Capítulo 5 #3
En el otro extremo de la calle, unos cazadores alienígenas se habían colocado junto al primer barril, pero aún no se habían fijado en él. Eran humanoides grandes y de piel azul con armadura de cuero.
Me incliné hacia delante.
—¿Quieres que te cuente un secreto?
—¿Qué? —dijo Chin’Dua también entre susurros. Pestañeó rápidamente.
D ÓNUT : CARL, DATE PRISA. ESTÁS TARDANDO DEMASIADO.
—Voy a usarte de cebo. Vas a morir convertido en un cebo.
Se oyó un grito y, en ese mismo momento, lancé Tañido.
Empezó a resonar un ruido que se extendió por toda la ciudad. En el minimapa, aparecieron todos los PNJ, cazadores y mascotas cercanos. En el cielo, la luz brillante empezó a dirigirse rápidamente hacia nosotros. Fue entonces cuando vi el punto púrpura acercándose a toda velocidad.
—Cagondiós —murmuré en voz baja mientras empezaba a examinar los puntos.
Tenía la esperanza de que aquel cazador capaz de volar también fuese el alcalde del lugar.
El Grandioso. Pero no lo era. No había tenido tanta suerte.
Empecé a buscarlo en el mapa, ya que este estaría rodeado por una estrella.
No lo vi, lo que significaba que se encontraba en una estancia segura, dormido o fuera de mi alcance en aquel momento.
Me preparé para que me atacasen de inmediato, pero en lugar de eso la mayoría de los cazadores volvieron a entrar a los bares a toda prisa. Los listos se dirigieron hacia el Desperado.
Repasé rápidamente la lista para encontrar al de más nivel. Había uno de 63 a dos calles de distancia corriendo hacia nosotros muy rápido. Estaba demasiado lejos. Luego me centré en el volador. Tenía nivel 61. Suficiente. Hice clic mental en el punto.
Cazadora Xindy. Mantis. Nivel 61. Rastreadora de sangre.
El Enjambre Negro.
Abrí el menú del anillo del pie e hice clic en la segunda habilidad.
Supercontagiador. El alcance de la habilidad dependía de mi mapa, ya que el objetivo tenía que estar lo bastante cerca como para verle el nombre.
Gracias al conjuro Tañido, dicho alcance se incrementaba mucho.
Bajé por la lista de objetivos posibles hasta que encontré a Xindy e hice clic en ACTIVAR .
La alienígena voladora se detuvo en seco en mitad del aire.
Sobre mi hombro, Dónut disparo un par de proyectiles mágicos a un cazador que había empezado a gritar y a correr.
Xindy empezó a escapar cuando se dio cuenta de que le había lanzado algo.
Ahora estaba en la misma situación que yo: infectada con Enconado, una desventaja que no iba a poder quitarse hasta que no muriese el pobre Chin’Dua.
Se oyeron más gritos y luego me vi afectado por un conjuro Tañido igual que el que yo acababa de lanzar.
Una luz amarilla se proyectó hacia los cielos.
A media manzana de distancia, un enjambre de puntos naranja empezó a moverse hacia nosotros.
Detrás de mí, los guardias osos se había dado la vuelta para acercársenos a la carrera.
Hice clic mental en el primero de los dos detonadores remotos que tenía en la lista de acceso rápido, y los cohetes empezaron a ascender por los cielos en espiral uno a uno.
Los había programado para que se disparasen en intervalos de tres segundos y en grupos de cinco, cada uno con el objetivo: «la criatura cazadora que se estuviese moviendo más rápido en ese momento».
Los primeros cinco misiles se dirigieron a toda velocidad hacia Xindy, que había escapado rápidamente presa del pánico. Apareció un escudo a su alrededor cuando iba a recibir el impacto del primer misil.
El segundo y el tercero chocaron contra ella en rápida sucesión.
El cuarto explotó antes de tiempo cuando un proyectil que habían lanzado desde una calle contigua lo interceptó en el aire.
Vi cómo le fallaba el escudo antes del impacto del quinto cohete, que chocó contra ella y explotó.
El punto púrpura se convirtió en una equis en ese momento, y su cadáver llameante empezó a caer en picado.
Antes incluso de que cayese al suelo, los siguientes misiles se dispararon y se desperdigaron en direcciones diferentes.
—Guau. ¿Has visto eso? —dijo Chin’Dua, que seguía mirando al cielo. Yo ignoré la página llena de notificaciones que acababa de recibir—. Era la hermana pequeña de Vrah.
Le di un puñetazo en el pecho y sentí el crujir satisfactorio de sus huesos.
Soltó un grito ahogado y me miró con sorpresa, como si se sintiese traicionado por muy raro que pareciese.
Después le di otro golpe en la cara. Y otro.
Cayó al suelo y volcó el barril, que empezó a deteriorarse de nuevo a toda velocidad.
La copa medio llena de vodka que tenía en la mano salió por los aires, y las cerezas empezaron a rodar por la acera mientras yo le aplastaba la cabeza con el pie.
El orco y la enana salieron del callejón y se quedaron muy quietos en la acera, a tres metros de distancia y mirándome con la boca abierta.
