La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 6 #2
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Capítulo 6 #2

Susan era una criatura impía. La corgi tenía fama de ser una pequeña psicópata sádica.

Atacó y mordió a muchos integrantes de la corte y a las visitas, así como a varios agentes de policía y hasta a la persona que se encargaba de mantener los relojes en hora para la familia real, quien se dice que no dejó de sufrir pesadillas tras el incidente.

Con esto solo quiero dejar claro que Susan era una imbécil.

Lo sé, lo sé. No es políticamente correcto llamar imbéciles a las mascotas, ni a los bebés ya que estamos.

Pero eso no cambia el hecho de que lo sean.

Y si hay infierno, está claro que Susan la corgi está brincando por ahí, acompañada de otras mascotas imbéciles, como Brandon de Punky Brewster o Misty Malarky Ying Yang, el gato siamés de Jimmy Carter.

Un familiar engendro infernal se crea cuando una mascota imbécil normal se ve afectada por un conjuro de protección de alma pero muere de igual manera.

Dicha alma queda vinculada al infierno y mancillada, pero termina por regresar al cuerpo original de la mascota, lo que hace que esta resucite.

La forma habitual de la criatura se mezcla con la de un demonio.

Crecerá con cada nivel que consiga y dejará de hacerlo cuando llegue a nivel 50.

Le saldrán alas y se volverá algo formidable, pero también de malas pulgas.

Y dará un miedo de cojones. También terminará por ser una de las mascotas más poderosas y llamativas de Planeta mazmorrero .

—La descripción no la pone muy bien, pero en verdad es un encanto —comentó Dónut—. Miriam dice que, cuando era una cabra normal, le gustaba que le acariciasen el culito. Y que le gustan mucho las uvas.

—Sí, estoy seguro de que esta mascota demoniaca es muy buena —dije—. Oye, ¿qué es eso que te ha salido sobre la cabeza?

Dónut tenía un nuevo símbolo flotando después de su nombre. Era una daga roja, parecida a la del logotipo del club Desperado, pero con la punta hacia arriba. No dejaba de girar y se encontraba entre la calavera de asesina de jugadores y todas las estrellas de muertes de jefes. La examiné.

Asesina de cazadores: 1.

—Anda. Mataste a uno.

—No fue nada. Disparé un proyectil mágico mientras escapábamos, aunque diría que lo que lo mató de verdad fue tu explosión. Aun así, me la dieron a mí.

Miré hacia arriba, con la idea absurda de ver cuántas dagas tenía yo.

—¿Cuántas me dieron a mí?

—Creo que deberías revisar tus notificaciones, Carl.

Entré en el menú. Había llegado hasta nivel 54. Dónut también había subido unos pocos, hasta 41. Seguía siendo demasiado bajo. En el piso anterior habíamos pasado demasiado tiempo planeando cosas y poco matando criaturas. Teníamos que hacer algo al respecto. Y rápido.

Tenía muchísimos logros nuevos. Les eché un vistazo.

¡Logro desbloqueado! ¡Quiero volver a casa!

Te has teletransportado a unas escaleras durante las primeras treinta horas del piso. ¿Qué? ¿Estás escapando o qué? Espero por tu bien que no bajes por ellas. Sabes que las cosas no van a ser más fáciles ahí abajo.

Recompensa: Tu recompensa es un consejo. Uno que te daría una persona mayor. No seas un capullo. Ahí tienes.

¡Logro desbloqueado! Te has pasado de la raya, una raya que ni siquiera sabías que estaba ahí.

Has usado un artefacto de sufrimiento divino por primera vez. Por suerte, usar un objeto tan poderoso y maligno no ha tenido efectos secundarios sorpresa o involuntarios.

Ni caso al zumbido ese que has empezado a oír en las profundidades de tu mente. Es probable que no sea nada.

Recompensa: Has recibido una caja de yonqui de oro.

Eso sí que era preocupante. No me sentía diferente.

La Destreza me había subido un punto. Los dos siguientes cazadores que matase tras marcarlos también me subirían las características en un punto.

Los tres siguientes, me las subirían en dos puntos.

No iba a poder marcar varios objetivos hasta que no llegase al noveno piso, pero mientras tenía pensado usarlo lo máximo posible.

¡Logro desbloqueado! La garra que araña a su amo (treinta y cinco veces).

Has asesinado permanentemente a un ser vivo no mazmorrero. No solo están muertos, sino requetemuertos. Has dejado huérfanos a sus hijos. Sus madres no paran de rechinar los dientes y de maldecir tu nombre. Y tú ahí sentado, vivito y coleando. Me encanta.

Todos sabemos que tendrías que haber recibido este logro un poco antes, pero supuse que lo mejor sería no dártelo hasta ahora. Te lo mereces sin duda y puede que te haya dado uno de más. Chis. No se lo digas a los peces del fango.

Recompensa: Has recibido treinta y cuatro cajas de asesino de cazadores de oro.

Nota: Este logro puede recibirse más de una vez, pero las cajas de asesino de cazadores solo salen en el sexto piso.

Joder. Había matado a treinta y cuatro. Y me habían dado treinta y cinco logros, pero eso solo era por la IA. Conseguí treinta y cuatro cajas. Me sentí pletórico. Sí, sí. No había llevado a cabo mi plan, pero había merecido la pena.

«Acabaré con vosotros. Acabaré con todos vosotros».

