Capítulo 3 #2
—Pero aunque me encantaría aburrirte respondiendo a preguntas inútiles, tenemos que centrarnos en el problema actual.
Nadie quiere que rompas el juego, pero no pueden quitarte el artefacto.
La solución a la que han llegado es simple: ahí te pudras y ojalá te mueras.
Si fueses un mazmorrero normal y corriente, ya serías pienso para goblin.
Las buenas noticias son que tienes algo importante, una ventaja.
Tu valor de patrocinio y de audiencia supera al del daño que puedas llegar a causar.
Es exactamente lo mismo que ocurrió con Remex el Grandioso.
Es por eso por lo que los peces del fango preferirían llegar a un acuerdo amistoso.
El problema es ese puñetero intermediario que está aquí sentado fingiendo ser sordo.
Si determina que estamos en un punto muerto, tiene autoridad limitada para crear soluciones.
Y estas ratas ansían tanto el poder que son capaces de crear problemas solo para poderse sacar la chorra mágica y empezar a disparar rayos a diestro y siniestro.
—¿Y qué hacemos entonces? —pregunté, superado por los acontecimientos. Aún no tenía claro si el tipo sabía lo que estaba haciendo o no, lo que me aterrorizaba—. No quiero entregar el portal. Lo necesito.
—Les haremos una propuesta —comentó. Soltó el vapeador y una tableta le apareció en la mano de repente—. ¿Seguro que no quieres entregarlo? Apuesto a que podrías obtener un trato muy bueno. Es una pena que no estemos en el décimo piso, porque podría conseguirte algo buenísimo.
En ese momento me di cuenta. Aquel era el tipo que podía ayudarme a negociar mi salida de la mazmorra en caso de querer escapar con el rabo entre las piernas. Me empecé a marear.
—No pienso entregarlo —comenté—. Orren me dijo que me lo devolverían en el noveno piso. Desconozco las normas del universo, pero en mi planeta, cuando alguien pide algo prestado, tiene que dar algo a cambio. Algo de lo que no quiere deshacerse.
Quasar sonrió.
—Ese es mi chico.
—¡Dios mío, Macito! —gritó Dónut cuando abrí la puerta—. ¿Qué estás haciendo aquí?
Los cuatro cretinos entraron en el espacio personal: Bomo, el Mazo, Arcillez y Muy Taciturno.
Cuando lo hicieron, apareció otra puerta en la pared junto a la Mordecai.
Eran los APOSENTOS DE LOS MERCENARIOS . Los cuatro puntos blancos parpadearon y luego cambiaron de color para convertirse en una equis verde.
—Hemos recibido cuatro mercenarios gratis. Forman parte del trato que negociamos por entregar temporalmente el Portal de los dioses ferales.
Dónut saltó sobre el hombro del Mazo, y el monstruo de roca le dio unas palmaditas cariñosas en la cabeza. Chris se colocó junto a Arcillez. El monstruo de lava era casi del mismo tamaño que el PNJ de granito. Chris emitió un gruñido a modo de saludo, y Arcillez respondió con uno muy parecido.
Mongo, que nunca había visto a esos tipos, empezó a correr en círculos alrededor de ellos mientras brincaba de la emoción.
—Bomo y el Mazo se quedarán con nosotros. Muy Taciturno será para Katia y Arcillez para Chris.
—¿Cómo has conseguido a estos tipos? —preguntó Katia—. ¿Y si les ocurre algo?
—Los tendremos en los pisos seis, siete y ocho. Y solo durante esos. Si mueren, se regenerarán al dar comienzo el piso siguiente. Deberíais ir siempre acompañados de Muy Taciturno y Arcillez cuando salgáis al exterior, pero Bomo y el Mazo son demasiado valiosos, por lo que se quedarán por aquí.
—¿Qué? —preguntó Dónut—. Entonces ¿Macito no podrá irse de aventuras con nosotros? ¿Por qué?
El Mazo soltó un gruñido de decepción.
—¿Te han dado los conjuros? —pregunté a Bomo.
El monstruo de roca rechinó.
—Sí. El Mazo tener el segundo.
Asentí. Excelente.
—Lo siento, chicos, pero tenemos que mantener a salvo a estos dos —expliqué—.
Como íbamos a perder el portal, pedí que pudiesen replicar dos de las habilidades del artefacto.
Lo primero que pedí fue un conjuro de teletransportación, pero no me lo quisieron dar.
No querían darme nada que pudiese quedarme después de recuperar el artefacto en el noveno piso.
—¿De verdad te aseguraron que lo recuperarías al llegar al noveno? —preguntó Katia.
—Sí. Parece gustarles la idea de que se desate el caos durante la Guerra de Facciones.
—O quizá crean que vas a hacer algo realmente estúpido antes y jamás consigas llegar —apostilló Dónut.
Katia se acercó y le dio unas palmaditas en el brazo a Muy Taciturno.
El tipo era su guardaespaldas habitual cuando entraba al club Desperado.
La cara del monstruo de roca era más estrecha que la de los demás, y tenía unos ojos que parecían dos puntos ínfimos e indolentes. A este nunca lo había oído hablar.
—Un momento. Entonces… ¿ahora estos tipos pueden teletransportarse?
—El tuyo no, pero sí —respondí—. Más o menos.
Accedieron a darme una mejora de mercenarios y cuatro guardaespaldas.
Después, me dieron dos conjuros adicionales.
Ahora Bomo tiene uno de nivel 15 llamado Teletransportarse a las escaleras.
Podemos elegir unas escaleras de una lista y teletransportarnos allí.
Tiene un tiempo de recarga exagerado, de unos veinticinco días o así.
Pero sigue siendo un conjuro muy poderoso porque la lista incluye todas las escaleras del piso.
No quieren que tenga acceso a algo así más adelante, por lo que servirá para convencerlos de que nos devuelvan el artefacto.
—¿Y el otro conjuro? —preguntó Katia.
—El conjuro del Mazo también es de teletransportación. Y podría decirse que es más impresionante incluso. Este fue idea de mi abogado.
—¿Tu abogado? —insistió Katia, que se me quedó mirando fijamente—. Espera, espera. ¿Cómo?
—Sí… Lo de los abogados es una larga historia, pero fue él quien me lo sugirió. El conjuro se llama Zerzura.
—¿Zerzura? —dijo Dónut—. Macito, ¿tienes un nuevo conjuro? ¡Yo también! Varios, en realidad. Ahora soy cantante y mi voz sirve para lanzarlos. ¿Quieres oír uno?
El Mazo rugió de alegría
—¿Y qué hace el conjuro del Mazo? —interrumpió Katia antes de que Dónut empezase a cantar.
—Sirve para… —Me quedé en silencio al ver el nivel de Katia. Habían pasado muchas cosas desde el final del piso anterior. Ni siquiera me había planteado las consecuencias que podía haber tenido lo que habíamos hecho—. La hostia, Katia. ¿Qué cojones?
Ella sonrió.
—Me preguntaba cuándo ibas a darte cuenta. Al fin he conseguido que mi Constitución base llegue a 100. Me dieron algo llamado Piel acerada. Cuanto menos vida tenga, más resistente será mi cuerpo.