Capítulo 15 #2
«Cagondiós, Louis», pensé. El grupo entero, Louis, Elle, Katia y algunos más, se encontraba a varios cientos de kilómetros de distancia, en mitad del bosque y cerca de la frontera del territorio reclamado por el Imperio Calavera, aunque dicha zona pertenecía a un grupo llamado la Filigrana. No tenía ni idea de quiénes eran.
—Vamos —dijo Signet—. Estamos cerca del campamento.
—Somos un peligro para vosotros —dije en voz alta, al tiempo que miraba hacia el cielo y señalaba el mapa—. Los cazadores saben dónde estamos porque son unos tramposos de mierda. Y vienen a por nosotros.
Signet no parecía preocupada.
—Podemos encargarnos sin problema de unos pocos extraterrestres. No me preocupa.
Areson gruñó.
—Yo hacer que todo lo de dentro salir también.
Envié un mensaje de grupo para comentar todo lo que había visto en el mapa dibujado a mano, y luego nos sentamos en un pequeño claro entre los demás.
Además de los seis hombres lo que fuesen, la oruga y el ogro, Signet también contaba con un grupo de cuarenta elfos de los arbustos, una tortuga parlante llamada Edgar y un grupo heterogéneo de cuarenta criaturas más, entre las que había dríades, monos y otros animales del bosque.
En total éramos unos setenta, y la mayoría tendría nivel 40.
L OUIS : No es culpa mía que no sepan encajar un chiste.
C ARL : Tú ten cuidado. Katia, vigílalo. No sé cuántos integrantes del Sueño habrá por aquí, pero me da la sensación de que están enfadadísimos con Louis.
K ATIA : Fantástico. Gracias por avisar.
L OUIS : A mí me parece que se están pasando un poco, la verdad.
Tres de los del grupo de Signet eran hadas pequeñas con alas. Todas mujeres. Flotaron frente a mí y se me quedaron mirando con gesto de Campanilla enfadada. Era por mi tatuaje goblin, el que había conseguido en el primer piso.
Mientras yo hablaba por el chat, Dónut liberó a Mongo, quien al fin se había recuperado de su «experiencia».
Brincó a nuestro alrededor con emoción y empezó a olisquear a todos los presentes.
Los elfos en particular tuvieron mucho cuidado con el dinosaurio, pero pronto todo el mundo se acostumbró a su presencia.
Se sentó junto a mí, se hizo un ovillo, abrió la boca de par en par para bostezar y los dientes le chisporrotearon con electricidad.
—Qué raro ver a uno de su especie a este lado del río —comentó uno de los elfos—. Y tan educadito.
—Es muy buen chico —dijo Dónut.
—Está claro que no es de por aquí —continuó el elfo.
—No, no lo es —convino Dónut—. Ya hemos tenido un encuentro con los dinosaurios de la zona y no se parecen en nada a mi Mongo.
En el centro del claro había un pequeño árbol de dos metros y medio con la corteza blanca y un corro de brujas de flores blancas alrededor.
Todos parecían evitarlo, y el resto del terreno estaba cubierto de hierba.
Cuando examiné el árbol, vi un brillo leve que indicaba que era mágico, pero lo único que decía la descripción era: ESTE ÁRBOL ES VIEJO DE COJONES .
Signet comentó que estábamos esperando a algunos más del grupo, por lo que nos sentamos todos. Me giré para decirle algo a Dónut, pero en ese momento recibí un mensaje muy largo.
Q UASAR : ¿Cómo te va, chaval? Perdón por no haberte respondido antes.
Están cambiando algunas de las normas y ya no podemos hablar sin más, ahora tengo que pedir una orden judicial para enviarte un mensaje.
Tú sí que puedes enviarme a mí todos los que quieras, lo que es bueno.
Todas tus quejas sobre que los cazadores están recibiendo información del exterior han causado mucho revuelo y parece que se van a tomar medidas.
Sea como fuere, sobre el programa, tengo buenas y malas noticias.
Furor ha accedido a aceptar la oferta de Borant para continuar en el noveno piso, pero se han puesto muy tontos con el tema y quieren esperar unos días antes de firmar nada oficial.
Entre tú, yo y esta tal Betty que me está haciendo un masaje ahora mismo, hay mucho que leer entre líneas.
Diría que tienes que conseguir que el programa sea más emocionante de cualquier manera, pero hacerlo de una forma en la que la protagonista no pierda interés.
No sé cómo te las vas a ingeniar, la verdad.
Si haces que el protagonismo recaiga demasiado en vosotros, puede que decidan prescindir de ti, así que ten mucho cuidado.
Estoy seguro de que ya te lo han dicho cientos de veces, pero a nadie le gusta que la estrella invitada se convierta en la estrella de la función.
Sobre tu otro problema… Ciento cincuenta millones de créditos.
Es… Sí. No sé cómo vas a conseguir tanta pasta, vaquero.
Es dinero suficiente como para comprar tu planeta.
He hecho cálculos, y tu valor fuera de la mazmorra actual es de ciento diecisiete créditos, cincuenta de los cuales tendrás que pagar en impuestos.
Pero, aunque consigas ahorrar tanto, que sé que no será el caso, tenemos otros problemillas legales que tener en cuenta.
Aquí fuera, en el mundo real, el soborno es una forma de vida y un crimen.
Y, aunque técnicamente no se trate de un soborno, no tengo muy claro que los tribunales superiores piensen lo mismo.
Tampoco es algo que podamos ocultar, ¿no?
Por lo que se me ha ocurrido una idea, pero es un poco… Da igual. Estoy trabajando en ello.
Hablamos pronto. No te me mueras, ¿eh? No me divertía tanto desde que me gradué en la facultad de Derecho y me tiré a la profesora Foster.
Mierda. ¿Por qué todo era tan difícil siempre?
Unas criaturas más, en este caso un par de osunos, entraron en el claro y se sentaron. Saludaron a Signet con la cabeza, y ella les devolvió el gesto para luego encararnos a todos. Junto a mí, Dónut se había puesto a hablar con Edgar la tortuga.
—Ahora que estamos todos aquí, ha llegado el momento. Tenemos dos cosas que hacer —empezó a decir Signet—. No será fácil, pero conseguiremos nuestro objetivo si unimos fuerzas.
—¿Y cuál es nuestro objetivo, exactamente? —pregunté.
Nueva misión. La venganza de la hija.
Primera parte de dos.
Zarina Signet, hijastra exiliada de las náyades, ha regresado a casa al fin. Su reino, que antaño fuese hermoso y próspero, ha quedado arruinado a causa de las luchas internas y una revolución torpe que ha acabado con el liderazgo del gobierno y lo ha dejado todo patas arriba.
Signet ha regresado y quiere reclamar la corona de su madre.
O, al menos, dejar al mando a un gobierno propiamente dicho.
Para conseguirlo debe asesinar a los líderes actuales de la Confederación de Náyades, quienes se han apostado en su fortaleza en un antiguo palacio del río que ahora recibe el nombre de «Fuerte Libertad».
Recompensa: Llegarás a la segunda parte. Además, todos los supervivientes del ataque contra la Confederación serán un 20 % más proclives a seguir tus órdenes. Apuesto a que dicho número aumentará aún más si completas la otra parte de la misión.