La masacre del vendedor de gominolas del New Seoul Park 4/ NUESTRO PRIMER DÍA COMO PAREJA #3
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4/ NUESTRO PRIMER DÍA COMO PAREJA #3

Jaeyun y yo volvimos a ser felices. Yo me aseguraba de sacar tiempo para ir a Noryangjin dos veces por semana y él, agotado de su vida, se veía más demacrado con el paso del tiempo.

A veces fingía que me rechazaba, pero, si yo me alejaba, se pegaba a mí como un niño pequeño.

Le compraba comida deliciosa y ropa bonita, y aunque al principio él se mostraba indeciso, pronto se acostumbró a aceptar cualquier cosa que le daba.

También empezó a decirme palabras melosas continuamente, como una máquina que habla cuando le introduces una moneda.

—Te quiero muchísimo.

Eran palabras que podían parecer manidas, pero que para algunos lo significaban todo.

D-110

Desquitarse con el director y el subdirector era una parada obligatoria en los descansos de los profesores novatos.

Tipos anticuados y tiquismiquis como ellos, deseosos de echarles su trabajo encima a los nuevos, eran roles indispensables en cualquier trabajo.

Así, las conversaciones seguían un patrón similar cada día: primero los criticábamos a ambos y luego hablábamos de nuestra vida amorosa.

Gracias a ello, aunque no tuviéramos una relación cercana, sabíamos todo sobre las relaciones de los otros.

En uno de esos descansos, la profesora de música, sentada frente a mí, dijo, para mi sorpresa:

—Dae, tú tienes mucho amor que dar… ¿Será por tu nombre?

—No, no, dicen que si tu nombre deriva de la palabra «amor», solo se te acercan chiflados.

—Olvídate de tu novio el estudiante. Hay muchos hombres a los que les gustas, ¿por qué estás con él?

Como si hubieran estado esperando a que la profesora de música sacara el tema, los demás se mostraron extrañamente de acuerdo con ella.

Yo sonreí con timidez. Debido a que pertenecíamos al mismo distrito escolar, nos moveríamos por el mismo barrio por un tiempo, así que me ahorraría problemas e incomodidades si no decía nada desafortunado.

Sin embargo, siempre que ocurría algo así, me sentía sobrepasada.

Me preguntaba hasta cuándo tendría que aguantar y reprimir mis sentimientos, hasta cuándo tendría que dejar pasar cualquier cosa con una media sonrisa; y esas dudas me sofocaban, haciéndome sentir que me ahogaba en el océano.

Les dediqué una sonrisa inocente mientras los ponía verdes por dentro.

«No tenéis ni idea de lo que es el amor.

¿Cómo os atrevéis a meteros en nuestra relación cuando no sabéis nada? ».

«No sois como nosotros. Nosotros no somos como los demás».

Mi nombre estaba rodando de boca en boca, convertido en el cotilleo de los profesores, pero, a pesar de sentirme degradada, aguantaba con la misma estúpida sonrisa de siempre. Pero sí había algo en lo que tenían razón: yo tenía mucho amor que dar.

D-75

El tiempo pasó.

D-30

El día que tanto esperaba finalmente llegó. Jaeyun aprobó las oposiciones. Yo me eché a llorar de felicidad mientras hablaba con él por teléfono, más feliz que cuando las aprobé yo.

—¿A qué hora quieres que vaya?

—¿Cómo?

—Un día como este lo tenemos que celebrar juntos. Iré en cuanto termine de trabajar.

—Ah, Dae, es que hoy vienen mis padres, así que no creo que podamos vernos.

—¿Ni siquiera un rato?

—Hoy no.

Jaeyun colgó el teléfono, yo regresé a la sala de profesores y me senté en mi escritorio, mirando la nada.

Tenía que revisar demasiados documentos, pero estaba harta.

Me levanté y me dirigí a mi aula. En el camino me crucé con varios de mis alumnos, que pasaron de largo sin saludarme, y llegué al aula al final del pasillo, donde dos estudiantes charlaban:

—Tía, ¿no te parece que nuestra tutora es una petarda total? No tiene ni idea de enseñar.

—Seguro que no se sabe ni nuestros nombres.

Se echaron a reír y yo regresé por donde había venido.

En la sala de profesores, el subdirector vino a preguntarme algo, pero lo ignoré con mala cara.

No podía pronunciar palabra porque, si abría la boca, se me escaparía algo que no podría retirar.

Hice caso omiso de la regañina del subdirector y salí lo más rápido que pude de la escuela en cuanto sonó la campana.

Me acerqué a Noryangjin con una tarta. En cuanto entré en el viejo edificio de la residencia estudiantil, algo extraño, que quizá podría ser melancolía, afloró en mi pecho.

Era más feliz entonces, cuando corría lo más rápido que podía hacia un objetivo claro y visible.

Y cuando Jaeyun y yo nos mostrábamos el mismo cariño el uno al otro.

Me encaminé hacia su habitación, en el piso de arriba, pensando que podía esperar allí a que volviera, pero la dueña del edificio me vio desde la conserjería y me reconoció.

—Anda, ¡Dae! ¡Cuánto tiempo!

