La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 7
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Capítulo 7

El pueblo era un «asentamiento de osgos pequeño», pero por la noche solo vi esos micónidos campana funeraria deambulando de un lado a otro.

Estaba claro que por allí no lo habían pasado muy bien.

Dos de los edificios del lugar habían sido saqueados tras sufrir una explosión o algo parecido.

Había un cementerio algo extraño en las afueras que parecía formar parte de una misión y alguien se había puesto a excavar por todas partes.

—Pasamos por aquí al venir —dijo Miriam—, pero lo hicimos por la entrada sur. No había trampas dentro del pueblo. Los guardias micónidos las desactivan. Pero parece que los alienígenas ya habían pasado por la ciudad como una plaga de langostas. Hay otro pueblo por el camino que está igual.

Sospechaba que todos los pueblos de los alrededores de Zockau habrían acabado igual, rodeados por trampas de mierda y saqueados a estas alturas. Nos centraríamos en ver el episodio resumen, reiniciar nuestras ventajas y continuar con nuestro camino. No había tiempo que perder.

Le choqué el puño a Miriam y a Prepotente y nos prometimos mantenernos informados siempre que nuestros planes pudiesen afectar a los del otro.

Volví a darle las gracias a Miriam e intenté no mirar a Bianca.

Luego me despedí de Prepotente, quien de repente empezó a actuar como si fuésemos mejores amigos.

Había muchas cosas que me hubiese gustado sonsacarles, como más información sobre el club Vencedor, pero la cabra era demasiado inestable como para tener una conversación normal con ella. Ya intentaría usar el chat para preguntarle a Miriam en otra ocasión.

—Puede que sean un poco raros, pero parecen buena gente —comentó Dónut cuando nos separamos al fin—. Iban a intentar que esos cazadores se emborrachasen y se matasen entre ellos. Era un plan mucho más seguro que el que se te ocurrió a ti.

Empujé la puerta del primer restaurante, que resultó ser una estancia segura de las típicas con un bopca.

Por fuera tenía aspecto de bar, pero una vez dentro vi que era más parecido a un restaurante de comida rápida llamado Whataburger.

Me detuve para hacerme con un refresco del grifo y llené el vaso de poliestireno mientras Dónut soltaba a Mongo.

No se había atrevido a hacerlo cerca de Bianca.

—Pero yo conseguí mucho más que ellos —repliqué—. Con tu muerte, sumamos un total de treinta y cinco cazadores. Su método es efectivo, pero no sirve de nada si no son invisibles del todo. Cuando los cazadores estén desperdigados, será mucho más fácil para todos.

—Van a ir a por ti, Carl —advirtió Dónut—.

Mordecai ya se ha puesto en plan «tenemos que hablar» conmigo por chat.

Y, la verdad, es una conversación que no me apetece, sobre todo si tenemos en cuenta que en este piso parece una falsificación de Monchhichi con un corte de pelo horrible y un pedigrí muy cuestionable.

—¿Qué cojones es un Monchhichi? —pregunté mientras avanzábamos hacia el espacio personal.

Katia había regresado, así como Muy Taciturno, y se había traído a Louis y a Firas. Britney, la paciente de cirugía estética ucraniana, también estaba allí, sentada en un rincón y con cara de molesta, como siempre.

Chris y Arcillez no estaban por ninguna parte. Katia comentó que se encontraban en el bar de fuera, esperando al equipo de Meadow Lark, quienes aún no habían llegado al asentamiento.

Mordecai nos esperaba con los brazos cruzados, sentado en la encimera con las patitas colgando por el borde.

Dónut lo señaló con una de sus garras.

—Pues un Monchhichi es eso, pero con la cara afeitada y menos enfadado.

Louis estalló en carcajadas.

—Mi madre tenía una de esas cosas. Coleccionaba monos, principalmente, pero también tenía un Monchhichi de esos. Me daba pesadillas, joder.

—La hostia —dijo Firas, que miró mi refresco—. ¿Has encontrado un Whataburger? Tío, sal ahí fuera y consígueme unas patatas fritas.

—¡Hola, Louis, Firas y la novia de Firas! —gritó Dónut.

—No soy su novia —aseguró Britney.

Katia nos miraba con tanta irritación en el gesto como Mordecai. Sabía que estaba enfadada. Le había comentado que hoy no íbamos a hacer ninguna tontería.

—Mordecai, cielo —dijo Dónut mientras atravesaba la estancia en dirección al arenero—.

Todos sabemos lo que vas a decir. Y, aunque yo ya he descargado mi frustración con Carl por lo poco que parece apreciar nuestra seguridad, me gustaría que lo soltaras cuanto antes.

Sí, Carl ha hecho una estupidez suicida.

Y no, no voy a abandonarlo. Sí, a partir de ahora va a tener que contarme los planes antes de llevarlos a cabo.

Y no, no vamos a desarrollar una trama larga en la que nos separamos para luego volver a estar juntos.

Eso mismo es lo que estamos haciendo con Katia, y no quiero que nos pase lo mismo a Carl y a mí.

Así que vas a tener que superarlo y dejarte de frases en plan «No sabéis dónde os estáis metiendo», tan típicas de ti.

Mordecai se limitó a abrir y a cerrar la boca.

—Muy bien —dijo poco después—. Si es lo que queréis, limitaos a abrir las cajas de botín y reiniciar las ventajas.

Veremos el episodio resumen y luego seguiremos alejándoos de esa ciudad.

Puede que hayáis hecho saltar todo por los aires, pero solo habéis matado a unos pocos.

A menos que estéis planeando volver, os aconsejo que sigáis alejándoos.

—No he hecho saltar todo por los aires —dije al tiempo que le daba un sorbo al refresco—.

Solo una o dos manzanas. Estos barriles bomba solo tenían una cuarta parte de la potencia que podría haberles puesto.

Tengo un plan para crear otros mucho más potentes.

Exagerados, ya verás. —Hice un gesto con las manos imitando una explosión—.

Eso va a ser lo mejor de este piso. Habrá muchísimas explosiones.

Mordecai suspiró.

—Ya. Tendría que habérmelo imaginado.

Miré el reloj. Los cazadores iban a quedar libres dentro de poco más de trece horas.

—Ya verás. Va a ser espectacular.