Capítulo 5 #4
Pasamos a toda velocidad por la plaza del asentamiento y entramos en una calle estrecha. Los edificios de la zona estaban a medio derrumbar. Había escombros por todas partes. Salté por encima de un PNJ elfo que gimoteaba en el suelo.
—Lo siento mucho, compañero —le grité mientras seguía corriendo.
Al parecer, las ventanas de todo el lugar habían reventado. Frente a nosotros, los PNJ habían empezado a salir de sus casas. No vi ningún punto púrpura, así que aceleré el paso.
—Intentaba lanzar Séquito, que crea una copia de nosotros, pero así no se puede. Tengo que leer la letra, pero ¡es imposible si te pones a correr! ¡Es como intentar cantar en un karaoke que está en una montaña rusa!
¡AVISO! ¡CUIDADO CON DÓNDE PISAS, JODER!
—Mierda —dije al tiempo que derrapaba hasta detenerme.
Era demasiado tarde. Apareció una cuenta atrás.
Acababa de pisar la trampa. Dos trampas, de hecho.
La primera era una de alarma que había en mitad de la calle.
La segunda, una de pinchos de las baratas.
Salté justo antes de que se activasen las púas, pero no pude evitar el escándalo de la alarma.
¡Y subiendo hasta el número 27 a fecha de 27 de enero de 1990, tenemos Kickstart My Heart !
Lancé Patoso, que activó todas las trampas en un radio bastante amplio.
Empezaron a sonar varias canciones y oí explosiones por todas partes a nuestro alrededor, pero la canción de Mötley Crüe sonaba tan estruendosa a nuestro lado que empezó a hacernos daño.
Extendí el brazo y cogí el pequeño cubo que era la trampa.
No me dejaba desactivarla ahora que había empezado a sonar, pero sí que me dejó guardarla en el inventario, lo que hizo que cesase la música. Me empezaron a pitar los oídos.
Dónut se había puesto a gritar algo, pero no la oí. Saqué el segundo multilanzador de cohetes. Este solo tenía diez porque me había quedado sin Tiros seguros. Lo había configurado para disparar a la «criatura cazadora más cercana».
¡Has vuelto a aparecer! ¡Se ha cancelado la invisibilidad!
El escudo chisporroteó al recibir un impacto y apareció la barra de salud de dicho escudo en mi interfaz, que había bajado hasta la mitad. Recibí dos impactos más. Eran virotes de ballesta. Intenté averiguar de dónde venían, pero no vi al atacante.
D ÓNUT : ¡EN EL TEJADO! ¡INVISIBLE!
Dónut disparó un proyectil mágico hacia la parte alta del edificio mientras yo lanzaba una cortina de humo. Luego cargué una hobomba y la tiré.
D ÓNUT : ¡HEMOS FALLADO! ¡PUEDE VOLAR! ¡ES DEL MISMO TIPO QUE EL ANTERIOR!
Quedaban cinco segundos para volver a poder usar el conjuro Tañido.
Me alejé del centro de la calle y me dirigí a una hilera de árboles altos.
Apareció un punto naranja cerca, algún tipo de mascota voladora que se nos acercaba desde otra dirección.
Voló disparada hacia nosotros entre chillidos.
Parecía un halcón grande. Un virote le impactó en la cabeza y acabó con ella.
El cazador acababa de matarla. Al parecer, estaba protegiendo a su presa. O sea, nosotros.
El escudo volvió a chisporrotear al recibir el impacto de más virotes de ballesta. En ese momento, desapareció. Grité de dolor cuando otro proyectil se me clavó en el hombro.
«Demasiado daño para mi resistencia al perforante».
Veneno anulado.
Me agaché por instinto, momento en el que otro virote golpeó a Dónut, que seguía protegida. La gata saltó hacia delante, cayó rodando en la calle y luego volvió a ponerse a cuatro patas y siguió avanzando a la carrera.
