Capítulo 2 #2
Mongo graznó antes de saltar sobre mi cabeza para atacar al segundo de los monstruos. Dónut estaba sobre su lomo y gritó al mismo tiempo que el dinosaurio cuando se abalanzaron sobre la criatura.
Yo seguía sin poder moverme. El primer monstruo herido había caído al suelo a escasos metros de mi cara. Seguía vivo. La criatura siseaba dolorida sin dejar de mirarme y empezó a arrastrarse hacia mí poco a poco con una pata mientras movía las fauces. Dejaba penachos de humo tras de sí.
«Me va a morder. Joder, joder. En la cara no. ¡En la cara no! Me va a morder en la puta cara».
Estaba casi muerta, pero aún podía luchar y movía la mandíbula como si fuese una ametralladora. Cada vez que cerraba la boca emitía un chasquido similar al de una trampa para ratas al cerrarse. No dejaba de acercarse.
Intenté enviar un mensaje pidiendo ayuda, pero el sistema no me lo permitió.
Examiné a la criatura mientras me estremecía sin remedio.
Piececitos. Comadreja nocturna exploradora. Nivel 25.
Es una mascota del cazador Zabit.
¿Has visto alguna vez uno de esos vídeos en los que varios perros se lo están pasando pipa en una piscina?
Suele ser una escena caótica y muy divertida en la que varios golden retrievers, labradores y más perritos no dejan de dar vueltas alrededor de la piscina o tirarse a ella mientras juegan y salpican.
Siempre da la impresión de que se lo están pasando en grande.
Ahora, imagina que tu cuerpo es esa piscina y que las comadrejas nocturnas son los perros.
No son muchas las criaturas que cazan en manada y obedecen a un alfa que no sea de la misma especie.
Domesticar a una manada de estas picadoras de carne requiere tener muchísimo Carisma.
Se dice que el cazador que sea capaz de controlar a un puñado de las comadrejas nocturnas invisibles podrá acabar con presas de cualquier tamaño.
Siempre acechan de la misma manera y suelen ir en grupos de unos veinte, con dos o tres exploradores, varios cazadores y un líder de la manada.
Los exploradores detectan el olor de las presas a cientos de kilómetros de distancia.
Luego, les siguen la pista y las paralizan.
Una vez consiguen tumbar sus presas, aparece el resto de las comadrejas coordinadas por el líder del grupo.
Describiría lo que ocurre a continuación, pero hay niños viendo el programa.
Una pierna negra y rocosa cayó al suelo y aplastó a la criatura justo antes de que me diese un mordisco en la nariz. Las entrañas me salpicaron en la cara.
Chris. Murmuró algo entre dientes y luego me pasó por encima. Detrás de mí oí a Mongo graznar contento mientras mordía a la segunda comadreja.
—¡Vienen más! —gritó Dónut—. ¡Muchas!
—Arrastra a Carl a la estancia segura —oí decir a una nueva voz. La de Katia—. Van a por él. Que se encarguen los guardias.
Sentí cómo me alzaban por los aires y me di cuenta de que Chris me había agarrado. Su cuerpo de piedra volcánica me quemaba la piel, pero me colocó sin esfuerzo sobre su hombro. Yo estaba muy rígido y tenía el brazo extendido.
—Los guardias no ven a esas cosas. ¡Son invisibles! —aulló Dónut. Oí el zumbido familiar de un conjuro, dos veces seguidas. Luego el grito de una de las comadrejas. Dónut había alzado a una de esas cosas de entre los muertos para luego lanzarle Triplicado mecánico.
—¡A por ellas! —gritó la gata mientras a mí me sacaban de allí.
Chris se metió en un bar. Vi a una criatura con forma de árbol mirándome mientras nos dirigíamos hacia el espacio personal.
Me di un golpe en la cabeza con el marco de la puerta al atravesarla, y luego Chris me tiró al sillón sin cuidado alguno.
Me quedé bocarriba, mirando el techo e incapaz de moverme.
No podía hacer nada hasta que no terminase la cuenta atrás.
Sentí que algo se me subía encima. Un rostro peludo se me quedó mirando con la frente arrugada mientras la cuenta atrás llegaba a cero. Aún me ardían las extremidades, pero ahora al menos podía moverlas.
Alcé la vista hacia el osito de peluche dentudo que no había dejado de fulminarme con la mirada.
—Tenías que desafiar a todos los cazadores, claro. Mira lo que has conseguido —dijo Mordecai, que intentó sonar muy enfadado—. Y la clase que has elegido no tiene pinta de ser cuerpo a cuerpo.
