Capítulo 8 #2
Trofeo de caza.
Es la mano de un cazador. Qué asco.
Tienes treinta y cuatro de estas cosas.
¿Alguna vez fuiste a una de esas pizzerías donde había máquinas recreativas cuando eras pequeño?
Normalmente se iba cuando era el cumpleaños de otro niño o porque tus padres odiaban tanto criarte que eran capaces de hacer cualquier cosa para mantenerte distraído diez minutos, aunque supusiese tener que beberse una jarra de cerveza aguada.
Ese tipo de lugares son un caos. Hay luces demasiado resplandecientes, música a todo volumen y una moqueta de colores que ayuda a ocultar las manchas de vómitos.
Y eso sin mencionar la piscina de bolas llena de norovirus, el tiovivo desvencijado, los trabajadores con mirada perdida y las pizzas que parecen cocinadas en un microondas de la era soviética.
Todo mientras un roedor animatrónico que hay sobre un pedestal parpadea, gira y te dice que ahora se ha convertido en tu nuevo dios.
Dentro de esa orgía de grasa y consumismo descontrolado hay un salón recreativo. Los juegos, que funcionan a duras penas, tragan fichas y fichas a cambio de escasos segundos de entretenimiento. Y, de vez en cuando, alguno de estos juegos suelta algo especial. Un tíquet. Un tíquet de premio.
Cuando consigues y sostienes con tus manos pegajosas uno de esos tíquets de papel que has ganado con tanto esfuerzo, tienes que peregrinar hasta el legendario mostrador de premios.
Allí, te arremolinas con los demás peregrinos y acercas la cara contra la vitrina para luego pasar una cantidad de tiempo exorbitante decidiendo en qué gastar tus nuevas riquezas.
Finalmente, gastas tíquets por un valor de cuarenta dólares en un chicle y un silbato que incita al filicidio.
Pero no pasa nada. Es una lección vital muy importante.
Quizá la más importante de todas, aunque no tengas muy claro cuál.
Esta mano que has arrancado con brutalidad a un intruso externo podría considerarse uno de esos tíquets.
El mostrador de premios donde cambiarlos se abrirá en la Mascarada del Carnicero, la fiesta que tendrá lugar cuando este piso esté llegando a su fin.
El premio más barato tendrá un precio de una mano. Y habrá otros muchos mejores, claro.
Si transfieres o vendes este objeto, volverá a ser una parte corporal cercenada y perderá su valor.
—¿Qué cojones? —dije al tiempo que le daba vuelta a la garra.
Mientras examinaba el objeto, Dónut hizo lo propio con el suyo. Soltó un grito ahogado al leer la descripción.
—¿Un mostrador de premios? ¿Una mascarada? Vaya, esto lo cambia todo —dijo la gata—. Carl, solo tengo una mano. ¡Tenemos que conseguir más!
No había mención alguna sobre una «Mascarada del Carnicero» en el libro de cocina, pero sonaba muy siniestro. Sí que se mencionaba una gran fiesta al final del noveno piso si se conseguía superar antes de tiempo, pero no decía nada sobre el sexto.
—No sé qué será —dijo Mordecai después de que Dónut le mostrase la mano—. Eso es… Normalmente, no incitan activamente a los mazmorreros para que maten a los patrocinadores.
Antes de que pudiésemos seguir hablando sobre el tema, las pantallas empezaron a parpadear. Había llegado la hora del programa.
—¡Estamos en el Coto de Caza! —anunció el presentador.
Gracias al enfrentamiento contra aquel jefe en el fondo del océano, sabíamos que aquel lagarto anaranjado se llamaba Kevin, un nombre demasiado normal para un extraterrestre—.
Esta temporada, el sexto piso es más grande, más perverso y más extremo que cualquiera que hayamos tenido antes.
Puede que haya menos humanos y menos tiempo, pero hemos llevado la experiencia a un nuevo nivel. En esta ocasión, vamos a…
La palabra «Eliminado» apareció en la pantalla mientras Kevin el lagarto describía sin parar los horrores ocultos que tenían preparados para nosotros.
Mientras esperaba, guardé la garra y me fijé en los tres recién llegados al espacio.
Britney seguía en el suelo acariciando a Mongo.
En el piso anterior, la ucraniana había pertenecido a una clase llamada gladiadora, pero ahora había pasado a ser CAMPEONA DE LA ARENA .
Como se negaba a hablar conmigo, no tenía ni idea de cuál era la diferencia.
La clase de Firas aún era martillero, y había subido a nivel 35.
Al parecer, no había podido especializarse.
Louis también tenía nivel 35, pero su clase sí que había cambiado: de fumigador a PROFESIONAL DE LA EXTERMINACIÓN .
Comentó que había ganado una bonificación de 0,5 % de muerte instantánea con enemigos de su nivel o inferior, pero poco más.
—¿Y cómo les va a los cambiados? —le pregunté mientras esperábamos a que el programa volviese a la normalidad.
Louis se encogió de hombros.
—Se dirigían a una aldea que se encuentra en las profundidades del bosque. Está en el distrito Liana, en la orilla élfica del río. Uno de los adultos comentó que te dejaría un mensaje en el club Desperado dentro de unos días.
