La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

Saqué el multilanzador del inventario y lo coloqué sobre la hierba.

Tenía veinticinco misiles teledirigidos con Tiro seguro almacenados, todos de cinco en cinco y apuntando directamente hacia arriba.

Ya había programado los objetivos. Eran cohetes de una fase, mucho más pequeños que los que habíamos usado en el piso anterior.

El lanzador era del tamaño de una mesa de póquer.

Lo apoyé contra la cara interna del arbusto más cercano y ajusté el temporizador con la habilidad Detonador remoto.

C ARL : Dónut, si las cosas se tuercen, baja por las escaleras y ya está. Nos reagruparemos en el séptimo piso.

D ÓNUT : LAS COSAS YA SE HAN TORCIDO, CARL. NO PODEMOS ATACAR A LOS MALOS MÁS PODEROSOS DEL PISO AL PRINCIPIO. LAS COSAS NO FUNCIONAN ASÍ.

Examiné el mapa. Había un total de siete bares si no incluía el Desperado.

Cada uno se encontraba en un edificio independiente con un callejón entre ellos.

El bar al que se dirigía Bomo era el más pequeño y el único que era una auténtica estancia segura, aunque los siete tenían entradas a nuestro espacio personal en el interior.

El mayor de ellos se llamaba A Las Chicas Les Encanta y era donde se oían más carcajadas y música a más volumen.

El cartel era una plancha de madera grande en la que aparecía un tipo calvo con las palabras «A las chicas les encanta» tatuadas sobre el labio superior.

Un foco iluminaba directamente el gesto lascivo de su boca.

Aquel bar no era una estancia segura. Estaba junto al Desperado, que hacía esquina y se curvaba hacia otra calle.

D ÓNUT : YA SABEN QUE ESTAMOS AQUÍ. LOS PUNTOS DE LOS GUARDIAS SON ROJOS.

C ARL : Eso es porque uno de los cazadores ha matado al alcalde del asentamiento y les han ordenado atacar a todos los mazmorreros que vean.

D ÓNUT : ESPERO QUE TENGAS UN PLAN PARA SACARNOS DE AQUÍ.

Levanté el pie para dar un paso hacia la hilera de bares.

AVISO. LA VAS A PALMAR.

Solté un improperio y me quedé muy quieto con el pie a escasos centímetros de pisar el suelo.

Volví a colocar el pie donde lo tenía antes y me agaché.

Me concentré y me percaté de cuál era el problema.

Había un caos de trampas desperdigado por el parque que rodeaba las escaleras.

Decenas de ellas. La mayoría eran trampas de alarma, pero vi algunas que no fui capaz de reconocer.

Una era una trampa No vas a ir a ninguna parte.

Y seguro que había más. Mi habilidad Encontrar trampa aún no era del todo fiable.

Examiné la primera de ellas al momento.

Trampa colocada.

Emplazada por el cazador Ontario.

Efecto: Una alarma estruendosa de cojones.

Retraso: Ninguno.

Objetivo: Mazmorreros. O sea, tú.

La mayoría parecían haber sido colocadas por ese tal Ontario, pero también había algunas de otros cazadores. Al ser un PNJ, Bomo no las había activado.

Desactivé esa primera con facilidad y me la guardé en el inventario. Tenía que beberme otra poción de invisibilidad. A Dónut el efecto le duraba un minuto más. No teníamos tiempo para esto.

Frente a mí, vi a Bomo aparecer de repente. Cruzó la calle y entró en aquel antro del cartel roto. Nadie pareció fijarse en él. Pasó junto a un grupo de PNJ y ninguno se giró para mirarlo.

C ARL : Dónut, usa Saltacharcos para sacarnos de aquí. Estamos rodeados de trampas. Llévanos a ese callejón que hay entre el Desperado y el otro bar.

D ÓNUT : ¿EL BAR DONDE ESTÁN TODOS LOS CAZADORES?

C ARL : Sí.

D ÓNUT : SI TENGO QUE TOMARME UNA POCIÓN DE MANÁ, NO PODRÉ USAR LA SIGUIENTE DE INVISIBILIDAD DEBIDO A LA RECARGA.

C ARL : Lo sé. Sácanos de aquí ahora mismo.

Dónut gruñó. Pasaron tres segundos y luego aparecimos entre el A Las Chicas Les Encanta y el Desperado.

Una pareja de elfos PNJ caminaba por la zona.

La elfa se giró con brusquedad hacia nosotros al oír el ruido que hicimos al aparecer, pero no se detuvo a investigar más.

Luego apareció un cazador a tres puertas de distancia.

Un orco. Llevaba sobre los hombros a una enana PNJ y ambos no dejaban de reírse.

Se dirigieron al callejón entre tambaleos etílicos.

El corazón me empezó a latir desbocado. Las visualizaciones de mi contador se habían disparado, lo que significaba que alguien iba a dar la alarma en cualquier momento.

Aún no tenía ni idea de lo eficientes que eran estos tipos con sus comunicaciones.

Esperaba, y rezaba, para disponer al menos de cinco minutos más.

Examiné el callejón estrecho que había entre el Desperado y el otro bar. Estaba a oscuras, y Dónut no vio ninguna criatura. Avancé para entrar en él, pero me detuve al ver otra trampa de alarma. Dios, tampoco la esperaba.

