8. La Martuky
Coloco el móvil pegado al espejo. Me compré una funda con ventosas ayer y es superpráctica para grabar sin preocuparme por si se me cae. Y es mucho más fácil que andar arriba y abajo con el trípode, la verdad.
Le echo un vistazo a la pantalla, miro la cuenta atrás y recuerdo los pasos.
Estoy haciendo un tiktok.
Es el quinto que grabo esta semana.
Me encanta hacerlos. Y editarlos. Me gusta bailar y seguir las tendencias. Pero esta vez no estoy bailando, sino que estoy haciendo algo que antes me parecía una locura: ¡estoy boxeando!
Llevo puestos mis guantes favoritos, de color rosa, y las vendas blancas que tanto me cuesta enrollarme en cada entrenamiento. Y doy golpes al ritmo de la música demostrando todo lo que sé: gancho, cruzado, jab … ¡Lo doy todo!
Estoy baila-boxeando.
Más o menos.
En cuanto acabo de grabar, me siento a editar el vídeo en una esquina del gimnasio.
Por supuesto, Dani viene a curiosear.
—Te vas a quedar ciega al final —suelta, apoyado en las cuerdas del ring .
—¿Qué eres? ¿Mi abuelo? —pregunto, divertida.
Quiero que los golpes al saco encajen con los golpes de la canción. Parece que está quedando bien, y la transición funciona…