Capítulo 16 #2
—Creo que son más de esas comadrejas de antes —comentó Dónut—. Las que paralizaron a Carl.
—Sí que lo son —aseguró Clint—. Están por todas partes. Cazan en manada. A veces las controla uno de esos alienígenas, pero otras son salvajes. Los elfos también las usan. Son fáciles de matar si las ves venir. Nosotros nos encargamos.
—¡Yo ayudaré! —dijo Dónut, que empezó a cantar.
—Yo te lo explico, princesa —decía Holger a Dónut, que estaba muy llorosa, mientras nos acercábamos al puente de Villa Mongo.
El hombrecillo tenía el rostro tan hinchado que costaba entenderlo al hablar.
Actuaba como si la pelea con su compañero hombre castor no hubiese tenido lugar—.
No cantas bien. No afinas. Y no quiero ofenderte.
No tiene nada de malo. Necesitas ir a clase.
Eso es todo. O magia que te ayude a afinar. Eso es lo que ha ocurrido.
Dónut sollozó.
—Es muy difícil cantar bien cuando hay tantos gritos, puñaladas y alaridos desagradables a mi alrededor. Además, Mongo y Carl creen que canto muy bien.
—Lo creen porque son tus compañeros. Y no pasa nada.
Es muy probable que en tu asentamiento haya un gremio de bardos que pueda darte algunos consejos.
Con los conjuros sencillos no pasa nada: fallan y ya está.
Pero si intentas hacer algo así con un conjuro más complicado, podrías convertirte en un peligro si no afinas las notas. ¿Qué intentabas lanzar?
—Aplauso cerrado —respondió Dónut—. Quería daros un extra de Destreza para el combate.
—Es un buen conjuro para practicar —convino Holger—.
Pero quizá sería mejor no hacerlo cuando nos intentan morder unas comadrejas asesinas.
Nos quedaremos en el pueblo con vosotros hasta el ataque de mañana por la noche.
Y te ayudaremos a encontrar a alguien que te ayude a practicar. ¿Verdad, Clint?
—Claro que sí —respondió él, muy animado. También hacía como si no se hubiese peleado con su compañero. O como si no los acabasen de morder decenas de comadrejas.
El enfrentamiento había sido rápido. Las comadrejas eran salvajes y no pertenecían a ningún cazador ni alto elfo.
Ni Clint ni Holger lanzaron conjuros, pero los dos hombrecillos se movieron a una velocidad impresionante y, a pesar de la invisibilidad de las criaturas, les dieron caza sin problema.
Los tipos eran unos guerreros rápidos e implacables, y supuse que cuando los seis estaban juntos eran prácticamente imparables.
Además, también eran inmunes al efecto Parálisis.
Lucharon con sus armas y hasta con sus dientes, y nos dejaron muy poco que hacer a los demás en un combate brutal y frenético.
A diferencia de la última vez, las comadrejas nocturnas atacaron todas a la vez.
Aparecieron por tres flancos gritando, algo particularmente aterrador porque yo no las veía.
Tiré una cortina de humo. Dónut se bajó de Mongo y, después de atacar a varias con proyectiles mágicos, empezó su intento por cantar condenado al fracaso.
Solo vi a las comadrejas cuando empezaron a recibir daño, pero los hombres castor acabaron con ellas rápidamente.
No tardé en tener varios objetivos visibles y conseguí darles alguna que otra patada, así como aplastar a una con el pie contra un árbol.
Lancé Miedo y luego destrocé a otra con una esfera pelotazo.
Mongo también luchó muy bien, mordiendo y golpeando a las criaturas con entusiasmo. Activó el ataque Terremoto, algo que no usaba muy a menudo, y que servía para dañar a todas las criaturas que estaban en el suelo, lo que hizo que se volviesen visibles.
El enfrentamiento terminó poco después. Las comadrejas se centraron en su mayor parte en Holger y en Clint, y ellos fueron los únicos que recibieron daño. La salud no les bajó demasiado a pesar de todos los mordiscos.
Empezaba a sospechar que los tipos tenían una Constitución altísima, así como una habilidad para atraer la amenaza de los enemigos.
Nos acercamos a Villa Mongo sin encontrarnos con nada más.
Mordecai había estado muy ocupado. Había un par de guardias micónidos en ambos extremos del puente.
También vi un arco amplio de trampas de alarma que solo se activaban con criaturas tipo mascota y cazadores.
Asimismo, había colocado alarmas por las pendientes a ambos lados del río, en ese caso añadiendo náyades a las criaturas capaces de activarlas.
Dónut tuvo que convencer a los guardias para que permitiesen entrar a Clint y a Holger. Recibimos un mensaje de Zev diciendo que nos quedaban quince minutos para llegar a una estancia segura.
Estaba a punto de responderle, pero justo en ese momento me llegó una notificación. Tanto Dónut como yo nos quedamos muy quietos sobre el puente.
Aviso de administrador: Felicidades, mazmorrero. ¡Ahora tienes un tercer y último patrocinador!
Los espectadores que vean tu canal ahora verán anuncios de tus tres patrocinadores.
Nombre del patrocinador: La Boticaria.
Encontrarás más detalles en la pestaña Patrocinio de tu interfaz.
—Carl, Carl, ¡tengo otro patrocinador! —dijo Dónut—. ¡Se llama la Boticaria!
—Sí, yo he conseguido el mismo —dije—. Seguro que se han gastado mucho dinero para patrocinarnos a los dos.
—Oye —dijo la gata un momento después—, también han patrocinado a Prepotente y a Miriam Dom. Y a Lucia Mar y a Katia. ¡Y a esos tipos con dos cabezas! ¡Y a Elle y a Imani!
—Qué interesante —dije, intentando sopesar la información. Creo que sabía muy bien quiénes eran. Solo había visto el término «Boticaria» en una ocasión, en la descripción de una criatura del cuarto piso.
Krakaren. La verdadera Krakaren, no la extraña versión caricaturesca que tenían dentro de la mazmorra, sino la mente colmena que había empezado a expandirse poco a poco por el universo.
No tenía ni idea de cuál era su verdadero aspecto, pero dudaba que fuese esa cosa parecida a un pulpo.
Se rumoreaba que estaba relacionada de alguna manera con la empresa que llevaba los túneles de comunicaciones, empresa propiedad y operada por la Abundancia, que eran una especie de cabras.
Si esa tal Boticaria era una socia oculta de la Abundancia, significaba que tendría una reserva de dinero ilimitada.
Era probable que el hecho de que hubiese patrocinado a los diez primeros fuese más un movimiento político que tenía poco que ver con nosotros. Suspiré.
D ÓNUT : ¡NO ME GUSTA COMPARTIR PATROCINADOR CON EL RESTO DE LOS DIEZ PRIMEROS! ¡NO ES JUSTO! NO VAN A TENER DINERO SUFICIENTE PARA DARNOS PREMIOS.
C ARL : Puede que no. O puede que sí. No sabemos qué va a pasar. Yo no creía que esos «pacifistas» fuesen a darme algo, pero por el momento me han enviado cosas guapísimas.
D ÓNUT : TU ÚLTIMO PATROCINADOR TE ENVIÓ UNA VERDURA, CARL.