«A la mierda», pensé. Eché un vistazo a nuestro alrededor para comprobar que no había nadie mirándonos y luego saqué el barril del inventario y lo coloqué en el suelo, en el hueco entre los dos edificios y delante de la trampa.

Marqué la bomba con un segundo Detonador remoto y luego también lo añadí a la barra de acceso rápido.

Teníamos que darnos prisa. Aquella cosa decía en su descripción que era una bomba, por lo que si alguien la examinaba la iba a descubrir.

Me acerqué a toda velocidad al siguiente callejón.

Dónut se tomó una segunda poción de invisibilidad y yo la cuarta.

A ella le duraban dos minutos. Su tiempo de recarga de pociones era mucho mejor que antes, pero aún necesitaba un minuto y cuarenta y cinco segundos entre ellas, lo que significaba que no podía mantener los puntos de maná al máximo y mantenerse invisible.

Tenía dos tostadas de maná en el inventario, que estábamos guardando para una emergencia.

La tostada servía para rellenarle la barra y no contaba como una poción.

No quería que la usase a menos que fuese absolutamente necesario.

Dónut empezó a temblar en mi hombro, y yo extendí el brazo para acariciarla.

Ignoré el siguiente callejón y me dirigí hacia el que estaba después.

Las bombas eran bastante potentes y no era necesario colocarlas tan cerca las unas de las otras.

Coloqué el siguiente barril en la acera.

Luego, ignoramos el siguiente callejón, donde había un orco y una enana soltando gruñidos, y me dirigí al otro. Coloqué el tercer barril.

Cuando coloqué el cuarto, un cazador con cabeza de dragón salió del último bar a poco más de metro y medio a mi izquierda.

Era el mismo bar en el que había entrado Bomo, la única estancia segura de la zona.

El cartel estaba roto, por lo que no había podido leerlo desde el otro extremo de la calle, pero ahora vi que se llamaba el Chisme.

Examiné al cazador.

Chin’Dua. Dracónido. Nivel 50. Luchador.

Se trata de un cazador sin afiliación.

No describía ni la especie dracónido ni la clase luchador.

La criatura salió del bar tambaleándose, se detuvo a mi lado y se apoyó en el barril.

El humanoide alto y con escamas sostenía una copa de la que sobresalía una pequeña sombrilla púrpura.

En el líquido rojo del interior flotaban varias cerezas.

Se quedó allí, apoyado en la bomba potentísima.

No le hizo nada, pero su mera presencia hizo que la estabilidad del objeto empezase a reducirse poco a poco.

El cazador se quedó dormido con la bebida aún aferrada con fuerza.

Pegó un ronquido fuerte y se despertó a sí mismo.

—No pienso pagar —dijo entre gruñidos.

D ÓNUT : ¡CARL, CARL, CREO QUE SE ESTÁ BEBIENDO UN DIRTY SHIRLEY!

C ARL : No me sorprendería nada. Creo que has hecho que la bebida se ponga de moda.

D ÓNUT : ¿Por qué están todos borrachos?

C ARL : Mañana se van de caza. Es el último día que tienen para salir de fiesta. Debemos tener cuidado. No todos estarán así de perjudicados.

D ÓNUT : SE VA A DAR CUENTA DE QUE ES UNA BOMBA. ¿QUÉ HACEMOS?

Apareció una luz en el cielo. Algo salió desde el interior de la gran ciudad y se alzó por los aires.

Empezó a dirigirse hacia nosotros. Un conjuro brotó de la silueta y varias llamaradas blancas salieron despedidas en todas direcciones como si fuesen fuegos artificiales, atravesando las alturas e iluminando la noche.

Mierda. No sabía quién era ese tipo, pero me quedó claro que se había percatado de nuestra presencia. No reconocí el conjuro, pero obviamente nos estaba buscando.

Abrí el menú del Anillo de sufrimiento divino y encontré el nombre que estaba buscando.

Respiré hondo.

«Cuando lo haga, no habrá marcha atrás».

Has marcado a Chin’Dua.

La característica más alta de Chin’Dua es la Destreza.

¡Te has infectado con Enconado! ¡La desventaja no desaparecerá hasta que muera la criatura que has marcado!

Buena caza, asesino.

El alienígena borracho alzó la vista, y yo dejé que se acabara el efecto de la poción de invisibilidad. Parpadeó al verme.

—Se… Se supone que no tendrías que estar aquí —dijo la criatura. Fue poco más que un susurro. Era un milagro que el tipo siguiese en pie, porque estaba tan borracho como Gary el Ronco, el gnoll, cuando empezamos a cercenarle las manos. Se llevó la copa a los labios y se tragó una cereza.

Detrás de él, la integridad del barril seguía bajando sin pausa.

—¿Te llamas Chin’Dua? —pregunté. Le puse las manos sobre los hombros para estabilizarlo y aproveché para apartarlo del barril, lo que hizo que la integridad del explosivo se quedase al 30 %.

Encima, una de las bengalas se detuvo y se quedó flotando en las alturas, lo que iluminó la plaza.

Varios cazadores más salieron de los bares que había por toda la calle, pero se quedaron mirando el cielo.

Chin’Dua no parecía llevar encima equipamiento mágico, por desgracia. Es probable que solo llevase allí unas pocas horas y que no hubiese tenido la oportunidad de conseguir nada aún.

—Es Xindy —dijo Chin’Dua, que también alzó la mirada al cielo—. ¿Por qué se ha enfadado tanto?