Capítulo 19
Lexis ya nos había hecho sentar en el sillón cuando empezó el programa.
Estábamos a dos espacios de distancia y habíamos dejado un hueco entre Dónut y Odette.
Por suerte, en esta ocasión tenía un tono más serio y lúgubre y no algo parecido a Jerry Springer, que era lo que me había temido.
La sección no tenía público. Di por hecho que era porque Odette no quería que se comentase la entrevista de ninguna manera antes de que se emitiese.
Mongo seguía en el transportín y no teníamos pensado sacarlo.
—Vale. Allá vamos —dijo Odette. Iba ataviada con ese casco de insecto con pechos y cuerpo de cangrejo enorme. Aún no me había acostumbrado a verla así. Y ella parecía estar más nerviosa de lo habitual.
Me dolía la cabeza. El río detrás de mis ojos no dejaba de batir.
«Lo juro por Dios —pensé—. Si esto es una trampa de mierda, destrozaré esta maldita caravana de producción y dejaré que caiga en el lecho oceánico».
—Princesa Dónut y Carl, encantada de teneros por aquí —saludó Odette, con esa voz que ponía siempre que estaba delante de las cámaras—. Ha pasado bastante tiempo desde la última vez que hablamos.
—¡Hola, Odette! —dijo Dónut animada—. Hoy estás arrebatadora. ¡Ha pasado mucho tiempo! ¿Viste lo que hizo Carl al final del piso anterior? ¡Katia y él llenaron de agua esa ciudad!
—Oh, sí que lo vimos. Katia se pasará por aquí dentro de unos días para hablar del tema.
Me gustaría hablar con vosotros de muchas cosas, pero la mayoría podremos retomarlas más adelante en otro programa.
Hoy tenemos un invitado especial y exclusivo con nosotros, y habéis venido porque tenéis una relación muy especial con ella.
Vamos a ir directos al grano. Echad un vistazo a esto.
Apareció la pantalla y empezó a emitir unas imágenes que no veíamos.
Z EV : Lo siento, chicos. El censor no os deja ver esto.
Son escenas de la superficie del planeta y se ha puesto a hablar un poco sobre las normas relativas a los humanos que no bajaron a la mazmorra.
Están explicando los detalles sobre algo llamado la lista de extras y la práctica ilegal de dar caza a los supervivientes para venderlos a los productores.
También me gustaría comentaros que reclaman mi presencia en la oficina, por lo que no estaré en el camarote cuando salgáis.
Ya hablaremos después de la entrevista. Hasta pronto.
El vídeo terminó rápido. Odette se pasó todo el tiempo que permaneció activo con la cabeza virada hacia un lado hablando con alguien a quien tampoco veíamos.
Había desconectado el sonido de su voz. A mi lado, Dónut se había quedado completamente rígida.
Tenía la cola enroscada alrededor del cuerpo, como si se estuviese dando un abrazo a sí misma.
Volvieron a encenderse las luces, y Odette continuó. Su personalidad excesiva habitual había dado paso a otra más relajada y adquirió un tono más periodístico mientras relataba una historia que seguro era una gilipollez.
—La invitada especial de esta noche sobrevivió al derrumbe inicial para luego ser secuestrada por cazarrecompensas que pretendían venderla a los Borant.
La sacaron del planeta para llevarla al mercado negro en algún lugar del sistema interior.
Pero Borant ha reiterado recientemente que no quieren incentivar los secuestros de participantes reticentes y no tardaron en entregar a los contrabandistas al Sindicato.
Tuvo lugar un enfrentamiento que acabó con la muerte de uno de esos piratas, pero las normas del Sindicato la han dejado fuera del planeta y con la libertad de ser una ciudadana legal.
Debido a la estrecha relación que tenía con Dónut y Carl, aparecerá en nuestro programa desde una ubicación desconocida y permanecerá oculta hasta el término del mazmorreo.
Además, antes de revelar su identidad, me gustaría que todos supieseis que he hablado antes con la Princesa Dónut y con Carl y les he pedido permiso para lo que vamos a hacer a continuación.
También le he hecho a nuestra invitada la misma pregunta, así que esto no será una sorpresa para ellos.
Hizo una pausa dramática y su personalidad televisiva empezó a vislumbrarse de nuevo en su tono de voz.
—Muy bien, espectadores. Se acabaron las teorías y la especulación. Se trata de la exnovia de Carl y la propietaria original de Dónut. ¡La señorita Beatrice!
Y, entonces, apareció.
Esbelta. De pelo largo y liso. Con pecas.
Labios carnosos. Había perdido peso. Mucho peso.
Parecía conmocionada y tenía la mirada perdida, como si hubiese envejecido diez años desde la última vez que la había visto.
Llevaba un traje rojo brillante con la espalda al descubierto.
Era un estilo muy habitual para las mujeres alienígenas, pero también hubiese pegado bastante en un baile de etiqueta de la Tierra.
No estaba acostumbrado a verla así. Estaba mirando hacia alguien que yo no veía y no dejaba de asentir.
Luego, salió titubeante hacia el plató. En ese momento se dio la vuelta y vi que el vestido le llegaba por debajo de las nalgas, pero seguía dejándole todo al descubierto.
