La Martuky – Es mi momento 9. Deportes de chicas
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9. Deportes de chicas

Este viernes ya solo me queda un finde antes de poder volver al instituto y, sinceramente…

Tengo hasta ganas de ir a clase.

Noa y Sara han estado hasta los topes, así que no las he vuelto a ver desde nuestra fiesta de pijamas ¡de hace casi una semana! Nos hemos estado escribiendo por mensaje y han comentado todos mis vídeos, y han visto que hay gente que parece disfrutar de ellos.

Tenían razón.

Aunque, por otro lado, cuando pienso en volver a clase… No sé por qué, me agobio un poco.

¿Se habrá creído la gente los rumores de Anabel sobre mí? Espero que no… Solo quiero volver a clase y que me dejen en paz con mis amigas, mi boxeo y mis vídeos.

Estoy de camino al gimnasio cuando me parece ver a alguien a quien conozco en la pista de patinaje.

No puede ser.

— ¿Carla?

Cuando la veo, está corriendo. Lleva algo en la mano, lo suelta en el suelo y…

¡Ay, madre!

Lo que hace es superpeligroso, pero domina el skate como si fuera una extensión de sí misma.

Veo como la chica a la que consideraba supertímida se lanza sin miedo al medio tubo de la pista de patinaje. Cuando sale por el otro lado y cuadra el doble salto, aplaudo con ganas.

Se vuelve, se quita el casco y entonces me ve.

—¡Martuky! —Me saluda moviendo el brazo en el aire.

Al poco, se acerca.

—¿Qué haces aquí? —pregunto con una sonrisa enorme.

No me había fijado nunca, pero lleva gomas de colores en los aparatos. ¡Qué original!

—Estaba, eh… —Parece dudar—. Bueno, estoy aprendiendo un par de trucos nuevos. Nada especial.

—A mí me parece superespecial. Se te da bastante bien, ¿no? ¿Hay competiciones de skate en la ciudad? Deberías apuntarte a una. ¡Ganarías seguro…!

No puedo explicar lo alucinante que ha resultado el salto.

Carla hace un gesto con la mano, como para quitarle peso.

—Qué va, qué va —suspira—. Además, no sé si podría apuntarme. Qué vergüenza, no. No podría estar en un grupo con tanta gente.

—Pues qué pena, porque ese truco te ha quedado genial.

— ¿Tú crees?

—¡Claro! Yo no sé nada del skate , así que todo me parece superimpactante, pero pienso que lo has hecho superbién. Te daría un 10 , con un cartelito.

Hago la broma de fingir que levanto un cartel, y Carla se ríe. Aunque, de repente, se hace algo pequeñita.

—¿Y no crees que es de chicos? —pregunta.

Cuando la escucho decirlo, siento que se me cae el alma a los pies. Mis ganas de defenderla cogen más y más fuerza.

¡No puedo dejar que piense así…!

—No, ¡claro que no! —digo, sin dudarlo—. Los deportes no son de chicos o de chicas. Son de quienes los practican. Y tú has tenido que practicar un montón para conseguir eso, ¿no?

Carla se ruboriza.

—Sí, y me he llevado muchos raspones, desde luego —bromea.

—¡Exacto!

Las dos reímos juntas. Yo también me he llevado unos cuantos moratones entrenando.

—Eres skater y eres una chica —continúo—, que son dos cosas geniales. El skate es un deporte de Carla , ¡y punto!

Es tan fácil de entender cuando se lo digo a Carla, y es tan obvio…

Es lo mismo que me ocurre a mí.

Soy boxeadora y soy una chica. Boxeo como una chica y me enfado y protesto como una chica. ¡Y se me da genial!

—Oye.

Se me acaba de ocurrir algo.

—¿Sí?

Para mí, el boxeo es muy importante. Me ayuda a moverme, a ser feliz, a desquitarme de mis miedos.

Mientras boxeo, no existe nada más.

No importa si estoy agobiada por las clases, por algo como lo de Anabel o por perder. Siempre tengo la oportunidad de levantarme, de volver a intentarlo, de ser mejor.

Nadie puede quitarnos eso a ninguna de las dos.

Y eso es algo que merece la pena compartir con los demás.

—Ya sé que has dicho que te da vergüenza apuntarte a algo así, pero ¿y si vienes a una clase de boxeo conmigo hoy? —propongo—. ¿Por probar?

A Carla se le ilumina la cara, y aparece un rubor en sus mejillas.

—Bueno, ¡si es por probar!

Cuando se acaba la clase, las dos caemos al suelo, derrotadas.

En clase de boxeo no solo practicamos golpes, sino que también fortalecemos la musculatura y la resistencia. Es un deporte superexigente , así que tenemos que estar muy en forma para aguantar los combates. Hemos estado saltando a la cuerda durante casi seis minutos hoy.

¡Sin parar!

El profe, que nos ha dado permiso para que Carla pruebe un día gratis, se mofa de nuestros dramas.

—Sois unas quejicas —bromea—. Cuando tenía vuestra edad, mi entrenador me tenía dando vueltas a la pista durante media hora. ¡Mientras llovía! Solo os he hecho saltar a la comba y esquivar un par de mamporros.

Nosotras protestamos desde el suelo, entre risillas.