7. Martikeo del bueno
Todo el mundo que me conoce me llama Martuky. Yo siempre digo que Martas hay muchas, pero Martuky solo una .
Y esa soy yo.
—¡Qué mono te queda!
Cuando me oye, Sara gira sobre sí misma para enseñarme el pijama que le he elegido: es verde con dibujos de florecitas. También tiene una blonda en el bajo de los pantalones que lo hace más sofisticado.
— ¡Gracias!
En cuanto hemos llegado a casa del centro comercial, hemos ido directas a mi habitación, y luego hemos pasado por el baño a ducharnos. Acabo de ponerme las cremas y me giro para ver a Noa, que ya lleva el pijama. Parece un esquimal.
—¿No vas a pasar un poco de calor? —pregunta Sara.
—Qué va, yo tengo que dormir calentita —explica Noa—. ¡Es perfecto!
—Me alegro de que te guste —digo.
Tiene capucha, y a Noa le encantan las capuchas. El mío es de tirantes, para no pasar calor. Pero el suyo es de manga larga y abriga mogollón, porque sé que es una friolera.
Estamos las tres tiradas sobre mi cama, con nuestros pijamas nuevos. Cuando le hemos dicho a mi madre que queríamos hacer una fiesta de pijamas, no se ha opuesto al plan. De hecho, hasta nos ha pedido pizza para llevar. Mi madre se apunta a cualquier plan de chicas.
Es la mejor.
—Parecemos sacadas de una serie de la tele —dice Noa, que se mira al espejo—. Sara de verde, tú de rosa y yo de amarillo.
Suelto una carcajada: ¡es verdad!
—Deberíamos jugar a algo —suelta Sara mientras salta sobre mi cama.
— Ahí no duermes, ¿eh? —le advierto—. ¡Metes unas patadas durmiendo que ni Lamine Yamal! Esta vez vas a ser futbolista en el colchón del suelo.
Noa se ríe mientras Sara hace un puchero. Al final, nos sentamos cada una en su rincón. Noa y Sara tienen colchones en el suelo y yo tengo mi cama, así que me tumbo para verlas mejor desde esa altura.
—¿A qué queréis jugar? —pregunta Noa.
— ¿Qué os parece verdad o reto? —propone Sara.
—Bueno, venga —acepto—. ¿En qué orden?
Lo organizamos en un momento: yo le pregunto a Sara, Sara le pregunta a Noa y luego Noa me pregunta a mí. Es tarde, así que no nos va a dar tiempo a hacer muchos turnos antes de quedarnos dormidas. Aunque solo hayamos pasado el día en el centro comercial, han ocurrido muchas cosas.
—Sara —empiezo—: ¿verdad o reto?
— Reto.
—Te reto a invitar a Diego a acompañarte al cine la próxima vez.
Sara se ruboriza de golpe y Noa y yo nos echamos a reír.
—¡Verdad! —protesta, cambiando de elección—. ¡Elijo verdad!
«Ahora sí que la tengo atrapada», pienso.
—¿Quieres ir al cine con Diego? —insisto, pillina.
¡Se pone de todos los colores!
Noa y yo nos reímos un poco más de ella. Sara y Diego son vecinos, y sus madres son amigas. El verano pasado se fueron todos juntos de vacaciones, justo después del campamento de teatro de Sara.