La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 18
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Capítulo 18

—Y una mierda —dije mientras Dónut resoplaba.

—Es cierto. Sobrevivió a la recolección inicial.

La estaban persiguiendo unos cazarrecompensas que iban a venderla de manera ilegal a los Borant para transformarla y usarla como jefe de país, uno muy específico si la encontraban a tiempo.

Tuve que sacarla de la superficie del planeta para que no ocurriese.

Me la quedé mirando. Joder.

—¿La señorita Beatrice está viva? —preguntó Dónut, a quien empezó a temblarle la mandíbula inferior. Miró a Zev—. ¿Lo sabías?

—Lo acabo de descubrir hace un minuto —dijo Zev.

Dónut saltó sobre mi hombro.

—¿Cómo? No puede ser verdad. ¿Está aquí?

—¿Por qué la capturaste? ¿Y por qué nos cuentas esto ahora, Odette? —pregunté. Extendí el brazo para acariciar a Dónut. Ella se apoyó en él para sentirse reconfortada.

—No iba a contároslo —aseguró Odette—. No hasta que fueseis libres.

Pero las circunstancias actuales me han obligado a hacerlo.

El plan era ocultarla y mantenerla a salvo hasta que acabase el mazmorreo.

Tuvimos una filtración de datos. Aún no ha trascendido que está viva y fuera del planeta, pero eso cambiará pronto.

Hay otro programa que planea dar las noticias y tenían pensado contártelo de sopetón.

Dicha información me la han robado a mí, así que quería asegurarme de que lo supieses por mí antes de que te lo cuenten otros.

Y, si estás dispuesto, podríamos adelantarnos a ese cazador furtivo de noticias.

—Espera. Un momento —dije, cada vez más confuso—. ¿Cómo que nos lo iban a contar de sopetón? Ah, y no has respondido a mi primera pregunta.

—¿Que por qué la secuestré? Lo hice para proteger todo lo que he invertido en ti. En vosotros.

—Y una mierda —repetí—. Tiene que haber más razones.

Ella extendió los brazos hacia mí. Tenía las uñas ridículamente largas y curvadas como garras.

—Es cierto. Mira, solo había cuatro maneras en las que podrían haberse desarrollado los acontecimientos.

Una, que entrara en la mazmorra. Dos, que se hubiesen hecho con ella en la recolección inicial.

Tres, que sobreviviese al derrumbamiento y viviese en la superficie.

Y cuatro, que estuviese muerta. En los tres primeros casos, la hubiesen encontrado para usarla en tu contra.

Y lo que hubiese pasado a continuación hubiese sido cruel, horrible y algo capaz de acabar con vuestra presencia en la mazmorra.

—Miró muy fijamente a Dónut—. O con la presencia de uno de vosotros al menos.

—Pero estaba viviendo en la Tierra, ¿no? Creía que la gente que no entraba en la mazmorra estaba a salvo.

—Venga ya, Carl —dijo Odette—. A estas alturas deberías saber cómo funcionan estas cosas. Las leyes, las normas y las regulaciones no se aplican cuando hay tanto dinero de por medio.

—Entonces ¿por qué no la mataste y ya está? —exigí saber.

Dónut se envaró aún más sobre mi hombro.

—Créeme que llegué a pensarlo —dijo Odette—. Algún día, si sobrevives, nos sentaremos y te lo explicaré. Entonces lo entenderás.

—No —dije cada vez más rabioso—. Me dijiste que jamás confiase en nadie hasta que comprendiese sus motivaciones. Y no comprendo las tuyas. Quiero hacerlo. Y quiero hacerlo ya. Ahora mismo, joder.

Lexis asomó la cabeza por la puerta del camerino.

—Diez minutos, Odette.

Odette le hizo un gesto para que se marchase.

—¿Está aquí? —repitió Dónut, con una voz que era poco más que un susurro—. ¿Puedo hablar con ella?

Odette exhaló.

—¿Mordecai os ha contado alguna vez qué fue lo que le hice?

—¿Qué? —pregunté—. ¿Eso qué tiene que ver con esto?

—Mucho —respondió Odette. La voz se le quebró de repente—. Pedidle que os lo cuente y quizá encontréis sentido a mis acciones. Pero ahora mismo no tengo tiempo de explicaros nada.

Zev suspiró, lo que hizo que el agua brotase de su respirador y me mojase las piernas.

—Pero por todos los dioses. Venga ya. La respuesta es que ella también está usando a Bea para chantajear a la Corporación Borant —dijo Zev.

Gruñí sin querer. Miré a Odette, quien dedicó a Zev un gesto cargado de irritación.

—¿Cómo? —pregunté.

—Es complicado —dijo Zev—. Y no tiene nada que ver contigo ni con ella.

Pero es para bien, en realidad. Tenemos que fingir que no fue Odette quien salvó a Bea y que Borant ha hecho algo noble.

