Capítulo 6 #3
C ARL : ¿Qué medidas exactamente?
Z EV : Aún no lo tengo claro, pero mientras no intentéis asesinar a alguno de los trabajadores de Odette, no es algo que tenga que preocuparos.
También me han pedido que os diga que La venganza de la hija sigue en marcha y que habíais firmado un contrato para no participar en otras líneas narrativas.
C ARL : Fantástico. ¿Y qué se supone que tenemos que hacer si se nos acerca un élite?
Z EV : El resto de los programas saben que no pueden contar con vosotros, pero como bien sabéis hay élites que no hacen caso a lo que se les ordena.
Si ocurriese algo así, estáis obligados a evitarlo como mejor podáis.
En términos generales, los productores de otros programas respetarán el contrato que habéis firmado con Furor y Entretenimiento.
Y estos también intervendrán en caso de que ocurra algo.
Es algo que tendrías que hablar con tu nuevo abogado, pero mientras hagas un esfuerzo consciente no creo que termine por ser un problema.
C ARL : Muy bien. Gracias por el aviso.
Z EV : Eso es todo por el momento. Hablamos pronto.
D ÓNUT : ¡ADIÓS, ZEV!
Estaba a punto de preguntarle a Miriam si ellos habían participado en alguna misión élite, pero Dónut se me adelantó.
—¿Vosotros vais a programas muy a menudo? —preguntó en el momento en el que se cerró el chat con Zev—. Nosotros vamos a ir al de Odette dentro de unos días. ¿Habéis ido a su programa? Es maravillosa. Al parecer, era la representante de nuestro representante.
—Hemos estado una vez en el programa de Odette —comentó Miriam—. Pero al que vamos mucho es a Abundancia Abundante . A Prepi no le gustan mucho esos programas, pero se encuentra mejor cuando hay otras cabras cerca.
—Nosotros aún no hemos ido a ese —dijo Dónut.
—A Prepi le gusta porque dejan salir a sus hermanos y hermanas y siempre tienen preparadas plantitas nuevas para que prueben, aunque la última vez no les dieron nada de comer. A mí el programa me resulta un poco inquietante, pero a Prepi lo ayuda a relajarse.
—¿Hermanos y hermanas? —pregunté.
—Sí, sí —respondió Miriam—. Tengo otras diez cabras bóer en transportines guardadas en el inventario.
No las dejo salir muy a menudo, solo en las estancias seguras, porque esto se ha vuelto demasiado peligroso para ellas.
Todas son familia de Prepi y de Bianca. Después del desafortunado incidente con Angelo, prefiero tenerlas a buen recaudo hasta que salgamos de este lugar.
Empezaba a sentirme mucho mejor. Conseguí incorporarme del todo en la carreta y me miré el hombro que me había atravesado el virote.
Me había perforado la carne, pero la chaqueta mágica parecía intacta por alguna extraña razón.
Me resultó bastante extraño. Tenía resistencia a los ataques perforantes gracias a las rodilleras, pero estaba claro que no era lo mismo que tener inmunidad.
Los atacantes diestros podían llegar a hacerme daño de igual manera.
Prepotente empezó a volver hacia donde nos encontrábamos.
—Vaya —dijo Miriam—. Parece que tenemos un problema.
La cabra convertida en mazmorrero tenía prácticamente el mismo aspecto que la última vez que la había visto.
Tenía nivel 55, posiblemente el más alto de la mazmorra.
Su clase había pasado de equilibrista maldito a depravado impío, lo que tenía menos sentido aún.
También vi un tatuaje desgastado pero reluciente que destacaba en el dorso de su mano parecida a la de una persona.
Era una cabra satánica de aspecto muy maligno.
Me miró con el ceño fruncido y luego se giró hacia Miriam.
—Hay una hilera de trampas frente a la entrada del asentamiento y aún no puedo desactivarlas. Tendremos que dar un rodeo.
—¿Trampas? —pregunté—. ¿De qué tipo? Es posible que yo pueda encargarme.
—Carl, tú no puedes encargarte ni de tu higiene más básica.
Son trampas complicadas diseñadas para decapitar a todo aquel que las active, que requieren que uno sepa muy bien lo que está haciendo para acercarse a ellas siquiera.
