La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 9
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Capítulo 9

TIEMPO PARA QUE DÉ COMIENZO LA CAZA:

Katia y los demás se habían marchado hacía una hora mientras aún era de noche. Al parecer, el equipo de Meadow Lark se había metido en problemas y habían ido a ayudarlos. Todo había salido bien al final.

Ahora que había amanecido, nosotros necesitábamos ponernos en marcha.

Estábamos a unas pocas horas de Zockau, y los cazadores iban a salir de la ciudad como una marabunta en el momento en el que se abriese.

Los conjuros y los pergaminos de teletransportación no eran muy habituales, pero estaba claro que los había, tal y como habíamos demostrado nosotros.

Dentro de un día o dos habría cazadores por todas partes.

Nos preparamos para marcharnos. Teníamos un mapa aproximado de la disposición del piso, que nos indicaba que teníamos que dirigirnos al sur para llegar hasta el río y cruzarlo.

Había aldeas, pueblos y ciudades a ambos lados, pero la mayoría de los cazadores evitaban las zonas de altos elfos porque eran demasiado peligrosas.

No obstante, prácticamente todos los mazmorreros con los que hablaba por el chat se dirigían hacia el sur, lo más lejos posible de Zockau. Supuse que preferían tentar a la suerte con los elfos a enfrentarse a los cazadores.

Katia había dibujado el mapa basándose en las coordenadas del portal que el equipo de Gwen había saqueado del cuerpo de Quetzalcoatlus en el piso anterior.

Nos había hecho una copia en papel para nosotros, una casi idéntica a la que yo ya tenía en el bloc de notas, que había copiado del libro de cocina.

Hasta ese momento no me había dado cuenta de lo grande que era el lugar.

—Si estoy en lo cierto con las coordenadas del portal, este piso tiene unos cien mil kilómetros cuadrados —dijo cuando le pregunté—. Muy parecido a Islandia. Hasta tiene una forma similar.

—¿En serio? Es enorme, sobre todo si lo comparamos con el piso anterior.

—Es grande —dijo Mordecai—, pero el noveno es el más grande de todos. Aunque la mayor parte de la acción se desarrolla en un espacio muy pequeño.

—Un momento. ¿Cómo de grande es este lugar de lado a lado? —pregunté.

Katia pasó el dedo de arriba abajo por el mapa.

—Tiene unos cuatrocientos y pico kilómetros de norte a sur. Y luego unos trescientos y algo de este a oeste. El río de extremo a extremo mide unos quinientos kilómetros, porque no es recto.

Dicho río serpenteaba desde la esquina noroeste hasta la su­d­oeste, dividiendo el mapa en dos como una serpiente culebreante. Se dividía en varios afluentes y lagos por el camino, aunque era una información que Katia no había dibujado aún en su mapa.

—¿Esto son caminos? —pregunté mientras los señalaba.

—Sí. Estamos usando el mismo sistema de recopilación de información que usamos en la Maraña de Hierro.

Cada vez que alguien encuentra algo nuevo, lo comenta para añadirlo.

Imani es quien lo está coordinando en mayor medida, pero yo también he estado copiándolo todo.

Algunas de estas ubicaciones son poco más que estimaciones.

—¿Y esto de aquí son puentes? —pregunté.

—Sí, pero la ubicación es aproximada, como te he dicho.

—¿Sabemos cuántos hay?

—Al menos doce, pero es probable que sean más —comentó Katia—. Solo tenemos una idea general de ellos.

—Sé que tú y tu grupo estáis ocupados, pero ¿crees que podríais ayudarme con algo?

Katia suspiró.

—Sabes que haré cualquier cosa que me digas. Hasta cierto punto, claro.

Sonreí.

—Esta será fácil. Solo quiero derribar todos los puentes. Excepto este.

Ahora, unas horas más tarde, volví a echarle un ojo al mapa. Examiné el camino principal que salía de Zockau, que parecía ir directo hacia el río, para luego cruzarlo y continuar avanzando hasta terminar en medio de la selva.

C ARL : Oye, Miriam. ¿Os habéis marchado ya?

M IRIAM : Sí, guapo. ¿Te sientes mejor? Estamos recorriendo el camino principal en dirección sur, siguiendo las caravanas. Tenemos pensado cruzar el río pronto y desaparecer en la selva. Hay pocos enemigos por aquí.