Usé Tañido al fin, y el punto apareció en el mapa. A mucha altura. Vi que estaba rodeado por una estrella. El alcalde. El Grandioso. Al fin.
Activé los misiles, que alzaron el vuelo detrás de nosotros. No me di la vuelta para mirar, sino que empecé a correr. El cazador, que tenía nivel 70, trazó un arco en el cielo para esquivar los proyectiles.
Otro virote se me clavó en la parte de atrás del muslo cuando llegamos al extremo del asentamiento. La punta aserrada me atravesó la pierna por completo y me salió por delante, para luego abrirse como si fuese un paraguas. Grité y salté para salir del asentamiento.
Entrando en la selva.
Me curé y me arrastré en dirección a los árboles. Estos tipos no podían salir de la ciudad, pero no sabía si podían disparar al exterior con sus armas.
Cuando salimos del lugar, desaparecieron todos los puntos que tenía en el mapa, como si la ciudad estuviese protegida.
Miré por encima del hombro mientras me arrastraba y comprobé que la frontera que separaba el asentamiento de la selva era opaca.
Las calles estaban a escasos metros detrás de mí, pero no veía nada.
—Carl, ¡tenemos que largarnos! ¡Estamos demasiado cerca! ¡Vienen más puntos naranja!
Me puse en pie como pude, pero volví a caer.
Miré embobado el virote que aún tenía clavado en el muslo.
Me había sanado, pero eso no había sacado el proyectil, como solía ocurrir.
Tenía otro en el hombro. Ambos estaban haciendo que mi salud siguiese bajando sin remedio.
Al parecer tenían la desventaja Hemorragia.
—Oh, oh —dije. Empecé a marearme y el aviso de la desventaja parpadeó en mi interfaz.
Luego apareció un punto naranja en el mapa.
Dónut soltó un grito ahogado junto a mí.
Acababa de salir de entre la vegetación y era enorme.
No conseguí ver qué era, pero su cuerpo chisporroteaba a causa del calor.
Intenté centrar la vista, pero sentí como si estuviese mirando una pantalla de televisión llena de estática.
Estaba mareado, más de lo que había estado jamás.
Me di cuenta de que el estruendo de las trampas también había cesado en cuanto salimos del asentamiento.
Empecé a verlo todo borroso de verdad. Conseguí hacer clic en un pergamino de sanación y me subió la vida, pero seguí sintiéndome igual, cada vez más confundido.
Sentí más personas a mi alrededor y oí a Dónut decir algo. Eran puntos azules. Mazmorreros.
«Al parecer no hay distinción alguna entre los puntos naranja de mascota —pensé—. Ya sean de los mazmorreros o de los cazadores. Tiene que ser un fallo del sistema».
Me ardía la pierna. Pensé en mi recreativa de Frogger . Me pregunté si Bomo y el Mazo habrían mejorado. Recordé el día en el que había encontrado a mi madre en el sótano. Pensaba que ese día me iban a regalar una bicicleta, pero no fue el caso.
«Este es mi regalo de cumpleaños».
¿Dónde estaba?
—¡Otra vez! ¡Lo ha hecho otra vez! Al menos no le queda mucho tiempo de vida —comentó una voz que me resultaba familiar—. ¡Nivel 54! ¿Cómo ha llegado tan lejos este imbécil? ¿Y qué son esos símbolos de cuchillos que tiene sobre la cabeza?
—¡Ayuda! ¡Ayuda! —gritó Dónut a los recién llegados—. Carl necesita que le saquen las flechas.
—Madre, deberías alimentarte de él antes de que muera.
—Prepi, no voy a alimentarme de Carl. Ahora ayúdame —dijo otra voz.
—Creo que deberíamos dejarlo morir. Arruinó mi conjuro. Otra vez. Y necesitas sangre.
—Para ya. Dónut, cielo —dijo la mujer—. No toques los virotes. Vaya. Sí que tiene desventajas. Lo ayudaré. No te preocupes. Se pondrá bien. Aquí estamos a salvo. Confía en mí.
Alguien gritó.