—Perfecto —dije. Me daba igual no saber el lugar exacto donde se encontrasen mientras tuviese una manera de comunicarme con ellos.
—¿Y Bonnie? —pregunté.
—La gnomita los ha acompañado —respondió Firas—. ¿Te hemos comentado lo que le hizo al Tetamen?
—No. ¿Qué hizo?
—Pues construyó una especie de ballesta gigante. Una balista. La fijó en un extremo del patio. La hizo con el mecanismo que abría la puerta del garaje. Katia la probó y destrozó un árbol.
Katia, que estaba sentada en el extremo de la mesa, gruñó para indicar que era cierto.
Al principio pensé que estaba enfadada conmigo y me había dejado de hablar, pero en ese momento me fijé en el destello de sus ojos.
Estaba haciendo lo mismo que yo. Hablando.
Planeando. Trabajando. Se había visto obligada a parar por culpa del programa.
—¿A qué altura podéis ascender con el Tetamen? —pregunté. El techo de este nivel no era demasiado alto si lo comparabas con el anterior.
—Pues no mucho —comentó Firas—. El techo está más alto en este lado del río, lejos de las grandes ciudades, pero no podemos ascender ni siquiera sobre los árboles.
El globo es demasiado grande, así que no es muy útil.
Con suerte, encontrarás la manera de bajar con él otro piso más. Quizá el séptimo vuelva a tener cielo.
—Ya veremos —dije.
—Bueno, Louis —comentó Dónut, que se acercó al grandullón en ese momento—.
Supongo que toca felicitarte. Doy por hecho que no ocurrirá hasta que no lleguemos al noveno piso y, como Carl se ha convertido en una persona religiosa, quizá pueda oficiar la ceremonia.
Le cubriremos esos tatuajes de presidiario si hace falta.
Un momento, ¿crees que necesitarás dama de honor?
Oh, oh. Y Mongo podría llevar los anillos.
Mongo alzó la cabeza en el regazo de Britney y graznó.
Dónut soltó un grito ahogado de repente.
—Y yo podría cantar. Ahora soy cantante profesional. Os cobraré un poco, obviamente, pero ¿no crees que sería fantástico? ¡Piensa en la audiencia!
Louis empezó a ruborizarse.
—Higo os lo ha contado, ¿no?
—Tampoco hacía falta. El amor te brota por los poros —dijo Dónut—. Debo decir que no me sorprende que seas el primero del grupo en encontrar el verdadero amor. Todos sabíamos que no iba a ser Carl. Y yo ya tengo una relación a distancia con Ferdinand.
—¿Ferdinand? —preguntó Louis—. ¿Quién es? ¿Otro gato?
—Ah, sí —comentó Dónut—. Es una relación aún menos convencional que la tuya. Somos unos amantes desafortunados que…
La conversación quedó interrumpida por el programa, que volvió a la normalidad.
—¡Asesino! —gritaba Dmitri o Maxim Popov en la pantalla.
Al parecer se estaba haciendo un repaso de lo ocurrido al final del piso anterior y la imagen regresó en mitad del vídeo.
El mazmorrero de dos cabezas luchaba con otro humano que no reconocí.
El tipo era grande, con ropa de cuero, la cabeza afeitada y un guantelete de guerra similar al mío.
La criatura de dos cabezas que era Dmitri y Maxim, un cabecenco, supuestamente, empezó a agitar su martillo de meteorito mágico.
Estuvo a punto de destrozar a su contrincante, pero todos cayeron al suelo de repente cuando un pie gigantesco apareció en su burbuja para luego desaparecer de un salto.
El tipo que había sido objeto de la ira de los hermanos Popov aprovechó la distracción para correr hacia las escaleras.
Me di cuenta de que el pie de la deidad pertenecía a Hendidura, uno de los demonios ferales que habíamos invocado al final del quinto piso. Iba de camino hacia nuestra burbuja persiguiendo a Samantha, la cabeza de una muñeca hinchable.
—No entiendo cómo dos personas distintas podrían elegir una especie así —comentó Dónut—. Supongo que se caerían muy bien. Además, seguro que complica mucho el comprar ropa. Carl, ¿te imaginas compartir cabeza conmigo o con uno de tus amigos? Aguantarías un día antes de asesinarlos.
En ese momento, apareció en la pantalla Katia abriendo el portal al noveno piso.
No vimos la destrucción al otro lado, pero sí una imagen estática de Larracos inundada y llena de tiburones que se peleaban por comerse los restos de los cadáveres de los PNJ.
Luego, enfocó el gesto estoico de Katia contemplando lo que acababa de hacer y después aparecí yo riéndome, una grabación de un momento del todo diferente.
Luego volvió a aparecer la pantalla con el mensaje «Eliminado», pero en esta ocasión solo duró treinta segundos.
Nos dieron un repaso rápido de los diez primeros y cómo cada integrante de la lista había cambiado durante la especialización. Empezaron conmigo y las estadísticas de la clase agente provocador. En la pared, Britney gruñó divertida al verlo, pero no supe muy bien la razón.