Mira que me encantaría ver cómo tu cabeza rueda por el suelo, separada de ese cuerpo hinchado y asqueroso que…
Lancé el conjuro Patoso.
A nuestro alrededor, en todas direcciones, se oyó una miríada de explosiones seguidas de luces y otros ruidos. Unas cuchillas volaron por encima de la carreta y se perdieron en la oscuridad.
Prepotente empezó a balar con desesperación.
—Problema resuelto —dije—. Si alguna de esas trampas hace salir algún monstruo, tendremos que estar atentos.
—¡Me siento atacado! ¡Has cometido una grave negligencia! ¡Bianca, prepárate para la batalla!
Justo delante de mí, el pelaje de Bianca empezó a agitarse y las llamas se alzaron aún más del cuerpo de la criatura.
—Prepi —dijo Miriam—. No vamos a luchar contra Carl.
—¡Me ha denostado! ¡No lo permitiré! Madre, Princesa Dónut…, ¡apartaos porque voy a defender mi honor!
—Que me comas la polla, Prepi —dije al tiempo que me ponía en pie y encaraba a la cabra.
Prepotente rompió a llorar. Saltó a la carreta y rodeó con los brazos a Miriam, quien lo abrazó con fuerza.
—Carl, eso no ha sido muy amable por tu parte —dijo la pastora, con tono cordial pero de regañina—. Te salvamos la vida.
D ÓNUT : CARL, EMPIEZO A PENSAR QUE ESTOS SON UN POCO RARITOS.
—¡Él me insultó primero! —espeté. Me arrepentí nada más decirlo. Me di cuenta de que había sonado como un llorica. De repente, fue como si volviese a estar en la escuela y me estuviese reprendiendo una profesora.
—Y Prepi tampoco tendría que haber hecho eso. Ahora, os vais a pedir perdón.
Detrás de ella, las llamas de Bianca siguieron agitándose con rabia. Parecía un sismógrafo. La mascota demoniaca miraba hacia delante y estaba atada a la carreta con un arnés, pero no me cabía duda de que podía llegar a romperlo en cualquier momento y devorarnos sin contemplaciones.
—No voy a hacerlo —aseguró Prepotente, con el rostro enterrado entre la túnica de Miriam—. Se ha portado mal conmigo, madre. Es una persona horrible. Horrible. Es peor que esos imbéciles del club Vencedor.
—Prepi —dijo Miriam mientras le acariciaba la cabeza a la cabra—, ya hemos hablado de esto. No puedes ir por ahí insultando a todo el mundo.
—¡Usó mi nombre especial! Solo tú puedes usar mi nombre especial.
Intercambié una mirada con Dónut. Teníamos que alejarnos de estos chalados cuanto antes.
Bianca siguió avanzando. Me dio la impresión de que había notado que ya no había peligro, porque las llamas de su lomo se relajaron.
En ese momento, vi un asentamiento en la lejanía.
Había una pareja de guardias micónidos en la parte interior de la muralla, al otro lado de la entrada, viendo cómo nos acercábamos.
También una hilera de quemaduras en el suelo frente a la puerta. El aire olía a humo.
—Lo siento, Carl —dijo Prepotente—. No tendría que haberte llamado maloliente. Ni tampoco tendría que haber cuestionado tu capacidad para activar de forma inexperta todas las trampas de la zona.
—Tranquilo. No pasa nada. Perdona tú por haberte dicho que me chupases la polla.
Miriam sonrió. Cuando lo hice, vi los dos colmillos y, de repente, esa sensación maternal que emanaba de ella desapareció y quedó reemplazada por una repugnancia muy incómoda.
—¿Veis? No ha sido tan difícil. Ahora daos un abrazo.
—Bueno… —dije.
Prepotente se separó de Miriam y se acercó a mí con los brazos extendidos. Las lágrimas aún le brillaban en sus ojos de cabra.
—Sí, Carl —dijo Dónut—. Sé un buen chico y dale un abrazo a Prepotente.
D ÓNUT : SERÁ MEJOR QUE LO HAGAS. SI NO, TODO EL MUNDO PENSARÁ QUE ERES UN CAPULLO.
Apreté los dientes y abracé a la cabra. Los brazos peludos y extraños me rodearon con fuerza. Olía a granero.
En ese momento, baló con todas sus fuerzas. En mi puñetero oído.