¡Logro desbloqueado! Asesinato en masa.

Vale. Echa el freno, semental. ¿Tu madre no te quería o qué?

¿Tu dios te ha prometido pajas ilimitadas en el cielo o algo así?

Has colocado y detonado un explosivo improvisado en una zona urbana habitada, lo que ha provocado la muerte de más de doscientas cincuenta criaturas que no eran enemigos.

Ya lo habías hecho varias veces, pero esto ya ha sido pasarse. Y encima lo has hecho aposta.

A eso lo llamo yo correrse una buena juerga.

Recompensa: Has recibido una caja de cabronazo de platino.

—Mierda —gruñí. Eso significaba que había matado a más de doscientos PNJ.

Eran muy pocos en comparación con los que habían muerto en Larracos, y eso sin contar a todos los que estaban dentro de la fortaleza Páramo de los gnomos de los dirigibles.

Pero… no me importaba. No tanto como debería, al menos.

Sí que tenía que conseguir ser más eficiente.

Los PNJ estaban mucho mejor muertos, y lo creía de verdad, pero aun así no quería convertirme en un desalmado.

Quería evitar la muerte de vidas inocentes si era posible.

No se merecían aquel sufrimiento ni desgracias innecesarias.

«No es mi culpa —pensé—. Fueron ellos los que empezaron. Son sus normas. Es su juego».

Miriam regresó en ese momento, flotando sobre Bianca para aterrizar luego en la carreta.

Prepotente desapareció al adelantarse aún más.

La pastora tenía la barbilla manchada de sangre, que se enjugó al caer a mi lado.

La examiné. Tenía nivel 52. Su especie había pasado de humana a vampira desde la última vez que la había visto en el cuarto piso.

Su clase no. Seguía siendo pastora, que al parecer era algún tipo de sanadora.

Tenía un aura maternal y amable, a pesar de lo de ser vampira, claro. Me recordó a la pobre Yolanda, que había muerto a manos del elemental de furia hacía ya tanto tiempo.

—¿Te sientes mejor? Ya no queda nada para llegar al asentamiento —comentó Miriam—. Como estamos tan cerca de Zockau, hay trampas por todas partes. Prepi las está desactivando.

—Estoy mejor. Gracias —respondí—. Mira, te agradezco muchísimo que nos hayas salvado el culo, pero me gustaría saber qué estabais haciendo por aquí. Y perdón otra vez por haberos chafado el plan.

—No le hagas caso a Prepi, guapo. Es un gruñón.

El plan que teníamos no iba a salir bien.

Sospechábamos que iban a emborracharse mucho, por lo que Prepi se dedicó a lanzar varias desventajas en área por la zona.

Una para aumentar el nivel de embriaguez, que se activó y funcionó bien.

Y otra para hacer que les diesen ganas de pelearse entre ellos, pero esa quedó bloqueada.

Mientras, yo me dedicaba a ocultar nuestra presencia y aumentar la potencia de las desventajas. Pero el plan salió mal.

Recordé que estos dos habían conseguido matar a aquel pavo gigante del piso anterior acumulando desventajas.

Era una forma de matar un tanto extraña: Miriam los mantenía ocultos y lanzaba ventajas sobre Prepotente mientras la cabra lanzaba desventajas que se acumulaban en el objetivo, de una manera en la que la criatura ni se daba cuenta de que la estaban atacando.

La clase de ese tipo era equilibrista maldito, y no tenía ni idea de qué podía significar.

Al principio había dado por hecho que era una especie de acróbata, pero estaba claro que tenía algo que ver con la magia.

—Sí, como he dicho, son unos tramposos de mierda. No es justo que los informen de lo que estamos haciendo. Si yo estuviese viendo el programa en estos momentos, empezaría a quejarme a los responsables, la verdad. Sobre todo teniendo en cuenta que hay dinero en juego con las apuestas.

Antes de que Miriam pudiese responder, llegó un mensaje que nos interrumpió.

Z EV : Saludos, mazmorreros.

D ÓNUT : ¡HOLITA, ZEV!

Z EV : Chicos, vuestra audiencia es de locos en estos momentos.

Intentad quedaros con Prepotente todo lo posible.

Carl, no lo insultes demasiado. Es raro, pero tiene tantas visualizaciones porque encaja muy bien con un tipo de público que no os ve a vosotros.

Espero que el cruce entre ambos os asegure más asiduos.

C ARL : ¿Ya puedo decir «Que te den, Zev» o seguiría metiéndome en problemas?

Z EV : No. Sigues sin poder decirlo.

C ARL : Muy bien. Intentaré buscar palabras menos malsonantes para expresar lo mismo.

D ÓNUT : CARL, NO TE PORTES MAL CON ZEV. ACABA DE RECUPERAR SU TRABAJO. ¿VUELVES A SER NUESTRA RELACIONES PÚBLICAS?

Z EV : Esto… Ya hablaremos de eso en otro momento. Un aviso, eso sí: si no morís de aquí a entonces, mañana iréis al programa de Odette. Katia no irá con vosotros.

D ÓNUT : ¿Y TE VEREMOS ALLÍ?

Z EV : Sí. Ahí estaré. Y también me gustaría comentaros que habrá medidas de seguridad adicionales antes de que os teletransporten. No ha sido idea mía, pero se hará con todos los mazmorreros a partir de ahora.