Capítulo 3 #3
Katia era nivel 44 cuando habíamos abierto el Portal de los dioses ferales hacia la ciudad de Larracos del noveno piso, lo que había hecho aparecer en el lugar un caos espumoso de tiburones y medusas al tiempo que inundaba el lugar.
Al parecer, le habían dado mucha experiencia por ello. Ahora tenía nivel 52.
—¿Y has conseguido equipamiento decente?
—Recibí algunas cajas, como una de cabronazo de platino.
En esa me salió una ficha de apuestas del club Desperado y una mejora para mi habilidad Encontrar mazmorrero.
También… —Se quedó en silencio antes de decir algo, pero luego cambió de opinión—.
Aún no has respondido a mi pregunta. ¿Qué hace el nuevo conjuro del Mazo? ¿Cómo se llamaba? ¿Zerzura?
Me llevé la mano al collar. Tanteé el pequeño colgante con la gema amarilla. Estaba cálido al tacto. Recordé la caótica historia que Quasar me había contado sobre Remex el Grandioso y lo que había conseguido con el conjuro Zerzura.
«Fue glorioso —había dicho Quasar—. Es una pena que Remex terminase así.
En la escuela de abogacía nos obligan a estudiar el trato de salida que consiguió.
Los peces del fango se hicieron de oro esa temporada.
Una pasta. Si pides el conjuro, seguro que harán todo lo posible por dártelo.
¿Y sabes lo mejor? Que el resto de los cabrones no interferirá.
Todos querrán que lo uses. Todas las facciones.
Todos los fans. Los productores. La IA. Absolutamente todos.
El conjuro siempre acaba en una matanza, y a todos les gustan las matanzas cuando ellos no están involucrados.
Dormí dos horas y, al salir, vi a Mordecai de pie en la encimera de la cocina hablando en voz baja con Chris y Arcillez. Los otros tres cretinos estaban alrededor de mi recreativa de Frogger .
No vi que Mordecai siguiese enfadado conmigo por haberme reído antes de él, lo que me alegró, porque tenía que concentrarme mucho para no volver a estallar en carcajadas.
—Tenemos que comprar más mejoras para el espacio —dijo Mordecai—.
Pero creo que lo mejor será esperar al episodio resumen.
Si de verdad activan el sistema de gremios, antes me gustaría saber cómo funciona.
Es algo que han hecho varias veces a lo largo de los ciclos, y siempre es diferente. Necesitamos varias mejoras.
—Muy bien —le aseguré mientras me acercaba a la caja de la comida y pedía un sándwich de desayuno—. Hay algo que sí que me gustaría comprar ahora mismo si nos lo podemos permitir.
—¿El taller de fabricante de bombas? —preguntó—. No es muy caro y te dieron trescientos mil de oro en la caja de carne de venado, ¿no?
—Sí, eso es lo que quiero —comenté—. El taller de fabricante de bombas avanzado.
Entre Dónut y yo teníamos un millón de oro. Sospechaba que lo íbamos a necesitar todo.
Miré la pequeña capilla que había en un rincón, que burbujeaba alegremente.
Estaba formada por un cáliz y un disco. Cuando estaba en la habitación, el cáliz se llenaba de agua y esta empezaba a hervir.
Al parecer, no lo hacía cuando yo no estaba por la zona.
Aún no había ofrecido la gota de sangre diaria.
Gracias a mi nueva religión, también tenía que meter un 5 % del oro «saqueado» en el cáliz.
Apareció un número flotando sobre la capilla que, por suerte, me indicó la cantidad exacta que debía.
Por desgracia, la descripción de «oro saqueado» de la capilla incluía el que había conseguido por sobrevivir al piso anterior estando en la lista de los diez mejores.
Dejé el oro cuando vi que Dónut no estaba mirando, pero ella se dio cuenta de igual manera y se pasó cinco minutos enteros quejándose.
—Es probable que no ocurra nada por comprar el taller de fabricante de bombas y el estudio mágico ahora mismo, aunque será caro. Nos haremos con ellos cuando Dónut esté lista.
Katia salió de su habitación y se dirigió hacia la caja de comida.
Chris, sus dos nuevos mercenarios y ella iban a salir solos después del entrenamiento diario.
Louis y Firas habían conseguido recuperar la casa voladora, el Tetamen, que habían dejado a los refugiados cambiados.
Un grupo de mazmorreros, entre los que se encontraban el equipo de Meadow Lark, el de Bautista y algunos más, iba a reunirse en el asentamiento grande que había a unas pocas horas al sur de donde nos encontrábamos.
Katia quería asegurarse de hablar con ellos antes de que soltasen a los cazadores.
Iba a permanecer en nuestro grupo hasta que nos explicasen el sistema de gremios y me pareció perfecto. Aún no me había hecho a la idea de que abandonase el grupo, pero sabía que era lo mejor, sobre todo si tenía en cuenta lo que tenía pensado hacer ese mismo día.
Dónut salió de su habitación, limpia, con el pelaje encrespado y seguida por Mongo. Se había puesto a tararear la canción de El Equipo A .
—Carl, creo que ya sé qué melodía voy a usar para el conjuro Aplauso cerrado.
—Perfecto —dije. Intercambié una mirada con Mordecai.
—Venga —dijo él—. Compremos esas dos habitaciones.