C ARL : ¿Os habéis topado con muchas trampas?

M IRIAM : El camino principal está casi despejado. Las caravanas siempre lo recorren de un lado a otro, y sus guardaespaldas lanzaban conjuros antitrampas mientras viajaban. Aunque estas sean exclusivas para mazmorreros, los conjuros las desactivan todas.

Era una información muy valiosa. Envié un mensaje rápido a Katia para pedirle que se lo contase a todo el mundo. Teníamos que trazar el recorrido de las caravanas y añadirlo al mapa comunitario.

La ausencia de enemigos se debía a que los cazadores habrían acabado con todos los que había alrededor de las ciudades. Para encontrar más íbamos a tener que alejarnos.

Había creado varios explosivos improvisados, diseñados para activarse solo con los cazadores, y debía tener cuidado con el lugar donde los colocaba. No quería desperdiciarlos.

C ARL : ¿Hay algún pueblo cerca del puente?

El mapa de Katia había marcado un «posible» asentamiento por la zona y quería asegurarme de que estaba allí.

M IRIAM : Sí, es un pueblo muy grande. Se encuentra a unos cuarenta kilómetros del lugar donde estás ahora.

Quizá a unos sesenta desde Zockau. Es donde empezamos nosotros.

Uno grande de hombres oso que hay al otro lado del río.

Si vas, ten mucho cuidado. Son unas criaturas muy peculiares.

Nosotros tuvimos que esconder a Bianca al entrar.

Saqué un lápiz y rodeé con un círculo la zona donde el camino se encontraba con la ciudad.

D ÓNUT : NO PUEDES USAR A BOMO COMO TERRORISTA SUICIDA. NO ESTÁ BIEN.

C ARL : No es un terrorista suicida si reaparece en el siguiente piso. Y además, él ya ha aceptado.

D ÓNUT : BOMO ES NUESTRO AMIGO. NO HACEMOS ESTALLAR A NUESTROS AMIGOS, CARL.

C ARL : Diría que estaba muy emocionado por la idea, la verdad.

D ÓNUT : PERO NO VA A FUNCIONAR. ESTARÁN ESPERÁNDOLO.

Como Bomo había entrado al espacio personal por última vez a través de la estancia segura de Zockau, aparecería por esa misma puerta si salía solo.

No estaba seguro de si habría una puerta o no en la estancia segura.

Ni siquiera Mordecai lo sabía. Lo que sí que tenía claro era que la puerta aparecería si Bomo salía, pero no tenía ni idea de si esta se generaba y permanecía allí mientras él estaba dentro, como haría con los miembros del grupo normales.

Si la puerta se había quedado activa en el lugar, estaba claro que los cazadores se habrían dado cuenta y estarían preparados.

Si no era el caso, era probable que alguien sospechase lo que íbamos a hacer. Era algo muy obvio.

Iba a cargar a Bomo con una bomba enorme, para luego hacer que saliese a la estancia segura, se dirigiese fuera del edificio y reventase el lugar con la explosión.

Sería una explosión mucho mayor que la última vez.

Muchísimo. Quería que lo hiciese cuando quedara tan solo media hora en la cuenta atrás, momento en el que seguro habría más cazadores por fuera.

Ahora que podíamos volver a usar el chat con seguridad, le había estado comentado el plan a Dónut.

Era muy probable que cualquiera que hubiese estado prestando atención supiese lo que íbamos a hacer, pero tampoco pasaba nada.

Bomo saldría arrastrando la bomba sobre ruedas hasta la estancia segura y luego nadie podría hacer nada al respecto.

La única forma de detenerlo sería bloquear la puerta y evitar que saliese a la calle, pero eso requeriría recursos y trabajo en equipo, y me daba la impresión de que ninguno de esos tipos tenía muchas ganas de unir fuerzas.

Pero, si lo hacían, Bomo regresaría al espacio personal y guardaríamos la bomba para otro momento.

Dicha bomba era una pasada. Era muy parecida al barril explosivo que había usado antes, pero con mucha más potencia.

Hacía unos días, cuando estábamos en el piso anterior, Mordecai había dejado unos pequeños bloques cuadrados llamados RESTOS DE NITROGLICERINA en mi mesa de zapador.