El tatuaje mal dibujado de la Princesa Rechonchona, la abuela de Dónut, parecía muy fuera de lugar en la parte baja de su espalda.
Tenía la piel sorprendentemente pálida, como si nunca hubiese tomado el sol.
También llevaba unos zapatos de tacón ridículamente altos. Y del tobillo seguía colgándole esa pulsera de Aries que no se quitaba nunca.
Beatrice me vio y abrió los ojos como platos.
Soltó un grito ahogado e hizo un amago de correr hacia mí, moviéndose con torpeza como un pingüino a causa de los zapatos.
Intentó abrazarme, pero sus brazos me atravesaron y se tambaleó.
Miró por encima del hombro y luego se dirigió hacia el espacio que quedaba entre Dónut y Odette.
—¿Princesa? —preguntó mientras examinaba a Dónut—. ¿Eres tú? ¿Qué llevas puesto?
Extendió el brazo para acariciar a la gata, pero tampoco sirvió de nada.
Dónut se lamió la pata, fingiendo. No había alzado la vista desde que Bea había entrado en la estancia, pero la sentía temblando junto a mí.
«Puedes hacerlo —le había dicho unos minutos antes—. No les des la satisfacción».
«No creo que sea lo bastante fuerte —había respondido ella—. Para ti solo es una exnovia, pero para mí lo era todo. El mundo entero».
«Lo sé, Dónut».
«Iba a abandonarme, Carl. Fingí que no lo sabía, pero sí que lo había oído. Creo que hasta lo sabía antes de oírlo. He fingido durante mucho tiempo y no creo que pueda seguir haciéndolo».
—Hola, Beatrice —dijo Odette—. Supongo que habrás tenido un viaje muy movido.
Bea se quedó mirando con los ojos muy abiertos a la Odette con cabeza de insecto y no dijo nada.
Dónut dejó de lamerse y comentó:
—Cielo, ahora es cuando te toca hablar.
Intenté ocultar la sonrisa que empezaba a dibujárseme en la cara, pero fui incapaz.
—Joder —dijo Bea, que dio un respingo y se puso en pie de repente mirando a Dónut, quien siguió lamiéndose la pata. Bea se tambaleó sobre los tacones.
—Tranquila, Bea. Siéntate —dije.
—Acaba de hablar —dijo Bea—. Me dijeron que estaría aquí, pero no que podía hablar. Carl, ¿qué está pasando? ¿Por qué no llevas pantalones?
—Ojalá tuviésemos público en el plató, Odette —dijo Dónut—. Estoy segura de que a la gente le hubiese encantado esa última frase.
Miré a Odette.
—Creía que habías dicho que le habían explicado lo que estaba pasando.
—Y así ha sido —aseguró Odette. La conocía lo bastante bien como para notar la irritación en su voz—. Pero al parecer no nos hizo mucho caso.
—Siéntate —repetí.
Bea se sentó sin dejar de mirar de un lado otro. Parecía del todo aterrorizada. Dónut siguió haciéndose la distante.
—Nos han dicho que te habían secuestrado unos piratas —continuó Odette—. Y que iban a venderte.
—Yo… Esto… Entraron en la tienda mientras dormía. Y, cuando me vieron, empezaron a pelearse. Es lo último que recuerdo hasta bastante después. Creo que pasaron cosas y que me hicieron algo. Me borraron la memoria o algo así.
—¿Y lo del mercado negro? —insistió Odette—. ¿Recuerdas que intentasen venderte? Me han dicho que se armó una buena.
—Yo… Sí… —respondió ella—. Pero lo tengo muy borroso.
Me compraron y estuvieron a punto de volver a meterme en el cubo.
Luego, un tipo que era un alienígena pequeñito me vio y pareció reconocerme, por lo que empezó a gritar.
Y luego me metieron de nuevo en el cubo y aparecí en una nave espacial con un grupo de tipos con cara de hiena. Y aquí estoy ahora.
—Es una historia algo diferente a la versión oficial —dijo Odette—. Pero tienes que haber pasado mucho miedo.
—La verdad es que desconozco la versión oficial —aseguró Bea—. Tengo lagunas.
—Le pasa a veces —aseguró Dónut. Luego alzó la vista—. Demasiados Dirty Shirleys.
Bea bajó la cabeza hacia la gata con la boca abierta.
—Estoy muy segura de que descubriremos qué ha ocurrido —dijo Odette—.
Pronto hablarás con los verificadores del Sindicato.
Pero estate tranquila porque tú no has hecho nada malo.
Y me gustaría ser la primera en felicitarte por ser una ciudadana de pleno derecho del Sindicato.
Ahora, algo que quería preguntarte: ¿qué pensaste cuando te comentaron que Carl y Princesa Dónut estaban entre los diez primeros de la mazmorra?
Seguimos así durante varios minutos. Odette le hacía preguntas inanes cuya única respuesta era quedarse con la boca abierta.
Sacó alguna que otra vez el tema del intercambio en el mercado negro y el problema que se había montado, pero Bea aseguró que no tenía ni idea una y otra vez.
Al parecer, era como si Odette intentase encontrar errores en sus propias mentiras.
Finalmente, la presentadora se giró hacia Dónut.
—Princesa, ¿hay algo que quieras decirle a tu antigua propietaria?