicho a mi abogado.

Si era cierto, solo podía explicarse de una manera.

Tenían un gran final planeado, uno que era muy probable que terminase con la muerte de Signet y de todos los que estuviesen con ella.

Era algo en lo que no podía dejar de pensar desde que la ayudante de Odette nos había advertido.

Después de acabar con los naga, el objetivo final de Signet era encontrar y matar a su hermanastra.

Imogen. La reina de los altos elfos. Pero esa mujer también era el jefe de país chunguísimo al que iban a tener que enfrentarse los cincuenta primeros mazmorreros en esa fiesta al final del piso.

En el tercer piso, mis hazañas con Signet no habían aparecido en los episodios resumen porque todo lo que ocurría con los élites estaba registrado a nombre de los propietarios del programa de dicho élite.

No había forma de que los Borant, ni los Valtay, ni quienquiera que estuviese a cargo permitiese que el clímax del piso fuese exclusivo de los productores de un programa secundario.

Entonces ¿qué estaba pasando aquí?

Quizá eso significaba que el clímax de La venganza de la hija iba a tener lugar antes de la fiesta del final del piso.

De ser así, Signet iba a tener que enfrentarse a un jefe que no podía morir en dicho enfrentamiento, lo que significaba que iba a ser un momento muy trágico para ella.

Tanto Mordecai como Zev nos habían comentado que a los espectadores de estos programas les encantaban los finales tristes.

No iba a haber continuación en el noveno piso.

Y si Signet moría, era muy probable que todos los que tuviesen relación con ella acabasen igual. Y eso nos incluía a Dónut y a mí.