Eran las sobras de una poción de escudo en la que había estado trabajando.

Tenían el aspecto de un ramen instantáneo sin cocinar.

No eran peligrosos, pero si se calentaban a una temperatura lo bastante alta, emitían una cantidad desorbitada de oxígeno.

Yo no sabía mucho de química ni tenía ni idea de cómo funcionaba algo así en realidad, pero Mordecai intentó explicármelo de igual manera.

Cada uno de los cuadrados equivalía a varios cientos de kilos de nitrato de amonio.

No era un explosivo de por sí, pero servía para aumentar la potencia si se usaba adecuadamente.

En caso de ser muy poco, no servía para nada.

Y en caso de ser demasiado, terminaba por anular la explosión.

La verdad es que no tenía ni idea de cómo podía llegar a funcionar teniendo tan poca masa, pero después de probarlo conseguí crear la mezcla perfecta.

Tenía una carcasa para bombas con forma de huevo y que se abría como una almeja que había conseguido en el piso anterior.

Se parecía a una bala de cañón, pero estaba rota y no podía usarse otra vez para meter en ella y proteger a una criatura viva.

No obstante, sí que podía llenarla con explosivos y algunos bloques de restos de nitroglicerina para luego soldarla y cerrarla bien.

La bomba huevo terminada medía un metro y medio de alto y era demasiado grande como para cargarla con facilidad, por lo que construí un pequeño carrito para colocarla encima y que Bomo pudiese arrastrarla. También la imbuí con Miedo, por si acaso. ¿Por qué no?

Según el simulador, si la bomba funcionaba como era debido, destruiría por completo todo lo que se encontrase a medio kilómetro a la redonda del centro y dejaría muy malherido a todos los que estuviesen a ochocientos metros más allá.

Era la bomba más grande que había fabricado hasta la fecha, de lejos. Al menos a propósito.

El sistema le puso nombre.

Tú espera a que tu papaíto llegue a casa. Bomba con ruedas.

Tipo: Bomba termobárica de alta potencia. También provoca Miedo en la zona de la explosión.

Efecto: Espero que tengas pagado el seguro de la casa.

Estado: 250. Fortalecida.

Bum.

Lo cierto es que no esperaba que el plan con Bomo funcionase, pero supuse que merecía la pena intentarlo.

Mientras, Dónut y yo nos dirigiríamos hacia el sur con el Carruaje Real, aquel todoterreno para las dunas que aún tenía guardado en el inventario.

Quería llegar al asentamiento que se encontraba al otro lado del puente y comprobar si podíamos convertirlo en una base de operaciones decente.

D ÓNUT : ¿Y SI CREO UN BOMO MECÁNICO?

C ARL : ¿Crees que funcionaría? ¿Puedes hacerlo?

D ÓNUT : AQUÍ DICE QUE ES UN SECUAZ DEL SÉQUITO.

TENDRÍAMOS QUE CONVERTIRLO EN UN SECUAZ PERSONAL MÍO Y NO DEL GRUPO, COMO HICIMOS CON ARCILLEZ Y CON MUY TACITURNO.

EN SERIO, CARL, DEBERÍAS PRESTAR MÁS ATENCIÓN A CÓMO FUNCIONA EL SISTEMA DE GRUPOS.

CUANDO SOLO ES UN SECUAZ MÍO, ME DEJA CREAR LAS VERSIONES MECÁNICAS.

C ARL : Pues mira, la verdad es que es una idea genial, pero no sé si la versión mecánica saldrá por la puerta adecuada.

D ÓNUT : ME INFRAVALORAS, CARL. ESTOS SON LOS MOTIVOS POR LOS QUE TIENES QUE CONTARME LOS PLANES. NO TE PREO­CUPES. YO ME ENCARGO. EL ÚNICO PROBLEMA ES QUE TENGO QUE ESTAR EN LA ESTANCIA SEGURA CUANDO LO HAGAMOS.

Miré el reloj. Si el camino estaba despejado, podríamos llegar a tiempo al siguiente pueblo. Teníamos algo más de tres horas.

C ARL : Muy bien. Prepararemos a Bomo por si no llegamos a tiempo al próximo asentamiento, pero si lo hacemos en tres horas, seguiremos tu plan.