Capítulo 109
Esa noche Ethan encendió la parrilla y cocinó la lucioperca, junto con patatas y cebollas.
En homenaje a su padre, abrió una lata de Schlitz que había comprado en la pequeña tienda del pueblo.
Un viaje al pasado. La primera cerveza que compartieron fue una Schlitz, cuando su padre lo llevó por primera vez a la cabaña a los dieciséis años.
Sabía tan mal ahora como entonces, pero Ethan descubrió que, si bebía varias, le adormecían la conciencia acerca de la nueva identidad de su padre que había echado raíces en su mente.
Terminó la cerveza de unos cuantos tragos largos.
La espuma le cubría la barba tupida. Sacó el pescado y las patatas de la parrilla y los llevó adentro.
Sentado a la mesa de la cocina, abrió otra cerveza; cuando estaba a punto de empezar a comer, oyó el sonido inconfundible de un hidroavión que se aproximaba.
Salió de la cabaña y se quedó en el porche delantero, observando la aeronave que se acercaba desde el sur.
La avioneta, una Cessna, amerizó en medio del lago antes de dirigirse lentamente hacia el embarcadero de la cabaña.
La puerta se abrió y Mark Jones bajó al muelle.