La mariposa negra 4 #3
35%

4 #3

¿Acaso tú habrías llamado a las puertas de palacio por algo así?

¿Te parece normal exigir que me recluyan por una poesía pergeñada a la sombra de una jarra de un vino rubí?

Evidentemente no. Habrías fruncido el ceño como el que ve una Madona con bigote, me habrías regañado y se te habría pasado el enfado.

Pues bien, Baglione no cejó en su empeño, lo que me hace pensar que nuestros versos, por muy torpes que fueran, le dolieron una barbaridad.

Y no solo me delató ante el gobernador, sino que removió Roma con Santiago en un intento de azuzar a los pintores romanos contra mi persona por —espera que recuerde lo que dijo…

sí, eso es— «la amenaza pérfidamente oculta que descansa en las tendencias laicistas de los cuadros religiosos».

La preocupación por lo que ve el espectador —de la que hablan sin cesar esos beatos castrados de Roma— es pura mojigatería y nada más.

Según ellos, el pueblo es en sí mismo sensible y no debe ser asustado por cosas que cueste trabajo contemplar.

Es más, cuando uno pinta a un campesino que trabaja en el campo, se le permite representarlo tal como es, quemado por el sol y con los hombros bañados en sudor, pero si pintas a un santo o a un personaje bíblico, este debe estar hecho de espuma y vapor.

Y eso es imposible, por mucho que se esfuercen unos y otros.

La verdad es que me muevo en un mundo lleno de hipocresía, maestro.

Un mundo falso y estúpido. Hasta Il Cerriglio, que antes era una taberna como Dios manda, se ha convertido en un desfile de fanfarrones.

Si escucharas las cosas que sueltan cuando hablan de pintura, te llevarías las manos a la cabeza.

Por no hablar de los hermanos Federico y Taddeo Zuccari [12] , dos memos que han fundado en su casa una especie de sociedad, a pocos pasos de la Trinità dei Monti, donde la cuadrilla de Baglione se reúne dos veces a la semana para soltar sandeces.

Es gente que no tiene ni idea de ángulos, de cómo incide la luz o de cómo se acumula la sombra en la esquina de un cuadro, pero que se lanza, con una hostilidad enfermiza, contra cualquiera que intente aportar algo nuevo a la pintura.

De nada vale decirles que el lienzo debe respirar el aire de la vida, porque, en cuestión de segundos, tuercen el gesto y te echan de allí.

Por ejemplo, después de terminar los Jugadores de cartas , fui acusado de querer malograr lo que otros habían hecho al amparo de las autoridades.

¿Te puedes creer algo así? Como si el arte debiera estar protegido por una única forma de pensar y nosotros, los pintores, tuviéramos que usar hormas, como el que fabrica zapatos.

¿No tienes curiosidad por leer también la segunda poesía dedicada a Baglione?

Los más entendidos afirman que es algo más floja que la primera, pero no importa. Aquí la tienes:

Al amparo de Clemente y de Pablo,

con talento de cerdo que escarba

carnero encubierto en el establo

sigues al rebaño, eres una larva.

Cabeza de oveja, frente de esturión

coraje de liebre: me asomo, no me asomo

lo mismo San Pedro te da la bendición

de servir en el orco cual vil mayordomo.

¿Tu vida? Carne de burla, rechifla guasona.

¿Tu obra? Pluma que ya no pisa el escenario.

Bocazas con modales de buscona

mejor te vas comprando ya un sudario.

No querría dejarme nada importante en el tintero: ¿viste el cuadro en el que Baglione supuestamente responde a Amor Vincit Omnia ?

Dime si no es para troncharse de risa. En primer lugar, salta a la vista que, sin pretenderlo, el muy zoquete me ha birlado la técnica para conseguir contrastes.

Y tiene, además, las mismas pinceladas. Claro que, si le preguntas, no lo reconocerá ni aunque lo mates, a diferencia de Orazio y de mis otros amigos, que se sienten honrados de poder imitarme.

En segundo lugar, el rencor emana de su lienzo como el aceite hirviendo salta de una sartén sin tapa.

En esa chapuza de cuadro —que, según dicen, el muy envidioso quiere venderle a la familia Barberini— el amor sacro, es decir, el ángel, se interpone e interrumpe el coloquio del amor profano con el diablo.

El amor profano es un cupido que yace reclinado, con la cara orientada hacia el ángel al que apenas ve en ese momento y del que uno podría jurar que es un rostro, mientras que, ¿quién te crees tú que es el Maligno?

Pues sí, lo has adivinado: soy yo. La cabeza del diablo es mi cabeza, hasta donde Baglione fue capaz de reproducirla.

Y te pregunto, ¿qué puede significar semejante chapuza?

¿Y cómo puedes permitirte la desfachatez de criticar la pintura de otros cuando —queriendo que salga algo bueno de tu pincel— te encuentras en su lugar con un pintarrajo digno de lástima?

He perdido mucho tiempo con este payaso.

Demasiado. Ni siquiera vale la pena que te diga algo del tercer poema, sobre todo porque no se diferencia de los demás.

Volvamos a las cosas realmente importantes.

Te decía que he empezado a trabajar en Acherontia .

No es un trabajo para nada fácil, que lo sepas.

En un lienzo con cuatro, cinco o seis personajes hay varias formas de captar la atención: la forma en que la luz reposa sobre la cabeza de un niño, los músculos de un luchador, la mirada de un mártir, el arma en ristre de un soldado, el abrazo de una madre, las lágrimas de una joven desesperada, el rostro adusto de un obispo.

Cuando el protagonista del cuadro —que, de hecho, es el único del lienzo— es un insecto, todo resulta mucho más difícil.

Debes saber que he empezado a buscar en libros, a ver láminas de mariposas, a preguntar esto y aquello a los que entienden en la materia.

Me habría gustado no tener que llegar a esto, a cosas que me parecen extrañas para la pintura, pero no he tenido más remedio.

Hace poco descubrí que dos naturalistas genoveses han compilado un atlas de mariposas.

He conseguido un ejemplar y no pasa un día sin que lo examine, con el asombro del niño que encuentra una canica multicolor en la arena y descubre constantemente nuevos colores que ni siquiera sospechaba que existían.

Solo hay algo me hace reflexionar y me lleva a preguntarme si esta historia no esconde el secreto de una terrible predestinación, que no tengo el poder ni la perspicacia de desentrañar.

Antes, cada vez que pintaba algo relacionado con la muerte, soñaba con una mariposa negra.

Ahora, después de pasarme el día trabajando en Acheroncia , sueño con algo que guarda relación con la muerte.

Maestro: desentraña para mí lo que esto significa, si puedes.

¿Acaso debo apresurarme? ¿Debo dormir aún menos para trabajar aún más?

¿Se está ciñendo la soga alrededor de mi cuello?

¿O es solo parte del juego divino y diabólico del azar?

Alguien, ya no sé quién, se refirió a mí como «el pintor de la noche eterna». Realmente me gustaría conocerlo.