Después de pasarse un rato contándome su vida, se quedó mirando la tarta que traía.

—Venía a felicitar a Jaeyun por haber aprobado —expliqué, con una sonrisa.

—Uy, ¿pero no habías roto con él? —me preguntó, sorprendida.

De un momento a otro, me sentí a tres metros bajo tierra.

—¿Por qué rompería con Jaeyun…?

—Es que… bueno, ya sabes cómo es él. Pensaba que le habrías dado la patada. Ay, madre, ¡qué cosas digo!

La mujer regresó a la conserjería con prisa, visiblemente incómoda, y yo subí a la habitación de Jaeyun, pero él no estaba.

Después de esperar mucho tiempo, le escribí, pero no respondía.

Finalmente, decidí irme cuando dieron las diez de la noche.

Dejé la tarta allí y me marché con las palabras de la dueña todavía rondando en mi cabeza.

Todos los momentos que había esperado emocionada habían resultado triviales, como el día que aprobé las oposiciones, mi primer día de trabajo o ese mismo día.

Caminaba por los callejones que tanto había aborrecido cuando escuché una voz familiar.

Era Jaeyun, totalmente borracho, charlando con amigos que había visto con él en varias ocasiones.

Hubiera sido mejor ir y hablarle directamente, pero, sin pensarlo, me encontré a mí misma cogiendo el teléfono y pulsando el botón de marcación rápida en el que tenía registrado su número.

La llamada empezó a dar señal y, a lo lejos, Jaeyun sacó su móvil.

Entonces, se cortó. Él guardó el teléfono de nuevo en su bolsillo con el ceño fruncido y yo continué mi camino como si no hubiera visto nada.

Me subí al metro y llegué a mi estudio. Incluso pasada la medianoche, Jaeyun no me contactó ni una vez.

D-15

Aprobada la primera fase, Jaeyun comenzó a preparar la entrevista final.

Con la excusa de que estaba más ocupado que cuando estudiaba, rara vez me llamaba.

Él era quien tenía que hacer la entrevista, pero la más angustiada era yo.

Me pasaba el día refrescando sus redes sociales mientras me mordía las uñas.

Cada vez que pasaba algo en su día de lo que yo no estaba informada, me sentía absolutamente traicionada.

Me llegó una notificación de que había publicado una foto.

«Nosotros podemos. ¡Vamos a aprobar!». En la imagen cuadrada, había cuatro personas y, a excepción de Jaeyun, todas eran mujeres.

Dejé de morderme las uñas de golpe y me quedé paralizada.

Una gota de sangre me cayó de la uña que había destrozado.

D-7

De pronto, Jaeyun empezó a tratarme bien de nuevo, pero algo me hacía sentir ansiosa. Yo ya había asumido que esta relación había fracasado estrepitosamente, pero no tenía el coraje de comprobarlo.

D-3

Estaba lloviendo a mares afuera. Después de mucho tiempo, Jaeyun tomó la iniciativa de vernos.

Estuvimos hablando un buen rato en una cafetería, justo como solíamos hacer antes, excepto por los silencios, que ahora eran extremadamente incómodos.

En uno de ellos, no conseguía sacar tema de conversación y me puse a mirar por la ventana.

Entonces, Jaeyun cogió su teléfono y dijo:

—¿Quieres que vayamos al parque de atracciones este finde? Hace tiempo dijiste que querías ir, ¿no?

Sentí una punzada en el pecho.

—¿De verdad?

Jaeyun asintió. La pantalla de su teléfono mostraba una entrada electrónica para parejas y el corazón empezó a latirme desbocado.

De repente me acordé del anuncio que vimos aquel día en mi habitación y los recuerdos del momento danzaron en mi cabeza; el ambiente del cuarto, nuestra conversación y nuestras miradas cálidas, e incluso el olor a moho del viejo edificio.

Era casi como si hubiera regresado en el tiempo a esa época.

Parpadeé, incrédula, pensando en la diversión que debía poblar el New Seoul Park, el parque de los sueños y la esperanza, un lugar al que no podría entrar la más mínima desdicha, un iglú hecho de azúcar.

Sabía que realmente no era así. Todo lo bonito y resplandeciente del parque lo era porque así lo habían fabricado, esa era la imagen que debía transmitir. Pero… no hay nada de malo en confiar, ¿no?

El día D

—¿Por qué?

—Ya lo sabes. Nuestra relación ya no es lo que era. Será mejor que lo dejemos ahora que ambos hemos conseguido lo que queríamos.

Un silencio incómodo se adueñó de ellos.

Dae abrió la boca, pero no fue capaz de pronunciar palabra.

No sabía qué decir, ni con qué voz, a la vez que sentía que una espina se le atravesaba en la garganta.

Jaeyun se excusó con que debía ir al baño y Dae se quedó en el sitio, sola, con la mirada perdida.

A diferencia de su semblante, que se veía tranquilo, su interior estaba revuelto con toda clase de emociones.

Los cerca de quinientos días que habían estado juntos le pasaron frente a los ojos como una fantasmagoría.

Esos momentos en los que la inseguridad le oprimía el pecho se le echaban encima, hurgando en la herida sin cesar.