Me dieron ganas de marcar al orco, pero no tenía tiempo. Su salud estaba al 95 % y tendría que sanarlo antes de hacerlo. El barril estaba a punto de explotar. «Mierda. Qué mierda, joder». No me daba tiempo de encontrar a otro.
—Será mejor que corras —le dije mientras Dónut y yo saltábamos para entrar en el Chisme.
No llegó a darme tiempo de hacer clic en el segundo detonador que había colocado en la lista de acceso rápido. El barril explotó cuando aterrizamos dentro del bar y cerramos la puerta.
A pesar de estar dentro de una estancia segura, la onda expansiva nos empujó a Dónut y a mí hacia el fondo del establecimiento.
Las sillas cayeron al suelo. Las botellas se hicieron añicos.
Se oyeron tres explosiones más en el exterior.
Oí gritos detrás de la barra. Era un bopca que parecía muy sorprendido.
—¿Estás bien? —pregunté a Dónut, a quien se le había encrespado el pelaje.
—Carl, me lo he pensado mejor y quiero unirme al grupo de Katia —dijo la gata, con voz constreñida.
—Vale, pero primero tenemos que salir de aquí —comenté al tiempo que me incorporaba—. Sube a mi hombro otra vez. Rápido.
Corrí hacia la puerta del espacio personal. Me sorprendió durante unos instantes ver que había un pasillo largo con otras cinco puertas. Me acerqué a la que decía EL SÉQUITO DE LA PRINCESA DÓNUT , entré a toda velocidad y vi a Bomo y al Mazo de pie en la estancia.
—¡Protección! —grité.
—Pero ¿qué carajo está pasando? —preguntó Mordecai desde la encimera de la cocina, donde parecía estarse comiendo una copa de helado con trozos de plátano. Tenía el rostro peludo manchado.
—¿Vamos a volver a salir ahí? —preguntó Dónut, incrédula.
—Tenemos que hacerlo —dije entre jadeos—. Si no salimos ahora, apostarán un guardia en esa salida y nos dejarán encerrados en Zockau.
—¿Zockau? ¿En serio? —gritó Mordecai—. Cabrones, ¿ya estáis en la puñetera capital?
El Mazo nos lanzó dos conjuros de protección mágica y nos rodeó una luz azul. Bomo hizo lo propio con el conjuro Escudo, lo que hizo que también nos rodease un aura transparente. Ambos hechizos durarían cinco minutos si no nos los disipaban.
Me di la vuelta y volví a salir a pesar de los gritos de Mordecai. Se abrió otra de las puertas del pasillo y pasamos junto a un elfo cazador, que abrió los ojos de par en par al salir de su espacio personal.
—¡Bu! —le gritó Dónut, tras lo que el tipo trastabilló hacia atrás. Vi que había dos elfos más en la estancia.
Salimos a toda prisa al Chisme, donde vi que ahora había dos cazadores más. Eran dos sacacianos de nivel 50 con rostro tentacular.
Pasamos a toda velocidad junto a las criaturas sorprendidas, salimos a la noche del exterior y quedamos rodeados por un caos de llamas humeantes.
La manzana entera estaba incendiada y prácticamente en ruinas.
Una neblina densa cubría la zona. Había cadáveres por todas partes.
Los barriles explosivos estaban llenos de pólvora y dinamita hobgoblin, así como cortinas de humo de detonación retardada.
Lo había colocado todo para que causase la mayor destrucción posible.
Eran inestables de cojones y uno era más que suficiente para destruir una manzana entera.
Nosotros nos habíamos salvado porque nos habíamos escondido dentro de una estancia segura de verdad.
La fachada entera del club Desperado se había derrumbado. El bar de la entrada había desaparecido. Aquellos que estaban en el club de verdad se habían quedado atrapados y no podrían salir. Los demás no iban a poder entrar, al menos a través de Zockau.
A pesar de la destrucción, estábamos rodeados por puntos rojos, naranja y púrpura, aunque la mayoría se encontraban a unas pocas manzanas de distancia.
La mayoría de las trampas que estaban al alcance de la explosión se habían activado, lo que hizo que sonasen canciones de todo tipo a nuestro alrededor. Oí desde Aretha Franklin hasta ZZ Top.
Saqué otra bomba del inventario y la tiré.
Cayó al suelo, rodó y empezó a lanzar cortinas de humo hobgoblin a intervalos regulares.
Busqué el camino más cercano que me llevase hasta la salida del lugar.
Se encontraba a casi medio kilómetro de distancia, por una calle residencial.
Ambos nos tomamos pociones de invisibilidad y empezamos a correr.
Dicha invisibilidad no ocultaba los dos escudos de protección que nos rodeaban, pero no pasaba nada. Ocultaba nuestros puntos en el mapa y, entre tanto caos, solo necesitábamos unos pocos minutos para salir del asentamiento. Estaríamos relativamente a salvo una vez llegásemos hasta la selva.
Dónut empezó a cantar sobre mi hombro con voz desafinada.
—Una fría sombra, que cruza ojos y sonrisa. Veo sombras en mi interior que intento expulsar. Una sombra en mi interior… Carl, no te muevas tanto. ¡Me confundo con la letra!
—¿Qué intentas lanzar?