A cambio, Odette conseguirá más beneficios durante el resto del mazmorreo.

Acabamos de firmar el contrato. Hemos tenido que hacerlo muy rápido.

—Mordecai, claro. Ya te vale —le dije a Odette.

—Lo del contrato ha sido a posteriori —aseguró Odette, con una voz extrañamente baja—. No era mi motivación principal.

—Pero ¿está aquí de verdad? —preguntó Dónut.

—Eso. ¿Bea está por aquí? —pregunté.

Odette se giró hacia Zev.

—Ya que les has contado lo del contrato, también podrías decirles lo que viene a continuación.

—¿Hay más? —insistí, incrédulo.

—Es esa caja de aficionado que has recibido —dijo Zev, con voz apagada—.

No vas a poder abrirla hasta dentro de unas horas, pero ya han empezado las votaciones.

Tan pronto como lo hagas, te teletransportarás a un evento, uno en el que podrás interactuar con los fans.

Solo estarás tú. Dónut no. Y ese será el lugar donde se pongan en contacto contigo. Por eso te estamos contando esto ahora.

—No entiendo nada —dije.

—Por favor —dijo Dónut, con la voz convertida en poco más que un sollozo—. Que alguien me responda, por favor. Joder. Carl, diles que me respondan.

—Está aquí —dijo Odette—. No en persona, claro. Ya la hemos sacado del planeta y está de camino al sistema interior. Pero está en espera. Quería pediros permiso para sacarla en el programa.

—Que te den, Odette —dije, con la rabia bullendo en mi interior—. Esto es lo que querías en realidad, ¿no? Es lo que has querido desde el principio. Que te den. —Me giré hacia Zev—. No vamos a salir ahí. Y me importan una mierda las consecuencias.

—Carl… —empezó a decir Odette.

—Sí que vamos a hacerlo —aseguró Dónut, que nos interrumpió. Se envaró sobre mi hombro—. Es mi decisión. He decidido que lo hagamos.

—No, Dónut —dije—. Lo haré yo solo.

—Carl, cielo —dijo la gata. Tardó unos segundos en recuperar la compostura, unos segundos que se me hicieron muy largos—.

Estás intentando protegerme. Lo sé. ¿Recuerdas lo que me dijiste antes, lo de que teníamos que confiar el uno en el otro?

Pues ha llegado la hora de que confíes en mí, ¿vale?

Esto va a ocurrir de una forma u otra. Al menos, ahora tenemos algo de tiempo para prepararnos.

—Se giró hacia Odette—. Gracias por salvarla de convertirse en un jefe de la mazmorra.

Y gracias por el aviso. Empezaremos el programa como estaba previsto y luego tendrá lugar el encuentro.

Eso es todo. Nos vemos en el plató —dijo antes de darnos la espalda a todos.

—Si esto termina por ser un truco o una mentira, juro por Dios que te mataré con mis propias manos —le dije a Odette—. Me da igual cuánto tarde en hacerlo, pero acabaré contigo.

Ella sonrió con tristeza.

—No esperaba menos de ti, Carl.

Titiló antes de desaparecer.

—Lo siento —dijo Zev—. Me lo contó todo mientras nos preparábamos para vuestra llegada.

—No tienes por qué hacerlo, Dónut —dije.

—No pasa nada, Carl —comentó. Estaba fingiendo, obviamente—. No pasa nada —repitió. Saltó de mi hombro y se acercó a la encimera para mirar debajo. Soltó un grito ahogado—. ¡Carl, tienen golosinas aquí abajo! Son de las de la bolsita rosa, ¡las que me encantan!

Zev se quedó en pie junto a la puerta, al lado del sillón y mirando a Dónut con gesto preocupado. La pequeña mujer pez estaba temblando. Nunca la había visto así.

—No podía pasar en peor momento —dijo—. No tendría que ser ahora. Esto es demasiado como para que esté pasando ahora.

—Joder —dije—. Está pasando algo más, ¿verdad? ¿Por qué estás tan nerviosa?

Se giró hacia mí y se llevó la mano palmeada a los labios para indicarme que no dijese nada. Luego se inclinó y susurró:

—Dónut te va a necesitar. Céntrate en eso.

—Mira —empecé a decir—. Me preocupa que…

—Lo único que necesitas saber es que, ahora mismo, será mejor que cierres ese agujero que tienes en la cara. Por favor.

Me sorprendió que me mandase callar, tanto que terminé por hacerlo.

Lexis volvió a asomar la cabeza.

—Odette grabará su monólogo más tarde, por lo que apareceréis prácticamente al principio. No estaremos en directo, pero vamos muy justos de tiempo. Tenéis dos minutos antes de salir.

—Perfecto —dije—. Dónut, ven. Quiero hablar contigo antes de que empiece.