Estallé en carcajadas. No pude evitarlo.
Mordecai. Kuma chiquito. Nivel 50.
Representante de la mazmorrera Princesa Dónut.
Se trata de un PNJ no combatiente.
¡Guau! ¡Es una bolita de pelo adorable tamaño jarra de cerveza!
Los kuma chiquitos, que son mitad criatura feérica y mitad mágica, se diseñaron originalmente como mascotas para la corte real de los altos elfos.
Cuando se descubrió que eran criaturas inteligentes, Finian, el rey de los altos elfos, ordenó que los ejecutaran a todos, como era de esperar.
Solo consiguieron sobrevivir unos pocos de estos granujas, que escaparon a la selva.
Un kuma es un tipo de oso. Un kuma chiquito es una criatura diferente, aunque tienen un parentesco lejano.
Coge un oso pequeño, crúzalo con un espíritu de capibara, elige al más pequeño de la camada y luego vuelve a cruzarlos eligiendo siempre el más mono.
La criatura de ojos saltones resultante es lo que tienes ahora frente a ti.
Ni de coña pueden luchar. De hecho, casi no pueden ni caminar. Pero son tan adorables que dan asco.
Y seguro que ver cómo los aplastas es todo un… espectáculo.
Era un oso bípedo, peludito, marrón y blanco, rechoncho y que me llegaba por la rodilla, con orejas de elfo y cola de mono. Tenía unos ojos ridículamente grandes que le daban un aspecto poco realista. Agitaba la cola de un lado a otro, como si estuviese enfadado.
—Ríe, ríe —dijo Mordecai, molesto—. Venga, ríe todo lo que quieras.
—Tu voz —dije antes de caerme del sillón y seguir partiéndome la caja, lo que hizo que él pegase un gritito antes saltar a un lado para no caer conmigo.
Usó la cola para mantener el equilibrio.
Yo estaba llorando de risa—. Dios. ¿Y podrás usar la mesa de alquimia con ese aspecto?
¿Quieres que te fabrique una silla para bebés o algo así?
—Que te den, Carl —dijo Mordecai. Pegó un brinco y se subió a la encimera de la cocina entre resoplidos. Chris estaba cerca y nos miraba impasible.
Dónut y Katia regresaron al fin a la estancia.
—Los guardias usaron el ataque de Nube venenosa para… —empezó a decir Katia. En ese momento, me vio en el suelo riendo y se le dibujó una sonrisa de oreja a oreja, antes de empezar a carcajearse—. ¿A que es una risa? ¡Qué mono!
Mordecai la fulminó con la mirada desde la mesa de la cocina.
Saltó de lado, trazó un arco por los aires y aterrizó a la perfección frente a su habitación.
Intentó entrar a toda prisa, pero no llegaba al pomo.
Tuvo que pegar un brinco para agarrarlo y quedó colgando sin saber qué hacer unos instantes antes de que la puerta se abriese sola.
Después cayó al suelo, entró y dio un portazo.
—No deberías burlarte de la gente por ser pequeños y adorables, Carl —dijo Dónut, que subió al sillón y me miró desde arriba mientras yo me incorporaba para enjugarme las lágrimas—. Yo soy pequeña y adorable. Y acabo de salvarte la vida.
—Tienes razón —dije, aún entre risas—. Gracias, por cierto. A todos. Eso ha sido muy… inesperado. Y hay que ver lo que le han hecho a Mordecai. —Esperé unos momentos para recuperarme—. ¿Los guardias han acabado con todas las comadrejas?
—No estoy segura —respondió Dónut—. Empecé a lanzar proyectiles mágicos de baja potencia para hacerlas visibles y, poco después, un guardia lanzó Nube venenosa y tuvimos que escapar.
—Te estaban dando caza, Carl —añadió Katia—. Y solo ha sido el principio. Habrá más. Muchos más.
—Lo sé —dije mientras recuperaba el control de mi cuerpo—. Cuando suelten a los cazadores, esto va a ser un infierno.
Nos quedamos allí en silencio un rato. Estaba cansadísimo.
Luego alguien tocó en la puerta, en la del espacio personal.
—Pero ¿y esto ahora? —preguntó Katia—. ¿Cómo…? ¿Quién es?
—Aaah, sí —dije al tiempo que me ponía en pie y me dirigía hacia la puerta—. Es algo que he pedido.
—¿Algo que has pedido? —preguntó Katia.
—Asuntos legales.